CINE: ‘Paterson’: El conductor de autobuses y el desayuno con cereales

Cartel con el plano cenital que abre cada una de las siete jornadas en las que se divide la película.

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Texto por GERARDO CREMER

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Estreno en cine: 7 de diciembre de 2016

Estreno en DVD, compra y alquiler: 5 de abril de 2017

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Director: Jim Jarmusch

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Calificación: 5 estrellas de 5

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Tráiler de ‘Paterson’

 

Injustamente despreciada por el Jurado en el pasado Festival de Cannes (2016) y merecedora de la Palma de Oro (a pesar de la también excelente ‘Yo, Daniel Blake’), ‘Paterson’ es la mejor película de Jarmusch hasta la fecha. Ahora se puede contemplar, en su versión original, en DVD o BluRay, disfrutándola al ritmo de la poesía compuesta por Ron Padgett, quien da voz a las composiciones poéticas del protagonista del film.

 

El poeta William Carlos Williams.

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William Carlos Williams

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En ‘Paterson’, Jim Jarmush (Akron, Ohio, 1953) busca una nueva aproximación cultural, otra más dentro de ese compendio referencial que es el que configura su cine. Esta vez la influencia es la poesía de William Carlos Williams (1883-1963), poeta de Nueva Jersey, amigo de Ezra Pound, perteneciente al movimiento imaginista (movimiento literario que potencia la precisión de la imagen, de lenguaje conciso) pero que termina desmarcándose con una campaña personal (dijo: «… escribir lo que me plazca, cuando me plazca y como me plazca»). Williams publica su obra maestra ‘Paterson’ entre los años 1946 a 1958, editada en cinco volúmenes y ganadora del National Awards de Poesía en 1950 y el Pulitzer, a título póstumo, en 1963.

La manera de escribir de Williams la explica el mismo autor al decir que: «… cuando un hombre hace un poema, lo hace, quiero decir, toma las palabras como las encuentra, interrelacionadas a su alrededor, y hace una composición… para que constituyan una revelación en el uso de su lenguaje».

Y más que una inspiración directa en los poemas de Paterson (una poesía más compleja que la sencillez compositiva de la película), el ‘Paterson’ de Jarmusch bebe de esa ideología de lo cotidiano, de aquello que surge con la combinación aleatoria de los elementos y que, sorpresivamente, revelan algo diferente, poético, cuando se evidencian en su naturaleza individual, pura, aunque interrelacionada con los otros objetos. Esto es, el ‘Paterson’ de Jarmusch se asienta en el Williams del movimiento imaginista.

 

‘This is Just to say’ (1934), de William Carlos Williams

 

I have eaten                                         Me comí

the plums                                             las ciruelas

that were in                                         que estaban en

the icebox                                             el frigorífico

 

and which                                           y que

you were probably                           seguro estabas

saving                                                 guardando

for breakfast                                       para el desayuno

 

Forgive me                                       Perdóname

they were delicious                         estaban riquísimas

so sweet                                             tan dulces

and so cold                                         y tan frías

 

Los paseos con el perro son otra de las desenfadadas repeticiones cotidianas del film.

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Repeticiones

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La película narra una semana cualquiera en la vida de Paterson (Adam Driver), de lunes a domingo. Es una película dividida en siete partes y él es un conductor de autobuses de la ciudad de Paterson, Nueva Jersey, con un don especial para componer poesía. Cada sección del film se inicia de igual manera: con un plano cenital que encuadra la cama en la que duerme Paterson con su novia Laura (la actriz iraní Golshifteh Farahani) y un rótulo que indica el día de la semana. Como las variaciones en la música barroca, las composiciones incluyen patrones que se repiten con ligeras modificaciones (el mismo emplazamiento de cámara pero diferentes posiciones de los actores en el cuadro): el despertar mirando al reloj de pulsera sobre la mesilla (para asegurar que es la hora de levantarse, ya que no conecta la alarma del despertador), el desayuno con cereales, el paseo hasta el trabajo (cuando piensa ya en la poesía que va gestándose en su cabeza y que Jarmusch muestra como texto sobreescrito en la pantalla), el corto tiempo del que dispone, antes de empezar la jornada, en el asiento de conductor del autobús, para escribir estas líneas de poesía antes meditadas, la conversación diaria que tiene con el supervisor de autobuses (a quien ante la pregunta de ‘¿cómo estás?’ siempre le cuenta sus cuitas), los trayectos en autobús por las calles de la ciudad (tratados con un tono pictórico abstracto, al filmar los reflejos de las imágenes de la ciudad en las cristaleras del autobús), el almuerzo en un banco a vista de un puente, donde depura los versos compuestos, el fin de la jornada laboral y el regreso a casa con la acción de colocar el buzón en su sitio (siempre inclinado por alguna extraña razón que no se desvelará hasta el final de la película), la conversación con su novia, quien le presenta su nueva creación artística (aficionada al arte, pinta los objetos de la casa, los visillos, sus vestidos o las cortinas de la bañera, con círculos y líneas rectas) o le explica a Paterson su nuevo interés por otros asuntos artísticos (culinarios, musicales), el paseo nocturno con el perro de su novia (al que no aprecia demasiado) y su parada en el bar donde conversa con el dueño (Barry Shabaka Henley) y es testigo de las discusiones entre Marie (Chasten Harmon) y Everett (William Jackson Harper), una pareja de novios que han terminado recientemente su relación.

Las repeticiones de ‘Paterson’ incluyen la aparición de diferentes gemelos en todos los días de la semana. Un elemento imposible que genera humor pero que es usado por Jarmusch como patrón para trasladar esa sensación de repetitividad que preside la vida cotidiana de Paterson. También el humor está presente en las reacciones de Paterson ante las innovaciones artísticas de Laura (por ejemplo, el día que tiene que afrontar el pastel que ella ha preparado para cenar y que él simula que le gusta) o en la forma con la que observa los acontecimientos entre Marie y Everett. Pero, principalmente el humor surge por esa reducción minimalista de los sucesos, por la reacción gestual del actor Adam Driver ante los hechos (una interpretación facial que sigue el modelo de Bill Murray en ‘Flores rotas’, 2005, también de Jarmusch) y por las variaciones que nacen de esa repetición.

Los gemelos son un patrón que remarca la repetición y que sirve para enmascarar la trama.

La propia estructura del guión, la configuración reiterativa visual de los planos y movimientos de cámara y la ausencia de reacción de Paterson ante los cambios en los acontecimientos, llevan a que apenas se aprecien modificaciones en la narrativa (en la propia evolución de los “valores” del personaje y en la resolución de sus conflictos –internos y personales-). Una arquitectura tanto visual y de diseño que usa Jarmusch como trampantojo para quitar peso e importancia a la propia evolución del hombre, dando así valor a las pequeñas cosas cotidianas, a la significación y belleza de las cosas y las palabras. Por ello, los sucesos más impactantes (el destrozo que hace el perro de Laura a las pertenencias de Paterson o la reacción violenta de Everett con una pistola) quedan soterradas ante los encuentros poéticos de Paterson con una niña de once años o con un japonés aficionado a la poesía que busca el rastro de William Carlos William en la ciudad de Paterson.

 

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El ritual y la abstracción en el cine de Jarmusch

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El tiempo ha otorgado a Jarmusch el valor que se merece dentro del séptimo arte. Emblema del cine independiente, multifacético en su dimensión artística, su estilo se ha ido depurando para asociarse al de Jean-Pierre Melville o al más actual Nicolas Winding Refn. Como decíamos, Jarmusch en muchas ocasiones parece obviar la trama para someterla a un grado máximo de abstracción, casi despojándola de todo sentido; prefiriendo el ritual, la repetición (no en el aspecto burlesco y surrealista de Buñuel), con el objeto de hacernos apreciar las acciones sistemáticas y repetitivas de los protagonistas. Las repeticiones se anteponen a la acción, la cual suele permanecer en off visual. Y frente al silencio continuo del protagonista (cuando pasa el tiempo en soledad), son las conversaciones en los bares o con su pareja las que ocupan la mayor parte del metraje: conversaciones cargadas de palabras que tienen más relación con la poesía (la poesía de la calle, la poesía del cantautor) y que, junto con ciertos encuentros, refuerzan el carácter irreal de sus películas (por ejemplo, en ‘Paterson’ la aparición de gemelos).

En el cine de Jarmush también funciona los desplazamientos de los protagonistas por lugares representativos. La música suele cobrar una importancia fundamental: establece un ritmo pausado en la narración y da empaque a las repeticiones. La cultura está continuamente presente en los diálogos, desde la música clásica a la literatura postmodernista. Su cine utiliza los géneros cinematográficos simplemente como base para crear personajes y variaciones en el argumento pero, en definitiva, su cine adopta un minimalismo narrativo, donde el interés principal es la autorreferencia (el hablar de esas pequeñas cosas que fundamentan el mundo interior de Jarmusch). Por ello, su cine está más cerca de la poesía que de la narrativa. Jarmusch obliga al espectador a acomodarse a un timing más pausado que otros films adscritos a la narrativa clásica, pero ese timing se disfruta siempre que uno se preste a entrar en ese juego de la abstracción, que se preocupe del momento, de aquello que se contempla en el mismo instante.

En ‘Paterson’, el protagonista afronta el día a día sin excesivas preocupaciones, incluso cuando el perro destroza aquello que más valora. Pero esa reflexión de vivir entre objetos, formas y personas, de ser uno más en un cosmos infinito, es el que da el valor al pensamiento surgido del momento: el de la belleza de la palabra combinada con otra palabra, el del ritmo generado por el tiempo, y el sonido y la belleza de las cosas que fluyen (y siempre están) delante de nuestros ojos.

GERARDO CREMER

La relación entre Paterson y Laura está condicionada por la belleza de las formas.

 

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Comments
One Response to “CINE: ‘Paterson’: El conductor de autobuses y el desayuno con cereales”
  1. oscar cine dice:

    No entiendo Paterson.algo se me escapa.es uno de esos films que me dejo igual al principio y al final.su poesia no me llega(en caso de que exista,que tengo serias dudas)

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