Bob Wayne: Sin domicilio fijo

Agitando el Satélite T: Elmer Danger Johnston (upright bass), Keely John Lane (drums),
Bob Wayne (guitar, vocals) y Matthew Jamieson Thomas (steel guitar, Telecaster guitar) (foto: Lorenzo Pascual).

CAL: **

Jueves 18 de mayo de 2017, Deusto / Bilbao, Satélite T, 21 h, 10-12 €.


Concierto de música americana paleta, camionera y politoxicómana con el irreverente Bob Wayne y sus escuderos salidos de una película de zombis del pantano. Vinieron presentando su disco ‘Bad Hombre’. Hell yeah!

 

Cuarta vez que catamos en directo al forajido Bob Wayne, un tiarrón barbado, alto y tatuado que ponía cara de malote, con el gesto exageradamente torcido, en la acera, antes de empezar su bolo del jueves en el Satélite T. Ahí dio un muy buen show a pesar de que ya no nos sorprende tanto como las primeras veces con su huracán de hillbilly ejecutado por personajes variopintos y memorables (la violinista aniñada la primera vez que le vimos en el Azkena, el guitarrista como Jesucristo cuando teloneó a Nashville Pussy en el Antzoki, o ese impagable baterista que parecía un soldado confederado centenario cuando recaló en el Antxiki), con su repertorio sónicamente purista pero trufado con vocablos como camión, diablo, motherfucker, cocaine, etc.

Vestido con una camiseta de diseño Motörhead pero en realidad del actor y tatuador holandés Dikke Dennis, Bob Wayne esta vez arribó en cuarteto, respaldado por tres joveznos con pinta de zombies-heavies del pantano: camisetas negras, pelos negros lacios, tatuajes… El contrabajista Elmer Danger Johnston (de Mineapolis) disponía de un montón de mondadientes que consumía mirando atento a la peña («al bajista le he gustado», se dio cuenta La Reina, muy rubia en primera fila de un bolo con un aforo mayoritariamente masculino), el batería Keely John Lane (de Minnesota) tenía los ojos rojos como de haber bebido pero esa es su habitual expresión de felicidad, y el tal Matthew Jamieson Thomas (de Austin, Texas), el tipo de la gorra de camionero, era un prodigio de la naturaleza al alternar los punteos a dos guitarras: la Telecaster y la steel horizontal.

«Siempre siento que la vida de un músico de gira en la carretera es muy parecida a la de un camionero. Estamos constantemente en las mismas carreteras, comemos en los mismos restaurantes, bebemos el mismo café. Siempre he estado fascinado por los conductores de camiones. De niño, ‘Los caraduras’ era una de mis películas favoritas», nos contaba hace un lustro Bob
(foto: Iban Fernández).

Estos cuatro sujetos, capitaneados por un Bob Wayne nacido en Seattle y sin domicilio fijo desde hace mucho tiempo («vivo en una autocaravana John Deere ahí en Alabama», cantó una vez este tipo que se pasa media vida en la carretera, de gira; no en vano regresó por estos lares para estrenar su octavo disco de estudio, ‘Bad Hombre / Mal hombre’, en el seno de una gira europea de dos meses y medio con ocho fechas españolas), dieron un bolo espectacularmente americano de 25 balazos en 89 minutos sin ninguna versión (nos informó la road manager al acabar) y con visitas al honky tonk, estilismos de psychobilly evocador, acelerones hillbilly, ritmos camioneros cuesta abajo (con ese gesto suyo de hacer sonar la bocina: uuuuhhh-uuuuhhh) y textos entre moralistas (‘Dope Train’, el de no montarse en ese tren de la droga) y juerguistas (‘Todo es legal en Alabama’).

En su primera visita a Bilbao, hace cinco años a la sala Azkena, el forajido nos contó cuáles eran sus influencias: «Todos los clásicos: Cash, Hank Williams, Slayer, Pentagram, Dio, Sabbath, Waylon, David Allan Coe, Neurosis, Karp, los Melvins, Townes… Hay incluso algunos nuevos, como Munly (de Slim Cessna’s Auto Club), Hank 3…».
(foto: Iban Fernández).

Repasando las notas para refrescar la memoria, recuerdo que abrió fuego con R&R en plan su amigo Hank III (‘Hell Yeah’, el primer corte de su nuevo disco, ‘Bad Hombre’), facturó boogie vía el Johnny Cash más veloz (‘Till The Wheels Fall Off’) y honky tonk chuleta (‘Still Truckin’; aquí va un directo con la misma banda del Satélite T), lloró a los amigos fallecidos (el campero ‘Mr. Bandana’), a los que deseó que estuvieran en el cielo de los paletos (‘Hillbilly Heaven’), bebió agua, pisó una vez más el pedal del acelerador camionero (‘Driven By Demons’, este es el clip oficial), logró que la peña coreara en plan rodeo y en castellano «que se joda la ley» (en ‘Fuck The Law’, aquí va otro directo violinista, éste de hace un lustro), solicitó que cuando muriera esparcieran sus cenizas en la autopista (‘Spread My Ashes On The Highway’, en dos partes, la primera melancólica y la segunda de celebración a toda mecha), y acabó bajando entre el público contento y satisfecho mientras su banda se disparaba en una coda instrumental y él saludaba a diestro y siniestro, recibía palmas en la espalda (algunas mías: Bob no estaba sudado, noté de inmediato), y se hacía selfies (por ejemplo con La Reina).

OSCAR CUBILLO

El selfie de La Reina, una tía buena, con Bob Wayne, un hombre malo.

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