Rafael Rodríguez / ‘Guitarra mía’: Un subalterno al mando

Rafael Rodríguez, escudero de El Cabrero, abriendo el cartel de sus sueños (foto: Carlos García Azpiazu).

CAL: –

Viernes 19 de mayo de 2017, Bilbao, 12º Ciclo Flamenco BBK, Sala BBK, 20 h, 19 €.


El sevillano Rafael Rodríguez, escudero de El Cabrero, mostró las tres vertientes de la sonanta (toque, acompañamiento al cante y al baile) en su propuesta bautizada ‘Guitarra mía’, programada por el Festival de Nimes y recuperada por el 12º Ciclo Flamenco BBK. Las tres vertientes le salieron decrecientes, de más a menos, pero destacaron Javier Barón al baile y David Palomar al cante

 

Media entrada el viernes en la Sala BBK para atestiguar la segunda de las cuatro grandes citas del 12º Ciclo Flamenco BBK, que se prolongará hasta junio. Se representarán cuatro espectáculos organizados por grandes festivales flamencos de proyección internacional (dos franceses y dos andaluces), y esta segunda cita se dedicó al festival de Nimes, ciudad francesa de 150.000 habitantes a cuya muestra en enero acudieron 10-12.000 espectadores, según reveló en el prólogo su director, Francois Noël.

Ahí, en Nimes, en enero se estrenó ‘Guitarra mía’, un programa liderado por el veterano tocaor sevillano Rafael Rodríguez, alias El Cabeza, escudero habitual de El Cabrero. A este recio subalterno, tocaor de atrás, el festival de Nimes le concedió la gracia de pergeñar el ‘cartel de sus sueños’, por lo cual Rodríguez señaló en su primer parlamento: «Por primera vez he tenido la oportunidad de enseñar a mi aire, con la gente que me gusta, las tres vertientes de la guitarra: sola -que es lo que menos he hecho-, acompañando al cante y acompañando al baile. Así iremos hoy, de menos a más, hacia la potencia. No soy un gran técnico, pero sí toco con corazón, intentando transmitir. Si hoy no puedo, otro día podré».

A pesar de los aplausos, se puede afirmar que no pudo con todo el subalterno al mando de la velada. Fue de más a menos en los tres capítulos, y también en el espectáculo en general. Descontando la introducción hablada de casi un cuarto de hora, el show en sí duró 90 minutos para 9 pasajes en los que en total intervinieron siete actuantes. Abrió Rafael Rodríguez a solas, por malagueñas, y nos las prometimos muy felices con sus ensoñaciones a lo Andrés Segovia, pero bajó el nivel en las dos piezas siguientes, con la intrusiva percusión de su hija, Isa Rodríguez: unas guajiras donde al tocaor se le notó fuera de lugar y otro tema más lisérgico, vibrante y dramático que coló pasajes de ‘La tarara’ y que sufrió la acción de la percusión filial demasiado invasiva.

La alegría gaditana y eléctrica de David Palomar, no olviden su nombre (foto: Carlos García Azpiazu).

La segunda vertiente fue la del cante, de raigambre gaditana, primero festera y desenfadada en la senda de Chano Lobato y luego más seria y profunda, en la escuela de Juan Villar. Muy buen sabor de boca dejó un inspirado, versátil y talentoso David Palomar (Jesús David García Palomar, Cádiz, 1977), que abrió elogiando al tocaor («tiene una pulsación en extinción», advirtió) y de seguido, eléctrico como Tomasito, contagió alegría por tangos y garrotín, sin poder quedarse quieto en la silla, supurando duende. El reverso del cante alegre lo aportó su paisano José Anillo (Cádiz, 1978), y se volvieron a amortiguar las buenas sensaciones según entonaba por seguiriyas demasiado estilistas y planas, con garganta trágica premeditadamente sofocada.

La tercera vertiente, la del baile, también cursó decreciente. No lo afirmamos por la intervención de Javier Barón (Francisco Javier Álvarez Rico, Alcalá de Guadaíra, Sevilla, 1963, Premio Nacional de Danza en 2008), quien durante dos números (también levemente menguantes, pero debido al esfuerzo físico) alcanzó el lapso culminante espoleado por el cante trasero de Palomar (‘viva er Betis’ llego a jalear para pasmo de alguno de sus compadres), con Barón en modo desplante constante en una danza viril, heteropatriarcal, dibujada entre olés y la notable y sincera impresión del respetable.

Javier Barón, maduro, viril, heteropatriarcal, Premio Nacional de Danza (foto: Carlos García Azpiazu).

La segunda bailaora invitada, Milagros Mengíbar (Sevilla, 1952), a la cual Rodríguez agradeció que en su día le diera la oportunidad de saltar de los tablaos a los festivales y a la que describió como «la reina del baile de la escuela de Sevilla, sin aspavientos, con flamenquería», ofició como una sombra, bailando por alegrías con todo el cuadro a cámara lenta: los palmeros atentos, el tocaor disciplinado y la benemérita bailaora, que se manejó bien con la bata de cola y reveló poses como en una academia.

El largo fin de fiesta, sin amplificación, pecó de rutinario. Y así de decreciente, de más a menos, evolucionó la larga propuesta de ‘Guitarra mía’, a la que habríamos cortado los dos instrumentales con la disonante percusión de su hija, la larga introducción instrumental al capítulo del baile improvisada por Rodríguez más el palmero Roberto Jaén a la percusión, la intervención de la veterana bailaora Milagros y el fin de fiesta impostado y dilatado. Sin eso todo habría resultado mucho mejor, habría dejado mejor sabor. Aunque, bueno, al salir dijeron unas chicas que se les había hecho corto. Hay gente pa’tó.

Milagros Mengíbar por alegrías comedidas, con buen manejo de la bata de cola (foto: Carlos García Azpiazu).

Ya lo reveló subliminalmente Rafael Rodríguez cuando, antes de la improvisación previa al baile, alegó que le gusta improvisar, que así es el flamenco, que para esa ‘Guitarra mía’ no habían ensayado, que el baile de hoy lleva demasiado montaje y que todos los intervinientes en esa velada tenían carta blanca para hacer lo que quisieran y que por ejemplo a los bailaores les habían dicho sólo tú sales por un lado del escenario y tú por el otro. Ya, por eso numerosos pasajes parecieron evidentemente poco ensayados.

OSCAR CUBILLO

Los saludos y aplausos fueron prolongados; de izquierda a derecha Isa Rodríguez (percusión), David Palomar (cante),
José Anillo (cante), Rafael Rodríguez (guitarra), Roberto Jaén (palmas), Milagros Mengíbar y Javier Barón (bailaores)
(foto: Carlos García Azpiazu).

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