Siniestro Total: La vieja artillería pesada (+ entrevista)

En la tercera, ‘Miña terra galega’, que les quedó muy regulera, sin pegada (foto: Carlos García Azpiazu).

CAL: –

Jueves 25 de mayo de 2017, Bilbao, Kafe Antzokia, 22 h, 17-22 €.


Lo nunca visto: ¡momentos de aburrimiento con los gallegos Siniestro Total en el Antzoki bilbaíno! Aterrizaron desde Londres para presentar su último artefacto, el vinilo en diez pulgadas titulado ‘El mundo da vueltas’

 

Contentos y satisfechos gracias a las sensaciones dylanitas vividas la tarde del jueves en el Antxiki con Zimmerband (lo contamos en el post previo), bajamos las escaleras y entramos en el gran Kafe Antzokia, donde Siniestro Total (Vigo, 1981) dieron un concierto de presentación su nuevo disco en diez pulgadas, ‘El mundo da vueltas’. 23 canciones en 97 minutos sonaron durante un show paradójicamente abierto y cerrado por el himno soviético (al acabar con los músicos puño en alto) y en el medio relleno de influencias estadounidenses (desde la segunda intro con la banda sonora de ‘Corrupción en Miami’ hasta el rock americano a lo Dan Baird del segundo tema, ‘La paz mundial’).

Pero la cosa no acabó de funcionar: ¿por el exceso de profesionalidad de ST a la hora de acatar un repertorio de tuna-punk arreglada por un pulcro saxofón?, ¿por culpa del calor del día? –algunos fans suyos olían a tigre, lo cual no se notaba antaño, cuando se permitía fumar en los conciertos-, ¿por alguna copiosa cena? –sugirió Óscar Cine-, ¿por haber llegado a Bilbao la víspera desde Londres y sentirse destensados?, ¿por el jet lag de una hora de diferencia con la Pérfida Albión?, ¿porque había menos público del esperado, al principio 200 personas y al final unas 300? –dos fans distintos comentaron que 22 euros en taquilla es caro para ver a ST, que con 15 está bien-, ¿porque el repertorio estuvo ordenado de un modo muy raro?, ¿porque la peña estaba esperando todo el rato a que sonaran los éxitos eternos y coreables, lo que llama ‘la vieja artillería pesada’ el bueno de Julián Hernández, a quien le gustaría ser El Gran Wyoming y al que un espectador de vanguardia le llamó Julen?, ¿porque el propio Julián, que peroraba como un cura, andaba justo de facultades y llegó a aplicarse ventolín a la vista de todos cuando dijo que esas eran las drogas que le daban a Prince?

Julián Hernández, nacido en Madrid hace 56 años, con el ventolín en la mano (foto: Carlos García Azpiazu).

En piloto automático funcionaron ST, observó un fan famoso, y eso que alegó que él no era objetivo. El que suscribe, que siempre ha vivido y gozado conciertos de los carpetovetónicos Siniestro Total efectivos y crecientes hasta el desparrame, se aburrió por momentos y eso no lo arregló ni el gin tonic ni el Red Bull. Por tres pasajes se puede decir que transitaron los cinco gallegos: el primero en exceso pulcro y profesional con tanto saxo y tanta leche (‘Black Jack’), y muy floja les quedó ‘Miña terra galega’, o sea su inspirada revisión del ‘Sweet Home Alabama’ de Lynyrd Skynyrd (era la tercera pieza y ya pintaba mal la cosa; es que el regionalismo aboca al reduccionismo y Julián en la introducción de ‘Miña…’ dijo que venían de un ‘país’ –sic- al noroeste de la península y presumió de que les iba muy bien y que exportaban «jefes de estado, presidentes de gobierno, presidentes de la conferencia episcopal, de la SGAE…»). Por este arranque profesional, sin mala baba, varias canciones aún no cuentan con cuajo en la memoria colectiva (‘A poco más’ y sus coros obsesivos) y ST destacaron en ‘Emilio Cao’ (inspirado en el ‘David Watts’ de los Kinks y sus fafafafá), ‘Cultura popular’, ‘Camino de la cama’ y poco más, que fueron los temas en que más empujó el público, por cierto.

El segundo pasaje, el central, pareció un desierto de emociones en el que se podía atender sin problema al teléfono móvil durante títulos como ‘Ay Dolores’ (con Julián muy justo a la armónica y a todo), la chufla de ‘Keke Rosberg’, el rollo Barrio Sésamo de ‘El mundo da vueltas’, el algo Ilegales ‘Todopoderoso’ (con su estribillo de «soy un corrupto»), un poco creíble ‘Vamos muy bien’ de Obús (una de las varias simas de la cita), o un ‘Tumbado a la bartola’ muy revelador y entonado por el bajista Óscar Avendaño. En este segundo pasaje, entre las canciones 11 y 18, incluyendo a ambas, solo hubo un momento destacable, el ‘Diga que le debo’ («escucho estas canciones y rejuvenezco 25 años», manifestó Oscar Cine, que es muy joven).

Javier Soto cantando ‘Fuimos un grupo vigués’, con Jorge Beltrán al saxofón (foto: Carlos García Azpiazu).

Y el tercer pasaje fue el postrero, el del final del concierto, con más hits y el respetable ansioso, despierto y participativo en pilorazos como ‘Cuanta puta y yo qué viejo’ (cantado hasta por las damas presentes), un ‘Ayatollah!’ (no me toques la pirola) demente y rompedor que fue la cima de la cita y, ya en el bis triple, ‘Bailaré sobre tu tumba’, que resonó a otra fiesta esperada por el gentío, y el cierre con el acedecesco ‘Somos Siniestro Total’.

Supongo que el día después, el viernes en la Jimmy Jazz de Vitoria, les salió mejor el show, porque no entra en la estadística que ST fallen dos días, ¿verdad? Aparte, me pasé el concierto pensando que Miguel Costas, que tiene más hambre y toca en bares en vez de salas, es más divertido y creíble. Más juerguista y menos complicadamente aleccionador. ¿Cómo es esa nueva que canta Costas? Hasta los huevos… ¡estoy hasta los huevos!

OSCAR CUBILLO

Al final del bolo, los cinco gallegos puño en alto mientras suena el himno soviético/ruso (foto: David Herranz).

+++ ENTREVISTA +++

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«Las administraciones deben facilitar que haya conciertos»

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Pilotados por Julián Hernández, los gallegos Siniestro Total regresaron a Euskadi,

«nuestra casa», para presentar en dos noches su nuevo disco

 

Siniestro Total, marca histórica del rock español gestada en Vigo en 1981 y hoy dirigida por el antaño baterista y hogaño guitarrista y cantante Julián Hernández (Madrid, 1960), arribó a Euskadi vía Londres para dar dos bolos en Euskadi: jueves 25 en Bilbao (Kafe Antzokia, 22 h, 17-22 €) y viernes 26 en Vitoria (Jimmy Jazz, 21.30 h, 17-22 €). Sus cinco miembros actuaron trajeados e impregnados de cultura americana para entonar cantos carpetovetónicos como los de ‘Miña terra galega’ (su adaptación del ‘Sweet Home Alabama’) o, claro, los de su último lanzamiento, el vinilo de diez pulgadas ‘El mundo da vueltas’.

Telefoneamos a Julián la tarde del martes 23. Estaba en Londres, recién aterrizado e instalado en el hotel. En Londres ese día darían un bolo en el 02 Academy de Islington. El lunes fue el atentado en el concierto de Ariana Grande en Mánchester.

¿Cómo os enterasteis del atentado del lunes en Mánchester?

Como debíamos coger el avión en Santiago, pues el martes por la mañana temprano. Saltó el tema en el grupo de whatsapp que tenemos en Siniestro para el curro y las tonterías. Supusimos que tendríamos dificultades para entrar al país, pero llegamos al aeropuerto de Stansted y nada, cruzamos enseguida el control de pasaportes y no había demasiado ‘milico’ danzando por ahí. La historia ésta es que siembran el caos y el caos se extiende como una mancha de aceite. Cuando pasó lo de Bataclan (en París), en Londres suspendieron todas las actuaciones. Esta vez parece que no. Ya vamos a vivir con esto. Ya se ha organizado el sistema mundial así, y qué podemos esperar.

¿Qué tipo de gente os irá a ver en Londres? ¿Españoles, hermanos sudamericanos, algún británico temeroso del Brexit…?

Pues hombre, suponemos que fundamentalmente gallegos. Aquí hay mucho gallego. Y luego habrá españoles en general, y habrá latinos, y nos consta que un par de británicos sí que vienen: Duncan Wheeler, que es profesor de español en la Universidad de Leeds, y su padre. Habrá una cantidad suficiente de hispanohablantes que puedan entender la jugada, pero si aparece algún británico despistado que piensa ‘mira qué cosa más simpática’, no le vamos a decir que no. Pero que no esperen que hablemos en inglés todo el rato. No es nuestra intención.

¿Un bolo vuestro cambia si en teoría el público no conoce el idioma?

No conocen el idioma, está claro, pero no podemos cambiar nuestra historia. Lo mismo que ellos no cambian la suya cuando vienen a tocar para nosotros. Quid pro quo. Tú haces eso y yo hago esto. No cambiaremos sustancialmente nada, aunque no hay dos noches iguales en los conciertos. Las cosas son muy distintas dependiendo de cuál es la relación con la gente, por ejemplo.

Julián Hernández Rodríguez-Cebral a menudo peroró como un cura (foto: Carlos García Azpiazu).

En Euskadi os lleva la contratación de conciertos la agencia Baga-Biga, de Mungia. ¿Eso quiere decir que, con un poco de suerte, os veremos por todas las fiestas de por aquí en verano?

Pues no lo sé, hijo mío, yo soy un artista. No lo sé, pero de todas formas volver a Euskadi es volver a casa, eso está claro. Vayamos mucho o poco, siempre estaremos encantados.

¿Crees que entre las obligaciones de los ayuntamientos, diputaciones, etc., está la de organizar conciertos?

No, pero lo que sí deben hacer las administraciones es facilitar que haya conciertos, lo cual es muy distinto. Que haya unas normas de ruidos, de seguridad, de puestos de trabajo, de lo que sea, porque al fin y al cabo esto es una industria. Han de facilitarlos, pero sinceramente no creo que sea su obligación organizar conciertos. Que no pongan trabas. Nosotros encantados de tocar para un ayuntamiento, pero nunca vamos a exigir que monte un concierto nuestro. Eso ni se nos pasa por la cabeza, vamos.

Venís presentando un disco nuevo, el vinilo en diez pulgadas ‘El mundo da vueltas’. ¿Son canciones que antes subisteis a la web?

Este disco sale de una idea que tuvimos años atrás: dijimos que ya no merece la pena esperar tres o cuatro años y encerrarte en un estudio para grabar tandas de docena y pico de canciones. Las vamos grabando según nos van saliendo, y las vamos colgando en la red. Es lo que hacían los Beatles y todos en la historia del rock, que iban publicando singles hasta que tenían lo suficiente para lanzar un LP. Nosotros teníamos más de estas ocho canciones, pero estas son las elegidas porque no daba más la duración del vinilo.

Ya, el tamaño intermedio entre el single de 7 pulgadas y el elepé de 12.

Era una espina que teníamos clavada. Nos faltaba ese formato, y la verdad que ha quedado precioso, con una portada que se abre, con un diseño espectacular de Fernando Pena, alias Depende Durante, que hizo un trabajo sobre el ‘Inferno’ de Giovanni de Módena, un fresco del siglo XV, y es absolutamente espectacular. Se ve malamente en la web, pero si lo tienes en la mano se notan las referencias a todas las canciones en el entramado hiperbarroco de la portada. Tienes las canciones para pasarlo pipa, y además un pasatiempo cojonudo para mirarlo y no aburrirte. Cada canción tiene su referencia visual en el diseño.

‘El mundo da vueltas’ (Autoproducción, 2017).

¿A un grupo de vuestro nivel le beneficia o perjudica la influencia de las redes sociales? En teoría, vendes menos discos, pero quizá vaya más peña a los bolos, ¿no?

Realmente creo que no es cuantificable. Las redes sociales son geniales para muchas cosas, peligrosas para otras, y aburridas en algunos sentidos. Pero son un medio de comunicación absolutamente fulgurante. En un determinado momento, no hace falta colocar carteles por la calle porque lo pones en Facebook o Twitter y la gente se va a enterar con mucha más facilidad. Están bien, son útiles, pero también peligrosas: te puedes meter en un lío por decir una tontería, como César (Strawberry, de Def Con Dos).

¿En los 80 recibías mucho dinero de la venta de discos y los derechos de autor? ¿Lo notabas en la cuenta corriente, en el nivel de vida y en el coche particular?

Bueno, no hemos vendido tantos discos. De hecho, yo mi primer coche lo tuve en los 90, y era de segunda mano. Tampoco era para echar cohetes. En general todo el mundo vendía más discos entonces, y cuando salió el CD, pegó un subidón tremebundo. Pero se acabó eso. Las grandes multinacionales desperdiciaron todo lo habido y por haber. Que se vendan más o menos discos a nosotros supone una diferencia mínima para nosotros ahora. Y sobre los derechos de autor, ahora mismo están también bajo mínimos. La SGAE se arruinó con todos los pifostios que tuvo y los apartados de derechos empiezan a ser mucho más cortos, porque en Spotify, YouTube y todas esas plataformas los derechos de autor son casi inexistentes. Hasta que no llegues a un nivel equis, no hay reparto de nada. Entonces pues bueno, Internet es lo que es, y hay que vivir con ello. Pero hemos pasado por tanto en la industria del rock y el mercado, en España y el mundo, que mañana nos dicen que aterriza un platillo volante en la puerta del sol de Vigo y se pone a vender CDs, o casetes, y nos lo creemos. Ya hemos visto de todo.

¿En qué te gastas ahora el dinero, Julián?

Me gustaría gastármelo todo en vino, pero no es cuestión de matarse a toda velocidad. Lo que pasa es que la música por ejemplo nunca ha sido tan barata. Yo tengo el Spotify de pago y para mí nunca me ha sido más barato escuchar novedades. Si me interesa una cosa la compro, por el objeto. Y sí que se me va algo de pasta en libros. Es una manía como otra cualquiera, porque no gasto mucho en coches, y en ropa lo justo para salir a la calle sin que me detengan. Y bueno, luego hay que comer y pagar la luz y el gas y todo eso.

Hablando de ropa. ¿Vistes mejor de normal, por la calle, que en el escenario? Es de agradecer que Siniestro Total salgáis con trajes a un escenario. Eso demuestra respeto al público, al oficio, a la música…

Más bien es por higiene. Si subes al escenario con la ropa que has vestido en el viaje, pues hueles a rayos. Eso por un lado, y por otro lado somos gente de cierta edad y salir con una chupa de cuero y pegando brincos pues tampoco procede mucho. Procuramos que sea un traje medianamente cómodo y que quede medianamente bien. Si la gente lo agradece, no lo tenemos muy claro, porque creo que es la primera vez que me hacen esta pregunta. Tampoco somos los Génesis de Peter Gabriel, que se cambiaba de disfraz 500 veces en cada concierto. Eso sí, nos encantaría una costurera que nos ajustase los bajos del pantalón, pero no nos da el presupuesto para eso.

El puesto de merchandising sin vigilar a mitad del chou (imagen de móvil: Oscar Cine).

Miguel Costas, el segundo cantante de Siniestro Total, el de después de Germán Coppini, ha pretendido hacer una gira de aniversario que ha debido renominar. ¿Debido a vuestra oposición?

No sé si fue Miguel directamente, pero alguien pretendió hacer una gira del 25º aniversario del LP doble en directo ‘Ante todo mucha calma’. La gira se llamaba así, pero claro, ¡ese es un título de Siniestro Total! Miguel cuando se marchó cedió todos sus derechos, también del nombre, porque se quería ir. Y es absurdo que después de 25 años haga una gira con ese reclamo. Luego optó por el 35 aniversario de su carrera, lo cual también es absurdo porque 35 años tiene Siniestro Total y Miguel empezó antes, como todos habíamos tocado antes con otros nombres y otras cosas. Todo suena a que alguien ha intentado conseguir una fórmula para vender un concierto, y yo lo siento. Pero también es verdad que la nostalgia y el revival son dos palabras que nos producen urticaria.

¿Cómo serán los dos conciertos de Bilbao y Vitoria?

Ya hemos tocado en los dos locales, en el Antzoki y el Jimmy Jazz. Tenemos muy claro que en Bilbao habrá una presencia física apabullante y un nivel intelectual deslumbrante y mucho ruido, rock y diversión con toda la vieja artillería pesada y las canciones nuevas. Y en Vitoria también, o sea que no vamos a discriminar.

¿Qué venderéis en el merchandising de Siniestro Total? El disco nuevo, camisetas…

El merchandising es muy apabullante, hay cantidad de camisetas y cosas que a mí mismo me asombran.

¿Cuál es el último concierto al que has ido como espectador, sea pagando entrada o apuntado en la lista?

Ahora veo más conciertos estando en el backstage de un festival, de colegas que están tocando en ese mismo festival, que yendo a salas. El otro día tocaba Albert Pla en La Coruña y me llamó, ‘tío, vente’, pero no pude porque Siniestro estábamos tocando. Nuestra vida de músicos nos impide estar en dos sitios al mismo tiempo. Hay una barbaridad de cosas. Pero nosotros somos minusválidos en ese sentido y no tenemos la posibilidad de ver todos los conciertos que nos apetecieran. Creo que el último que he visto ha sido el de Víctor Coyote, que siempre es una delicia.

ÓSCAR CUBILLO

Al final, ante el público que medio llenó el Kafe Antzokia (foto: David Herranz).

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