Marina Heredia & Jaime El Parrón: Viniéndose arriba

Víctor Carrasco, de Huelva, y Anabel Rivera, del barrio de La Viña de Cádiz, al arte y compás,
El Parrón sentado y su hija Marina Heredia en pie y con el segundo vestido, ambos al cante,
más el jerezano Bolita al toque y el sanluqueño Paquito González a la percusión
(foto: Mikel Martínez de Trespuentes / Sala BBK).

CAL: **

Miércoles 31 de mayo de 2017, Bilbao, 12º Ciclo Flamenco BBK, Sala BBK, 20 h, 19 €.


Éxito artístico en el 12º Festival Flamenco BBK, donde un racial Parrón personificó lo jondo y su hija Marina Heredia, con marido torero, que arrancó nerviosa, cuando se serenó mejoró a Estrella Morente

 

Tres cuartos de entrada, muy entregada y de mayoría femenina, el miércoles en la tercera de las cuatro grandes citas del 12º Ciclo Flamenco BBK, dedicado a cuatro festivales internacionales. Esta vez era el turno del francés de Mont de Marsan, que presentó a un cuadro familiar gitano, el de Marina Heredia (Granada, 1980) y su jondísimo padre Jaime Heredia Amaya, alias El Parrón (Granada, 1955), que en sexteto (genial Bolita al toque, alias de José Quevedo, Jerez, 1974) presentaron su programa ‘Garnata’, «como se llamaba Granada en la época árabe», ilustró ella.

Fue un set por momentos doble bien entrelazado y alternado que se vino arriba. Trece piezas en hora y media. Abrió el padre, jondo, ronco, racial, zezeante, con su rostro aindiado, cantando unas tonás a capella con el vigor de un Agujetas rejuvenecido. Llegamos a pensar que se quedaría sin voz a lo largo de la velada, pero fue una falsa alarma. La hija le tomó el testigo, también a capella, más sofisticada, más estilista, por su vida sin fatigas, pero librando el listón. Entonces el padre hizo mutis y Marina Heredia se sentó y cantó con cara de susto, nerviosa, son modelar, incluso desafinando, pero bailando con las manos y tan echada p’alante que cosechó canastos de oles y bravos del respetable predispuesto, ya se ha dicho. Bien se pudo barruntar en ese momento que todo se vendría abajo, pero…

Don Jaime Heredia, alias El Parrón, que no es figura porque no ha querido (foto: Mikel Martínez de Trespuentes / Sala BBK).

Se largó Marina, regresó El Parrón, y entonces se mojó el agua. La soleá a lo spaghetti western con la guitarra de Bolita fue espectacular (a Agujetas volvimos a recordar en los lamentos, como ese de «aayyyyyy… cuando salgo de la minaaaaa…. A mí me da mucha alegríaaaaaa…», y ole tú le jalearon al acabarla), y la seguiriya siguiente, con un Bolita imperial, fue la cima de la cita, con su voz de lija, tragándose las palabras, tremolante, arcano (lo jondo se muere, pero ahí está El Parrón aún, que no es figura porque no lo ha pretendido; así lo sugiere en el ABC), rozando el desfondamiento… Colosal.

Regresó la hija, con el segundo vestido que se embutió, se sentó otra vez y planteó: «a ver qué hago yo ahora…». Pero sabedora de lo desigual de la liza, se serenó y se vino arriba, y eso que cantó de modo menos exagerado. Ella es la que se vino arriba lo cual se reveló sobre todo tras el instrumental afrancesado y en solitario de Bolita. Después de esto, Marina en la secuencia de malagueñas más tanguitos del Albaicín entonó delicada, mejorando de largo a Estrella Morente, e invadida por el duende medró cálida y ketamera en el cuplé por bulerías de la gaditana Adela La Chaqueta, que le quedó como El Cigala, pues cantó suelta, natural, transversal… Qué ovación recibió, y dijo segura: «Hay que beber de todos los lados». Qué satisfacción poder escribir bien de ella, poder elogiarla tras la vez anterior que la vimos en el Teatro Barakaldo, donde ofició sin ninguna fijeza y se excusó alegando que llevaba diez meses sin dormir por su bebé (aquí lo contamos).

Marina Heredia sosteniendo el cante cual folclórica, con el primer vestido (foto: Mikel Martínez de Trespuentes / Sala BBK).

En la Sala BBK, durante el epílogo festivo y en sexteto no decayeron, sino que se alargaron. En los tangos lolailos a Marina se la notó arropada por la tropa (acabó y sofocada comentó: «qué calor hace en Bilbao… y eso que un poco más y nos traemos el plumas») y en las bulerías ketameras con compás milimétrico tuvieron lucimiento sus dos palmeros (Víctor Carrasco, de Huelva, y Anabel Rivera, del barrio de La Viña de Cádiz, a quienes la lideresa presentó con el resto del plantel, empezando por el percusionista de Sanlúcar Paquito González y acabando con su padre, al que trató de don llamándole don Jaime Heredia, y por la mitad llamando a Bolita «mi pequeño saltamontes», lo que seguro a él no le hace gracia). Y ya en el bis, también por bulerías, dedicadas al torero Curro Romero y a su marido Pedro Chicote, Marina volvió a remitir a Estrella Morente, otra guapa cantaora granadina casada con un matador.

OSCAR CUBILLO

Mirada admirativa y contenta de Marina a su padre El Parrón (foto: Mikel Martínez de Trespuentes / Sala BBK).

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