2º BBK Music Legends Festival / Imelda May: Mejor que nunca

 

La explanada de La Ola en el arranque bajo la lluvia de Imelda (imagen de móvil: O.C.E.).

CAL: **

Sábado 3 junio de 2017, Sondika, Centro Ola BBK, de 14 a 24 h.

Imelda May a las 18.30 h; abono dos días: 90 €. Entrada de sábado 40 € (45 en taquilla).


La Imelda menos rockabilly, la que se ha quitado el rizo rubiales y alejado de los parámetros reiterativos, por fin se convierte en una artista merecedora de la atención gracias a un cancionero variado que desplegó ambiciosa y acertada en una actuación pasada por agua en el Music Legends 

 

El sábado, el día de la final de la Champions (la 12ª para el Real Madrid), siguió lloviendo aún más en La Ola de Sondika. La segunda jornada del MLF (jo, lo ves escrito en los mails oficiales y parece que ponen milf, ¿verdad?) estuvo aún más pasada por agua. También llovió durante el bolo del gran reclamo de la tarde, la felina Imelda May (Dublín, Irlanda, 1974), una habitual de los macrofestivales roqueros vascos: ya la había visto en el BIME y en el Azkena Rock vitoriano (aquí dos veces), y cuando le pillaba el tranquillo a sus canciones me solía aburrir por abundar ella en la fórmula psychobilly. Imelda, que el viernes del MLF salió a cantar el ‘Bring It On Home To Me’ de Sam Cooke a medias con Van Morrison, poniendo el punto bajo de su excelente y memorable concierto como narrábamos en el post previo, vino a Sondika a estrenar su nuevo disco, ‘Life Love Flesh Blood’, el quinto, lanzado por Decca en abril y producido por T-Bone Burnett, y dio el mejor bolo de los cuatro que le he visto.

Imelda en su inicio, sentada, felina, que tiene a todos enamorados (foto: Koldo Orue).

El disco no es rockabilly y mejor así, porque gracias a su cambio de orientación musical Imelda (divorciada del guitarrista rocker Darrel Higham), dio el mejor y más variado concierto que le he podido ver, insisto. Actuó en octeto (dos vientos, dos guitarras, bajo y batería, teclados y ella a la voz) y conectó con la gente desde el principio a pesar de la lluvia. «Este el clima de Irlanda», alabó a mitad de su mojado show. Comenzó sentada, felina, engolada, afectada en ‘Call Me’, una de las muchas piezas en las que su voz remitió a la gran Chryssie Hynde. Y a la siguiente, la segunda canción, ‘When It’s My Time’, un blues creciente que empezó con gospel a lo Ray Charles, ya se pudo intuir que sería un conciertazo empero su engolamiento vocal, del que se fue desprendiendo a lo largo de la tarde.

Imelda en el arranque, con sus dos guitarristas, que ahora diluyen su componente rockabilly (foto: Lorenzo Pascual).

Sonó a los Pretenders en ‘Human’ y se puso en fantasmagórica en un buen ‘Big Bad Handsome Man’, antes del swing lúgubre ‘Sixth Sense’, con una bonita coda a lo Chris Isaak. Su variado show de 14 temas (la mayoría de la novedad ‘Life Love Flesh Blood’) en 63 minutos fue a más, y destacó tanto en el rock sofisticado a lo REO Speedwagon (‘Bad Habit’) como en el delicioso country-vals etéreo vía Chryssie Hynde también (‘Black Tears’).

Imelda, pequeñita pero con taconazos, minifaldera, vestida de negro y con algún remache metálico de adorno, se atrevió con el jaleo Nueva Orleans a lo P.J Harvey (‘Flesh And Blood’, donde se notaba que la gente le quería ver), y de seguido enlazó dos temas grandiosos, ambos del nuevo disco ‘Life Love Flesh Blood’, remitiendo a Chrissie Hynde con The Shangri-las en ‘Should’ve Been You’ (este es el clip) y a la Adele más aparatosa y soulera en ‘Leave Me Lonely’.

Con la baqueta del bodhrán que percutió en su hit ‘Johnny Got A Boom Boom’ (foto: Piru Lamiako).

Tras ‘The Longing’, cayeron guiños al pasado propio más exitoso, con un rocanrolero ‘Mayhem’ revisado como si fueran Katrina & The Waves y un ‘Johnny Got A Boom Boom’ muy rocabilesco, antes de la despedida cuasi discotequera con un bailongo y novedoso ‘Game Changer’.

Y la gente, encantada bajo la lluvia. Por una vez con toda la razón más allá de la estética rockabilly que ha convertido a Imelda en un icono estético retro y limitado. Al acabar el concierto, en la parada del tren al aire libre, comentaban unas matures: qué chulada, me ha encantado, ha sido increíble. Sí, estuvo muy bien: por banda (y arreglos, y gradaciones, y teatralizaciones), repertorio (variado, en absoluto reduccionista ni tribal) y ambiente (la pudimos ver de cerca cuando el aguacero se apiadó de las mil y pico personas que habría en el recinto).

OSCAR CUBILLO

El escenario, el logotipo del MLF, el octeto, la lluvia azotando y el respetable con chubasqueros (foto: Piru Lamiako).

 

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