CINE: ‘Personal Shopper’: Espiritismo de whatsapp

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Texto por GERARDO CREMER

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Estreno en cine: 19 de mayo de 2017

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Director: Olivier Assayas

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Calificación: 2 estrellas de 5

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Tráiler de ‘Personal Shopper’

 

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Una historia de fantasmas

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La llegada de Maureen Cartwright (Kristen Stewart; Los Ángeles, 1990) a la casa donde vivió su hermano gemelo, Lewis, después de su muerte por una enfermedad cardiaca, se inscribe claramente en la vertiente del cine fantástico: la entrada en coche a un paseo sin asfaltar entre árboles, la puerta metálica de acceso. Olivier Assayas (París, 1955) no se preocupa en proporcionarnos información al comienzo. Nos deja a solas con Maureen aunque nos condiciona sensitivamente en el contexto del “fantastique”, con la movilidad de la cámara (que sigue a la protagonista en plano americano a sus espaldas), con la poca iluminación de la casa de escasos puntos de luz (la luz plateada de la luna) y que funde los contornos del cuerpo con la propia oscuridad de la habitación, o bien con la utilización de efectos sonoros destacando el silencio de la noche sobre el chirriar de las puertas y el sonido de los pasos.

La llegada de Maureen a la casa apunta al cine fantástico con la movilidad de la cámara, el sonido y el diseño de producción.

Tardamos en conocer aquello que acontece. Primero sentimos. La cámara se pega a la protagonista. La mayor parte de las veces usando planos secuencia, siguiéndola bien de espaldas (con la sensación de que algo o alguien está acechándola) o bien de frente (en travelling de retroceso y en plano medio) para incidir en eso que “existe” pero no se ve.

Más adelante, cuando se conoce el don de ambos hermanos para contactar con el más allá, entendemos que la muerte de Lewis es realmente una prueba para Maureen. Ambos habían acordado que aquel que muriese primero se pondría en contacto con el otro. Pero las señales que Maureen recibe no son claras, principalmente porque pone en duda que sean señales aquello que ella siente. Los ruidos y la intranquilidad que trasmiten la oscuridad y la soledad la hacen desconfiar sobre si de verdad hay algo al otro lado. Después, en una segunda estancia en la casa, descubrirá que no es su hermano quien quiere contactar con ella, sino otro ente, más maligno y agresivo. La secuencia en la que Maureen se encuentra con el fantasma, escena de terror puro, es de lo mejor que Assayas ha filmado nunca.

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Una historia de posesiones

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A través del iPhone, Maureen accede a informaciones relativas a posesiones y sesiones de espiritismo de destacados componentes del mundo del arte: el escritor Víctor Hugo y la pintora abstracta Hilma Af Klint. En ambos casos se da la paradoja de una doble vida. En el de Hugo eran las sesiones secretas y las comunicaciones con su hija muerta Léopoldine a través de un sistema de códigos que el propio escritor transcribía. En el caso de Af Klint fue más un caso de posesión. Sus obras proféticas, claramente precursoras del movimiento abstracto, se debían, según ella, a que pintaba bajo una gnosis metarracional, es decir, sus manos estaban dirigidas y no era ella quien componía sus obras.

Tras el encuentro con el espectro, en casa de su hermano, el comportamiento de Maureen empieza a ser extraño. Su trabajo como “personal shopper” (asistente de una modelo, Kyra, para la realización de sus compras personales: ropas, zapatos, joyas) empieza a complicarse con la intromisión de un espectro en su vida. Maureen comienza a recibir por whatsapp una serie de mensajes de una persona desconocida, normalmente preguntas relativas a lo que ella siente y desea en ese momento. En una secuencia larga (que recuerda a la secuencia de comienzo del film precedente de Assayas, ‘Viaje a Sils María’, 2014, también interpretada por Kirsten Stewart y desarrollada en un tren –así lo conté en este blog-) se remarca el solipsismo e inestabilidad de Maureen debido a la intromisión de ese extraño. El proceso de entrometimiento de ese espíritu moderno (¡pero dónde se ha visto que un fantasma se comunique por whasapp!) va en crescendo. Incluso la forma de actuar de Maureen se aleja de la asepsia relacional que le obliga su trabajo. Maureen decide calzarse y probarse la ropa de Kyra, o bien entrar en su casa y acariciar sus prendas y objetos personales.

Tras el contacto con el espectro, el comportamiento de Maureen se asemeja al de una poseída.

El comportamiento de la protagonista se acerca bastante al de Isabelle Adjani en ‘La posesión’ (1981), el mítico film de culto de Andrzej Zulawski, también un film intelectualizado sobre posesiones y demonios, aunque el de Assayas es mucho menos gore que el del director polaco. Podríamos decir que en ‘Personal Shopper’ hay un distanciamiento agnóstico, una negativa de Maureen a aceptar los acontecimientos que suceden como reales (a diferencia de ‘La posesión’, donde la Adjani se comporta como una verdadera sonámbula). Por ello, dos de las escenas clave, el descubrimiento del cadáver de Kyra, brutalmente asesinada, y el nuevo encuentro con el fantasma tras su viaje a Marruecos, son choques directos para la forma de pensar y analizar las cosas de la protagonista.

‘La posesión’, el mítico film de Zulawski, es referencia obligada para Assayas en ‘Personal Shopper’.

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Una historia sobre el desafecto

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Olivier Assayas es un gran analista de la sociedad actual. Un narrador detallista de la frialdad y el distanciamiento del ser humano a través de la forma que transmiten sus películas. Véase si no la manera con la que filma los desplazamientos en motocicleta de Maureen, remarcando su aislamiento respecto al resto del mundo. Pero en ‘Personal Shopper’ hay algo que no termina de funcionar.

Assayas trata de combinar dos mundos antitéticos: el mundo del espiritismo y los fantasmas con el mundo de la moda; el clasicismo de un género (el fantástico) con el retrato frío de la sociedad actual. Más aun, Assayas trata de explicar la inestabilidad y el desafecto del hombre del siglo XXI (más conectado a los iPhone que a otras personas) mediante el modelo de una narración inscrita al género fantástico. Igualmente podríamos pensar sobre el film de Zulawski, gran retratista del dolor que nace del desamor. Pero si bien en ‘La posesión’ los dos espacios diferenciados, el reflexivo e intelectual y el del terror, funcionaban a la perfección, en ‘Personal Shopper’ éstos no llegan a solaparse correctamente.

Assayas remarca en exceso el mundo de Maureen como personal shopper: su soledad, su alejamiento emocional, la atmosfera fría, distante… Maureen parece estar siempre en foco, mientras lo demás apenas se remarca en el cuadro. Por ello la intromisión de lo extraño llega a resultar grotesca. Y no seré yo quien defienda la extraña propuesta de Assayas de hacer que los fantasmas se comuniquen por teléfonos móviles. Desde mi punto de vista, la propuesta de guión supera la verosimilitud de la narrativa, ya que la pérdida de credibilidad es fruto de la descripción de una sociedad realista (incluso próxima a todos nosotros) que no permite la introducción de elementos fantásticos en ella.

Por ello todo acaba resultando artificial, intelectualizado en exceso, de difícil interpretación en su significado, excesivamente sensitivo, suscrito en demasía a la atmosfera del relato, aunque poco claro en su desarrollo narrativo, traidor a las bases genéricas e ilógico en su verosimilitud. ‘Personal Shopper’ sorprende cuando se mueve en el espacio del cine de terror pero, al fomentar la idea de tomar el fantástico como el medio para acercarse a la sociedad de hoy en día, todo parece fallar estrepitosamente.

GERARDO CREMER

Las imágenes de Assayas buscan, con su forma, trasmitir el sentimiento de desafecto y aislamiento de la sociedad actual.

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