16º Azkena Rock Festival / Chris Isaak + Loquillo + The Cult…: Baja la estrella, sube la media

Isaak no gozó de buen sonido y dio un show sin orden, pero seguimos siendo fans (foto: Facebook ARF).

Sábado 24 de junio 2016, Vitoria, puertas 17 h, Mendizabala, entrada diaria 55 € (más gastos), bono dos días del festival 98 € (más gastos).

 

DATOS OFICIALES DE ASISTENCIA:

Viernes 23 de junio: 18.700 personas

Sábado 24 de junio: 17.100 personas

TOTAL: 35.800

 

Mi Top 5 de los dos días sería:

John Fogerty ***

The Cult **

Union Carbide Productions **

Chris Isaak / Loquillo *

 

El sábado estuve ocho horas y media en pie en Mendizabala y vi a 8 grupos (en total en dos días vi a 19). El sábado el nivel general superó de largo al de la víspera (que vaya tarde me tuve que tragar tragué), y viernes me gustaron mucho The Cult y Union Carbide Productions, y bastante Loquillo y Chris Isaak, pues soy fan.

Al marcharme pasadas las 3 de la madrugada, vi que la cola del taxi sería corta, pero después del bolo de The Cult me sentía tan bien que me fui andando al Hotel Araba, otros 40 minutos andando como un bicampeón. Y sin drogarme, claro: dos red bull, una birra con tequila, y varios sorbos de kalimotxo

Elvis también tenía una guitarra acústica con su nombre en la caja (foto: Facebook ARF).

 

***

Al frente de una banda con la que lleva más de 30 años, el rocker atemporal Chris Isaak dio un show desordenado,

sin gradaciones, pero con sus éxitos peliculeros y hasta una ranchera en español

***

 

El sábado, la segunda y última jornada del 16º Azkena Rock Festival, el cabeza de cartel, el rocker glamuroso Chris Isaak, no alcanzó los niveles siderales y memorables de John Fogerty la víspera sobre el mismo escenario, pero el resto de los grupos de la plancha sabatina funcionaron mejor en conjunto que los del viernes. Chris Isaak dio un concierto normalito y desordenado, bastante inferior al que se marcó bajo la lluvia en 2010 en el ARF. Además, ya no había efecto sorpresa y el bueno de Chris hasta repitió los chistes: que si le gusta trabajar en el show business porque así puede llevar una ropa tan pinturera (usó dos trajes: ¡el segundo de espejos!) y porque ha podido conocer a ídolos personales como Roy Orbison, Johnny Cash y James Brown, y sobre éste repitió el chiste del gritito (además, en su show sabatino Isaak versionó a los tres citados).

Christopher Joseph Isaak (Stockton, California, ¡60 años muy bien llevados!), conduciendo a cinco músicos uniformados casi de mariachis con los que lleva actuando más de 30 años según informó en el show (viejunos como el ágil bajista Rowland Salley y el cano teclista Scott Plunkett, gordos como el baterista Kenny Dale Johnson y el guitarrista Hershel Yatovitz… ¡que no le hacen sombra estética!), en su segunda intervención estelar en el Azkena Rock Festival arbitró con desorden (llegó a decir que habian perdido el setlist, la lista de canciones previstas, o sea que él sabía que eso era un lío) y sin gradaciones emocionantes un repertorio de 25 canciones en 84 minutos, sin bis y con despedida muy brusca.

Tan bien plantado se le veía a Chris Isaak (primero vestido con un traje de cowboy en día de boda, con mucha flor y pedrería, luego con el citado traje de espejos, a modo de híbrido entre una bola de discoteca y el Elvis del traje de oro) que las pantallas laterales gigantes que retransmitían el concierto le capturaban en numerosos primerísimos planos (a ver si se atreven a eso Elton John, o Ricky Martin).

Sus fieles escuderos, maduros y orondos, no quitan las novias al retrojuvenil Chris Isaak (foto: Facebook ARF).

Aparte, Isaak dio mucha cancha a sus cinco escuderos orondos y puretones (muy adictivas las coreografías con bajo y dos guitarras, muy descarado el baile durante el solo de tumbadoras de Rafael Padilla en plan latin jazz que fue cuando dijo Pato en plan elogio: «los americanos no tienen sentido del ridículo»), escuderos a los que presentó y puso bajo los focos a menudo, con los que hizo chistes visuales (por ejemplo cuando el teclista Scott Plunkett no permitió acercarse a su tarima al jefe durante su solo, y Chris cambió la letra de «alguien está llorando» por «alguien está bebiendo», y es que ya había comentado justo antes que su teclista había empezado a tocar el órgano en la iglesia pero que un incidente con el vino le obligó a abandonar el templo, y que no nos riéramos, pues todos somos unos pecadores). Sí, ya ven qué nivel: al principio del concierto llegué a pensar que sería un espectáculo monologuista, humorístico, esa epidemia que ha afectado a tantos famosos (Orozco, Revólver…).

El bolo arrancó con dos canciones con mucho adjetivo ‘beautiful’ (bonito) en sus letras: el alegre y chispeante rockabilly ‘Beautiful Homes’, y el country celestial que encantaría a Mikel Erentxun ‘I Believe’ (con arreglos mexicanos). Tras el fronterizo y algo Ritchie Valens ‘Two Hearts’ (que ameniza los créditos finales de la película ‘Amor a quemarropa’ de Tony Scott), se dirigió Isaak al respetable, mucho menos nutrido que la víspera ante Fogerty (oficialmente en Fogerty hubo 18.000 personas, y el viernes 17.000, pero la densidad humana no fue la misma a ninguna hora del sábado), dijo en castellano «estamos muy felices de estar en ‘Gastis’», añadió en inglés «gracias por apoyar el rock and roll», informó que llevaba más de 30 años con sus músicos, y a la cuarta bajó a cantar el rock and roll ‘Live It Up’ desde el foso de seguridad, el de los fotógrafos, con las primeras filas de público pasmadas ante el rocker icónico al que fotografiaban con sus móviles.

En el 4º tema, ‘Live It Up’, cuando bajó a ras de público (foto: Óscar Esteban).

Seguidamente Isaak, un rocker canónico dotado de una voz prodigiosa y de una envidiable imagen presleyana, versionó en plan pachanguero el ‘Ring Of Fire’ de Johnny Cash, vertió a su gran influencia Roy Orbison en el tema lynchyano ‘One Day’, a Buddy Holly remitió en ‘Somebody’s Crying’, y la gente agolpada en Mendizabala coreó su gran éxito ‘Blue Hotel’, una de las cimas de la cita (su primer hit, gracias a ser utilizado en la serie televisiva ‘Detective privado’). En ‘San Francisco Days’ hizo de sí mismo («me rechifla su look», chilló Rocío) y en ‘Wicked Game’, su mayor éxito (gracias al director David Lynch, que la adaptó para la película ‘Corazón salvaje’), se lució con su amplio registro vocal (que llega al falsete) y se vio a muchísimas parejas bailando (aquí va un vídeo en directo en estudio con la misma banda, más joven y estilizada).

Y el californiano seguía descargando canciones: la versión del ‘Oh, Pretty Woman’ de Roy Orbison (quizá lo más flojo de la velada), country lánguido en la estilista ‘Western Stars’… Tras esta contó que habían perdido el setlist y que iban a marcarse una fiesta, y sentados cantaron la ranchera ‘La tumba será el final’ (¡en español!, muy buen momento), el country-soul ‘Worked It Out Wrong’, (que él definió como gospel), o la versión de James Brown ‘I’ll Go Crazy’ (cuando repitió el chiste sobre el grito que dio el Padrino del Soul al conocer a Isaak, el último Elvis).

El mejor tema, el 23º, el blues ‘Big Wide Wonderful World’, con el traje de espejos (foto: Óscar Esteban).

Y el final del concierto desconcertante fue eléctrico, pero menguante, eso que enlazó tres blues de quitarse el sombrero: el exótico y sinuoso ‘Speak Of The Devil’, el boogie hookeriano ‘Baby Did A Bad Bad Thing’ (famoso porque Stanley Kubrick lo coló en su film ‘Eyes Wide Shut’), y el blues amplificado, rotundo, creciente y emocionante ‘Big Wide Wonderful World’, el mejor de los 25 títulos, con coreografías y Chris sorprendiéndonos con el traje de espejos.

¿Y después de esto qué hizo? Pues crear un anticlímax con dos temas compartiendo armonías vocales con su baterista, el orondo Kenny Dale Johnson, amigo suyo hace 40 años, según informó el líder. Con él hizo ‘Graduation Day’ y el bonito country ‘The Way Things Really Are’, antes de desear «que Dios os bendiga», halagarnos soltando «habéis sido un gran público», y hacer mutis apresurado, sin conceder bis. Estuvo bien, pero quizá no tanto como para un cabeza de cartel del Azkena Rock Festival. Quizá estemos demasiado bien acostumbrados.

OSCAR CUBILLO

Loquillo y los suyos, ganándose el crédito, haciendo despegar el sábado (imagen de móvil: O.C.E.).

***

Cantante de rock español

***

Loquillo concentró su repertorio en una hora

coreada por hombres malotes y mujeres guapas

 

(lo que sigue lo escribí in situ en el show, con el móvil, y cada párrafo es un envío tal cual a la redacción de El Correo; lo dejo tal cual, sólo he editado abreviaturas, mayúsculas y tildes)

 

Salieron los 7 como en las ocasiones especiales, sabedores del honor y la responsabilidad. Loquillo eligió una americana de cuero bovino propia de feria ganadera de Bakersfield y mascaba chicle de modo ostentoso. Abrieron con ‘Salud y rock and roll’, como los trogloditas sabinianos de los años de vino y rosas, y siguieron con letras solemnes y guitarras hard rock, todo muy adulto, incluso en su countrybilly adaptacion de ‘El hombre de negro’ de Johhny Cash.

Algunos mods comentaban que querían discursos del Loco, pero tenía poco tiempo. Su primera comunión de himno la logró con ‘Cruzando el paraíso’, uno de sus clásicos venideros, y los coros continuaron con el viejo ‘El rompeolas’, con el cantante fumando chuleta, chulapo. De repente desapareció, la banda tocaba ‘Carne para linda’ y el líder reapareció cantando tras el foso de los fotógrafos, cerca de sus fans… de ambos sexos.

A la siguiente, ‘La mataré’, la canción con la que se hizo rico, Loquillo se cambió de chaqueta y la peña enloqueció y coreó lolaila ‘oooh-ooooohhh’, y a la otra, ‘El ritmo del garaje’, la canción con la que se hizo famoso, el gentío prosiguió coreando a voz en grito los ‘uh-uh-uhhh’. «Miras para atrás y todos los malotes la están cantando», observó Pato. Y chilló Loquillo al ARF: «Porque tú tienes la mejor banda de rock and roll español… ¡¡Somos nosotros!!».

‘Rock and roll actitud’, con sus poses y coros, llegó idiosincrática y algo Johhny Hallyday, y el contraste de ‘Quiero un camión’ quedó un tanto… verbenero… populista…. countrybilly… Menos mal que se recuperó con un surfero ‘Esto no es Hawai, qué wai’ y mereció todos los elogios por el pandillero ‘Feo, fuerte y formal’, su guiño a John Wayne, cuya letra se sabía todo el mundo.

«Locoooo, Locoooo», bramó el ARF, y concedió el interpelado: «He de decir que nunca he dudado de vuestro criterio», antes despedirse con las notas de la intergeneracional ‘Cadillac solitario’, con sus alaridos de «nenaaaaaa…». En total 65 minutos y 14 canciones que se pasaron como un suspiro. OSCAR CUBILLO

Pose arquetípica de Loquillo, barcelonés como la estatua de Colón (foto: Unai Endemaño).

MIS RESTOS DEL DÍA:

Si bien el viernes John Fogerty ofreció un show refulgente y memorable pero el resto de los grupos de la plancha estuvo muy lejos de su profesionalidad y carisma, el sábado el nivel general del 16 ARF fue más alto y hubo un par de grupos que superaron en calidad, pegada y emoción al cabeza de cartel de la jornada, el rocker Chris Isaak: The Cult más Union Carbide Productions.

Eso que la tarde no empezó para echar cohetes con los británicos Inglorious (heavy metal telonero que hizo honor a su nombre) y los grotescos neoyorquinos de Psychotica (folk gótico, ¿el peor y más desubicado grupo contratado en la historia del Azkena?). El catalán Loquillo cumplió por profesionalidad y leyenda, y el barítono británico de sangre ugandesa Michael Kiwanuka focalizó un elegante concierto de indie soul en quinteto hippioso que remitió a Pink Floyd (evidente en su arranque), Bob Marley, África, el Marvin Gaye flotante…

El quinteto de Michael Kiwanuka, muy elegante, mejor en una sala, pero muy bien al aire libre (imagen de móvil: O.C.E.).

Cuando Kiwanuka encadenó varias piezas acústicas nos cambiamos al tercer escenario, donde Thunder (Londres, 1989), beneficiados por un sonido estupendo, facturaron hard rock cromado y con clase en la onda de Bad Company. El sábado todo sonó mucho mejor, no sólo porque no hiciera tanto viento como el viernes. Y en el segundo escenario, antes de Isaak, descargaron los suecos Union Carbide Productions (Gotemburgo, 1986-93), de los que saldrían después los también disueltos The Soundtrack Of Our Lives. Reunificados para dar solo ese concierto en el 16 ARF, guitarreros, furiosos, creíbles y encabezados por el cantante orondo y barbado cual gurú Ebbot Lundberg, UCP excretaron un magma con rock suicida vía Stooges, la demencia sincopada australiana a lo Lime Spiders, no wave de romper el espinazo, la lisergia de los Doors y vértigo a lo Jon Spencer. Ya podrían dar algún bolo más, pues su reunión no parece como las de Hellacopters

Y tras Isaak, cerraron el 16º Azkena en el escenario 2 los ingleses The Cult (Bradford, 1983), coliderados por el cantante Ian Astbury y el hacha Billy Duffy, que dieron el mejor bolo del sábado y el para muchos espectadores el mejor del festival. Fue lo mejor del día al menos oído desde cerca del escenario: desde más atrás su impacto se amortiguaba, que es donde seguimos su primer disparo, ‘Wild Flower’. Pero de cerca su rock con empaque, voz aindiada y guitarra apoyándose en el riff sin alharacas, durante 67 minutos y 13 temas obtuvo cimas coreadas puño en alto por la peña, caso de ‘Peace Dog’ (qué empuje el estribillo), ‘Sweet Soul Sister’ (qué poderío), ‘Lil’ Devil’ (qué chulería desbordante, qué forma de cantar al unísono los fans), o el adiós con ‘Love Removal Machine’ (qué modo de mantener el clímax el grupo, de suspender la respiración, de gritar «baby, bay, baby…» el gordo pero ágil Ian). Cuando aciertan The Cult arrastran al más renuente. Ya me ha pasado más de una vez. Que me superan.

ÓSCAR CUBILLO

Union Carbide Productions relajados en el backstage, antes de salir a repartir cera (foto: Facebook UCP).

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