41º Getxo Jazz / Christian Scott: Vanidoso y buenista

Christian Scott, de 34 años, llevaba encima más oro de Daddy Yankee (foto: Peru Urresti).

CAL: –

Jueves 28 de junio 2017, Algorta / Getxo, Plaza Biotz Alai, 21 h, 13 € (bono cinco conciertos 70 €).


Christian Scott, en quinteto completado por músicos excelentes, diluyó su talento en el collage modernista que llama ‘stretch music’, lo cual se evidenció cuando sin herramientas electrónicas el combo ejecutó un número jazz de los de quitar el aliento

 

Buf, lo que costó contratar al cabeza de cartel de la segunda jornada de las cinco que componen el 41º Festival Internacional de Jazz de Getxo. El Aula de Cultura en primera instancia anunció a John Abercrombie (Port Chester, Nueva York, 1944), el guitarrista de guitarristas al que ya habíamos visto divagar sin tino ni fuerza en la Sociedad Filarmónica de Bilbao (así lo contamos). Se anuló su actuación por razones de salud, y nos alegramos cuando se anunció al segundo intento al saxofonista free Pharoah Sanders (Little Rock, Arkansas, 1940), pero también al poco se cayó de la programación por causas sin aclarar del todo. Así que al final se optó por alguien más joven, por el trompetista Christian Scott (Nueva Orleáns, Luisiana, 1983, o sea sólo 34 años). Tan joven y tan vigoroso es Christian que desde 2002 ha editado trece álbumes, colaboraciones aparte (con Prince, por ejemplo). No en vano, Christian se jactó durante el show de que había sacado dos discos este año y que el tercero estaba en camino.

¿Quién la ha vendido a Scott esa marinerita con capucha? ¿De la marca rapera del Wu-Tang Clan? (foto: Mr. Duck).

Pues sí, más presumido que Cristiano Ronaldo pareció Christian, que salió vestido con una especie de chupa-marinera con capucha y mascando chicle (¡y es trompetista!). Tuvieron problemas con el sonido interior y él hacía gestos como que mandaba mucho, en plan Paquirrín. Y encima llevaba más oro que Daddy Yankee, por eso no fue muy creíble el segundo discurso de 8 minutos que nos soltó, el buenista: el de que en Nueva Orleáns, su ciudad, el hambre es real y con su abuelo, un gurú de los indios afroamericano de Luisiana, iba a repartir comida por los barrios pobres. Aparte, se quitó la marinerita con capucha a mitad del segundo tema para lucir palmito en camiseta y para tocar de perfil, como un faraón del jazz. Y al acabar el show salió a vender y a firmar discos y a hablar con los fans, y comentó una señora a sus amigas: «No es por nada, pero es supermono el chiquillo». Hum… no, mejor no lo usamos de titular.

Segunda jornada también con media entrada en la carpa del Biotz Alai (foto: Mr. Duck).

Pues eso, que el jueves, en la segunda jornada del 41º Getxo Jazz, la carpa de la Plaza Biotz Alai alcanzó sólo media entrada y se veían bastantes espectadores jóvenes. Abrió la velada doble el grupo a concurso, el plurinacional Sun-Mi Hong Quintet (no me da tiempo a ver a los otros grupos porque suelo estar currando, me fastidió no llegar a las 7 a Alberto Arteta, que tocaba en la plaza con entrada libre) y después, en quinteto, aunque estaba anunciado como sexteto (falló el percusionista previsto), a Christian Scott le dio tiempo a interpretar 8 piezas en 90 minutos, incluyendo –recuerden- más de un cuarto de hora con los dos discursos, cada uno de ocho minutos: el segundo sobre los pobres hambrientos de Nueva Orleáns y el primero sobre lo excelentes que son sus músicos, sus dos amigos de hace muchos años (al piano Lawrence Fields, un cerebrito al que conoció en la prestigiosa Berklee, que sabe mucho de músicas exóticas y las adapta al jazz, pero que emborrona su finura teclista con mantos de pregrabados, y al contrabajo el mejor amigo de toda su vida, Luques Curtis, al que conoció hace 20 años en La Habana y con quien ha montado varios grupos desde que eran muy pequeños y juntos han aparecido en portadas de revistas), más los dos benjamines de la banda, con 22 primaveras cada uno (el baterista que va a acabar con todos Mike Mitchell, que también usaba efectos electrónicos y que tiene cuatro extremidades ágiles y con una autonomía insólita, más la flautista Elena Pinderhughes, «the lady and the baby» de la banda, de la que ditirámbico el líder aseveró que cambiaría el sonido de la flauta, que Elena le hizo cambiar su propio fraseo trompetista para encajar con el estilo de ella, y con quien en un par de ocasiones mantuvo conversaciones casi de novios al fondo del tablado mientras tocaban los otros tres; qué presumidos, qué notas…).

Mike Mitchell, 22 años, un super whiplash (foto: Mr. Duck).

El caso es que los cinco son unos músicos prodigiosos y lo demostraron cuando una vez dijo el líder: «hasta ahora hemos hecho stretch music –así etiqueta a sus modernismos, debido al disco así titulado y editado en 2015- y ahora vamos a tocar jazz», y se lucieron en un hard bop postmoderno (con la primera conversación de Scott y la flautista al fondo del tablado, a la vista de todos). El resto del listado abusó de tales técnicas ‘stretch’, que es un collage, un pastiche que en Getxo juntó tramos disonantes hasta parecer eso una jaula de grillos o Herbie Hancock bajo un ciberataque (los dos primeros temas, donde cada músico parecía que iba a su bola, pero al final de dos o tres solos sobre un fondo casi caótico… ¡cómo aplaudió el respetable!), un repertorio adherido, sostenido o pegado mediante bases sintéticas, un listado que atracaba el jazz clásico (resultó evidente la influencia narcótica de Miles Davis en los solos de trompeta) y lo trataba de modernizar con bases sintéticas (¡que a veces sonaban como sacadas de los años 80!).

El quinteto, cada miembro un talento excepcional (foto: Mr. Duck).

Más efectista que moderno, el vanidoso chico de oro Christian Scott (‘El Rey del Nuevo Jazz’ le llaman algunos, informó la presentadora del concierto) y sus colegas, todos con pintas de raperos urbanos de negritud decolorada y con partituras en el suelo que servían de base a sus improvisaciones, tuvieron problemas de sonido interno al principio que quizá desbarataron más su propuesta, y los mejores momentos fueron (quizá por reconocibles) los que persiguieron la estela de Miles Davis (‘The Reckoning’; aunque incluso el galo Erik Truffaz parece más sincero al recrear el estilo del arisco maestro), los números melódicos aptos para películas (‘Diáspora’) y el compuesto en honor de su abuelo, el feje indio del segundo sermón, ‘The Last Chieftain’ (el mejor tema, en el que el quinteto se adentró en escarpados terrenos post rock).

El guitarrista del viernes, el yanqui Dean Brown, me contó en entrevista que para él la música debía hacer sentirse bien y ser bonita. La de Christian Scott no se ajustó al primer carácter (optó por los retos técnicos personales, como Ronaldo haciendo más abdominales todavía), y lo bonito sólo se dejó notar en ciertos pasajes melódicos.

OSCAR CUBILLO

Saludos tras el bis de teclista, flautista, baterista, contrabajista y trompetista (foto: Mr. Duck).

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  1. […] C. On The Set’, aplastando otra vez bajo su funk al vanidoso Christian Scott (el de Getxo, sí; así lo contamos), presentando a los músicos una vez más y logrando que el público incluso chasqueara los […]



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