CINE: ‘Hasta el último hombre’: Recordando a ‘Sargento York’ de Howard Hawks

 

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Texto por GERARDO CREMER

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Estreno en cine: 7 de diciembre de 2016

Estreno en DVD y Blu-ray: 26 de abril de 2017

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Director: Mel Gibson

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Calificación: 4 estrellas de 5

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Tráiler de ‘Hasta el último hombre’

 

Estrenada en DVD y Blu-ray, ‘Hasta el último hombre’ es un sorprendente film de guerra que, como en su día hizo ‘Sargento York’ de Howard Hawks, también narra la historia real de un héroe militar.

Eran Alvin York y Desmond Doss, ambos objetores de conciencia con profundo respeto a la Biblia. El primero, durante la I Guerra Mundial, tomó prisioneros, casi él solo, a más de 130 militares alemanes. Y el segundo, en la II Guerra Mundial, durante la sangrienta batalla de Okinawa, en su condición de médico militar rescató a cerca de 75 heridos que eran pasto de los enemigos japoneses.

 

Howard Hawks (Goshen, 1896 – Palm Springs, 1977) no tenía mucha simpatía al guión de Aben Finkel y Harry Chandlee, una adaptación del libro dedicado al héroe de guerra de la I Guerra Mundial Alvin York. Por eso contrató a su amigo John Huston, para que le diera un aire menos categórico a la película. Aunque ‘Sargento York’ (1941) es el mayor éxito en la carrera de Hawks (y su única nominación al Oscar), es también una película muy distante con la ideología e intereses temáticos del director norteamericano. Algo muy diferente a lo que ocurre en ‘Hasta el último hombre’ (‘Hacksaw Ridge’ en su título original, en 2017 obtuvo uno nominación al Oscar al Mejor Director) de Mel Gibson (Peekskill, Nueva York, 1956), un film muy próximo a su ideología: a su activismo y altruismo ultra-católico y a su identificación con el personaje torturado del padre del héroe protagonista, con trastornos bipolares y alcohólico.

El guión del ‘Sargento York’ está estructurado en tres partes claramente diferenciadas. La primera corresponde a los afanes de Alvin York (Gary Cooper) por conseguir una tierra de labranza. Sus esfuerzos por el trabajo son exclusivamente esfuerzos individuales. Hawks filma planos de aliento épico, no muy propios de su estilo, en los que tiende a recortar la silueta del protagonista en el cielo. En ‘Hasta el último hombre’, el recurso del contrapicado (cámara colocada en ángulo para filmar de abajo hacia arriba) es continuo a lo largo del metraje. Mel Gibson es un director mucho más visual, barroco en su identificación religiosa. Por ello, el plano compositivo, potencial en su búsqueda de misticismo, con el equilibrio del color busca en las formas de los elementos naturales filmados y en la gestualidad del rostro de los actores la conexión ascética, un más allá por encima del contenido épico del argumento.

Los planos de aliento épico de ‘Sargento York’ durante las labores de labranza.

El recurso del contrapicado, fundamental para comprender el interés visual de los planos filmados por Gibson.

Podemos encontrar en Mel Gibson intereses equilibrados en sus narrativas católico-humanistas y en la fuerza expresiva del arte barroco. Los temas quedan limitados a aquellos centrados en la fortaleza humana y el interés religioso, pero siempre acercándose a una visión espiritual del ser humano. Al contrario del cine de Howard Hawks, que poco tiene que ver con todo esto: Hawks es un director de la palabra, de cámara supeditada al argumento, y que nunca busca en sus imágenes conexiones ajenas a éste.

Es verdad que en ‘Hasta el último hombre’ hay cierta relación con John Ford, éste sí un director más poético que Hawks, aunque siempre en su concepción de épica humana, dejando de lado todo lo relacionado con Dios. La secuencia en la que Tom Doss (Hugo Weaving), el padre del protagonista, visita las tumbas de aquellos a los que había querido, muertos en la guerra, busca su referentes en Ford, en especial en ‘La legión invencible’ (1949). Pero Mel Gibson es más trágico en su retrato del hombre, marcado, casi siempre, por el peso del pecado. El rostro de Tom Doss en esta secuencia está extremadamente moldeado, con las arrugas acentuadas y el dolor expresado en los ojos.

El modelado del rostro: acentuadas las arrugas y el dolor expresado en los ojos.

Lo que sí parecen más próximos entre los films de Hawks y Gibson son los acercamientos a los protagonistas, Alvin C. York / Gary Cooper y Desmond T. Doss / Andrew Garfield, especialmente en sus primeras partes. La timidez de York en su primer encuentro sentimental con Grace (Joan Leslie) está lejos de los personajes habituales del cine de Hawks. Ese primer contacto no contiene ni la gracia ni evidencia la lucha de sexos de su anterior trilogía protagonizada por Cary Grant (‘La fiera de mi niña’, 1938; ‘Solo los ángeles tienen alas’, 1939; y ‘Luna nueva’, 1940). Gary Cooper demuestra en ‘Sargento York’ un perfil menos irónico, fuera de ese sarcasmo de los papeles interpretados por Grant. El York de Cooper es un personaje esforzado, luchador, trabajador y familiar (el amor hacia su madre -Margaret Wycherly- es evidente durante todo el film, y está marcado por el silencio pero también en la complicidad de su relación), pero es a la vez una persona atolondrada, inocente y demasiado simple. Se puede decir que el York de Gary Cooper es más Gary Cooper que York. Un personaje hecho a su medida.

En ‘Hasta el último hombre’ sucede todo lo contrario. El célebre actor Andrew Garfield (Los Ángeles, 1983), protagonista de ‘Spiderman’, no encuentra, al principio, comodidad interpretando a ese ser inocente y tímido, afectado por el pecado y dolor de su padre. Su acercamiento y relación con Dorothy Schutte (Teresa Palmer) son más próximos al film de Hawks. En ambos films la relación sentimental se muestra como un Edén dentro de ese espacio violento en el que les ha tocado vivir. En ‘Hasta el último hombre’ la violencia es tanto exterior (la guerra que se anuncia) como interior (la violencia generada por su padre).

La segunda parte de ‘Sargento York’ corresponde al cambio (la revelación religiosa) que se produce en Alvin cuando le cae un rayo. Tras el incidente descubre que está vivo y que su escopeta ha quedado destrozada. Es un York hundido por la pérdida de las tierras que antes había intentado comprar, y que se transforma, tras este hecho, en un ferviente seguidor de Cristo. Este cambio (York es, en la primera parte, un borracho y un pendenciero) no resulta muy natural debido a las deficiencias del guión. Hawks trata de introducir sentido de humor a la situación, remarcando en exceso el atolondramiento del protagonista, pero nada termina siendo convincente, posiblemente por la distancia de la narración respecto a la temática habitual en Hawks.

En ‘Hasta el último hombre’ todo funciona mucho mejor. Las causas de esa transformación de Doss (esa militancia religiosa como objetor de conciencia) se mantienen en secreto hasta su revelación en la parte final, mediante un flashback explicativo. Aquí funciona mucho mejor el peso que Gibson imprime a la película. Su tendencia a dejar de lado el valor realista para abordar la narrativa desde el concepto de las ideas y de su representación visual. En Doss hay una fase de dolor (una infancia trastocada por la violencia familiar), de recuperación y reencuentro con el Paraíso (la relación de amor con Dorothy), de concienciación, de sacrificio (su fase de entrenamiento en el ejército) y de heroicidad y santidad (el ataque a la colina de Okinawa y su esfuerzo por rescatar a 75 soldados abandonados ante el enemigo). El proceso de transformación de Doss es más próximo a los pasos de Cristo, aunque con final feliz, sin el aspecto mártir. Esta santidad es evidente en la imagen en que Doss es rescatado y en camilla elevado en el cielo, en un plano en travelling envolvente que tanto filma en picado (para mostrar el lado humano) como en contrapicado (para mostrar el lado divino).

Hombre y santo: la cámara filma de forma expresiva a Desmond T. Doss cuando es rescatado de la colina.

La tercera parte de ‘Sargento York’ corresponde al ingreso de York en el ejército para partir a la guerra. Es un acto contrario a sus ideales religiosos. Toda esta parte hay que entenderla como un desafío de Howard Hawks. Hawks usa el tono de comedia para mezclarlo con el género bélico. Sobresale la toma del nido de ametralladoras, donde York usa la táctica de disparar al pavo (escena previa a la caída del rayo) para matar a los alemanes. En ‘Sargento York’ no resulta creíble el cambio de ideología del protagonista: de golfo a ferviente religioso, de pacifista a héroe nacional. Hawks mezcla humor, cine de guerra, film romántico y género ‘americana’ en un film demasiado pretencioso pero equivocado.

No es éste el caso de la segunda y tercera partes del film de Gibson, pletóricas en su expresividad visual y fortaleza narrativa. ‘Hasta el último hombre’ es un film perfectamente hilvanado. El proceso de transformación de Doss resulta completamente natural. Pero aun lo es más su proceso de santificación. Como aquellas representaciones barrocas de Caravaggio, tanto la composición como el uso del claroscuro se combinan con la fuerza narrativa, expresiva y violenta de lo narrado.

El barroco de Caravaggio, modelo pictórico de fuerte influencia en el barroquismo visual de Mel Gibson.

Mel Gibson maneja los mismos elementos que Carvaggio en ‘Hasta el último hombre’. La violencia se va engendrando durante los entrenamientos militares, cuando expone su condición de objetor de conciencia (la imposibilidad de portar armas), resultando golpeado e insultado por sus compañeros (en un proceso de sufrimiento pero de entereza personal que se relaciona con Jesucristo y el anterior film de Gibson: ‘La pasión de Cristo’, 2004). Toda la parte final, la de la batalla, además de funcionar en su expresividad visual y en su control del “tempo” narrativo, permite por encima de todo reforzar la personalidad del protagonista, destacando su naturaleza ascética para dejar su cuerpo (lo humano) a un lado y sumergirse en la fortaleza de lo espiritual y lo sagrado.

GERARDO CREMER

La imagen pictórica sobresale sobre lo narrativo.

Sargento Alvin York.

Gary Cooper / Sargento York.

Desmond T. Doss.

Andrew ‘Spiderman’ Garfield / Desmond T. Doss.

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