41º Getxo Jazz / Chucho Valdés Quartet: «Tengo tremendos nervios antes de dar un concierto» (+ entrevista)

 

El cuarteto afrocubano bajo la carpa llena y predispuesta (foto: Peru Urresti).

CAL: **

Domingo 2 de julio 2017, Algorta / Getxo, Plaza Biotz Alai, 21 h, 25 € (bono cinco conciertos 70 €).

 

Un Chucho Valdés más extrovertido y contento de lo habitual en él cerró con éxito el 41º Getxo Jazz en una carpa con las entradas agotadas y donde el público calificó su concierto de fabuloso, soberbio o sublime

 

El pianista culto Chucho Valdés (Dionisio Jesús Valdés Rodríguez; Quivicán, Cuba, 1941), hijo del añorado Bebo Valdés (el de las ‘Lágrimas negras’ junto a El Cigala), cerró el 41º Festival Internacional de Jazz de Getxo agotando las entradas con días de antelación y ofreciendo un concierto con numerosos tramos fascinantes que levantaron ovaciones intercaladas del respetable encantado.

Abrió la velada doble dominical el trío alemán Malstrom, ganador del concurso de grupos (se lleva 3.750 €, la grabación de un CD en directo, y un concierto en el festival B-Jazz de Lovaina, Bélgica), combo que desconcertó al respetable con su atronador rock (de lo progresivo tipo King Crimson hasta el post-rock) veteado con cavidades free jazz. Los tres teutones mezclaron géneros, y lo mismo hicieron los cuatro cubanos: el líder Chucho, altísimo, con guayabera colorista caribeña y boina colocada como El Che, hacia atrás; Yelsy Heredia, el contrabajista con pajarita y sonrisa sempiterna; más Yaroldy Abreu a la percusión y El Pico a la batería. Los cuatro cubanos, además de yuxtaponer estilos, llegaron a fusionarlos por ejemplo ‘El tango de Lorena’, un híbrido de tango y blues, según describió Valdés, que también hacía el maestro con el grupo Irakere y que quizá fue lo más aplaudido de su intervención de 11 piezas en 93 minutos.

Nada más salir a escena, se le notó contento al generalmente serio, solemne, introvertido, impenetrable, distante y lacónico Chucho. Este domingo, en cambio, sonrió sincero, presentó con simpatía la mayoría de los temas (excepto dos) y concedió gran protagonismo a sus tres escuderos (cortaría un solo de contrabajo y el único de batería). Un par de músicos espectadores ese domingo se quejaron de que la cosa sonó mal (contrabajo empastado, piano demasiado tímbrico –pero así le gustará a Chucho, ¿no?-, batería poco destacada en la ecualización a pesar de que hacía muchas cosas destacables…), pero para la mayoría de los presentes no resultó punible la acústica de un concierto feliz, exuberante y por momentos clásico que transitó con naturalidad orgánica por numerosos estilos y que reveló en hora y media el universo caribeño, desde lo afro hasta lo culto.

Chucho Valdés, más contento de lo habitual (foto: Peru Urresti).

Altísimo y radiante (incluso más por la sonrisa que por la camisa policromática), Valdés abrió tanteando con un número polirrítmico (danzón, clásica, cinefilia, funk… todo natural y con digitación rauda) al que habríamos cortado el solo de contrabajo (‘Son 21’, se titula según el setlist). Y a la segunda ya dijo aquí estoy yo con ‘El rumbón’, trepidante y percusivo, con únicamente el contrabajo marcando melodía y hasta con las teclas restallantes aplicándose también al golpe. Chucho bromeó al presentar un tema «de música campesina, de country cuban music» (muy melódica, con piano realzado, y cajón peruano/español), y osciló hasta el otro extremo, como dijo él, con ‘Amor / Love’, a lo Richard Clayderman o Michel Camilo deliciosamente arquetípicos (al amigo Óscar Esteban ésta le recordó más a Cole Porter o George Gershwin).

Las piezas siguientes siguieron por las alturas: tralla exuberante y caribeña eyectó ‘Con poco coco’, original de su padre Bebo (aquí habríamos acortado o eliminado el solo de batería y de hecho estuvimos hablando; de música, ¿eh?), romanticismo fastuoso con transición al bolero desbordó su adaptación libre del ‘Preludio número 4’ de Chopin (buf, le quedó mucho mejor que todo el concierto del vasco-polaco Andrzej Olejniczak el miércoles bajo la misma carpa, y en pie Chucho recibió la consiguiente y merecidísima ovación), y su híbrido titulado ‘Conga-danza’, inspirado en el oriente cubano, una fusión de conga, jazz afrocubano -o latin- más contradanza, les quedó redondo, brillante, espectacular.

Presentó también el contento Chucho ‘Caridad Amaro’, su intervención en la película ‘Calle 54’ (aquí se puede ver la escena), y en ella resultó melódico pero cursando creciente y dramático como el cinéfilo habanero José María Vitier. Tras el mentado ‘Tango de Lorena / Lorena’s Tango’ y un medley de jazz americano, Chucho prolongó la buena onda con el bis ‘Son andino’, una mezcla de Cuba y los Andes donde nos invitó a bailar, donde el contrabajista risueño Yelsy Heredia empujó con sus cantos de timba cubana, y donde sobre el son se impuso lo andino por las alturas del cóndor. Muy bien Chucho, por fin acorde a su leyenda, la mejor de las aproximadamente cuatro veces que le he visto.

OSCAR CUBILLO

Mirada preventiva de Dionisio Jesús Valdés Rodríguez al respetable de Getxo (foto: Peru Urresti).

+++ ENTREVISTA +++

***

«Tengo tremendos nervios antes de dar un concierto»

 

9 premios Grammy, 7 pianos de cola, 6 hijos, 3 casas y varios grupos jazzísticos repartidos por todo el mundo

atesora Chucho Valdés, quien cerró el 41º Getxo Jazz en un domingo feliz, extrovertido y satisfactorio

 

Dionisio Jesús Valdés Rodríguez (Quivicán, Cuba, 1941), hijo del gran Bebo Valdés (el de las ‘Lágrimas negras’ junto a El Cigala), cerró el domingo el 41º Festival Internacional de Jazz de Getxo (Plaza Biotz Alai, 21 h, 25 €; telonea el grupo ganador del concurso, el trío alemán Malstrom) al frente de un cuarteto negro y cubano que cumplió lo que prometió en esta entrevista: música latina exuberante.

El maestro nos adelantó que el repertorio oscilaría entre la solemnidad clásica de su estilo y las recuperaciones del legado de Irakere (1973-2005), su vieja banda, donde también militaron Arturo Sandoval o Paquito D’Rivera y que se puede decir instauró las bases del latin jazz actual. No en vano, Chucho ha cosechado éste febrero su noveno Grammy al mejor disco de latin jazz por su grabación en vivo ‘Tribute To Irakere’.

Para departir sobre esta cita, telefoneamos al maestro Chucho Valdés el jueves 22 de junio a su hogar en Benalmádena, Málaga. Son las 12 del mediodía.

¿Qué ha desayunado?

Je, je, je… Pan de chapata con aceite de oliva, café, zumo de manzana y un poco de yogur.

¿Por qué eligió Benalmádena para asentarse?

Mi padre, Bebo, se había venido de Suecia para quedarse acá, en Benalmádena. Enfermó, y yo y mi familia decidimos venir para estar cerca de él, ayudarlo en lo que pudiéramos y compartir un poco más en la vida.

¿Ve el mar cada día?

El mar lo veo ahora mismo. Esto mirando por la ventana y lo veo.

Acabamos de pasar en España una ola de calor. ¿Cómo la ha llevado?

Mira, la ola de calor ésta ha sido fuerte porque yo venía de una gira y, cuando aterrizamos en Madrid, marcaban 34 grados. Y cuando llegamos aquí, que es la Costa del Sol, hacía mucho más calor y me recordó a Cuba.

En Cuba vivía en La Habana, ¿no?

Sí. Y todavía tengo mi casa en Miramar.

En la anterior entrevista nos contó que está casi todo el año de gira. ¿Dónde vive, entre España, Cuba y las giras?

Yo siempre digo que vivo en un avión. Estoy en España, y no estoy. Estoy en Cuba, y no estoy. Estoy por la Florida viviendo ahora, y tampoco estoy. Así es el trabajo nuestro, que estás y no estás.

¿Qué tal lleva los viajes en avión? Hay quien dice que cuanto más se vuela más miedo se tiene.

¿Sabes una cosa? Yo lo que hago es que no pienso. Porque si te pones a pensar te va a dar miedo. El problema es que tienes que estar ahí por fuerza. O sea que desconecto y me duermo casi todo el tiempo.

¿En qué casa de estas que tiene guarda los ocho Grammy que le han concedido?

En estos momentos estos Grammy están en la casa de La Florida. En una urnita de cristal, en el salón. Y son nueve Grammys, porque gané uno este año otra vez. Los tengo ahí, enfrente del piano. Verlos es como si te impulsaran. Son una motivación.

¿Qué hace un día normal de los que está en casa y no debe salir para dar un concierto?

Estos días me encantan y son los menos, pero bueno… Me levanto, desayuno, me pongo a practicar al piano o a componer, juego con mi hijo, y después con mi esposa salimos a dar un paseo por ahí y cenamos. O nos quedamos en casa a ver la tele y a la cama.

¿Qué hijo es este? Chuchito no, ¿verdad?

No, Chuchito es el mayor. Este es el pequeño, que tiene diez años y se llama Julián. En total tengo seis hijos. Conmigo vive Julián, en Cuba tengo tres que son Yesie, Leyanis y Yousi, Chuchito está en Cancún, y Emilio en Nueva York.

Chucho Valdés, artista Steinway, tocando un Yamaha en Getxo (foto: Peru Urresti).

¿Cuánto practica al piano cada día? Como nos dijo Michel Camilo, si no se toca a diario en casa luego el piano te lo cobra sobre el escenario.

De modo irregular y en varias sesiones. Una de mañana y una de tarde, que pueden ser seis horas. Un mínimo de cuatro a seis horas, si puedo.

¿Cuántos pianos tiene? ¿Uno en cada casa? ¿Alguno eléctrico?

No, todos son pianos acústicos y de cola. Aquí en Benalmádena tengo dos. Tengo dos en Cuba, tengo uno en Argentina porque mi esposa es argentina (Lorena Salcedo, percusionista y a la vez su manager personal), y el niño también, y tengo otros dos en La Florida.

Siete en total. ¿Cuál es su marca favorita?

Steinway. Yo precisamente soy artista Steinway.

¿Los pianos dan mucha guerra a la hora de ser afinados?

No necesariamente. Depende del grado de desafinación que ya tengan y del estado en que se encuentren las cuerdas. Si están bien las cuerdas y hay un buen afinador, en una par de horas o dos horas y pico lo afinas. Pero si el piano ya está muy malo, ya es otra cosa. Yo tengo la suerte de que los pianos los mantengo bien.

¿Qué diferencia siente entre tocar a solas o con un grupo?

Cuando trabajas con una banda estás en función de una serie de músicos y al mismo tiempo estás dirigiéndolos. Es como dos en uno. Como director controlas lo que hay que hacer, y como pianista debes ejecutar tu parte. Ahora, cuando estás al piano como solista, recae toda la responsabilidad sobre ti mismo y también tienes a tu disposición todo el camino amplio que tú quieras desarrollar. Eres libre totalmente porque no tienes que acompañar ni ser acompañado por nadie.

¿Y cómo se siente más tranquilo, a solas o con otros músicos?

No, yo me siento bien en las dos facetas. Son dos cosas muy diferentes, dos historias distintas. Con el piano eres tú solo en un escenario, y tocar solito solito (repite) ante una audiencia es un reto. Con la banda hay un solista cada rato, un trompetista o un saxofonista, y es más variado. Pero al piano solo tienes sobre ti toda la atención del público y tú debes estar más concentrado y también manejar muy bien el repertorio para que nadie se levante y se aburra.

¿Sigue sintiendo nervios antes de dar un concierto?

Siempre tengo tremendos nervios hasta el momento en que empiezo a tocar. Ya viendo que la reacción del público es favorable uno empieza a estabilizarse y en la medida en que transcurre el concierto ya vas como creciéndote más.

Chucho Valdés, Yelsy Heredia (contrabajo), Pico (batería) y Yaroldy Abreu (percusión) (foto: Óscar Esteban).

Chucho Valdés alterna varios proyectos simultáneos: la banda The Afro Cuban Messengers con la que también pasea el legado de Irakere, sus recitales al piano, o el cuarteto con el que viene a Getxo, completado por Gastón Joya (contrabajo), Rodney Barreto (batería) y Yaroldy Abreu (percusión), según la información oficial.

No voy con Gastón ni Rodney. Es un cuarteto, pero con otros músicos. Yaroldy sí se mantiene, y en esta ocasión voy con Yelsy Heredia al bajo, un cubano que vive en Madrid, y un baterista muy bueno que le decimos Pico y es cubano también. Es muy bueno.

Son cubanos que algunos vivirán en la isla y otros aquí, ¿no?

Yaroldy vive en Cuba y los otros dos en Madrid. Para ensayar nos reunimos en Madrid, donde tenemos un lugar. Preparamos bien el repertorio y de ahí salimos a trabajar. Tenemos unos doce conciertos por Europa, por diferentes festivales. Francia, Italia, España…

¿Cómo será el concierto del Getxo Jazz?

Creo que va a ser interesantísimo. Súper interesante. Voy a hacer una selección de clásicos que gustan mucho y composiciones nuevas del Pico, de ahora, y algunos estrenos que no hemos tocado antes. Yo pienso que este cuarteto tiene una sonoridad muy especial y, sobre todo, muy, muy cubana y muy afrocubana. Pienso que va a gustar mucho e invito a que no se pierdan el concierto.

Y háblenos un poco del disco del último Grammy.

Se grabó en vivo en el festival de Marciac en Francia. Se filmó el concierto y se hizo un CD y un DVD. Salió en el sello llamado Jazz Village, y fue elegido entre los mejores discos de jazz del año 2016. Y ganó el Grammy de la Academia el 12 de febrero de este año. El premio al mejor disco de jazz latino, de latin jazz. Para mí es uno de los mejores discos que hemos realizado, es de la música de Irakere y se titula ‘Tribute To Irakere’.

ÓSCAR CUBILLO

Saludos de Yelsy Heredia, Pico, Chucho Valdés y Yaroldy Abreu (foto: Óscar Esteban).

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