29º Getxo & Blues / Music Maker Blues Foundation: Subalternos beneméritos

Después del show, Robert Finley, Albert White, Alabama Slim, Lil’ Joe Burton y Robert Lee Coleman,
dispuestos a firmar CDs; sentado por encima de ellos, el único blanco, el jefe, el baterista Ardie Dean.
Parece un cuadro de Edgar Hopper, pero no (imagen de móvil: La Reina).

CAL: *

Sábado 15 de julio de 2017, Algorta / Getxo, Plaza Biotz Alai, 21 h, 10 €.

 

Otras 800 almas felices y bailongas en la irregular pero reciente actuación de la Music Maker Blues Foundation en el Getxo & Blues, donde empezamos pensando que el blues está muerto y acabamos cantando ‘hey, hey, the blues is alright’. O sea, que el blues sigue bien

 

Final feliz del 29º Festival Internacional de Blues de Getxo. La media de público ha rondado los 800 espectadores en cada una de las tres jornadas y el respetable ha salido contento de todos los conciertos. El show más blusero de esta edición, ¡y el más negro! (dos tercios del noneto del soulman William Bell el viernes eran ingleses paliduchos, recordemos), lo propuso la aquí nominada Music Maker Blues Foundation americana, «proyecto musical (que) pretende rescatar la tradición y la autenticidad del blues al tiempo que sirve de ‘hogar artístico’ para muchos bluesmen veteranos». Esta es su web, con otro nombre menos entendible en Europa: Music Maker Blues Revue. Y también tienen un Facebook nominado Music Maker Relief Foundation. Y ahora que me fijo, en el cartel del festival sólo pone ‘Music Maker Foundation’. ¡Qué lío!

El jefe de la panda es el único blanco, el director musical desde 1992 y excelente baterista Ardie Dean. Sus tres secuaces habituales son Albert White (guitarra, orondo y sentado en un taburete, ¡sobrino de Piano Red!), Nashid Abdul (bajo, al principio del show sonó demasiado alto) y Lil’ Joe Burton (trombón, tocó para B.B. King 10 años). Y se trajeron a unos subalternos de label sudista, piel negra, tradición campera, elegancia estética y los dedos largos tras generaciones recolectando algodón y rasgando las cuerdas de las guitarras. Los invitados estelares fueron tres veteranos guitarristas y cantantes zanquilargos, tres eternos subalternos que salieron a escena en el siguiente orden creciente en talento, facultades, inspiración y transmisión con el público: Alabama Slim (nacido Milton Frazier en Vance, Alabama, hace 78 años, hoy instalado en Nueva Orleans), Robert Lee Coleman (Macon, Georgia, 72 años, aparenta 20 más, ex James Brown y Percy Sledge), más el gran triunfador Robert Finley (Bernice, Louisiana, unos 63-64 años, pero representa 30 más; empezó a tocar en el ejército, en 2016 editó su primer disco, ‘Age Don’t Mean A Thing’, o sea ‘La edad no significa nada’ –está en Bandcamp-, y este 2017 ha lanzado un EP mano a mano con Dan Auerbach de los famosos The Black Keys, ahí tienen modernidad y proyección mediática).

Robert Finley, el triunfador, apadrinado por Dan Auerbach, un sheriff como Gatemouth Brown (imagen de móvil: O.C.E.).

El de la Music Maker Blues Foundation (o Revue, o Relief, o lo que cojones sea) fue un concierto creciente de 19 piezas en 91 minutos. No empezó bien y llegué a pensar que el blues está muerto por culpa de ese contumaz repetir las canciones de otra época y otra coyuntura una vez tras otra. Abrió el cuarteto base con el trombonista cantando el standard de Big Joe Turner ‘Shake, Rattle And Roll’ con más pena que gloria: pésimo sonido dominado por los graves del bajo, dudoso carisma del trombonista, pero aceptación del público predispuesto. Entonces presentaron a  Alabama Slim (El Larguirucho de Alabama), que apareció provecto, algo encorvado, pero elegantísimo con su conjuntado traje con corbata y sombrero. Al son de una voz cavernosa, devota y deudora de John Lee Hooker, cantó cuatro temas y marcó ritmos hipnóticos, nos hizo preguntarnos qué sentido tiene hacer una versión estilista y suavita del ‘Baby Please Don’t Go’ de Big Joe Williams a estas alturas de la película, pero dejó un buen sabor de boca en las dos últimas piezas: la misteriosa y sinuosa ‘Mighty Floor’ (un original que escribió tras las inundaciones provocadas por el Katrina, que hundieron su Nueva Orleáns) y el boogie subacuático ‘Someday Baby’ (una adaptación de Sleepy John Estes).

El espigado y frágil Alabama Slim hizo mutis y el protagonismo lo asumió el guitarrista Albert White durante cinco piezas. Tras un funkito temeroso pero aceptado por la gente que lo bailaba a su bola Alberto Blanco se marcó un excelente lento bien templado de B.B. King (‘Sweet Sixteen’, a la séptima ya llegó una verdadera cima de la cita), aunque perdió todo su crédito al entonar con voz fatal dos standards de los Temptations: ‘Papa Was A Rolling Stone’ y un coreado ‘My Girl’, unidos y que parecieron sin ensayar.

El difícil ‘Rock Me Baby’ de B.B. King le quedó bien a Albert White (reconozcámoslo), pero me dejó barruntando que la sesión blusera en autohomenaje a los músicos afroveteranos iba a tener menos chicha que relleno cuando salió a escena Robert Lee Coleman, otro flaco zanquilargo, señorial en su cana tercera edad. Durante sus cuatro temas subió el nivel general con solvencia, mediante números algo rockin’ que dejaron boquiabiertos a los parroquianos, funk ora tipo ‘Los cazafantasmas’ orgánicos (se dio cuenta La Reina) ora sincopado propio del circuito chitlin, y un walkin’ bass inspirado en el ‘Going up to the country, paint my Mailbox Blue’ de Taj Mahal, donde el provecto caballero sureño incluso adquirió elasticidad física.

‘Age Don’t Mean A Thing’ (2016).

Coleman ofició recio, homogéneo y personal, y un escalón más arriba nos subió la gran sorpresa de la noche: Robert Finley, altísimo y viejunísimo, que entró en escena apoyado en la mano de un colaborador, ataviado con sombrero de cowboy, envidiable camisa roja de diseño honky tonk en plan Clarence Gatemouth Brown, y fue ubicado detrás del micrófono con la guitarra, y tras ella entrevimos lo que parecía una cartuchera, una pistolera… pero no: se trataba de su bastón, doblado. Su intervención fue de soul blues modernista y enganchante a primera vista. Auténtico y actual, Finley hizo tres piezas con él de protagonista, las tres de su disco audible en Bandcamp: un funk bien traído (‘Just Want To Tell You’), un blusoul vía Robert Cray cantado con la clase de William Bell la víspera bajo la misma carpa (‘Age Don’t Mean A Thing’, lo mejor de la cita), y un estupendo rockin’ soul (‘Let Me Be Your Everything’), en el que el viejo bluesman se animó tanto que adaptó elasticidad extra y hasta rijosa.

El septeto en escena al final, con el cuarteto base, los tres invitados y la peña sacando fotos (imagen de móvil: O.C.E.).

Y quedaban dos canciones más en plan grupal, en septeto con todos los participantes pero todo el público pendiente de Robert Finley. Una decía en el estribillo ‘Me pareces atractiva’ (You look so fine to me o algo así) y la otra, la del bis, fue la alegre y bibikinesca ‘The Blues Is Alright’ de Little Milton, muy coreada también. Ah, entre ambas piezas dijeron los bluesmen beneméritos y gregarios: «Muchas gracias. Os queremos. ¡Tenemos CDs ahí atrás! Dios os bendiga. Hasta la próxima». Y al salir, la porción del público que aún no había evacuado la carpa, rodeó a los músicos cuando salían escoltados por dos uniformados de seguridad, les hizo decenas de fotos con los móviles, y hasta algunos compraron a 20 eurazos el CD para que se lo autografiaran.

Sí, la gente, la masa acrítica, acabó en una nube y vivió el irregular concierto desde esas alturas: un jovezno anónimo encantado con el soul de la víspera definió como ‘genial’ la sesión blusera sabatina, el personal no dejó de bailar espontáneamente ni de dar palmas y corear cuando se lo pedían, delante un Popeye y su novieta bailaban felices de la vida, parejas y melómanos se hacían autofotos con el escenario al fondo, y La Reina de La Movida no dejaba de menar el esqueleto con su melena rubia y su vestido hippie de adelanto de temporada.

OSCAR CUBILLO

Saludos finales de los siete magnifiquillos casi tapados por el katxi que alzó La Reina (imagen de móvil: O.C.E.).

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