Soziedad Alkohólika: Metal doctrinario

 

S.A. ante su nombre a modo de telón de foro, con el batería Berengena tapado en segunda fila (foto: Carlos García Azpiazu).

CAL: **

Jueves 3 de agosto de 2017, Romo / Getxo, txosnas, 23.30 h, entrada libre.

 

Los vitorianos S.A. desplegaron en las fiestas de Romo, con calculado dominio profesional, todo su agresivo catálogo de metal extremo panfletario: contra el liberalismo, contra los toros, contra la vivisección, contra el clero o, lo más lógico, contra las agresiones sexuales. ¿Turismofobia? De momento no.

 

El jueves actuaron los alaveses Soziedad Alkohólika (Vitoria, 1988) en las fiestas del barrio getxotarra de Romo. Fue en la zona de las txosnas, pero a pesar del tirón popular de su metal extremo se estaba cómodo y pudimos atender su descarga con holgura y desde las filas de vanguardia. No había tanta peña como esperábamos, y explicó el fotógrafo Azpiazu: «Llega a ser viernes y estaría petado. Pero entre semana, como no hay metro…». Ya. El público era muy juvenil (veinteañero), preferentemente masculino (aunque se veía a muchachas entregadas que conocían las letras), y se hacían notar tanto las camisetas del Athletic (que esa noche había eliminado al Dinamo de Bucarest) como los rostros de los hermanos sudamericanos amantes del metal.

Los dos fundadores, allá por 1988, Juan dando una patada al aire y Jimmy a la guitarra (foto: Carlos García Azpiazu).

Por la tarde había oído un poco de la atronadora prueba de sonido y barrunté una sesión devastadora nocturna. ¡Qué optimista! Sin embargo, S.A. resolvieron la cuestión con suficiencia profesional, pegada levemente creciente y mucho autocontrol emocional y técnico. Abajo, el respetable se mantuvo expectante, parlanchín entre canción y canción, y únicamente se soltó por el epílogo, con algunos pogos esporádicos.

En su bolo de 24 golpes en 87 minutos, los vitorianos evolucionaron en piloto automático, pero por unas alturas de potencialidad internacional. Oficiaron en quinteto alineado delante de una pancarta con su nombre también en horizontal, con los dos fundadores con el cráneo rapado (el vocalista Juan, que era el que más se movía de los cinco, y el guitarrista Jimmy), más sus tres escuderos: Pirulo (al bajo desde 1996), Íñigo (guitarra desde 2009), y Alfred Berengena (batería desde 2014). Todos iban de negro, Juan escogió una camiseta que ponía ‘Etxera’ (por los presosde ETA), y sus compañeros tres camis con nombres de grupos (de Anthrax Íñigo, de Dictators NYC Jimmy y quizá de Fallen Pirulo -¿quién los conoce?, que nos informe; el amigo Topo informa que es una marca de ropa de skate y surf-) o una lisa (en el caso del catalán Berengena).

Pirulo con su camiseta de Fallen (foto: Carlos García Azpiazu).

‘Sistema Antisocial’ (Maldito, 17).

Bastante variados en su panoplia sónica (y también en el argumentario ultraizquierdista de su repertorio, picando en cada mandamiento del pensamiento único dominante), Soziedad Alkohólika circularon por el groove metal (‘Causas podridas’, la de los asesinos sin fronteras), se atrevieron con el grindcore como epígonos de Brujería (‘Política del miedo’) y se adentraron en el postmetal (‘Niebla de guerra’). Al acabar esta, dijo Juan: «¡Estamos en guerra! El Athletic hoy bien, ¿no? Vamos a dar cera al nuevo disco, a ver si conocéis algo», y espetó el tema que lo titula, ‘Sistema Antisocial’, una distopía conspiranóica que abunda en lo panfletario («Paraísos de libertad / exclusivos del capital / sociedades pudriéndose / acorraladas entre fronteras»).

El cantante Juan, que a menudo ponía el puño en alto, advirtió «no habrá paz» antes del sermón postmetal ‘Palomas y buitres’, donde incluso rapeó. Luego sopló la armónica en la algo Def Con Dos y con Berengena fenomenal a los parches ‘Cienzia asesina’ («Por qué no te rajas los huevos? / ¡Deja a los bichos en paz! / ¿Quién te ha dado derecho para animales torturar, humillar y asesinar, con salvaje crueldad? / ¡Puto científico loco!, me gustaría verte a ti igual, dentro de una jaula, ahogándote en tu propia mierda, / ¡verás que risas! / te arrancaría la piel, te pondría electroshocks y así ibas a experimentar qué sufre un animal», amenaza la letra), y aportó una de sus soluciones violentas más asumibles y certeras en ‘Contra la agresión, castración’.

El catalán Alfred Berengena, un baqueteador que sobreviviría en el infierno (foto: Carlos García Azpiazu).

En la segunda parte del bolo, los efectivos alaveses mostraron similar suficiencia, seguridad, dominio, profesionalidad o como quieran llamarlo, pero las explosiones que provocaron tuvieron mayor onda expansiva (aunque se fuera el sonido del escenario en varias ocasiones). ‘Cadenas de odio’ llegó marcial vía The Haunted, ‘Automarginado’ frisó el death demoledor, ‘Ratas’ brotó amazónico como Sepultura, ‘La aventura del saber’ se alistó al hardcore, ‘Policías en acción’ resonó abigarrado, ‘Piedra contra tijera’ se orientó hacia el punk-rock («contra la ley mordaza», presentó Juan), ‘El taladrador’ fue thrash de la vieja escuela (‘Padre Black & Decker’ es el título original de este tema anticlerical; aquí va un directo en el Rivas Rock 2016)…

Y también repartieron bastante cera en el bis cuádruple, «la traca final» como definió Juan. S. A. se soltaron de verdad en ‘S.H.A.K.T.A.L.E.’ (la de «en tu puta cara voy a vomitar»; «esta es muy buena para los peperos», explicó Juan en la introducción, en una de las pocas ocasiones que habló, y mejor se hubiera callado, que les pueden denunciar) o el adiós a lo Brujería ‘Nos vimos en Berlín’. Estas dos andanadas les quedaron mucho mejor (por energía, por rabia…) que su versión del ‘Pick Up Slip Up’ de Fisher Z retitulada ‘Mótxalo’ y con lírica cambiada y brutalmente antitaurina, que también les ha causado algunos problemas.

Juan, el que más se movió de los cinco S.A. (foto: Carlos García Azpiazu).

Buen bolo, con mucho autocontrol en escena por parte de los músicos y cierta actitud de a verlas venir entre el público. El que suscribe esperaba un aquelarre como el que S. A. provocaron en Kobetamendi, en el Festival en Vivo 2013, que entró en nuestra lista de los mejores conciertos de ese año (así lo conté), pero el bolo de Romo se quedó en una cita profesional, solvente y por encima de la media del género. Y es que estos alaveses se hallan desde hace mucho en el top del metal nacional. O estatal, si prefieren ellos.

OSCAR CUBILLO

 

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