CINE: ‘Wonder Woman’: La dicotomía de ser superhéroe y mujer

 

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Texto por GERARDO CREMER

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Estreno en cine: 23 de junio de 2017

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Directora: Patty Jenkins

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Calificación: 3 estrellas de 5

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Tráiler de ‘Wonder Woman’

 

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Paraíso helénico

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La mitología griega sitúa a las amazonas como enemigas de los griegos. Tanto Hércules como Aquiles lucharon en alguna ocasión contra este pueblo guerrero de mujeres y salieron victoriosos del enfrentamiento. A pesar de la visión bélica de este pueblo lindante con el Mar Negro, en la mayor parte de sus apariciones en las narraciones helénicas hay siempre una lectura romántica de esta vida apartada, alejada de los hombres, supeditada a la existencia en la naturaleza, a la caza y al entrenamiento militar. Herodoto transcribe parlamentos de las amazonas en las que reivindican su condición de mujeres libres al compararse con las habitantes de Escitia: «Nosotras disparamos el arco, tiramos el dardo, montamos un caballo, y esas habilidades mujeriles de hilar el copo, enhebrar la aguja, atender a los cuidados domésticos, las ignoramos: vuestras mujeres, al contrario, nada saben de lo que sabemos nosotras, sino que sentadas en sus carros cubiertos hacen sus labores sin salir a cazar ni ir a parte alguna».

La visión avanzada de las culturas antiguas, en relación al posicionamiento social de las mujeres, crea un discurso feminista soportado por la destreza y la fortaleza física de las mujeres. Un enfrentamiento de igual a igual que se propaga por las diferentes mitologías (la helénica de Magno, la romana) y sociedades (citadas por el propio Marco Polo en sus crónicas de viajes), dejando que la imagen de reivindicación feminista permanezca como bastión aislado pero inexpugnable, resistente a cualquier discriminación del hombre hacia la mujer. Así, las amazonas han ganado terreno y batallas, demostrando con su fortaleza física la capacidad de igualar y derrotar al hombre, cambiando la lectura, estableciendo su derecho sobre las historias, sobre el punto de vista del relato de la Historia. Si ahora se contasen nuevamente las batallas de las amazonas contra los pueblos griegos, tendrían otro aliento épico: el de la lucha por los derechos de la mujer y el reconocimiento social.

Aline Bonetto recrea con sus bocetos la imaginería visual que dará existencia al paraíso de Themyscira.

Será William Moulton Marston, el creador del cómic Mujer Maravilla o Wonder Woman , quien establezca el espacio idílico y feminista de las amazonas para el universo DC Comics en 1941. Themyscira, la isla ficticia gobernada por las hermanas Hipólita y Antíope, se transforma gracias al diseño de producción de Aline Bonetto (nominada al Oscar por ‘Amelie’, 2001) en un espacio paradisiaco, empapado de arte renacentista y que basa su modelo (mediante el poder de creación de los CGI) en los paisajes de la Costa Cilentana italiana (Salerno). La isla de Themyscira es factor diferenciador que se intensifica desde la ficción, desde el poder y la independencia femenina, en relación al hombre. La luz luminosa, la potencia del color (verdes y azules limpios), la refulgencia metálica de las armaduras, se combinan con el espacio ficcional, configurado por modelos arquitectónicos basados en el arte antiguo, aunque también desde la imaginería de los cómics DC. Un exceso digital que vuelve a romper las distancias existentes entre el cine de animación y el cine de acción real, cada vez más próximos en el cine de aventuras y de ciencia ficción.

La primera parte de ‘Wonder woman’ tiene como objetivo identificar el poderío femenino en su concepción física y de destreza. La admiración de la pequeña Diana al contemplar los entrenamientos de las amazonas bajo la instrucción de su tía Antílope (Robin Wright) se convierte en necesidad feminista, en clara muestra de la supremacía de la mujer sobre el hombre, como demostración de la inversión de los roles por encima de la igualdad entre sexos. Después, con el permiso de su madre, la reina Hippolyta (Connie Nielsen), una Diana ya adolescente (Gal Gadot) se convertirá en la mejor alumna de Antílope pero descubrirá además los poderes especiales que le han concedido los dioses, como representante de la mujer guerrera e independiente.


La bella Diana (Gal Gadot), modelo y entrenadora militar del ejército de Israel,
se transforma en el símbolo del poderío femenino en ‘Wonder Woman’.

 

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La decepcionante llegada del hombre

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Uno de los rasgos más interesantes de ‘Wonder Woman’ es el sentido del humor imprimido en muchas de sus secuencias. La llegada del espía norteamericano Steve Trevor (Chris Pine) sirve a la directora y a los guionistas como mecanismo para evidenciar las diferencias (en términos de supremacía física e intelectual) de la mujer frente al hombre. Pine interpreta el papel con cierta sorna, riéndose de sí mismo en cada situación. En su personaje masculino se presentan dos claras deficiencias: la inferioridad frente a Wonder Woman y, al mismo tiempo, el deseo sexual que siente hacia ella y que nunca se ve correspondido. Cuando Trevor aterriza en la isla perseguido por los alemanes, en la 2º Guerra Mundial, traspasando misteriosamente la barrera espacio-temporal que aísla a las amazonas del resto del mundo, desde ese primer momento demuestra credulidad ante lo que contempla pero también sumisión, lindante con el vasallaje, ante la independencia y fortaleza física de las mujeres. Pero también se sorprende de la frialdad sexual de estas guerreras. Diana descubre a Trevor bañándose en una cueva de la isla y él, después de un instante de pudor, termina mostrándose completamente desnudo ante ella, sorprendido por su falta de reacción sexual.

El protagonista Steve Trevor se presenta completamente desnudo ante Diana, sorprendido ante su indiferencia sexual.

El hombre se presenta de manera primitiva, incapaz de diferenciar el instinto animal respecto a su responsabilidad social. Wonder Woman, o sea Diana, recibe de su madre la encomienda de defender su reino frente al Dios de la Guerra y Trevor lucha contra los alemanes para defender a la humanidad frente a las dictaduras pero, entre ambos, cuando el deseo sexual aparece, Trevor termina comportándose como un adolescente irresponsable, incapaz de controlar sus impulsos sexuales. De esta manera, los guionistas y la directora Patty Jenkins introducen el humor en la película, dando un mayor humanismo, que alivia la sofisticación y falsedad visual de las escenas del comienzo.

 

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Entre lo humano y lo sobrenatural

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‘Wonder Woman’ se desarrolla en ese ir y venir entre lo fantástico, lo mitológico y lo humano. El feminismo reivindicativo, militar, de supremacía frente al macho (en su belleza prefabricada), termina por enfrentarse a los grises espacios del Londres de la guerra. La planificación visual (en especial en el uso del color y en el contraste de las ropas y las maneras de comportarse de Diana frente al resto de la sociedad inglesa) sirve como mecanismo de generación del humor y va dando paso a un proceso de aceptación de la protagonista (sujeta en todo momento a la extrañeza) del mundo humano en el que le ha tocado vivir. El film va adoptando un discurso cómico, bien desde la creación del destartalado y multicultural grupo de combate, bien desde la contradictoria diversidad de objetivos entre Trevor (mucho más concretos y humanos) y Wonder Woman (más mitológicos y fantásticos), o bien desde esa perversidad comiquera de los villanos, caso de los personajes del malvado general alemán, Ludendorff (Danny Huston), que se transforma en superpoderoso cada vez que ingiere una pócima, o de la malvada doctora, de rostro desfigurado, Dr. Maru (Elena Anaya), quien retoma el papel de ‘La piel que habito’ (2011) de Almodóvar.

Los colores grises del Londres de principios de guerra contrastan con la belleza visual de las imágenes en la isla de Themyscira.

Posiblemente, la segunda parte de ‘Wonder Woman’ sea la más efectiva, estando mucho más próxima al modelo empleado por ‘El Capitán América: el primer vengador’ (2011), reduciendo el factor CGI y acercándose mucho más a los personajes dentro de esa tónica visual y narrativa cercana al cine de serie B (por ejemplo en la incursión al castillo alemán que recuerda bastante a la secuencia final de ‘Doce del patíbulo’, 1967, de Aldrich). Jenkins no descuida el mantenimiento del humorismo en la película, dándola aire y equilibrándola con la vertiente superheroica. De esta manera, las secuencias pueden contemplarse desde el modelo del cine de superhéroes como desde el cine de aventuras con toques de comedia. Hay también, en las apariciones de los villanos, una réplica de las secuencias similares del ‘El Capitán América: el primer vengador’, especialmente al usar modelos de diseño de producción arquetípicos del cómic y la 2º Guerra Mundial.

En la parte final (posiblemente la que más desentona dentro del film) se ve la influencia de Zack Snyder (guionista acreditado de la película), en su concepción visual (siempre sobredimensionada), que pone en duda la autoría de Jenkins sobre estas secuencias. Los enfrentamientos de Wonder Woman con Ludendorff y la batalla final con Ares (David Thewlis) sitúan nuevamente a ‘Wonder Woman’ en el espectro DC Entertainment, recolocando definitivamente a la protagonista en su condición de superhéroe. Por ello la aleja de los humanos y la enfrenta al desolador panorama del salvapatrias, junto a Batman y Superman.

GERARDO CREMER

La lucha final más cerca del cine de Zack Snyder, director modélico para la DC Entertainment.

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