CINE: ‘Manchester frente al mar’: Dando vueltas alrededor de lo ausente

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Texto por GERARDO CREMER

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Estreno en cine: 3 de febrero de 2017

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Director: Kenneth Lonergan

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Calificación: 4 estrellas de 5

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Tráiler de ‘Manchester frente al mar’

 

 

El estreno en DVD y BluRay de ‘Manchester frente al mar’ permite disfrutar de la voz original de Casey Affleck en una de las interpretaciones más impresionantes de la temporada. Un film excelentemente guionizado que engarza de forma perfecta, como un organismo, con las imágenes, la estructura del guion y el trabajo interpretativo del protagonista.

 

Oscar en 2016 al mejor guion original (Kenneth Lonergan) e interpretación masculina (Casey Affleck).

 

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El film orgánico

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Hay películas que sorprenden por su acabada naturaleza “orgánica”, por el perfecto ensamblaje de todos sus componentes. ‘Manchester frente al mar’ traslada a imágenes, de forma ideal, la estructura de un guion complejo, donde quietud y violencia, soterramiento y manifestación, felicidad y dolor, conviven a lo largo de una estructura narrativa temporal en la que el “flashback” sirve de puerta de comunicación al espacio reprimido de la mente de Lee Chandler (Casey Affleck), el protagonista de la película.

Esta estructuración orgánica de la narrativa funciona manteniendo la dualidad, el juego de opuestos, de cada uno de los componentes que intervienen en la historia. Así, la interpretación de Casey Affleck se mueve en esa doble naturaleza humana, en ininterrumpida lucha interior, al reprimir los recuerdos para exteriorizar la violencia latente cuando se sumerge en el alcohol. Por su parte, el guion funciona desde la tranquilidad a la falsa estabilidad (son importantes en esta película, tanto desde un aspecto social como anímico de los personajes, las localizaciones de la historia, tanto la ciudad de Quincy como la de Manchester-by-the-sea en Massachusetts) para alcanzar el infierno silenciado del subconsciente que sale a la luz mediante la técnica narrativa del flash-back. De esta manera, las imágenes filmadas por Kenneth Lonergan (director y también guionista de la historia) basculan entre las aguas calmadas de la región costera de Manchester y el área más urbana de Quincy, desde los espacios abiertos (las salidas en el barco de pesca de los Chandler) a las estancias en los bares o residencias durante las tardes frías de otoño e invierno. De igual manera, el pasado se muestra a través de las imágenes-recuerdo de la mente de Lee, develando tanto los momentos de felicidad (el tiempo-pasado inmortal, siempre presente) como el de la tragedia: aquello que la consciencia reniega.

Lee Chandler y los momentos de felicidad de sus recuerdos.

El proceso fílmico de ‘Manchester frente al mar’ procura tanto revelar el misterio que envuelve la existencia de Lee como promover su integración y recobrar el equilibrio, un equilibrio interior, al aceptar la culpabilidad que conlleva su trauma, personal, tratando de ser aceptado / perdonado por su sobrino Patrick (Lucas Hedges) y su exesposa Randi Chandler (Michelle Williams), como social, buscando ser readmitido por la población de Manchester.

Si todo en ‘Manchester frente al mar’ se estructura desde el centro neurálgico de la narrativa del protagonista Lee Chandler, todo pasa por ser coherente con su estado mental. No es que la historia salte temporalmente para crear un cierto suspense innecesario sino que, más bien, la narrativa se acopla al estado mental de Lee en cada instante, buceando en su subconsciente, desentrañando aquello que la memoria ha decidido borrar intencionadamente. Pero también las imágenes acompañan, con la forma, a Lee, desvelando la violencia soterrada a partir del instante del cisma, de la tragedia filmada como si hubiese sido contemplada desde el mismísimo interior del infierno.

Es el error que termina conllevando la culpabilidad y, por supuesto, el castigo. Error destructivo que pasa por aniquilar a los seres más indefensos y, al mismo tiempo, los más queridos. Lee busca el mínimo gesto de comprensión al tratar de compartir el dolor y la angustia con su esposa Randi, pero solo obtiene de ella el repudio, incluso físico y corporal: el simple contacto de las manos de Lee en ella conlleva espasmos en su cuerpo. Después, en la comisaría, Lee tratará de volarse los sesos robando una pistola a un policía.

En la comisaría, Lee tratará de volarse los sesos robando una pistola a un policía.

 

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Las ausencias

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Las primeras secuencias de la película, desarrolladas en Quincy, muestran el trabajo diario de Lee Chandler como conserje. Tras soportar las impertinencias de los vecinos durante la jornada laboral, Lee termina pasando la tarde en uno de los pubs del barrio y allí continúa solo, bebiendo, evitando la comunicación con la gente, buscando la soledad como modelo de vida. Antes de abandonar el local, Lee se acerca a dos clientes que le habían estado observando y les golpea sin razón alguna. Expresa con esa violencia su inestabilidad interior, repudiando a la gente por el solo hecho de existir.

Una llamada de teléfono le informa de la muerte de un ser querido, su hermano mayor Joe (Kyle Chandler). Lee coge su coche y se desplaza a la población donde reside Joe, Manchester-in-the-sea. En el hospital la reacción de Lee es fría, apenas muestra emoción, salvo el momento en el que se encuentra a solas con el cadáver. Entonces Lee abraza el cuerpo muerto de su hermano, desvelando la existencia de sentimientos en el interior de ese cuerpo torturado.

A partir de aquí, Kenneth Lonergan alterna imágenes de flashback (los recuerdos de su hermano Joe y su sobrino, Patrick) con el ajetreo que conlleva las nuevas obligaciones, entre las que se encuentra el hacerse cargo, como tutor, de su sobrino, un joven de 16 años. En las semanas que pasan juntos, la ausencia de Joe ejerce un poder de atracción importante en Lee y Patrick. Aunque silenciado en las conversaciones de ambos, la presencia de Joe retorna una y otra vez a la mente de Lee (y también a la de Patrick, en la excelente escena de la nevera). Una ausencia que saca a la luz otra ausencia más pronunciada, más dolorosa. Los recuerdos se cruzan con esas imágenes evocativas de su familia: Randi y sus tres hijos: la memoria de la felicidad da paso a aquello que la memoria ha silenciado.

El último encuentro con Randi: incapaz de expresarse con palabras y de acceder a la salvación que ella le ofrece.

En ‘Manchester frente al mar’ todo fluctúa entre opuestos, entre estructuras orgánicas binarias. La ausencia da paso al recuerdo; la soledad presente es suplantada por la felicidad de los recuerdos, aunque precede, a su vez, a la tragedia. El control y dominio de la situación que Lee desea evidenciar frente a su sobrino se convierten en enajenación y violencia incontrolable cuando agrede a desconocidos en un bar. Incluso ese estado contenido que mantiene a lo largo del film (salvo cuando estalla su furia) se trunca en el último encuentro que mantiene con Randi, donde se muestra incapaz de expresar con palabras la emoción que le embarga y que al mismo tiempo le impide acceder a la salvación que ella le ofrece. La emoción también sale a la luz durante la última cena que comparten Patrick y Lee, siempre presidida por las ausencias, por el dolor contenido, difícilmente expresable.

Desde ese inicio, donde el silencio y el misterio definen al protagonista, hasta esas imágenes finales de felicidad, donde Lee ha encontrado la comprensión tanto de Randi como de Patrick, se define un recorrido vital por la senda del flashback, desentrañando las razones de una debacle a través de un ejercicio de introspección involuntario pero necesario. No hay nadie que le ayude a guiarse por ese camino, salvo sus seres queridos ya ausentes. Serán las presencias de sus fantasmas quienes le hundan o fortalezcan, quienes le conduzcan a lo más profundo de su alma y le pregunten por qué lo hizo. Y Lee se preguntará por qué falló, por qué no siguen con él todos aquellos a los que quiso, por qué no hay otra oportunidad y por qué todo aquello que se muere no regresa nuevamente. Solo queda el recuerdo permanente en el barco de pesca: esa mirada observando el instante de felicidad que vuelve y se marcha indiferentemente.

GERARDO CREMER


Lee se preguntará por qué falló, por qué no siguen con él todos aquellos a los que quiso,
por qué no hay otra oportunidad y por qué todo aquello que se muere no regresa nuevamente.

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