Roger Hodgson: Mejor que Supertramp

En la segunda del bis triple, la hippiosa ‘Give A Little Bit’, disparada ante el escenario (imagen de móvil: O.C.E.).

CAL: **

Domingo 13 de agosto, Laredo, Campo de Fútbol San Lorenzo, 22 h, entradas desde 38 a 76 € más gastos (entradas VIP a 140 € más gastos).

Tras recalar en julio llenando en Madrid, Barcelona y Sant Cugat del Vallés, Cambrils, Laredo y Vigo son las postreras fechas españolas de una gira mundial que ya ha pasado por Argentina, Uruguay y Brasil (en marzo), por gran parte de Europa Occidental, y que en octubre volverá a cruzar el charco hacia Estados Unidos y Canadá.

 

Roger Hodgson, anunciado como ‘La Voz de Supertramp’, ofreció al aire libre en Laredo un estupendo concierto de sonido y personalidad superiores a los que dan sus ex socios con un repertorio coincidente en sus grandes éxitos: ‘Dreamer’, ‘It’s Raining Again’, ‘School’, ‘Give A Little Bit’ o ‘The Logical Song’, todos compuestos por Hodgson

 

Roger Hodgson, anunciado en los carteles como ‘La Voz de Supertramp’ (aunque desde 1983 no toca con ellos y no los quiere ni ver… ni oír; los abandonó en su apogeo, tras el LP ‘Famous Last Words’ (82), para vivir en el campo y ver crecer a sus hijos), actuó el domingo en el campo de fútbol San Lorenzo y acudieron sólo unas 1.500 personas, bastante transversales y todas cómodamente sentadas (1.470 exactamente, nos informan a posteriori: la clavamos). ¿Razones plausibles de tal cantidad? Las fechas estivales, la hora tardía (10 pm), el precio de las entradas (de 38 a 76 €, más gastos, y unas VIP a 140 que se puede decir solo servían para dos refrescos o birras), la promoción efectuada que podía llevar a equívocos (el inglés actuó en la primera edición del ‘festival’ nominado Laredo Suena, lo cual seguro restó asistentes), la coincidencia horaria con el Barcelona-Real Madrid (ejem… yo lo grabé para verlo de vuelta a casa), etc.

El concierto lo organizaba una agencia vasca y fuera del campo vimos vehículos de Audiomic y dentro trabajadores de la empresa Lagun y un cartel que indicaba en euskera que estaba ‘prohibido subirse al escenario’. Además, ya ante el público, pregunto el artista en su primer parlamento, antes de la segunda canción: «¿Vivís en Laredo?» Noooooo… respondió la mitad o más del aforo. Y el comentó que había un montón de insectos…

Panorámica del campo según iba entrando la gente (imagen de móvil: Mr. Duck).

Charles Roger Pomfret Hodgson (Portsmouth, Hampshire, Inglaterra, 67 años) dio un concierto muy superior al que los propios Supertramp (Londres, 1969; más de 60 millones de discos vendidos, entre ellos más de 20 millones de su mayor superventas, ‘Breakfast In America’, 79) dieron en 2010 en el BEC, donde tanto echamos de menos su voz aguda (así lo contamos). El de Laredo fue un show mejor gracias a la naturalidad del repertorio, a la ejecución perfeccionista y fiel que respetaba los arreglos de la época (tan reconocibles: era como oír un disco), al sonido magníficamente claro a pesar de ser al aire libre, a la cercanía (quizá impostada, puede ser) de un artista que nos habló y halagó a menudo («estar aquí en España es como estar entre amigos, sois muy cálidos, me encanta», dijo una vez). La única pega que podríamos alegar sería que se anunció un ‘toque audiovisual’ en el show, pero no hubo ni pantallas y lo más visual fueron algunas luces moteadas reflejadas por una semiesfera de cristal de discoteca que creaba ambientes astrales esporádicos.

Elegante con su americana blanca, Hodgson salió a escena con un cuarto de hora de demora y en formato quinteto cantó 18 canciones en 112 minutos; de ellas 14 de Supertramp y 4 posteriores de él en solitario. La banda actuó empastada y podríamos destacar al corista, percusionista, saxofonista (tres saxos tenía a su disposición), flautista y soplador de la melódica Aaron MacDonald. El líder salió, saludó brindando con una botella de agua, y comenzó la función con tres títulos de Supertramp: ‘Take The Long Way Home’, de rollo musical cabaretero algo Bowie, un estupendo ‘School’ de aires Pink Floyd (y unos arreglos inéditos a lo Mike Oldfield con la flautilla, coligió Pato), más un ‘Breakfast In America’ muy prog-rock y cabaretero también en el que el artista nos animó a cantar porque, según él, es un tema bueno para calentar la voz.

Zoom desde la cuarta fila al líder en la segunda canción, ‘School’ (imagen de móvil: O.C.E.).

La cuarta fue una de las suyas en solitario, ‘Lovers In The Wind’, adulta y sinfónica, en cuya presentación tras el piano de cola aseguró: «pienso que el amor es lo más importante y a veces hay que luchar por mantenerlo». Seguidamente continuó dedicando canciones a espectadores que le habían hecho peticiones, e iba sacando papelitos que le recordaban los datos (y pensé en Los Tigres del Norte, con ese público que les pasa notas en los conciertos con títulos que los reyes del narcocorrido ejecutan sin dudarlo). Así, a Nieves (sentada en la fila 1 butaca 1, o sea la más fan, la más rápida en la compra de la entrada) le dedicó ‘Lady’, atemporal y a la vez postmoderna, el primer gran momento brillante de la velada, con tres teclados a tope; a María y Diego les correspondió con ‘Hide In Your Shell’, aparatosa, creciente y apasionada por su parte; a Tasio le agradeció y mostró en público el rabel que le acababa de regalar («otro instrumento que debo aprender a tocar», ironizó… o no) antes de tocar la céltica a lo Milladoiro ‘Along Came Mary’ (segunda suya en solitario), y para Marco fue ‘The Logical Song’, el segundo momento súper de la satisfactoria velada, un tema agraciado con sonido estupendo y las teclas tremolando hacia el futuro infinito (aquí va un YouTube en vivo reciente y en formato similar a como sonó en Laredo).

«Aunque no conozcáis el idioma, mis canciones salen del corazón y por eso quizá tocan el vuestro y me vuelve a mí», explicó antes de ponerse al piano de cola para la astral ‘Lord Is It Mine’, la primera vez que se pusieron a titilar las luces discotequeras. Se quitó la americana y se quedó en chaleco para un ‘Death And The Zoo’, tercera pieza compuesta en su carrera en solitario, con intro new age flautista y desarrollo que podía asumir Peter Gabriel, incluyendo el final percusionista (el mensaje de la canción, tradujo Aaron MacDonald, es: «si fueras un animal salvaje y te capturaran, ¿preferirías morir o vivir en un zoo?»; el zoo, claro, eligió Pato y yo convine: en el zoo está demostrado que los animales viven más tiempo, les dan la comida y no deben buscarla, tienen médico gratis –veterinario-, si hay helada les encienden la estufa, no les persiguen los depredadores…; el zoo es como una RGI, se me ocurre ahora).

El siguiente pasaje del encuentro cántabro fue ‘supertrampesco’ mediante el folk amoroso y canónico ‘Know Who You Are’, los tres teclados descarados pulsándose en una buena y ovacionadísima ‘Child Of Vision’, un aparatoso ‘Don’t Leave Me Now’ dedicado a la espectadora Ana, un ‘Dreamer’ con pasajes jazzers en el que Hodgson no llegó tanto a los agudos y que fue laaaaaargamente ovacionado, y la primera despedida con un ‘Fools Overture’ grandioso, una suerte de suite progresiva con ecos de Pink Floyd y un discurso de Churchill («no nos rendiremos jamás»).

Saludos antes del bis del compacto quinteto formado por Kevin Adamson (teclados), David Carpenter (bajo),
Roger Hodgson (voz, guitarras, teclados), Bryan Head (batería) y Aaron MacDonald (vientos, percusiones, voces)
(imagen de móvil: Mr. Duck).

Saludaron juntos los cinco músicos e hicieron mutis. Pero quedaba el bis, que fue triple. El público, animado por el inglés, ocupó la parte delantera del césped para disfrutar en pie de las tres últimas canciones: un ‘I Had A Dream’ que podría hacer la ELO (y que fue el cuarto y último título de Hodgson en solitario que espigó para esa velada memorable), más dos grandes éxitos de Supertramp muy comunitarios pero que no llegaron demasiado alto porque al protagonista ya se le notaba cansado: un ‘Give A Little Bit’ hippioso («por esto hago esto», presentó) con el público haciéndose selfies en vanguardia y el escenario asaeteado con la semiesfera discotequera, y el pop coral algo mejor resuelto de ‘It’s Raining Again’, que sirvió de adiós definitivo antes del cual Hodgson deseó «espero volver a veros alguna vez en alguna parte, o quizá volvamos», y tras el cual agarró su americana blanca y todos se largaron sin poses postreras.

Muy bueno Roger Hodgson. Ojalá lo traigan al Arriaga o al Euskalduna. Repetiríamos. Hum… En el concierto Hodgson (la parte comercial, pop de Supertramp) nos habló e intentó ser cercano, no como su excompañero y ahora líder de la banda, Rick Davies (la faceta blusera), que en el BEC en 2010 ni se dignó a dirigirnos la palabra.

ÓSCAR CUBILLO

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Comments
One Response to “Roger Hodgson: Mejor que Supertramp”
  1. Kike Morey dice:

    Con tan poca gente -y por como estuvo dispuesto el escenario-, parecía como si a Hodgson tocaba en el jardín de tu casa mientras hacías una barbacoa con los amigos. Al inicio del concierto, los que estábamos atrás del todo, nos movimos hacía las sillas que estaban más adelante y más anchos que Panchos -y por menos precio-. Las canciones de su carrera solista servían para ir al bar -es triste sí, pero es la realidad- y a los baños sin luz -uno dijo que necesitamos un frontal para mantener el objetivo-.

    Si querías bailar, te ibas a los extremos de las filas de asientos y danzabas sobre el césped sin molestar a nadie y con el artista a pocos metros de distancia -lo hice para “The logical song” y lo hice mucho más feliz y escandaloso cuando Roger dedicó “Dreamer” ‘a todos los soñadores’ como yo-. Y ya en el fin de fiesta la gente -atenta al show pero en general inmóvil en su cómoda ubicación- acudió al llamado del artista y se acercó a cantar frente al escenario.

    Si en el concierto de Supertramp del 2010 dije que el que se lo perdió fue Hodgson -me pareció visual y sonoramente mucho más potente que este-, en esta ocasión no se echó en falta a ni a Davies, ni a Helliwell ni al resto. Muy buen concierto, con unos músicos muy profesionales y correctos, y con Hodgson muy cercano en todo aspecto. Hubiese sido perfecto con un sonido mucho más elevado y con un auditorio mucho más enfervorizado.

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