Maluma: El Neymar del reguetón

Maluma asomándose al BEC! VIP por el provocador (foto: Twitter BEC!).

CAL: –

Miércoles 13 de septiembre, Barakaldo, BEC! (Bilbao Exhibition Centre), 21 h, entradas desde 38,50 a 71,50 €.

 

El colombiano Maluma, autocoronado rey del reguetón, sedujo a 6000 personas en el BEC con un show más espectacular en lo visual que en lo sónico. Se lo curró y se hizo querer más que en sus vídeoclips

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INFO PROMOCIONAL: «El artista estará presentando su nueva gira “Maluma World Tour 2017”, que le llevará a recorrer todo el mundo. El colombiano viene precedido de un apoteósico éxito tras su anterior tour “Pretty Boy, Dirty Boy” que pasó por nuestro país el pasado año y en el que vendió más de 30.000 entradas en siete conciertos, incluyendo sold outs en Madrid, Barcelona, Málaga y Valencia, algo impresionante teniendo en cuenta que era su primera visita a España y Europa.

Irá acompañado de su banda compuesta por guitarra, batería, dj, coristas y un elenco de bailarines. Además de nuevos temas, interpretará todos sus éxitos incluyendo “La temperatura”, “Obsesión”, “Borro cassette” (triple latino), “El perdedor” (doble platino), “Sin contrato” (platino) o “Cuatro babys” (disco de oro), y sus recientes colaboraciones “Chantaje” – Shakira (triple platino) o “Venta pa’ ca” – Ricky Martin (doble platino). La gira llevará una producción espectacular marcada por visuales sorprendentes, y estará presentada por Los40».

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Tramo de la gira europea, incluyendo Israel.

 

Miles de joveznas con vestidos y escotes para apurar el verano y comerse la pista de baile había el miércoles en el BEC! entre las más de 6.000 personas que acudieron a ver al controvertido Maluma (Juan Luis Londoño Arias, Medellín, Colombia, 23 años), un rey del reguetón cuyo logotipo es una molona M coronada. Sus canciones son muy sensuales, algunas resultan muy explícitas, y por eso le tildan de machista, etc. Horas antes hubo una manifa ‘antimachista’ a la entrada del BEC! y leemos en Facebook que las fans de Maluma insultaban y abucheaban a las manifestantes.

Su show arrancó con 22 minutos de demora; al de 10 se apagaron las luces pero se volvieron a encender, y se entretuvo la espera con mucho perreo: «arriba, abajo, dentro, dentro… lo siento, lo siento». La cosa duró 105 minutos (cronometrando la intro, los saludos finales para la foto, un par de pausas…) para unas 18 piezas (contabilizando algún instrumental progresivo, algún rapeado de sus escuderos) en sexteto (el líder total más el guitarra de Ecuador, el batería de Colombia, el teclista de Venezuela y una pareja mixta de coristas: él colombiano de Medellín y ella brasileña) reforzado y adornado por un cuerpo de baile también séxtuple y totalmente femenino.

Maluma, cuerpo de baile, músicos, coristas y pantallas (foto: El Correo).

El volumen era impactante, los ritmos sincopados atronaban, las letras no se entendían (pero ellas las coreaban) y los intensos y chillones rugidos esporádicos de la masa femenina podían provocar cefaleas (no es broma: a mí me empezó a doler la cabeza), aunque no sólo por estos motivos la parte visual del espectáculo fue de lo más destacable: siete pantallas gigantes superiores (más las inferiores, que había tantas y tan disimuladas que no las puede contar), visuales diversas (la cobra, el vídeo de Shakira, la bicicleta, la retransmisión en vivo del propio evento…), focos y láseres, columnas de humo, lenguas de fuego y géiseres de chispas, y esas explosiones de confeti y de largas guirnaldas que quedaron colgando del techo y aportando barroquismos posmodernos de andar por casa pero muy efectivos.

Y Maluma, un duro que oscila entre el machismo iberoamericano y el sentimentalismo falsario (jo, y las tías le chillaban, le jaleaban, le piropeaban, se le ofrecían: qué fracaso el de Emakunde y su lista de canciones prohibidas –o no recomendadas, que de momento ellas no mandan, solo influyen- por sexistas –por cierto: ¿qué es el sexismo?-), un personaje que repite su sonido a machamartillo y que puede hacerse odioso en sus videos (ora callejero y pobretón, ora suntuoso en salones exclusivos), pero que al final cae bien… o me cayó bien viéndole en escena, explotando su éxito mundial: canta mucho mejor de lo que parece en los discos (esas improvisaciones blues que sugirió en el BEC!), es muy guapo y bien plantado (más que en vídeo parece), se lo curra, se cambia de vestuario, luce joyitas, cede protagonismo a sus escuderos y anima a las macro-audiencias. Se hace querer, como el futbolista Neymar, otro que cuando vino al Barcelona me chirriaba pero al final no es más que un chaval feliz con éxito envidiado y atacado por muchos.

Las guirnaldas colgando del gran escenario y el chico feliz en la pantalla gigante (imagen de móvil: O.C.E.).

Aparte de la dilatación del soniquete que devino bastante cargante por el epílogo de la cita, el único reproche que se me ocurre a su show sería ese momento payasesco (en el buen sentido, por infantil) en que dividieron en dos la cancha y las gradas y a ver qué parte montaba mayor bulla. Sí, dejando eso al margen, le perdono su insistencia en ordenar «las manos arriba, Bilbao» (si ya abusan de ello hasta M-Clan) y me dio igual cuando pidió «ahora saquen los móviles y prendan el flash» (se lo he visto hacer incluso a Doctor Deseo).

Los móviles del respetable refulgieron desde antes de la salida del astro medellinense y no dejaron de titilar surante el encuentro, formando parte también de los efectos visuales. Y eso, que salió Maluma, cantó un roquista (urbana diría él) ‘Nadie sabe’, y las pantallas faraónicas le agrandaron con un culto a la personalidad stalinista, norcoreano, pero con glam. El reguetón siguió percutiendo sobre mi cerebro y ‘Sin contrato’ («eres la más sexy, lo sabés, dame ese cuerpecito de una vez»), fue un delirio comunitario, con su falso final, y los paseos de él por el provocador (el pasillo de escenario que entraba entre el público VIP de 71,50 euros la entrada), y sus exhibicionismos provocativos parado en la pantalla gigante, y su gancho embaucador: «buenas noches, Bilbao, una pregunta, muy simple, muy sencilla, ¿dónde están las señoritas sin contrato?, ¿dónde están las solteras?», y, hala, miles de manos alzadas al instante.

Maluma bailaba y se movía mucho y, cuando se podía sospechar sobre un presunto playback, no desaparecía la letra de las canciones porque los dos coristas le cubrían las espaldas todo el rato. El reggae se asomó en ‘El perdedor’, y volvió a comunicarse la estrella veinteañera: «Feliz noche, ¿cómo la están pasando? Veo muchas mujeres hermosas y muchas banderas de otros países: Colombia, Venezuela…», y paró de enumerar, aunque por ejemplo vi ondear también una de Brasil.

Maluma en el provocador del BEC!, rodeado de celulares con flashes prendidos (foto: Twitter BEC!).

En los momentos orgánicos del concierto crecía el interés de su repertorio atronador (‘Desde esa noche’, su versión de Thalía, le quedó mejor que esa otra en que le arrojaron un sujetador hasta el provocador, ‘Vente pa’cá’, el dueto con palmeras en pantalla y que Maluma grabó con Ricky Martin, a quien vimos dando un mejor show en el BEC! ante 10.000 personas en junio, cuando titulé ‘¡A bailar, mi gente!’), y Maluma se atrevió a un largo pasaje acústico de dos piezas solamente: ‘La invitación’, esa de «en mi habitación, haciendo el amor», tocada a la guitarra por él sobre un taburete, como si fuera Ed Sheeran, que fue cuando soltó «quiero que toda la gente que cree en el amor saquen sus celulares y prendan el flash»; y ‘Vuelo hacia el olvido’, la de «esas fotos que no quiero ver», cuando subió a una chica, a Cristina, y le cantó la serenata, y la besó el cuello por detrás, la acarició, se sentó encima de ella, la cantó, «me ponen novias en México, en Los Ángeles, pero la verdad es que esta noche estoy soltero y a su disposición», clamó ante el respetable fogoso, y al final le robó un pico a Cristina antes de decir «Dios la bendiga y vivan las mujeres de España, mamacita».

En ‘La temperatura’ las lenguas de fuego parecían de Rammstein, el ritmo fue africano, y Maluma presentó a la banda e incitó preguntando «me dicen que las personas más animadas y rumberas de España son las de Bilbao, ¿es cierto?». Siiiiiiiiiiii, respondía la masa milenaria. Prosiguió alargándose en demasía con ‘Chantaje’ y Shakira en el vídeo (aquí fue cuando dividieron el aforo y montaron la competición de bullas, y se pusieron a bailar reguetón dando caderazos) y con ‘La bicicleta’ de Carlos Vives (quien la hizo mucho mejor este marzo en el CUBEC!, en uno de los mejores conciertos del año que así narramos aquí), acabó con un ‘Party Animal’ muy rapero y un ‘Carnaval’ en plan batucada a lo Ricky Martin o Carlinhos Brown, y para el bis guardó dos hits salaces: ‘Felices los 4’, que mutó del pop latino a la salsa de Rubén Blades y Juan Luis Guerra, y el adiós con el controvertido ‘Cuatro babys’, un rap sofisticado que proclama «Estoy enamorado de cuatro babies / Siempre me dan lo que quiero / Chingan cuando yo les digo / Ninguna me pone pero», con todas las mujeres del pabellón enloquecidas y participativas. Lo que hay que ver, oigan. Pues más o menos así fue un show cansino y reiterativo al que si le quitas los visuales podría convertirse en tortura.

OSCAR CUBILLO

Video de ‘Cuatro babys’

La penúltima, ‘Felices los 4’, con buen estribillo melódico (imagen de móvil: O.C.E.).

 

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