CINE: ‘La seducción’: Adiós al macho

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Texto por GERARDO CREMER

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Estreno en cine: 18 de agosto 2017

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Directora: Sofía Coppola

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Calificación: 4 estrellas de 5

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Tráiler de ‘La seducción’

 

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Visión femenina

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El entendimiento de los hechos siempre es más complejo en la naturaleza femenina. En ellas, también, las acciones no son efecto directo de ese sistema clásico de acción-reacción (propio de la narrativa clásica), sino que son consecuencia de un complejo sistema de análisis y comportamientos instintivos. Los acontecimientos presentados a través de los ojos de la mujer, como protagonistas de la historia, y, a la vez, expuestos en la pantalla por la sensibilidad femenina de la directora Sofía Coppola (Nueva York, 1971), marcan, aún más, ese distanciamiento narrativo respecto al cine hecho por los hombres. Y es que el cine de Sofía Coppola no rehúye de la complejidad psicológica de la mentalidad femenina: los comportamientos, las reacciones ante los acontecimientos, nacen de esa mezcla de reflexión y de reacción inconsciente, donde interviene tanto la acción calculada como el subconsciente reprimido.

En las películas de Sofía Coppola las mujeres observan el exterior con distanciamiento, protegidas por ventanas o bien vigilantes en balcones desde cierta altura. Coppola las filma observando, estableciendo entre ellas y el espectador una extraña barrera invisible de impenetrabilidad. Resulta difícil fijar las metas de estas mujeres, incluso conocer los conflictos internos que las atormentan. Metas y conflictos (los motivos que conducen la trama) se van desentrañando en la narración al mismo tiempo que ellas toman conciencia de ellos. No suelen tener un fin determinado al comienzo. Los personajes femeninos se van creando, a lo largo de la historia, cuando descubren su rol social, sus capacidades, su influencia y su poder en la sociedad. Siempre sujetas a un momento de ruptura político, social o cultural, a un periodo de transición, su comportamiento se soporta primero en la observación, después en la reafirmación o puesta en duda de los valores, para finalmente actuar sobre su posición en el mundo y la razón última de su existencia.

Su razonamiento no es tan simplista como lo es en el hombre: sus fines no buscan un espacio en la sociedad ni tampoco ansían poseer algo o a alguien, tampoco se relacionan con el dinero o con la satisfacción del deseo sexual. Las mujeres en el cine de Coppola viven sumergidas en ese cúmulo de sensaciones que ellas experimentan, las propiamente exteriores (normalmente cargadas de luz y belleza) y las inciertas que surgen de su interior.

‘La seducción’ es una nueva adaptación al cine de la novela ‘El seductor’ de Thomas P. Cullinan (Cleveland, 1919-1995), novela gótica desarrollada en la Guerra Civil Americana y escrita en 1966. La primera versión, la película de culto ‘El seductor’ (1971), fue una sorpresa dentro de la filmografía de Don Siegel y Clint Eastwood (no tanto en su incomprendida recepción en su estreno). La película de Siegel funciona a través del punto de vista de un soldado, el cabo McBurney (Clint Eastwood), aunque su posición esencialmente machista (en su proceso de seducción) y su condición socialmente dominante (enfrentando su brusca naturaleza masculina a la educada y estricta disciplina del colegio de mujeres) conllevan que su personaje acabe resultando antipático al espectador. En general, ‘El seductor’ de Siegel se adapta a las modas rupturistas narrativas y de puesta en escena del cine de los años 70 (su negativa definitiva a los modelos del cine clásico): un film violento, claustrofóbico y oscuro, con movimientos bruscos de cámara, cargado de tensión malsana y comportamientos inmorales.

Tampoco el personaje interpretado por Geraldine Page, la directora del colegio Martha, resulta empático para el espectador. Ella es representante de la mujer endurecida, silenciosa, reprimida, en tiempos de poca libertad para las mujeres, por lo que la llegada del cabo McBurney supone un enfrentamiento directo entre sexos, en los que entra en juego también la represión sexual. Es como la representación inmoral del cuento del lobo y los cabritillos, donde la inocencia y la indefensión de los personajes femeninos quedan trastocadas por la irrupción del mal. Siegel narra este conflictivo artefacto remarcando la tensión y la sensación de encierro de los personajes, al mismo tiempo que explicita sus conflictos interiores mediante el uso de voz en off (escuchando la voz interna de los propios pensamientos) y la representación en imágenes de los sueños.

Pero como comentaba al comienzo, el acercamiento de Sofía Coppola al relato es mucho menos explícito, más abierto a la reacción impulsiva, más evanescente en la identificación de los conflictos, más hermética al desentrañar las motivaciones y en adelantar los efectos que nacen de las causas. ‘La seducción’ de Coppola es una película principalmente abierta a la mirada femenina, pero deja constancia del distanciamiento, de la duda que nace del previsible cambio de modelo social. Las chicas de ‘Las vírgenes suicidas’ (1999), la ópera prima de Sofía Coppola, viven la trasformación del paso de la adolescencia a la edad adulta, pero realmente se enfrentan, en sus reflexiones, a cuestiones como la vacuidad de la era actual, la libertad ante los impulsos del deseo o el vértigo que supone atravesar la franja que separa la vida de la muerte.

En el caso de ‘María Antonieta’ (2006), el personaje de “mujer-histórica” es presentado en su rol de joven decidida (más propia de nuestra época), con deseos y ambiciones, pero a quien le cortan las alas en la era en la que le toca vivir. Esa visión femenina (postmoderna al romper los límites de la veracidad histórica del relato) en un periodo de limitaciones y transformaciones, esa mirada a veces perdida, infantil, son consecuencia de ese proceso de reflexión y actuación ante hechos que se le escapan de las manos. Pero confirman esa lectura feminista en el cine de Sofía Coppola, una visión a través de un prisma diferente a la narrativa exclusivamente masculina del cine occidental.

 

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Cuestión de estética

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Lejos de esa posición frentista entre sexos y distanciando la narrativa de la época histórica en la que suceden los hechos (aunque el film se desarrolla durante la Guerra Civil Americana, el film respira cierto aire atemporal), Sofía Coppola decide no solo aproximar la narrativa al punto de vista de las mujeres sino cambiar el registro estético y rítmico de la obra de Siegel, transformando la película en un film esteticista, pictórico en sus encuadres, atemperado en la exposición de los conflictos, luminoso en sus secuencias de exteriores y pausado y contemplativo en su concepción rítmica. Se puede decir que Coppola aplica todo lo contrario a lo decidido por Siegel en los años 70.

Las damas y el hombre desequilibrante.

La tensión narrativa en ‘La seducción’ surge especialmente de la “transformación” del entorno con la irrupción de un hombre en un espacio exclusivo para mujeres. La entrada de este hombre no solo porta desequilibrios (lleva a que el grupo de mujeres adquiera conciencia de su momento histórico, ya que el cabo McBurney –Colin Farrell– es un yanqui en territorio sudista), sino también alteraciones en su sexualidad reprimida. No es tanto un enfrentamiento como una concienciación. Incluso, al ser los pensamientos de las mujeres distantes y poco explícitos, éstos se funden en uno, en una “conciencia única de mujer” que a través de las diferentes edades se expresa de forma mancomunada. Hay una graduación de actuaciones que van de lo irreflexivo e impulsivo a lo meditado y calculado; desde el extremo adolescente dominado por las pulsiones sexuales, de la alumna Alicia (Elle Fanning), pasando por la edad adulta “educada” y “adecuada” a la sociedad de la época de la profesora Edwina (Kirsten Dunst), hasta la edad madura, calculadora, de experiencia vital reflexionada, de la directora Martha (Nicole Kidman).

Las reacciones pasan desde el miedo a enfrentarse a un “hecho desestabilizador”, para después ver, en el herido McBurney, un artefacto sexual de sus deseos. Por ello, las imágenes, además de funcionar en un entorno de ensueño (véase la vereda a la entrada del colegio, entechada de ramas de árboles o los encuadres pictóricos de plano entero o plano americano con mucho aire –espacio- entre la cabeza y el borde superior de la pantalla), tienen una función contemplativa y pictórica: evitan transmitir la tensión psicológica que viven las mujeres y usan el distanciamiento y la estética como medio para apuntalar la incógnita y el misterio del pensamiento femenino. El entorno atempera la tensión, dilata la llegada del clímax y carga de misterio la narrativa al desconocerse la reacción final de las mujeres frente a los hechos.

Coppola bascula el film entre dos cenas. La primera sirve para acercar a McBurney a las mujeres negando y retrasando el factor conflictivo: el encuentro de ellas con una sociedad más avanzada (la norteña frente a la confederada), el enfrentamiento hombre-mujer en una perspectiva feminista, y el control del subconsciente reprimido ante el deseo sexual. Y la segunda cena, una vez estallado el conflicto, donde el soldado y las mujeres se reúnen en la mesa para hacer frente a una decisión más drástica, posiblemente inevitable, para que ellas puedan seguir existiendo en un mundo en continuo proceso de cambio.

GERARDO CREMER

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