Raphael: Triunfo infinito

El puesto de merchandising al acabar el show (imagen de móvil: O.C.E.).

CAL: **

Sábado 30 de septiembre de 2017, Bilbao, Palacio Euskalduna, 20 h, entradas desde 30 hasta 70 €.


Genial, incombustible y eterno, el cantante linarense llenó dos noches el Euskalduna, donde generó una apoteosis constante y agradecida con su cancionero intergeneracional, transversal y resistente a la erosión

 

Otros conciertos cercanos:

28 octubre, sábado, San Sebastián, Kursaal

04 noviembre, sábado, Logroño, Riojaforum

17 noviembre, viernes, Santander, Palacio de los Deportes

 

Dos noches triunfales de Raphael en el Palacio Euskalduna con más del 90 % del aforo vendido cada velada, ¡a 70 euros las localidades más caras! Esta reseña trata del segundo show, el del sábado, cuando hubo más ocupación que el viernes y cuando el sonido sólo tardó una canción en ecualizarse (nos cuenta Josu Olarte que el viernes durante la primera media hora se oyó fatal, la típica bola sónica del Euskalduna cuando el volumen es alto). El caso es que el cantante linarense volvió a enardecer a las masas, no sólo a mujeres mayores desatadas que le piropeaban, le aplaudían en pie y disfrutaban de la noche. El patio de butacas se levantaba para aplaudirle al final de cada canción y él ahí, aguantando el aluvión de cariño y agradecimiento, con cara de plácida felicidad, de no haber roto nunca un plato, como queriendo decir: pues no es para tanto.

Al acabar cada canción siempre había mucha gente que se ponía en pie para ovacionar,
aquí creo que es después de ‘Mi gran noche’, pero puede ser que no (imagen de móvil: O.C.E.).

Pero sí que es para tanto. Y él lo sabe. Raphael (Miguel Rafael Martos Sánchez, 74 años), en esta gira bautizada ‘Loco por cantar’ y generada tras su disco pop ‘Infinitos bailes’ (Universal, 2016; disco de oro logró en dos meses), en el que compositores jóvenes le han escrito las canciones, se ha rodeado de una banda que frisa el indie rock (dos guitarras, batería y percusión, bajo, piano y teclados que un par de veces remedaron arreglos de viento), una banda de sonido empastado, tocho, y quizá por eso sus composiciones volaron menos, sonaron menos vivaces y los arreglos se diluyeron un tanto. A pesar de todo, fue un conciertazo de 30 canciones en dos horas y cuarto, breve para lo que se estila en él. Y, claro, si duró media hora menos de lo que nos tiene acostumbrados, se dejó varios títulos en el tintero. A ojo eché de menos ‘Siempre estás diciendo que te vas’, ‘Maravilloso corazón’, el tema del espejo…

«Joder, lleva más luces que Metallica», respondió Oscar Cine a una fotito por WhatsApp; en esta instantánea se ven los haces verdes de la canción ‘Somos’ (imagen de móvil: O.C.E.).

Con unas pantallas a media altura en el fondo del escenario que usó de vez en cuando (buenos visuales, algunas imágenes suyas agrandándole en vivo…), en octeto eléctrico (contándole a él, sí), con derroche luminotécnico («joder, lleva más luces que Metallica», respondió Oscar Cine cuando mandé una fotito por whatsapp), divino en el centro de resplandores y de haces de focos blancos convergentes, Raphael hizo de sí mismo, del Raphael de siempre, entrando y saliendo de la escena, incluso carcajeándose orate (en ‘Un mundo sin locos’ y más), y cursó en gradación, a más, a más.

Raphael en pantalla y abajo a la izquierda cantando ‘Despertar al amor’ (imagen de móvil: O.C.E.).

Abrió con una terna del nuevo CD: la primera, la indie-rock ‘Infinitos bailes’, fue la única que sonó a rayos, pero bien le quedaron luego ‘Aunque a veces duela’ con su gradación Vetusta Morla y la más afrancesada ‘Igual (Loco por cantar)’. Entonces saludó y agradeció al respetable, se declaró feliz por estar una vez más en Bilbao año tras año, se quitó la chaqueta de cuero que le hace figura de madelman Chuck Norris moreno, y, como dijo que ya sabía lo que la gente quería ver, rompió la pana con ‘Mi gran noche’, muy coreada por el gentío, que hacía propia la letra.

Y ya hasta el final lo vivido en el Euskalduna el sábado fue una apoteosis continua, un constante frenesí (como titulamos en su gira anterior, la de orquestas sinfónicas, de lo mejor que hemos visto nunca en todos los campos), con el respetable poniéndose en pie para batir palmas, para jalear (oí algún irrintzi femenino, decenas de bravos, pocos guapos…), para disfrutar de canciones favoritas que el ídolo cantó a menudo con apostura televisiva, yeyé y afrancesada (ah, esas piezas dramáticas como las de Adamo: dramática ‘La noche’, sobrecogida ‘Cuando tú no estás’ –la de Laura, envidiada por las espectadoras de la fila de atrás, la 10…-, un ‘Adoro’ de Armando Manzanero que quizá fue la cima de la cita), pero cubriendo también más campos, llegando allende el yeyeísmo de esos YouTube en blanco y negro: boleros a su bola, palos andinos (‘El gavilán’ de Violeta Parra, cuando bailó), soul cañí espectacular (‘Provocación’, el adiós con el fervor góspel de ‘Como yo te amo’, rematado por él espetando un «Bilbao, te amo tanto, tanto…»), canción melódica transversal (‘Despertar al amor’, ‘No puedo arrancarte de mí’ cantada desde una silla con ruedas, una sorpresiva ‘La quiero a morir’ de Francis Cabrel…)…

Raphael, las tres cajas redobladas y las luces irradiadas en ‘El tamborilero’ (imagen de móvil: O.C.E.).

…además de estupendísimos diálogos sobreentendidos (‘Por una tontería’, cuando arrojó el vaso de agua al suelo, hizo mutis llevándose la americana coriácea colgada del taburete y regresó ufano, sonriente; ‘¿Qué tal te va sin mí?’, cuando la ve maravillosa; ‘En carne viva’, en cuyas primeras notas dijeron las damas de detrás, las de la fila 10: «ay, por favor, ésta no, ésta es de llorar»), e interpretaciones intransferibles y verosímiles: ‘Yo sigo siendo aquel’, cuando un espontáneo que bajó desde el patio de butacas se puso a cantar delante del tablado y fue expulsado por un par de azafatas, ‘Detenedla ya’, ‘Estuve enamorado’ (de ti), ‘El tamborilero’ con tres cajas redoblando, un ‘Escándalo’ desaforado y pachanguero que no le quedó tan bien (lo peor de la velada), ‘Ámame’ o, por supuesto, ‘Qué sabe nadie’. Genial Raphael. Incombustible Raphael. Eterno Raphael.

Estuvo muy bien de voz. Sin ronquera, aunque por la falta final no llegó a un par de versos, de modo inapreciable por el respetable. En el concierto de la víspera, el viernes en el Euskalduna, llegó a interrumpir el show y nos cuenta Josu Olarte: «El tío paró en ‘No puedo arrancarte de mí’ y pidió perdón: ‘Lo siento, esto nunca me pasa, yo estaba de voz puta madre –textual-, pero no sé qué me ha pasado. Por nervios no puede ser ya que Bilbao es como mi casa. Y las señoras, claro, aplaudiendo como locas. Numerito total».

OSCAR CUBILLO

Vídeo-clip oficial de la canción ‘Infinitos bailes’

Saludos finales de Raphael y sus siete músicos, justo antes del único bis con ‘Como yo te amo’ (imagen de móvil: O.C.E.).

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