CINE: ‘Detroit’: Incidente en el Motel Algiers, 1967

 

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Texto por GERARDO CREMER

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Estreno en cine: 15 de septiembre de 2017

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Directora: Kathryn Bigelow

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Calificación: 4 estrellas de 5

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Tráiler de ‘Detroit’

 

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3 personajes

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‘Detroit’ describe hechos reales: los disturbios raciales acaecidos en la ciudad de Detroit en julio de 1967, la posterior incursión policial en el Motel Algiers para detener a un francotirador (que se salda con la muerte de tres personas de raza negra) y finalmente el juicio de los policías que intervinieron en la redada.

De igual manera, el film se organiza en tres capítulos: una primera parte explicativa, que sitúa al espectador en el contexto, presentando a los personajes principales y poniendo en práctica el estilo de docu-ficción tan característico de la última etapa del cine de Kathryn Bigelow (San Carlos, California, 1951); una segunda parte, larga, angustiosa y violenta, que mantiene el pulso narrativo y nervioso de la primera, pero que se abre al desarrollo narrativo (a la acción) mostrando el incidente del Algiers con un alto grado de detalle; y una última parte, más pausada y pesimista, que corresponde a las secuencias del “procedural” falseado que prepara las pruebas para el juicio subsiguiente y que busca resituar a los personajes tras los acontecimientos, dejando ver en sus transformaciones y decisiones el mensaje político suscrito al film.

Los sucesos raciales acontecidos en Detroit en julio de 1967.

Son tres los puntos de vista que se alternan en ‘Detroit’: el del policía Krauss (Will Poulter), un representante de la ley fuera de control, racista, cuyo uniforme y armas le dotan de un estatus de superioridad, de poder ilimitado; el de Dismukes (John Boyega), un afroamericano ajeno a los disturbios raciales que intenta mantener sus dos empleos, uno de ellos de guardia-jurado, en un local comercial, y que termina portando un arma que puede ser usada contra los de su propia raza; y el del cantante de soul, Larry (Algee Smith), confiado a sus capacidades artísticas y a su futuro éxito, a punto de tener su primera actuación en un teatro de Detroit, y que involuntariamente se ve involucrado en los hechos trágicos sucedidos en el motel.

Curiosamente, en esa visión poliédrica de los hechos, no hay ningún miembro de esa mayoría que participa en los disturbios voluntariamente. Los grupos violentos que realizan los tumultos aparecen indefinidos en el film, sin un claro sustento narrativo, pero tampoco sin un representante que dé armazón racional y emocional a sus acciones. Tanto Kathryn Bigelow como el guionista, Mark Boal (guionista de ‘En tierra hostil’ y ‘La noche más oscura’), desde las primeras secuencias de la película marcan el contexto de los hechos como si fuera una retrasmisión televisiva (estableciendo un alto grado de objetividad en las imágenes) para potenciar y sustentar esa lectura (significado) de rechazo a lo oficialmente “democrático” en todos sus aspectos.

Krauss, representante del poder policial, cuyo uniforme y armas le dotan de un estatus de superioridad.

A pesar de que las motivaciones de Krauss son despreciables y sus acciones repulsivas y condenables, el modelo del personaje se fundamenta en el western (en la reseña de ‘La noche más oscura’ ya hacíamos mención a ‘Fort Apache’, 1948), sobre una base histórica que tanto pone en cuestión el derecho sobre la tierra (por superioridad de raza y por el poder de la fuerza) como establece la violencia como medio más eficaz para conseguir los fines. En ‘Fort Apache’ el coronel Thursday se enfrentaba a un sistema en proceso de cambio, con un poder legislativo que empezaba a poner en valor los derechos fundamentales de los indios y una estructura de mando que veía con buenos ojos la fraternidad anteponiéndola a la disciplina militar. Todo ello ponía el pasado de Thursday bajo cuestión y dejaba sin valor todos aquellos esfuerzos que había realizado hasta el momento. Igualmente Krauss teme que los sucesos de Detroit puedan cambiar el “statu-quo” y no encuentra en los ordenamientos de los mandos la claridad y autoridad suficiente para reintegrar el orden en la ciudad. Como en Thursday, en Krauss se mezcla también, en su forma de ser y actuar, el racismo: un racismo generado no tanto por la educación recibida sino por la experiencia vivida. El indio (en el caso de ‘Fort Apache’) o el afroamericano, son la razón de su lucha, el origen de su profesión militar y, por ende, de su existencia. Por último, en Krauss se pondera el poder que proporciona el uniforme, algo que el fascismo ha trasformado en el ejemplo lacaniano de la metonimia, donde la persona deja de ser ella en pro de lo que porta. Como en ‘Fort Apache’, el sistema se ve obligado a ensalzar y encubrir (preparando así la lectura oficial de los hechos) los actos abyectos cometidos por las fuerzas policiales como medio para disimular el comportamiento antidemocrático y racista de los poderes del Estado.

El personaje del soulman Larry es quien sufre una mayor transformación. Evidencia con mayor desgarro, en aquellos años, la condición de inferioridad que confiere su color de piel. De voz atiplada, cantante del pop soul originario de Detroit, su música está hecha para el disfrute de los blancos. La primera secuencia, en un teatro de la ciudad, presenta al grupo The Dramatics cantando entre bastidores, ensayando antes de la actuación. El concierto se interrumpe por los disturbios imposibilitando así su presentación en público. Larry, una vez el teatro desalojado, canta el tema ante un patio de butacas vacío. Tras los incidentes en el Motel Algiers y tras sufrir la violencia racista del policía Krauss, Larry y su grupo reciben una llamada de una discográfica. Allí, en el estudio de grabación, Larry se muestra incapaz de cantar. Y es su silencio, su comportamiento pacífico que actúa en contra de sus propios intereses profesionales y económicos, lo que le convierte en ejemplo de esa oposición al sistema, irrenunciable a los ideales, tras constatar la mentira y la violencia amparada por el propio Estado de Derecho.

El personaje de Dismukes es el más difuso, quizá el más torturado. La entrada en el Motel Algiers portando un arma (en su responsabilidad de guardia-jurado) le sitúan como espectador silencioso (especialmente el momento en el que contempla el cadáver de un afroamericano a la entrada) y, más adelante, ante su cobardía en el juicio, como representante de la masa silente afroamericana que debe acallar y acatar los hechos dictados por el poder de la raza blanca (la interpretación de John Boyega, es perfecta, en esa contextualización del miedo y la prudencia en el rostro).

La duda y el miedo modelan al personaje de Dismukes en la excelente interpretación de John Boyega.

La ausencia de un punto de vista reivindicativo lleva a que los tres personajes se vean superados por los acontecimientos, cada uno actuando bajo sus propias convicciones pero también superados por sus propias reacciones. El artefacto narrativo coloca a los tres personajes protagonistas en un espacio común, el Motel Algiers, en la segunda parte del film, obligando a cada uno de ellos a actuar ante los hechos, generando una sucesión ininterrumpida de acciones y reacciones (iniciada a partir de un juego de pistolas de juguete) y descontrolada al usarse la violencia de manera injustificada. Y no solo son estos personajes los que se tienen que enfrentar consigo mismo. También están otros personajes secundarios, como el compañero de Larry (el rapero Jacob Latimore), que termina enfrentándose a Krauss, o el del compañero de patrulla de Krauss cuando se le ordena ajusticiar a uno de los detenidos, y que terminan siendo el espejo extremo de las reacciones de los protagonistas.

 

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La creación de un contexto

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Kathryn Bigelow utiliza el estilo documentalista, en la primera parte, para dar contexto a los hechos. El mecanismo empleado se soporta en aspectos técnicos tales como:

– la fotografía, utilizando las técnicas del ‘run and gun style‘, del ‘shaky shot’ o el ‘queasycam’ a cargo del director de fotografía de Barry Ackroyd (estilo ya comentado en sus anteriores trabajos con Paul Greengrass; ver en este blog la reseña de ‘Capitán Phillips’), y que busca la sensación de la filmación al instante.

– el montaje de “continuidad intensificada” (‘intensified continuity’) para diversificar el espacio y ampliar el tiempo narrativo mediante la ruptura de la continuidad del raccord (el trabajo del montaje corre a cargo del especialista William Goldenberg (ganador del Oscar por ‘Argo’).

-el responsable del sonido (sound designer) Paul N.J. Ottosson (ganador de 3 Oscar en películas de Bigelow), que busca alcanzar con la densidad auditiva continua y variable un sistema orgánico que funcione en paralelo al montaje y que cree un espacio de desconcierto, de tumulto y de tensión descontrolada.

 

Los efectos técnicos, que presiden los acontecimientos, sirven para desestabilizar, desde fuera, a los protagonistas. Y como las imágenes, son los sonidos los que se originan al margen de los personajes. Ellos se ven sumergidos en una ola incontrolable de ruidos, bullicio, retrasmisiones de radio y televisivas, disparos, gritos, música y alborotos. Sonoridad que potencia la inestabilidad y que Paul N.J. Ottosson intensifica a medida que la tensión del montaje crece. La fotografía se encarga de potenciar la inestabilidad física, especialmente en las secuencias del motel, una vez que Krauss y su gente entran violentamente en éste para identificar al posible francotirador. Las reacciones incontroladas, el estado de tensión máxima a la que se ven sometidos los personajes se origina tanto desde el interior de la historia (la rápida sucesión de causas y efectos que llevan a los actos violentos en el interior del motel) como por factores exteriores, ejemplificados con las imágenes (el trabajo de montaje) y los sonidos.

En la parte final, la del juicio, la textura de imágenes y sonoras se relaja y da pie al silencio, a la meditación. Los hechos reales, después de la catarsis, promueven la reflexión, la introspección y la expiación. Y es que la Historia cambiará porque todos ellos han cambiado.

GERARDO CREMER

El sacrificio silencioso de Larry queda en el film como el gesto más perdurable y representativo de la lucha contra el poder blanco.

 

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