The Godfathers: La furia y la jauría

Peter Coyne, el único miembro original del que arrancó como el mejor grupo de rock de la galaxia en 1985 (foto: Mr. Duck).

CAL: **

Domingo 22 de octubre de 2017, Deusto / Bilbao, Satélite T, 13 h, 12-15 €.

 

Peter Coyne y sus cuatro secuaces roquearon en la mañana del domingo en un bar que se hizo pequeño y donde la peña mixta respondió excitada desde el principio

 

Fin de semana agitado el mío en lo que a conciertos respecta. Y un poco estresante: en menos de 24 horas vi tres bolos (con cuatro actuantes pero encabezados por Sam Outlaw, The Godfathers y Jay Jay Johanson). En 23 horas y media exactamente. Con lo cual me tiré a ojo cinco horas oyendo música en vivo y tres horas más de trayectos en metro. Creo que el sábado dormí ocho horas: de tres de la madrugada a once de la mañana (quizá menos: siete horas y media). ¿Qué hice en las echémosle siete horas restantes del domingo? Comer y desayunar, ver la tele, leer el periódico, ducharme no porque no me dio tiempo (ejem), pasar el tiempo actualizando este blog, y escribir profesionalmente sólo por la mañana un texto de Sam Outlaw (a la tarde en El Correo no les cupo una cosita corta de los Godfathers que es lo que me ocupará a continuación. Hum… si no trabajara en esto del rock (de la música) no iría a tantos conciertos, pero más que nada porque no me llegaría el dinero. En estas mentadas 24 horas habría ido fijo a Sam Outlaw por la novedad, quizá a los Godfathers por la fidelidad, y creo que la curiosidad de ver a Jay Jay Johanson me la habría ahorrado (y si ampliamos el finde al viernes habría ido a James McCann por 8 euros en vez de a Ian Hunter por 25).

Pues precisemos que los Godfathers también dieron tres bolos en menos de 24 horas: Valladolid el sábado noche, Bilbao el domingo por la mañana y Eibar a las 7.30 de la tarde, con la misma energía de esta mañana, nos cuentan, en una fecha extra añadida a su gira, a la postre de catorce conciertos. En el Satélite T, el líder Peter Coyne cantó encorajinado, furibundo, y hablaba de carril, en primera persona (esta canción es de ‘mi’ primer álbum  y detalles así, ninguneando a los músicos, que por otro lado no estuvieron ninguno en ese primer LP y es que ya ni siquiera sigue en la banda su hermano Chris Coyne, el bajista), y a menudo decía ‘tonight’, esta noche, aunque estábamos en ese momento matutino. Y también soltaba algunas palabras en castellano y vascuence: ‘rock and roll music de puta madre’, ‘eskerrik asko (gracias) cabrones’ y creo que también soltó un ‘sois la hostia’ pero no lo entendí muy bien.

Liderados por el furibundo Peter Coyne, un tipo trajeado de altura justa y gesto asqueado, Los Padrinos, o sea The Godfathers (Londres, 1985), andaban (y aún andan) de gira española de trece bolos divulgando su último álbum, ‘A Big Bad Beautiful Noise’, el primero en cuatro años. Afirma Coyne: «Es muy importante para mí y el resto de la banda hacer un disco que patee vuestros culos y expanda el legado de los grandes hits de The Godfathers». Ahora rulan en quinteto con dos guitarras y ya les vimos triunfando por la tarde en el pasado Azkena Rock Festival vitoriano, donde con volumen excesivo y viento molesto libraron oscilando entre el punk ramoniano adulto y la sicodelia espesa y lanzando hits tipo ‘Cause I Said So’, ‘Walking Talking Johnny Cash Blues’ o su eterno ‘Birth School Work Death’.

Los dos guitarristas tocan como punkis y Peter Coyne se queda como en trance expectante antes de volver a rabiar (foto: Mr. Duck).

En las distancias cortas del Satélite T (que se quedó pequeño, sí), con el aforo a tope, mixto (había mogollón de tías), excitado y entregado, Coyne y los suyos dispararon 22 temas en 81 minutos. Alternando los números más rock (a veces de furia punk exhibida por los guitarristas espasmódicos) con las ralentizaciones lisérgicas. En ambiente de comunión de garito inglés y con la luz de la calle iluminando el local, yo vi el bolo casi pegado a la barra, lejos del tablado, o sea que más que a Peter Coyne casi veía más a Roger Daltrey, y es que tenía delante su retrato colgado en la exposición del fotógrafo Koldo Orue. Pues eso, que desde detrás de numerosas filas compuestas por peña predispuesta y cada vez más suelta atendí a un bolo sin sutilezas, energético, abierto con el rock  ‘Cause I Said So’, ejecutado con rostro sofocado y furibundo por el capo Coyne («qué cara… no me gustaría ser su hijo y darle las notas», temió Pato), quien también roqueó en la segunda pieza, ‘A Big Bad Beautiful Noise’, con tambores algo Bowie (este es el clip oficial).

Era el segundo tema y la peña ya se había convertido ya en una jauría. Y los ingleses ya continuarían hasta el final alternando piezas lisérgicas añejas como ‘If I Only Had Time’ y rocanroles como el novedoso y nuevaolero ‘Til My Heart Stops Beating’, cuando al acabarla el gentío enloquecido se aplaudió más bien a sí misma que a los músicos. Y estas cuatro sonaron consecutivamente: ‘How Low Is Low’ fue de bajón, ‘Some reaction’ remitió a los Oasis, Coyne calificó de rockabilly stomp mi favorita ‘Walking Talking Johnny Cash Blues’, y volvimos a tomar aire con la psicodélica y algo Yardbirds ‘I Want You’.

El Satélite T se llenó, había mogollón de tías y todo el mundo parecía predispuesto no, lo siguiente (foto: Mr. Duck).

Setlist (Mr. Duck).

Y para no aburrir citaré las que más me molaron hasta el final, que para eso soy yo el que escribe: ‘I Can’t Sleep Tonight’ fue un R&R vía los Sex Pistols, ‘Love Is Dead’ un pop que me volvió a recordar a los Oasis menos ariscos, y ‘She Gives Me Love’ un rock muy coreable. También estuvieron muy bien dos nuevas: ‘Let’s Get Higher’, que irrumpió moderna y funk, y la muy Pistols / Ramones ‘Defibrillator’, que aspira a futuro hit, como desea Coyne. Acabaron con su hit iniciático e histórico ‘Birth School Work Death’ (‘Nacimiento, escuela, trabajo, muerte’, o sea el comunismo europeo en una frase), que no me gustó cómo les quedó excepto en el estribillo, cuando a veces Coyne pasaba el pie de micro por encima de la jauría, para que rugiera. La gente pidió con ganas un bis y se concedió: fue triple, lo abrieron con un rema muy rabioso algo Iggy Pop (‘I don’t want you looking for’ decía en alguna parte, no sé cómo se titula), y lo cerraron con una buena versión del ‘Blitzkrieg Bop’ de los Ramones.

Molan los Godfathers, antaño mejor grupo de rock de la galaxia (así lo describía algún locutor en Radio 3 cuando salieron) y hogaño habituales de los bares de mi entorno (el concierto estaba patrocinado por San Miguel y Peter Coyne dio en público las gracias a Rubén Undercover, rector actual del Satélite T, por llevarles a tocar ahí.

OSCAR CUBILLO

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One Response to “The Godfathers: La furia y la jauría”
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  1. […] La mayoría ateridos de frío (por ejemplo Sugar Velasco, Ricky, el que suscribe…), numerosos aficionados abandonaron San Mamés a mitad del macroconcierto de Muse para poder llegar a tiempo al bolo que The Godfathers (Londres, 1985) dieron en una sala Azkena que gozó de un ambiente estupendo: a pesar del temor del promotor ante la competencia sobrevenida cuando ya tenía la fecha cerrada, el local se llenó por 200 personas que asistieron encantadas y participativas a un show de 23 canciones en 82 minutos (22 en 81 minutos ejecutaron la anterior vez que les vimos: una matinal dominical de octubre de 2017 en el Satélite T; así lo contamos). […]



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