Jay Jay Johanson: Alma mecánica

Una de las megalópolis también muy propias de ‘Blade Runner’ (foto: Mikel Martínez de Trespuentes / Sala BBK).

 

CAL: *

Domingo 22 de octubre de 2017, Bilbao, 25 Musiketan, Sala BBK, 20 h, 12 €.

 

 

El sueco Jay Jay Johanson, un crooner del futuro, rejuveneció el 25 Musiketan y rozó el lleno en la Sala BBK gracias al atractivo de su trip hop orgánico en trío

 

NOTA PREVIA: La segunda cita de las catorce que compondrán el 25º Musiketan la protagonizó el sueco Jay Jay Johanson. Curiosamente, el ciclo lo abrió una compatriota suya, la vocalista Jennie Abrahamson. «Sé quién es, pero no creo que nos hayan presentado, ni siquiera contando con que Estocolmo es una ciudad pequeña. Pero siento un gran respeto por su trabajo», elogiaba Johanson desde las afueras de la capital sueca, donde reside en un apartamento con su esposa y su niño, que estaban durmiendo mientras nos atendía días antes de la cita en Bilbao.

Además de diseñador y DJ que se ha ganado un nombre facturando trip hop, el rubio flacurrio Jay-Jay Johanson (Jäje Johansson, Trollhättan, 1969) es un multinstrumentista de conservatorio que ha estudiado piano, saxofón, clarinete… Al preguntarle cuántos instrumentos domina, responde sincero: «Bueno, toco bastantes, pero no soy muy bueno en ninguno. Mi instrumento es mi voz. ¿Si ensayo a diario? Toco el piano casi todos los días y me compré una trompeta hace varios meses, o sea que me estoy esforzando a tope para hacerme una idea de qué hacer con ella».

Al inquirirle si le marca de alguna manera Nick Cave, pues sus baladas pueden evocar al australiano, el escandinavo rechaza de plano tal sugerencia: «Lo siento, no me gusta su trabajo. Estoy más influido por chicos como Chet Baker, Nick Drake, David Sylvian, y chicas como Beth Gibbons (de Portishead) y Nina Simone». Y nos prometía ante su visita al 25 Musiketan: «Voy con mi trío. Llevamos tocando juntos durante más de 20 años. ¿El estilo? Llámalo trip hop orgánico, si quieres».

Elegante, flotante y global suena Jay Jay en su último álbum, ‘Bury The Hatchet / Entierra el hacha’. «Llevaré discos para vender, sí. Estoy contento de que este último ya haya recibido tan buenas críticas y haya llegado más alto en las listas que en mis últimos diez años. Es un disco muy personal que significa mucho para mí. Tengo ganas de interpretarlo en vivo para vosotros». ÓSCAR CUBILLO

 

Jay Jay entonó con pose y voz vulnerables y afectadas (foto: Mikel Martínez de Trespuentes / Sala BBK).

 

RESEÑA DEL SHOW: Pues eso que decíamos, segunda cita dominical de las catorce dispuestas en el 25 Musiketan, el ciclo de conciertos en pequeño formato patrocinado por el periódico El Correo. La sala BBK estaba casi llena y se veía muy mixta, animada y rejuvenecida, pues cantaba el sueco modernista Jay Jay Johanson (Jäje Johansson, Trollhättan, 1969), que el viernes actuó el Berlín, el sábado en Múnich y el domingo en Bilbao. Había chicas que no encontraban sitio, porque la mayoría de las butacas estaban ocupadas, y una protestó ante el panorama: «jo, yo lo que quiero es poder bailar». Y luego me comentó Pato: «Los de atrás mío se preguntaban unos a otros que si habían estado alguna vez en un concierto sentados». Pues vaya, bailar mucho no podrían a tenor del tempo pausado del trío oficiante completado por el vocalista y líder Jay Jay y sus dos escuderos desde hace más de 20 años: uno al piano de cola y otro a la batería, ambos excelentes.

Apoyados en unas visuales que cursaban hacia atrás (los taxis, la gente paseando, las megalópolis, las cadenas de montaje, los hongos atómicos…) y con el emborronado soniquete sintético de fondo característico del trip hop (una fórmula que llega a aburrir, por gratuita, inane y molesta, y que no se debe estirar demasiado), los tres cumplieron un repertorio de 20 piezas en 93 minutos posmodernos (con alma mecánica, como la de ‘Blade Runner’), a veces propios de la publicidad o de las películas de James Bond, enfocados en una voz afectada que resonó a un Antony más grave (dolido en ‘It Hurts Me So’, soulero y marcial en ‘You’ll Miss Me When I’m Gone’ –con trompeta enlatada a lo Chet Baker-, dramático en ‘She’s Mine But I’m Not Hers’, asustado en ‘Tomorrow’, flotante en ‘Far Away’…) y a un Morrissey más pausado (‘She Doesn’t Live Here Anymore’, ‘I Miss You Most Of All’).

La gente de estas visuales circularía hacia atrás (foto: Mikel Martínez de Trespuentes / Sala BBK).

Cantando concentrado y centrado en la escena, hierático y pegado al micrófono, afectado y vulnerable, Johanson lograba cambiar de registro antes de que las bases sintéticas se atascaran en la monotonía. Por ejemplo picó en el blues, en el nujazz y el nusoul, emborronó con sustratos sucios el jazz after hours, fusiló melodías de Michael Nyman, customizó la bossa y señaló el baile (‘Paranoid’, del nuevo CD ‘Bury The Hatchet’, como destacó al presentarla). Con todo, varios de los momentos más aplaudidos coincidieron con los de las piezas acústicas, las más jazz (la intro de ‘I’m Older Now’ –que fue la que fusila a Nyman, la favorita de Alain Galipó-, ‘On The Other Side’), en las que Jay Jay pudo ejercer de crooner clásico, aunque en vez de whisky no dejara de beber agua en botella de plástico. Ah, la mejor canción fue la más desnuda y vulnerable, con la que abrió el bis a capella: ‘Whisperin Words’. La mayoría de la gente acabó contenta y el flaco cantante sueco bajó de un salto desde el escenario y se puso a estrechar las manos con ágil y feliz sinceridad a los espectadores que no dejaban de ovacionar. Al salir, Torkel comentó que había echado de menos muchos de sus hits.

OSCAR CUBILLO

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