Ramoncín: Voz, cabeza y corazón (+ entrevista)

Ramoncín satisfecho y confiado ante el respetable de su parte en Santander, al menos mil personas (foto: Mr. Duck).

CAL: *

Viernes 10 de noviembre de 2017, Santander, Palacio de Deportes, 20.20 h, entrada 40 € (bono dos días 60 €).

 

Un Ramoncín en buena forma a sus 61 años pero perjudicado por el sonido del recinto abrió el primer festival bajo techo ‘Movember Food & Rock’. Sus fans fieles y veteranos no dejaron de corear

 

Más de 3000 personas se reunieron el viernes en el Palacio de Deportes de Santander en la primera de las dos jornadas del primer festival ‘Movember Food & Rock’. Ya saben que food significa comida, o sea que había camionetas y tenderetes culinarios aparcados en la explanada exterior. Dentro actuaron cuatro grupos y el que peor sonó fue el primero, el septeto de Ramoncín. También bastante mal sonó otro septeto, el capitaneado por un Loquillo pletórico en su estilo y sus bailes (el sábado pasó por el Euskalduna de Bilbao y en un post posterior compararemos ambos shows). El que mejor acústica obtuvo fue Rosendo, en trío fácilmente sonorizable, y en su actuación fue donde La Ballena (así llaman al Palacio de los Deportes del Sardinero santanderino) ya se vio a tope y entregada. Y también bien sonaron de madrugada los italianos Achtung Babies con sus garantizados calcos de los éxitos de U2 (que el sábado repitieron en el Kafe Antzokia de Bilbao).

Ante menos asistencia que los otros dos cabezas de cartel, aunque contando las gradas acabarían de juntarse más de mil espectadores, Ramoncín cantó 13 piezas en 72 minutos y advirtió que hablaría poco para poder tocar más, pues tenía el tiempo limitado. Salió a escena y ante la ovación del respetable reunido, el más maduro en edad media de ese viernes, se le escapó una sonrisa y supo que los elementos estaban de su parte. Y tanto: la gente se sabía todas las canciones y las coreaba a veces casi enteras. Fino y elegante, vestido de oscuro y con un chaleco de lunares en la espalda, Ramoncín abrió fuego con ‘Putney Bridge’ y, a pesar del sonido descorazonador, se entendió por qué Loquillo llamó luego maestro a Ramón (y a Rosendo en la misma frase). En ‘Déjame’ no se oía ninguna de las guitarras y ‘Tú rompes mi corazón’ (la de «quema el deseo de tu piel») la sostuvo gracias a su apostura springsteeniana.

Ramoncín abriendo el ‘Movember Food & Rock’ en el Pabellón de los Deportes de Santander (foto: Mr. Duck).

‘10 segundos’, dramática e impostada toda ella, contó con el septeto al completo (tres guitarras, bajo, batería, teclados y un violín que apenas se oyó en el concierto; llama a su banda Los Eléctricos del Diablo) y por temática remitió a El Drogas, que ese viernes había agotado en Bilbao el taquillaje de la Sala BBK. La macarra ‘Reina de la noche’ la cantó la peña y a osé Ramón Julio Márquez Martínez bien le quedó el blues progresivo luciferino algo Black Sabbath ‘Hola, muñeca’. En ‘Como un susurro’, cuando curiosamente pensé en Aute, Ramoncín cantó sobre un bafle, más allá del escenario, y el respetable filmó el tema y se hizo selfies. Y algo más tarde, en ‘Forjas y aceros’, el madrileño volvió a remitir a El Drogas y explicó que esa canción había sucedido ahí en Cantabria hacía años («está inspirada en los disturbios de Reinosa a causa del cierre de las fábricas», recordó el paisano Pato, a quien le chocó que Loquillo y Rosendo tuvieran unos copiosos puestos de merchandising en la entrada, pero Ramoncín no: ni camisetas ni nada puso a la venta).

En el siguiente tema, ‘Miedo a soñar’, dotado del sotobosque progresivo que sostienen ahora sus composiciones, soltó Ramoncín una breve frase en la que sostuvo solemne y sincero: «os doy lo mejor que tengo, mi voz, mi cabeza y mi corazón». Y ya para el final dejó el rock de ‘El límite’, con algunos acoples que le molestaron, y el adiós con ‘Litros de alcohol’ (en realidad titulada ‘Hormigón, mujeres y alcohol’, que era como yo la conocía en su época), que fue una fiesta con los fieles entonando la letra: «litros de alcohol, corren por mis venas mujer, no tengo problemas de amor lo que me pasa es que estoy loco por privar…». Bueno, esto lo contaba para El Correo, por supuesto que los lectores de este blog conocen la letra mejor que yo.

Mereció la pena el viaje a Santander, empero la mala ecualización, el volumen insuficiente y la falta de rodaje de una banda que actúa poco, pero cuyos gregarios van soltándose y obteniendo más protagonismo desde que recalaron en el frontón de Éibar en diciembre del año pasado, donde Pato, Azpiazu, Torkel e Iñaki Gallardo salieron encantados. Una petición: ¡Que traigan a Ramoncín a fiestas de Bilbao, que seguro sería memorable!

ÓSCAR CUBILLO

Saludos finales del septeto Los Eléctricos del Diablo en Santander (foto: Mr. Duck).

+++ ENTREVISTA +++

***

«Yo no he dejado de tocar nunca jamás»

*** 

«Y te diré una cosa que es presumir: bandas eléctricas haciendo rock hay poquitas como nosotros», se jacta Ramoncín en esta larga entrevista concedida por la salida de la cuádruple y económica caja antológica ‘Quemando el tiempo’.

El roquero madrileño nos habla de grupos tributo, de su próximo álbum, del pirateo, de sus canciones más famosas o de la foto que ilustra un CD de esta caja y que se disparó en su reciente concierto de Éibar

 

Meses antes de celebrar los 40 años trascurridos desde la salida de su primer álbum, ‘Ramoncín y W.C.’ (1978), José Ramón Julio Márquez Martínez (Madrid, 25 de noviembre de 1955) preparaba el terreno para lo que ha de venir mediante la edición de la caja cuádruple ‘Quemando el tiempo’ (Warner), un recopilatorio que hemos visto a 17 tentadores euros en centros comerciales. ¡Y eso que son tres CDs más un DVD documental profesional y hagiográfico titulado ‘Una vida en el filo’ y dirigido por Charlie Arnaiz y Alberto Ortega! Este es el tráiler.

Con tal tetra-artefacto se reivindica Ramoncín. El CD1 (1978-95) extirpa sus hits primigenios barriobajeros (‘Cómete una paraguaya’, ‘Chuli’, ‘Valle del cas’, ‘Litros de alcohol’…), el CD2 (1986-2017) muestra su madurez lírica (‘La pared’, ‘Rosa’, ‘Peligro’…), y el CD3, titulado ‘Ramoncín en los huesos’, se envuelve en una carátula con una fotografía tomada en vivo en su reciente concierto en Éibar y su música desnuda con valor siete canciones (‘Al límite’, ‘Putney Bridge’…).

El controvertido Ramoncín, antaño por su tendencia al escándalo autopromocional y hogaño por su papel directivo en la SGAE, nos atendía al otro lado de la línea telefónica al poco de salir esta caja a la venta y comprobar que el mercado la aceptaba. La entrevista fue telefónica, encendimos la grabadora y…

¿Por qué lanzas ‘Quemando el tiempo’, una caja con tres CDs, un DVD y un librito en tiempos en que se supone que no se venden discos?

Bueno, este lanzamiento lo estamos vendiendo. Y bien, ja, ja… Es una broma, porque las cifras son ridículas comparadas con las de antes. Pero la industria debe seguir adelante y hay que seguir encontrando motivos, razones y objetos, y mirarlos de otra manera. Esto nos es simplemente un CD, sino un objeto con una tautología en torno a una peli documental que es la base fundamental por la que se prepara esta caja. En enero (de 2018) se cumplirán 40 años desde que saqué mi primer disco y ya era el momento de situar claramente las fechas y los hechos que han sido tan manipulados y confundidos durante tanto tiempo. Y creo que el objeto es tremendamente apetecible. Sobre el asunto de las ventas, pues es muy emocionante que te telefoneen la primera semana para decirte que estás en el Top 20 con un recopilatorio. Eso es muy llamativo y se agradece.

Ya.

Pero nunca, ni siquiera cuando vendía muchos miles de discos, sacaba los discos por esa razón. De hecho, cuando me decían ‘saca lo que quieras que se va a vender’, pues paré de grabar. Fue después del doble en directo (se refiere a ‘Al límite: Vivo y salvaje’, de 1990; luego tardó 8 años en lanzar ‘Miedo a soñar’; continúa Ramoncín:) Las ventas no han sido nunca mi motor de funcionamiento, pero sí creía que éste era el momento de sacar este ‘docu’, que es muy importante, más un disco doble de grandes éxitos y este ‘Ramoncín en los huesos’ que son canciones despojadas de instrumentación  y con un tema nuevo para darle atractivo y que merezca la pena gastar el dinero.

¿Qué imagen crees que tienen los jóvenes aficionados al rock de Ramoncín?

Los jóvenes muy jóvenes han perdido el contacto. Un chaval de 18 años no me conoce, salvo que tenga hermanos mayores o primos o padres que me seguían. O que venga un día a un concierto, donde me encuentro con chavales de 20 años, de 18… No son mayoría, pero vienen a verme. La imagen que tengan de mí depende de lo que hayan estado leyendo y de la capacidad que tengan de entender profundamente las cosas. Creo que hoy en día es imposible que alguien tenga un imagen nítida de cualquiera. De quien sea. Una de las razones por las que me gusta este documental es que se fija en mi vida y consigna los hechos y las fechas. Yo conozco la imagen de los chavales que vienen a verme en directo, que a menudo se acercan por sus mayores y porque conocen algunas canciones. No la gran mayoría de ellas, porque eso es imposible en un concierto de una persona de 60 años, ya sea mío o de cualquiera. Es gente objetiva y que sobre todo le interesa la música. Gente que oye una canción en un bar, y le gusta, y pregunta de quién es, y así acaba de descubrirlo y saca una idea objetiva. Cosa que suele ser muy difícil.

Te lo preguntaba porque da la sensación de que no te prodigas en directo. Al menos en Euskadi. ¿Con esta caja pretendes salir más a la carretera?

Yo no he dejado de tocar nunca jamás. Nunca. No ha habido año ni mes en el que yo no haya tocado. Y la impresión que me causaba subirme a un escenario ante 40.000 personas, o 5.000, no varía mucho si me pones en una sala de entre 500 y mil personas, que es lo que hacemos ahora. Siento la misma emoción. Incluso, en este momento de mi vida, me parece que esa cercanía es fundamental para mí y para la relación que mantengo con mi público y con la gente en general que viene a verme. Yo toco allá donde creo que debo tocar. No toco en plazas de pueblos, ni en ciertos festivales, ni nada de eso. A mí me gusta tocar para mi público. Pero no es algo nuevo. Yo en el 92 dije: ‘señores, paramos porque yo no quiero estar aquí’. Fue en las fiestas de Orense, con la gente al fondo jugando a la muñeca chochona y a la tómbola, y otros comiendo panceta, y los niños corriendo al pillo-pillo. Yo no me he metido en esto para hacer esto. Yo toco para mi público.

Pues eso no lo hace casi nadie. Abandonar los bolos a caché completo pagados por instituciones públicas.

Ya. Y si tú me planteas ahora, como cuando estuvimos en Éibar hace poco: ‘mira, hay un frontón de estas características y podemos vender estas entradas’, pues hablo con mi gente y si podemos, vamos. Yo no tengo ningún problema en ir a ningún sitio, pero para presentarme ante mi público. Y si hay una discoteca en Arrasate que quiere que vuelva y se pueden vender las entradas suficientes para tocar en condiciones y con el grupo al completo, con nuestro sonido, luces y repertorio, no tengo ningún inconveniente.

¿Cómo son tus conciertos en formato eléctrico al completo?

Tengo una banda, llamada Los Eléctricos Del Diablo, con músicos que algunos llevan conmigo más de 20 años, ¿eh? El guitarrista y el batería llevan conmigo muchísimo tiempo. Y los más nuevos, salvo un cambio reciente de bajista de hace un par de años, llevan conmigo 15 años. Hemos conseguido tener un repertorio muy ensayado. Al final te pones a mirar los discos y dices, ‘joder, 300 canciones. ¿Cuáles son las que todavía funcionan?’. Algunas no funcionan en directo, aunque signifiquen emocionalmente mucho para ti. Manejamos un repertorio de 40 temas y antes de cada concierto, si tenemos ensayo o nos juntamos para algo, decidimos cuáles tocamos: ésta para Éibar, ésta para Barcelona, ésta para Madrid… En Barcelona el concierto duró prácticamente tres horas. Depende cómo te sientas, de lo que quiera la gente, de cómo funciona la voz… Y te diré una cosa que es presumir: bandas eléctricas haciendo rock… rock, ¿eh?, inequívocamente rock… hay poquitas como nosotros. Eso hay que venir y verlo, je, je…

La portada del CD con la foto de Carlos Gª Azpiazu tomada en Éibar.

Tenía sitio en un coche que partió de Bilbao para verte en Éibar, pero no pude ir. Lo conducía Carlos García Azpiazu, quien te hizo una foto que has usado para una portada interior de los CDs de la caja ‘Quemando el tiempo’.

Sí, de Carlos. La portada del disco ‘Ramoncín en los huesos’ es de Carlos García Azpiazu, sí, sí. Eso fue increíble, porque digamos que vas con los fotógrafos oficiales, ¿no?, y de pronto te mandan material y una persona que no conoces envía una foto y la veo y digo: ‘esta es la foto’. Al final, un fotógrafo es un artista, un tipo que tiene ese momento, que sabe dónde poner la cámara, que mide perfectamente el ángulo… Es algo maravilloso. Además, este es un tipo que no está acostumbrado a retratarte todo el rato. Y la ves y te dices: ‘no hay foto que represente mejor mi relación actual con la gente’. Esa foto es como soy yo ahora, enfrentado al público en el escenario, y se ve esa mano de esa joven, de esa niña que está ahí con esa emoción. Es maravilloso. Pedí los permisos a Carlos, la compañía preparó el contrato que había que hacerle, y ahí está la foto…

Carlos me pide que te pregunte cuándo vas a sacar nuevo disco oficial.

Ja, ja, ja… Tengo mucho material. E incluso el título: ‘Descalzo entre ascuas’. Guardo material de sobra, pero en este asunto soy muy raro porque escribo una canción en enero, de repente llega la hora de grabar en primavera del siguiente año, y siento que se ha quedado vieja. Y estos (sus músicos) me dicen, ‘joder, pero si la acabamos de hacer’. Y yo no la descarto del todo, porque me puede valer el balanceo, la letra, el estribillo… De ahí el título: ‘Descalzo entre ascuas’. Canciones que se grabaron en los 80, como ‘Tormenta en la carretera’, despojadas de toda instrumentación y tocadas solamente con una guitarra, muy al estilo de Johnny Cash, valen por el texto y ésta parece que está grabada ayer. Es una canción que hecha de esta manera vale para cualquiera que tenga un grupo o sea un solista y salga mañana a tocar. Habla del negocio, de lo que pagas personalmente, de cómo te manipulan… Esa canción la clava. Y yo a la hora de componer intento que sea así. Inevitablemente, en los discos metes canciones y pensamientos que pertenecen al momento, que sirven para esa época y, cuando pasen los años, no tendrá sentido ni siquiera lo que se dice. Pero compones para que dure en el tiempo. Y ahora tengo mucho material y mi idea es grabar a finales de año para ver si al siguiente año, o bien en primavera, o bien en otoño, tenemos el disco nuevo.

Otra pregunta de Azpiazu: ¿qué te parece la proliferación de bandas tributo? A él no le gustan. A mí me parecen bien, porque no es obligatorio ir a verlas.

Pues ya lo has dicho: a mí no me gustan, pero que cada uno haga lo que quiera. Entiendo que salga una banda tributo de un grupo desaparecido. Tiene otro sentido. Una banda tributo a Beatles me parece estupendo. Pero yo no quiero una banda tributo a los Who si están los Who tocando por ahí. Ni a Extremoduro, que para eso me voy a ver a Extremoduro. Pero esos son mis gustos y la gente tiene todo el derecho del mundo a elegir a quién quiere ir a ver. A mí personalmente no me gustan.

Una de las ocasiones en que con su armónica se puso a cantar sobre un bafle de fuera del tablado (foto: Mr. Duck).

¿Conoces a alguna banda tributo a Ramoncín?

No, no, no… Y no me preguntes qué haría si hubiera una… Ja, ja, ja… Mira, yo creo que en los repertorios de los artistas de aquí en España no es una gran costumbre, pero si tú ves un concierto de los Stones, estoy seguro de que a pesar del gran repertorio original que tienen, seis y siete temas caen que no son de ellos. Del cancionero de blues tradicional o de lo que sea. Y tú vas a un concierto de Springsteen y seguro que toca canciones de otros artistas. El músico americano e inglés es muy de mover los repertorios y de tocar canciones de otros artistas. Un músico como Chris Cornell, que se colgó, era capaz de marcarse con la guitarra acústica el ‘Billie Jean’ de Michael Jackson. Eso se ha hecho siempre ahí, pero aquí no tanto. Aquí es más raro.

Ya.

Yo lo he comentado a lo largo de los años por ejemplo con la gente de Barón Rojo. Oye, por qué no hacéis el ‘Stairway To Heaven’, o el ‘Whole Lotta Love’. Hubiera sido estupendo que el público se acostumbrara a ver a un grupo como Barón Rojo tocando canciones de Led Zeppelin. O que vaya a un concierto de Loquillo y que toque canciones de Johnny Cash y de sus músicos favoritos, ¿no?

Loquillo ya adapta a Cash con ‘El hombre de negro’.

O de los Stray Cats… O que alguien venga a verme tocar a mí, pues sigo metiendo alguna versión. A mí eso me parece más normal. Y si un grupo sale y decide tocar un tema mío, o dos, me parece cojonudo. Eso debería proliferar más. Que los unos tocaran temas de los otros. Y que Rosendo hiciera un tema de Barricada y éstos de Rosendo. Eso solventaría el asunto de las bandas tributo. Y ya no te cuento cuando se trata de grupos que imitan a alguien. Para lo de los imitadores de Springsteen no tengo palabras. No quiero que se reproduzcan en un periódico…

¿Tu mayor éxito puede ser ‘Litros de alcohol’? Mis favoritas tuyas son ‘Litros’ y ‘Putney Bridge’. Las oía en la radio, en los bares…

Mi mayor éxito personal, el mío como compositor, mi gran canción, yo creo que es ‘Miedo a soñar’. A día de hoy creo que es un tema espectacular. Es un gran eje de los conciertos y prácticamente acabamos con ella en una gran tormenta eléctrica. Que la gente, que la humanidad, je, je, sepa que esta canción está ahí.

¡Ya lo sabe, ya los has dicho!

Ahora, ¿qué pasa con ‘Litros de alcohol’?, pues que se toca todos los días. Lo normal es que cierre todas las fiestas, o que se pinche en un bar y la gente la coree y la cante. Especialmente la versión en directo. Pero ‘Como un susurro’ fue un éxito tremendo. O ‘La chica de la puerta 16’. O ‘Al límite’. Pero sin duda, la más conocida es ‘Hormigón, mujeres y alcohol’, que todos llamamos ‘Litros de alcohol’.

¿Y una canción como ‘Marica de terciopelo’ podría hacerse famosa en unos tiempos tan políticamente correctos como los de hoy?

Imposible. No podría porque no es políticamente correcta. Y tampoco lo serían ‘El rey del pollo frito’, o ‘Paga a tu hombre’. ‘Marica de terciopelo’ la escribí en 1978 porque yo no entendía ese retraso y esa represión. En mi barrio había uno que tenía un kiosco de esos que vendían tabaco y chucherías y tal, y era el kiosco de Antonio El Marica. Te lo decía tu padre, o tu madre, o el vecino: ‘ve adonde Antonio El Marica y compra…’. Era tremendo. En esa época, cuando la interpreté en la tele, aún existía la ‘Ley de vagos y maleantes’, que luego se llamó ‘Ley de peligrosidad social’, y sólo por ser gay podías ser detenido y no te digo lo que les hacían en los calabozos de las comisarías. Ya no en Madrid o Barcelona, pues no quiero ni imaginarme en pueblos y sitios más cerrados. Escribí esa canción y tenía que ser así, no valía ‘Homosexual de terciopelo’, ni ‘Gay de terciopelo’.

Ajá.

Hoy día tengo la fortuna de tener amigos en los colectivos LGTBI que reconocen que un chaval con 17 años que no pertenece a ese colectivo oye esta canción y entiende que esa gente necesita un apoyo. Por eso, cuando yo salí en la tele en la primavera del año 1978, me acerco al micrófono para cantar en directo en un programa que veían 18 millones y medio de personas y digo: ‘dedico esta canción a todos los que aún tenéis metidos en la cárcel’. Sin excepción. Y estaba hablando de los presos políticos que seguían llevando a la cárcel después de tres años de la muerte de Francio. Y por supuesto, de gays, luchadores por la libertad, etc. Hoy en día nadie te dejaría ir a una televisión, y mucho menos pública, a cantar en directo no solo eso, sino una canción de amor. Lo cual es muy triste, claro.

Ramoncín ofició elegante y estilizado con un chaleco de cuero que por detrás tenía lunares (foto: Mr. Duck).

¿Podrías analizar tu evolución como músico, como roquero, con estos discos de la caja? ¿Diste un cambio con la canción ‘Como un susurro’, ese medio tiempo tan springsteeniano, del LP ‘La vida en el filo’ (86)?

Yo grabo continuamente desde el 78 hasta el 90, que sacamos el doble en directo. A un disco por año prácticamente, ¿no? Y creo que después de todo este recorrido es en el disco ‘Miedo a soñar’ (98), el que más tardé en hacer, en el que aplico mucho mejor todo lo que he aprendido. Pero sí es verdad que la cosa se amplía cuando grabo ‘La vida en el filo’, que se centra en la balada ‘Como un susurro’, que es muy roquera, con la guitarra de Brian May de Queen. De repente, quien no se había interesado o no se había fijado en un roquero de barrio que cantaba ‘Litros de alcohol’ y ‘Marica de terciopelo’, se fijó y dimos un salto y llegamos rápidamente al disco de oro y al disco de platino. Cuando eran 50.000 y 100.000 copias, no como ahora, que son 20.000 y 40.000 copias.

Claro, claro.

Sí, ahí cambió el público. Y mira, si tú oyes ‘Cuando el diablo canta’ (2011), mi último disco en estudio, yo podría situar cualquiera de esas canciones en un disco anterior. Es un juego que yo hago y creo que alguien se ha dado cuenta. Podría coger la canción ‘La puta suerte’ y ponerla en el LP ‘Barriobajero’ (79). Y creo que ‘Sombra y sueños’ podría encajar en el disco ‘Miedo a soñar’ (98).

Hablemos un poco del documental. En él se refleja cuando apareces como adalid del antipirateo en la música y te ponen en la diana. Es curioso y paradójico que haya otros grupos, por ejemplo Def Con Dos, que también luchan contra ello y llegan a exigir que se prohíba la venta de camisetas piratas, y a esos nadie les reprocha nada.

Yo no quería ser adalid de nada, pero había que hacerlo. Algunos tenemos conciencia de clase, conciencia de trabajo, y yo he visto como mi vieja le cosía los puntos a mi viejo después del Primero de Mayo por manifestarse en defensa de sus derechos. Yo es algo que he entendido toda mi vida. Yo fui a defender mis derechos porque creía que había que hacerlo. El problema es que cuando uno coge una bandera, se vuelve y ve los que van detrás. Si se me cae la bandera, que la coja otro, ¿no? Y miro y no había nadie. Eso de portar la bandera no fue serio, es una auténtica gilipollez. De eso me di cuenta un poco tarde. Quizá sucedió todo eso por mi manera de decir las cosas, o porque tengo más proyección mediática, pero el caso es que estaba defendiendo unos derechos laborales, tan importantes como los tuyos, los del conserje de la casa o los del ingeniero de caminos. Para eso necesitas que el colectivo entero esté detrás.

Muchos compañeros de profesión te señalaron.

Ya. Y claro, ahora vienen y te dicen: ‘hostia, tenías razón’. Y sí, hace diez años también la tenía. Me podría haber ahorrado la amargura. Y lo que hace diez años nos sucedía a nosotros, a los músicos, ahora la pasa a todo el mundo. Ahora tienen problemas los taxistas, los que venden pan, los que venden bolsos, los perfumistas, los del cine, los escritores, y especialmente los medios de comunicación. Lo mío antes les hacía gracia a los periódicos. La putada es lo que he vivido durante estos diez años. Pero bueno, las cosas se hacen y no hay que arrepentirse.

ÓSCAR CUBILLO   

 

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