CINE: ‘Morir’: La doble muerte

 

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Texto por GERARDO CREMER

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Estreno: 6 de octubre de 2017

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Director: Fernando Franco

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Calificación: 3 estrellas sobre 5

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Trailer de ‘Morir’

 

(ATENCIÓN SPOILER: a partir de la división en cuatro partes de la película, se desentraña toda la trama)

 

En ‘Morir’, Fernando Franco (Sevilla, 1976) repite con los actores protagonistas de ‘La herida’ (2013, ver aquí la reseña de esa película), Marian Álvarez y Andrés Gertrúdix, y con el director de fotografía Santiago Racaj. ‘Morir’ es otro guión (como ‘La herida’) sobre el dolor no deseado, sobre la angustia que surge ante la incapacidad de no poder controlar nuestro destino, incluso nuestro día a día.

Fernando Franco se coloca en la radicalidad de un cine español intencionadamente alejado de las temáticas y estructuras tradicionales (éstas que beben del propio clasicismo y tradicionalismo del cine español), del cine de género, de las estrategias comerciales, y se alinea con otro grupo de directores que fundamentan sus trabajos en la diferencia, sin tener en cuenta los gustos y tendencias de los espectadores. Al cine de Fernando Franco podemos situarle al mismo nivel que el de Carlos Vermut, Jaime Rosales, Agustí Villaronga, Pablo Berger, Manuel Marín Cuenca, Isaki Lacuesta, Marc Recha, Albert Serra, Carla Simón, Mar Coll o Cesc Gay. Todos ellos capaces de lograr algún éxito por su sinceridad como narradores pero que, en la mayor parte de los casos, funcionan al margen de los intereses de las distribuidoras.

‘Morir’ es un film más trabajado que ‘La herida’, más reflexionado y elaborado (aquí se nota la mano en el guión de Coral Cruz, autora del libro sobre escritura de guiones ‘Imágenes narradas’). Tomando como base la novela corta de Arthur Schnitzler, sobre el último año de vida de un joven tísico, Félix, a finales del siglo XIX, que anuncia a su pareja, Marie, su próxima muerte. Schnitzler es un autor austriaco muy cercano en sus intereses al psicoanálisis de Sigmund Freud y a la medicina. Su obra (en bastantes ocasiones adaptada al cine, ‘La ronde’, 1950, de Ophüls, y ‘Eyes Wide Shut’, 1999, de Kubrick) destaca por el autoanálisis (usando principalmente la figura retórica del monólogo interior) para desmarcarse de las normas establecidas (muchas de sus novelas fueron tildadas de escandalosas en su época), y por tratar con frialdad y profundidad el comportamiento humano en situaciones psicológicas extremas.

Arthur Schnitzler, autor austriaco de la novela ‘Morir’.

Fernando Franco adapta la novela, desvinculándola del contexto sociopolítico, de esa imagen de la Viena crepuscular de finales del XIX y principios del XX, que vivió el esplendor de  su cultura y felicidad aunque se aproximaba inexorablemente a la etapa final de la autodestrucción. Como en la novela, el film de Franco evita encuadrar a sus protagonistas en su “historia”. La narración se vive en presente y apenas sabemos nada del pasado y la vida de sus protagonistas. Tampoco hay una preocupación por el más allá. Aunque la muerte se palpa en cada segundo de vida, el miedo en las horas finales nace al contemplar el abismo, el vacío infinito una vez cruzada la franja de la existencia. No hay mención a Dios, sino la soledad del individuo frente a sus pensamientos y angustias.

Lo mismo que la novela de Schnitzler, la película de Franco no es fácil de ver. Tampoco lo fue su ópera prima (‘La herida’). Coral Cruz y Fernando Franco dividen el último tramo de vida del protagonista, Luis (Andrés Gertrúdix) en cuatro partes.

En la primera, usando de fondo los escenarios naturales del norte de España, se trasmite la sensación de aislamiento, de felicidad ausente, de comunicación restringida. Marta (Marian Álvarez) y Luis pasan sus vacaciones en una casa de un amigo junto al mar. Los diálogos escasos (tan cortos que no llegan a resultar naturales) y un comportamiento correcto, excesivamente sosegado, marcan el timing vital de la pareja. Unas vacaciones sin contacto con amigos, sólo ellos dos, pero al mismo tiempo distantes el uno del otro. Pronto se verá que aquello que les separa es la enfermedad de Luis: la gravedad de su mal y los malos resultados de las pruebas médicas realizadas. Para Marta, esto es un shock, difícil de asimilar y aceptar. Luis ya se ha mentalizado de su fin, está convencido de que no merece la pena volver a los médicos (ha vivido anteriormente esta experiencia con su padre), aunque Marta trata de agarrase a la esperanza de una posible intervención médica, siempre con la esperanza de que su relación con Luis tenga algún sentido.

Unas vacaciones sin contacto con amigos, sólo ellos dos, pero al mismo tiempo distantes el uno del otro.

La segunda parte corresponde a la estancia de Luis en el hospital. Aquí la distancia entre Marta y Luis, apreciada en la primera parte, se acentúa. Uno de los mejores momentos de la película corresponde a la estancia en la habitación del hospital, una vez terminada la operación. Marta decide pasar la noche con él. Quizá ella busca un gesto, una expresión de condescendencia en la que Luis agradezca su sacrificio (incluso ella ha dejado durante unas semanas su trabajo para concentrarse en sus cuidados). Pero cuando Luis la mira, en sus ojos se aprecia el gesto de resentimiento, de falta de generosidad (puede que de un cierto desagrado hacia su persona que no llega a explicarse bien en el film). Cuando llega la noche, Luis empieza a tener un terrible dolor de cabeza. Pide ayuda con sus gritos: gritos de súplica para que pare el dolor. En él hay indefensión. Marta se levanta, trata de apaciguarle. Pero ella también se ve impotente ante la situación. Pide ayuda a una enfermera y se sorprende cuando ésta le dice a Luis que debe esperar, que debe soportar el dolor, hasta la mañana siguiente, cuando llegue el doctor.

La secuencia es desoladora. Marca una distancia abismal entre los protagonistas. Los hechos ponen sus sentimientos y sus reacciones al descubierto. Sin tapujos. El miedo al dolor, el miedo a la muerte, la impotencia de no poder ayudar, la distancia que separa al hombre y la mujer cuando ya no hay posibilidad de amar con sexo, sino simplemente el hecho de estar el uno junto al otro, con compasión, pero también con la vergüenza de ocultar los sentimientos verdaderos, manteniéndolos reprimidos, agarrándose a una esperanza que parece imposible de alcanzar.

La tercera parte se desarrolla en su casa de ciudad. Unos días de esperanza una vez que él sale del hospital, un destello de fortaleza, un espejismo que pronto se desvanece ante sus ojos cuando vuelve el dolor, con la certeza de que la enfermedad no ha sido vencida. En esta parte se potencia el intento de relación de Marta y Luis con otras personas. Relaciones también truncadas cuando ambos asumen que su existencia se concentra ya únicamente en la esencia. Sobra todo lo demás. Los amigos, la familia, el trabajo, todo pasa a un segundo plano. Una reacción mucho más acentuada y radical de Luis (véase la escena en la que Luis evita encontrarse con su mejor amigo que viene a pedirle un pedal de guitarra), pero que también contagia a Marta, quien se encuentra perdida, en un callejón sin salida que solo puede resolverse con la muerte de Luis.

La impotencia durante la enfermedad y las difíciles relaciones de la pareja marcan la historia de ‘Morir’.

En esta parte es donde más se potencia el dolor interior, la angustia y la impotencia ante cualquier intento de actuación. Ambos están metidos en un túnel oscuro sin salida, solos. Un infierno que no solo incluye el miedo a perder la vida, sino que se acentúa con el daño que ambos se profesan. Él no evita expresar resentimiento. Sabe que de esta aventura ella se salvará, vivirá nuevos días, disfrutará del agua del mar y del sol y del amor y le olvidará. Y ella no pude evitar apartarse de ese calvario autoimpuesto, exteriormente cargado de conmiseración pero interiormente egoísta, negando el deseo de volver a existir una vez él haya muerto.

La última parte de la película vuelve a acontecer en la misma casa junto a la costa, en el mismo lugar que hace un año, donde Marta conoció la noticia de la enfermedad. Luis agoniza. Su aislamiento es absoluto. Prescinde de Marta como pareja pero la requiere como enfermera, esperando continuamente de sus cuidados, aunque también avergonzado de su estado. La situación llega a hacerse insostenible y Marta decide marcharse. Pero al final regresa y en un hermoso final, ante las últimas agónicas palabras de Luis, donde reconoce, llorando, su miedo a morir, Marta le acompaña al pie de la cama, dejando que esa vida de sufrimiento y miedo se vaya para siempre y les permita descansar.

GERARDO CREMER

Luis contempla lo que otros contemplarán cuando él haya muerto.

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