Café Quijano: Románticos empedernidos

El teatro lleno dando palmas al son de Manuel Quijano (foto: Carlos García Azpiazu).

CAL: *

Miércoles 13 de diciembre de 2017, Bilbao, Teatro Campos, 20.30 h, entradas de  20 a 35 €.

 

Con sonido limpio, poco volumen y mucho humo en escena, Café Quijano conmemoraron sus veinte años en un Campos agotado y estupefacto que gritó bravo a los boleros y a sus canciones más pop y se carcajeó con la cháchara monologuista del hermano Manuel, el líder

 

El grupo de tres hermanos leoneses Café Quijano, tras un lustro tocando boleros (y otro previo en el dique seco ocupados en otras tareas), ha vuelto al sonido pop-rock eléctrico en una gira que celebra sus veinte años de trayectoria, efeméride subrayada con el lanzamiento de un single veraniego junto a Willy ‘Taburete’ Bárcenas, ‘Perdonarme’. No obstante, no sonaron tan eléctricos este miércoles en un Teatro Campos con las entradas agotadísimas y el público agolpado, feliz y excitado, un público bastante veterano y femenino, miren por dónde. No, no dieron un show tan eléctrico, a pesar de actuar el líder Manuel, el moreno Óscar y el simpático Raúl Quijano actuaron en septeto con dos percusiones y tres guitarras, con preferencia por el sonido limpio de la Fender Stratocaster y sin distorsión, ni alto volumen, ni empaque roquista, no sea que se asuste la clientela.

Pero fue la del miércoles una buena ocasión para comparar las dos facetas de Café Quijano: la bolerista y la popera y comercial, ambas dando mayor importancia a las letras, a esas canciones que resumen historias de amor, como informó el charlatán Manuel, de humor algo Kepa Junkera, quien dilató en demasía el show y sólo por unos minutos cogimos el último metro de vuelta a casa. 20 canciones sonaron en dos horas y cuarto, en 135 minutos, y nos quedamos con los boleros, con esos dramas generados por desamores pues, a pesar de sus rostros, los Quijano no hacen más que sufrir, según afirmó Manuel: «un mal de amores, una canción, ¡y hemos sacado tres álbumes!», formuló el brother de la voz cantante.

Manuel Quijano, centro de los focos y dueño del micrófono, contó que tuvo una novia en Algorta (foto: Carlos García Azpiazu).

En trío bolerista y fraterno les quedaron muy bien ‘Qué más da’ (premiado con bravos y larga ovación y cerrado con la larga reverencia de los tres oficiantes) y ‘Te matan los celos’ (con el escenario en rojo y blanco), y bien ‘Mi preciosa amiga’ (de aire napolitano al gusto de Elvis) y el sinuoso ‘Me enamoras con todo’ (una canción que les gustaría protagonizar, anunciaron, por eso del encantarse con cada gesto de la pareja; aquí va el clip oficial).

Óscar, Manuel y Raúl Quijano en acústico con camisa blanca, tocando un bolero (foto: Carlos García Azpiazu).

En los boleros sonaron más delicados y elegantes que en los éxitos de pop-rock que lanzaron en cuatro álbumes oficiales entre 1998-2003, campo pop donde Café Quijano narran historias a veces más de tebeo, oscilando entre el pop latino a lo Jarabe de Palo (‘Dame de esa boca’) y el pop pijo que seguro ha influido a sus amigos de Taburete (‘La Magdalena’). Y de tal guisa, en septeto, en un escenario con muchas luces aunque no frontales para disgusto del fotógrafo Azpiazu y abundantes andanadas de humo (oía la batería y la percusión, pero no veía a esos músicos), con mal sonido en la primera canción (‘Nada de na’) y poca pegada premeditada en el resto del repertorio amplificado (‘Las llaves de Raquel’, ejemplo de la importancia lírica de los Quijano), C.Q. lograron meterse en el bolsillo al respetable entregado de antemano gracias a canciones que crecían dentro de sí mismas (casi todos sus éxitos medran y están dotados de pegajosos estribillos circulares) y a la propensión monologuista de Manuel, que empezó a hablarnos al saludarnos así a mitad de la tercera canción, la bastante jarabesca y algo yeyeísta ‘Qué poca cosa’: «Gabón, buenas noches», sonrisa sincera de Manuel ante la reacción del gentío; «¿cómo estáis?… Ay, qué sosos… ¿Cómo estáis?… Ahora sí… Pues que sepáis que nosotros estamos encantados»; y remató: «Para nosotros venir a Bilbao es una satisfacción por varias razones: aquí tenemos amigos, familia y muchos recuerdos». Y explicó que venían a «contar verdades en forma de canciones, sobre todo canciones de amor», y que a pesar de lo que se rumorea ellos no han protagonizado todas sus composiciones, pues de ser así «estaríamos muertos».

El moreno Óscar, el charlatán Manuel y el empático Raúl Quijano en formato eléctrico (foto: Carlos García Azpiazu).

La cuarta, ‘Cerrando bares’, sí la han protagonizado, y los tres hermanos, vestidos con camisas blancas y a veces tocando delante del tablado en plan roqueros y compartiendo focos con su orondo guitarrista solista, que iba de negro, se dejaron llevar hasta el final, creciendo Café Quijano en no pocas canciones (la balada ‘Cinco letras’, la animada ‘Desde Brasil’ antes del bis…), el público participando a la mínima (las palmas contentas en el reggae ‘No tienes corazón’ que grabaron con Sabina, los brazos alzados y los coros en el rock sabiniano ‘La Lola’ que estiraron a su antojo…), intercalando en el ecuador el séxtuple pasaje bolerista (con la banda al completo tocaron las dos no citadas: ‘Cuatro palabras nada más’ –donde Manuel intercaló un discurso autodefiniéndose como «románticos empedernidos que creen en el amor eterno»- y ‘Robarle tiempo al tiempo’ –muy Taburete ésta-), los espectadores que ya les hemos catado en vivo (yo tres veces) escuchando otra vez los mismos chistes de Manuel (ese de que entre el público estaban los suegros de Raúl o la larguísima historieta de cuando Manuel vivía en Algorta con una chica de ahí, y él cocinaba para ella, recogía la mesa, ponía la colada –esta vez no apostilló que le dio tiempo a bajar la basura-)…

La penúltima, en el bis, cantando ‘Perdonarme’, la del single con Willy Taburete (foto: Carlos García Azpiazu).

… y llegando hasta el bis cuádruple, donde se notó bastante el tono demasiado uniforme de la voz de Manuel y que tocaron ralentizando las interpretaciones, a veces con una marcha menos: ‘Tequila’ tipo Taburete hendrixianos; ‘Sólo te puedo decir’ y su lírica de autoayuda que pareció pueril; y ya con el público en pie su último single con Willy Taburete, ‘Perdonarme’, que sonó blando y acústico, con dos guitarras y el público ondulando los brazos, y el cierre definitivo con ‘La taberna del Buda’, con la estupefacción de la multitud, que se puso a ovacionar, a silbar y a gritar ‘bravo’ y ‘oso ondo’ (muy bien en vascuence) al acabar el show amoroso de los Quijano, un tanto moroso pero efectivo para sus fans.

OSCAR CUBILLO

Vídeo clip de ‘Perdonarme’, con sus discípulo y amigo Willy Taburete.

Saludos finales de los hermanos, que como se dedican a lo mismo no tienen que contárselo al volver a casa, dijo el monologuista Manuel (foto: Carlos García Azpiazu).

 

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