Juan Ortiz Trio & David Elejalde: Cojo homenaje a Sinatra (+ entrevista)

 

Elejalde en el centro del escenario jazzístico del Izar & Star, en el Euskalduna (foto: Mr. Duck).

CAL: *

Viernes 22 de diciembre de 2017, Bilbao, 8º Ciclo Izar & Star, Palacio Euskalduna, 21.30 h, 15-18 €.

Evocaba Juan Ortiz: «Jerry Corral, el organizador del Izar & Star me entrevistó el año pasado por la Muestra BBK Jazz. Me preguntó por mis trabajos en el extranjero y le conté que uno había sido de pianista en un transatlántico durante seis meses. Al ser un crucero con mayoría de pasajeros estadounidenses solíamos tocar canciones típicas del cancionero de jazz americano, con muchos títulos que popularizó Frank Sinatra. Al terminar la entrevista me propuso hacerle un homenaje con mi trío más un cantante, y creo que tardé un segundo en responder que sí, claro. También habrá varios temas navideños».

 

El pianista bilbaíno residente en Japón evocó su empleo en la orquesta de un crucero caribeño mediante un tributo a La Voz, a quien, claro, no igualó el cantante invitado, el vitoriano residente en Madrid David Elejalde

 

Fue un osado atrevimiento, un arriesgado reto espoleado por la pasión de fan. Nos referimos al descompensado, al cojo homenaje que el pianista bilbaíno de jazz afincado en Japón Juan Ortiz (es es su Bandcamp) preparó en el ciclo Izar & Star, ese en el que músicos vascos se rinden a sus influencias, favoritos o ídolos. Juan eligió al inconmensurable Frank Sinatra (1915-1998), alias ‘La Voz’, y, me duele decirlo, la apuesta renqueó por el cantante, el vitoriano vecino de Madrid David Elejalde, a quien se le debe elogiar la elegancia escénica (¡pajarita incluida!), el mostacho (no es broma), el interpretar esos grandes clásicos sin apoyarse en un atril con las letras y la cuidada vocalización del idioma inglés. Lo que pasa es que se anunció que el encargado del micrófono tendría una entonación similar a Sinatra, pero no: no le recordó ni en timbre, ni en quiebros, ni en chulería cool, ni casi en el swing debido a su entonación envarada.

Sin embargo, por debajo de Elejalde el Juan Ortiz Trío bullía brillante y con una autenticidad atemporal y exportable. La cita duró 97 minutos (contando el intermedio) para 14 piezas (7+7), entre ellas tres instrumentales (grrrr… me perdí la doble introducción con ‘The Baby Is A Tramp’ y mi favorito ‘Mack The Knife’ porque estaba llegando a pie desde Kiko Veneno en la Sala BBK, al otro extremo de la Gran Vía bilbaína). Habría unas 200 personas en la Sala A 1 del Euskalduna, dividida con un telón a mitad del patio de butacas que convertía en más íntimo el espacio, y la mayoría aplaudieron a rabiar el esfuerzo, destaquémoslo también (no solo los numerosos amigos y familiares presentes).

Desde que el bueno de Elejalde cantó la primera, ‘I’ve Got My Love To Keep Me Warm’, muy por debajo del homenajeado, ya se pudo intuir que la velada no alcanzaría grandes cimas. Quizá la mejor interpretación vocal de la primera parte (y del concierto) fue ‘The Best Is To Come’, por ser un tema muy marcado, casi recitado, aunque Elejalde no alcanzó ni los agudos ni los arañazos de Frankie. El villancico ‘Let It Snow’ no atrapó y pensé en que este standard les queda mejor a los Travellin’ Brothers, y, tras contarnos el cantante que ‘volar’ es un verbo que se repite en canciones de La Voz, una obsesión del mito, escogió una correcta ‘Fly Me To The Moon’, que resonó tipo Michael Bublé indie y atesoró un solo de dedos mágicos de Ortiz.

Dúo piano y voz en ‘One For My Baby And One More For The Road’ (foto: Mr. Duck).

Tras el intermedio se reanudó la velada con Ortiz a solas en una balada: ‘Blame It On My Youth’, la presentó al acabarla e informó que Sinatra la solía cantar. De seguido a dúo, con Elejalde agarrando un vaso de vino tinto en vez de whisky, volví a pensar en Bublé en la también correcta ‘One For My Baby And One More For The Road’, con aire de club. El trío elevó nivel del villancico ‘Santa Claus Is Coming To Town’ y monótono en general parecieron el insuperable ‘I’ve Got You Under My Skin’ y ‘You Make Me Feel So Young’. El respetable pidió bis y, precedidos por la cháchara sin mucha chispa también de Elejalde (en un chiste se llamó ‘cantonto’; creo que es la primera vez que lo oía y que nadie piense que lo digo con doble sentido, que estoy vigilando mucho cada expresión), cayeron otros dos standards navideños en el concedido bis: un átono ‘White Christmas’ y un ‘Jingle Bells’ en el que el trío piano-batería-contrabajo no tuvo piedad del cantante, que pareció débil y fue aplastado (mención especial a la introducción batucada del baterista).

Concluyendo: David Elejalde pudo mantener el tipo en tres standards sinatrianos (‘The Best Is To Come’, ‘Fly Me To The Moon’ y ‘One For My Baby And One More For The Road’) y en los cuatro villancicos no le acompañó el espíritu navideño, la inspiración de la Natividad. Ah, al salir vimos a Ortiz vendiendo y firmando discos acompañado de una dama nipona, su señora suponemos, lo cual nos da pie a refrescar la siguiente entrevista que le hicimos en mayo de este año que acaba, 2017.

OSCAR CUBILLO

Frank Sinatra cantando ‘One For My Baby And One More For The Road’ a dúo con el piano, en 1962, en blanco y negro, fumando y quién sabe si bebido.

 

Saludos finales en el homenaje a Sinatra (foto: Mr. Duck).

 

+++ ENTREVISTA +++

***

«Vine a Japón por amor…»

«… Y me quedé por trabajo. Y por amor, claro», desvela el pianista bilbaíno de jazz,

quien tras varios años en Hiroshima este enero de 2018 se mudará a Tokio

Esta entrevista, aún vigente, la mantuvimos en mayo de 2017, y empezábamos diciendo que hasta treinta horas en avión con distintas escalas puede tardar en regresar a su casa el pianista de jazz Juan Ortiz (Bilbao, 1984), que echó los dientes tocando en los funkies The Cherry Boppers y que ha editado dos discos de jazz con la altura teclista de Gonzalo Rubalcaba y al que hemos visto tocar con figuras como el saxofonista Andrzej Olejniczak o los bateristas Hilario Rodeiro y Borja Barrueta. Como músico no tiene fronteras, pues ha trabajado en Nepal, en cruceros marítimos y ahora reside en Japón, en Hiroshima, aunque en enero del 18 se muda a la capital, Tokio.

Tampoco Ortiz se arredra ante las fronteras estilísticas, pues en mayo regresó a su ciudad natal para presentar su tercer opus, un EP de cuatro cortes y 20 minutos titulado ‘Winter Tales’ y que se puede oír en su BandcampÉl lo etiqueta como ‘electrónica’, pero Ortiz sigue tocando teclados (a veces a lo Ludovico Einaudi) y los emborrona, o refuerza, o garabatea con arreglos y ritmos electrónico. Como informa en el mentado Bandcamp, para grabar este ‘Winter Tales’ ha usado este material: Prepared Upright Piano («o sea piano de pared preparado, y digo preparado porque le pongo algunas percusiones y trapos a las cuerdas y teclas para conseguir sonoridades diferentes», explica el músico), Rhodes Mk I, Juno 106, Chorus Echo RE-501, Roland TR-8, Hammond Organ X5, Moog Mother 32 y Ableton Push 2.

Esta conversación mantuvimos por mail en varias sesiones este mayo:

Hola, Juan. ¿Dónde andas? ¿Son siete horas de diferencia?

¡Hola! Te respondo desde una cafetería en Shibuya, uno de los centros neurálgicos de Tokio, durante un rato libre que tengo entre una sesión de grabación y un concierto. Ahora son siete horas más. Y pueden ser ocho, dependiendo de la época del año. Aquí y ahora mismo es la hora de comer y allí estaréis durmiendo todavía. La mayoría…

¿Vives en el centro de Hiroshima?

Vivo no lejos del centro, pero cada uno o dos meses suelo venir a Tokio a trabajar.

¿Cuándo y por qué te quedaste ahí? ¿Fue por trabajo, por amor…?

Pues la verdad que vine por amor y me quedé por trabajo. Y por amor, claro. Estoy casado con una chica japonesa y, como ahora nos está yendo bien, hemos decidido quedarnos a vivir en Hiroshima un poco más.

¿Qué haces en Hiroshina un día de trabajo normal?

Normalmente suelo estudiar o trabajar desde casa por las mañanas, componiendo música, y doy conciertos por las tardes o noches. Imparto algunas clases, a veces por Skype, y doy conciertos por Hiroshima y por ciudades aledañas: Yamaguchi, Shimonoseki, Okayama… En este país (Japón) hay mucho amor por el jazz en directo y hay muchos clubs en casi todas las ciudades programando conciertos casi todos los días.

¿Y en un día libre?

Pues estudio más.

Juan Ortiz mirando la vida pasar en Shimokitazawa, Tokio (foto: Víctor Alonso).

¿Qué clima hay por ahí? ¿Buen tiempo?

Las mejores épocas son primavera y otoño. El verano es muy caluroso y húmedo, y el invierno frío y seco.

¿Conoces a más occidentales, más españoles, más bilbaínos por ahí?

Occidentales hay bastantes, sobre todo en Tokio porque en Hiroshima no tanto. Españoles sí conozco a varios, tampoco a muchos, pero no a bilbaínos.

¿En qué idioma hablas ahí?

En Japón suelo hablar inglés y japonés, dependiendo de con quien esté. Aunque mi japonés no es muy fluido, me defiendo un poquitín.

¿La gente de Hiroshima recuerda constantemente lo de la bomba atómica?

No lo recuerdan constantemente, pero no lo olvidan.  El único edificio que sigue en pie después de la tragedia, que seguro que habréis visto en muchas fotos, se habría derrumbado hace tiempo de no ser por el mantenimiento con que lo preservan. No desean deshacerse del recuerdo para que no se les olvide lo que sucedió y porque tal vez ayude a que no vuelva a pasar otra vez.

Ya.

En su día una cosa me resultó llamativa en el ‘Peace Memorial Park’, un parque del centro de Hiroshima que recuerda a los muertos por la tragedia. En el centro hay una escultura en la que reza algo así como: «Perdonadnos -a los muertos en Hiroshima- por el error que cometimos, no volverá a suceder».

¿Ahí hay miedo a Corea del Norte y a sus misiles cada vez con más largo alcance?

Sí, la verdad es que las relaciones con Corea del Norte no son de amistad precisamente. Pero el gobierno japonés no está por la labor de empezar ningún conflicto a pesar de las provocaciones del líder norcoreano. Más que miedo, hay preocupación.

¿En el pacifista Japón no hay cada vez más partidarios del rearme ante esta amenaza norcoreana?

Como te comentaba, sí que es cierto que hay preocupación por la creciente prepotencia y sinsentido de las decisiones del gobierno norcoreano, pero en Japón no están por la labor de coger las armas para nada.

¿Y por qué te rearmas tú con electrónica?

Porque si en lugar de armas hubiese más instrumentos musicales, en el mundo habría más paz.

Vaya… ¿La electrónica no puede llegar a ser una forma de banalizar la música que podría asumir casi cualquiera con una maquinita? Hace poco vimos al Chris Potter Quartet y el líder coló dos o tres intros con loops que no pintaban nada, quizá sólo servían para que descansaran los músicos algunos minutos.

En mi opinión, una maquinita es un instrumento musical más. Si se practica lo suficiente y se utiliza correctamente y en el momento adecuado, sirve para hacer buena música. No estoy familiarizado con lo que dices de Chris Potter, así que no puedo opinar al respecto, pero lo que sí puedo afirmar es que la música está en constante evolución. Hoy en día hay grandes músicos por todo el mundo buscando formas de fusionar el jazz con la música electrónica. Luego algunos te pueden gustar más y otros menos, pero por ejemplo la gente arrancó las sillas del teatro después de escuchar por primera vez la Consagración de la Primavera de Stravinski y hoy en día es considerada como obra maestra. Lo que quiero decir es que solo el tiempo dirá quien escogió el mejor camino, y cuáles serán las grandes influencias para la siguiente generación de músicos.

¿Hay diferencias entre tu jazz y tu faceta electrónica?

Si, sobre todo porque utilizo diferentes instrumentos. Pero al final soy el mismo músico intentando entretener y agradar al público que me escucha.

¿Y los públicos que te siguen son distintos en cada faceta?

Depende. Hay gente a la que le gusta más mi faceta electrónica, a otros les atrae más mi faceta jazzística, y a otros simplemente les gusta la música que hago, independientemente del estilo que haga. Como te decía antes, al final soy la misma persona pero utilizando diferentes medios.

En la banda del trombonista de la Tokyo Ska Paradise (foto: remitida).

¿Cómo es el público japonés en general? ¿Frío, entusiasta, friki? Yo que sé, el que puede ir a ver a Springsteen.

Para alguien que viene a tocar a Japón por primera vez, el público nipón puede resultar frío. Pero son muy amantes y devotos del arte. Si les gusta algo, ya sea jazz, blues, arte contemporáneo o comic, se entregan a ello por completo. En general apoyan mucho a los artistas que les gustan. Si son músicos, van a todos sus conciertos y compran todos sus discos. Si son artistas acuden a todas sus exposiciones y compran algunas obras. En este sentido yo respeto mucho al público japonés porque realmente gracias a ellos los artistas nos podemos ganar la vida.

¿Tú has actuado en China, en Corea… del Sur…?

No. En China solo he estado de paso y nunca en Corea del Sur. Sí en otros países asiáticos, pero no en estos dos.

¿En cuáles?

Nepal, India, Bangladesh y, obviamente, Japón.

Tu tercera referencia es el EP ‘Winter Tales’, donde presentas tu faceta electrónica y en el que también tocas mucho los teclados. Coméntalo.

Sí, ‘Winter Tales’ es un proyecto que tenía en mente desde hace muchos años y que finalmente he materializado en un EP físico. Siempre había pensado en hacer un proyecto en solitario mezclando electrónica y jazz, y he conseguido un sonido que me gusta y un formato con el que me encuentro a gusto en un escenario.

O sea en solitario.

El proyecto surgió principalmente de la necesidad de ser yo mi propia banda. De elegir exactamente los ritmos, melodías, bajos y sonidos que quiero, a la vez que me permite improvisar en directo. Tuve la idea hace varios años y finalmente he dado forma a un producto del que puedo sentirme orgulloso. Además es un estilo diferente al que hago habitualmente, y siempre me gusta experimentar con mi propia musicalidad, para ver dónde pueden estar los límites.

¿Cómo te ha dado por investigar por ese lado en esta tu tercera referencia?

Llevo varios años investigando y aprendiendo música electrónica por mi cuenta. Desde que recibí un encargo de la televisión local de Hiroshima para poner música a un anuncio. Al principio lo hacía por curiosidad, como un hobby, pero poco a poco me han ido saliendo otros trabajos relacionados con la electrónica y he visto una oportunidad de hacer algo nuevo, de llevar mi música a un nuevo nivel y de llegar a un nuevo público. Y por este EP ya me presento oficialmente en el mundo de la música electrónica.

¿Cómo será el estreno oficial en Bilbao, en el Shake!?

El proyecto es en solitario. Básicamente llenaré el escenario del Shake! con mis instrumentos y haré un set de una hora larga con mis composiciones. Pero tengo intención de contar con algún invitado, así que habrá alguna sorpresa.

Juan en el homenaje sinatriano, contando cómo surgió la iniciativa (foto: Mr. Duck).

¿Cada cuánto tiempo vienes a Bilbao? ¿Navidad, verano…?

Intento ir dos veces al año, sobre todo para visitar a la familia y para no perder las conexiones laborales. Aunque cada vez tengo más trabajo en Japón, o sea que me costará más buscar tiempo para volver.

¿Y qué tiempo tardas en los viajes?

Depende sobre todo de si vuelo desde Hiroshima o desde Tokio. Normalmente suelo volar con China Eastern, porque es lo más fácil desde Hiroshima hasta Bilbao. Esta vez, como vuelo desde Tokio, viajo con Qatar.

¿Y cuánto tardas?

El tiempo del viaje depende, pero esta vez creo que son unas 20 o 22 horas en total. Ni tan mal: a veces he llegado a estar 30 horas.

ÓSCAR CUBILLO

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