Lo mejor de 2017: 11 entre 413

Mr. SIPP: Dinámico, risueño, todoterreno y moderno el bueno de Castro Coleman (foto: Carlos García Azpiazu).

Lo mejor de 2017

CAL: ***

 

 

Roqueros desatados como Daniel Romano y punkies mañaneras como The Ramonas, fadistas sinatrianos como Carlos do Carmo e indies en estado de gracia como los donostiarras Havoc entran en una lista donde se cuelan también Isabel Pantoja, Hombres G, John Fogerty, Carlos Vives o Rafael Basurto. ¡Leer para creer!

 

A 413 grupos y solistas vi (vimos) en directo en el pasado año 2017. Algunos repetidos: al cantautor getxotarra Coppel le disfruté al que más, hasta en cuatro ocasiones. En el segundo escalón, tres veces he catado a Loquillo, M-Clan, y a Ricardo Lezón (una de ellas al frente de McEnroe, versionando a El Último de la Fila). Y dos veces, entre otros muchos nombres, hemos analizado al ballet Kukai, a Mikel Erentxun o a los bluseros internacionales vizcaínos Travellin’ Brothers (con los que no me he cruzado cinco veces o más porque coincidían con otros conciertos o por incompatibilidades logísticas).

De esos 413 conciertos, estos once han sido los mejores por razones objetivas, al margen de gustos y de cuotas de cualquier tipo: ni de recintos (bares, salas medianas, grandes escenarios…), ni por provincias (pero la escapada alavesa al Azkena Rock Festival suele deparar algún conciertazo), ni por supuesto de sexo (género le llaman ahora, y qué bien que entran la Pantoja y Las Ramonas).

Para El Correo hice una lista de 10, descartando un bolo (el de Mr. Sipp), aunque los once mejores de esos 413 han sido los de abajo, los aquí consignados. Once, y no diez ni doce conciertos, porque fueron así apuntados en la lista con tres estrellas de bolo memorabilísimo, como se indicó en su día en cada encabezamiento de las reseñas.

Sopesé incluir en la lista de lo óptimo, porque rozaron esas tres estrellas, al soulman Swamp Dogg, Depedro, Gari & Maldanbera, Biznaga, El Capitán Elefante, Lukiek (el grupo paralelo del guitarra de Belako), Los Tiki Phantoms (en una sudorosa sesión Rabba Rabba Hey! cuando se montaban en el Satélite T), Coppel (a solas en el bar Zear Bide), Ray Collins Hot-Club, The Neatbeats, The Dreamboats, Van Morrison, Deep Purple, Cage The Elephant, Puerto Candelaria, Mark Eitzel, o a Bunbury en Santander y a Los Zigarros en un show que no pasó el severo corte por el mal sonido de ese día en el Antzoki (qué pena, porque fue un bolazo rocanrolero donde solo falló eso).

Esta de Lo Mejor de 2017 no es una lista jerarquizada, sino que se ordena de manera cronológica. Allá vamos.

 

1.- Hombres G. Pabellón de Miribilla, enero.

En sexteto, ante 3.000 personas, Hombres G triunfaron por diversas razones: por no apelar a la nostalgia, por creer en su cancionero e interpretarlo con vigor, actitud y empaque, por el sonido tan poderoso como diáfano en un recinto tan difícil para eso como es un pabellón deportivo, por llenar ellos mismos únicamente con su sobria presencia el inmenso local, o por las luces del escenario (otra cosa fueron las de los teloneros: Los Secretos).

 

HOMBRES G: Arrebato energético de David Summers, bajista, vocalista y guapo oficial del grupo (foto: Raúl Olaya).

 

2.- Scott Hamilton. Bilbaína Jazz Club, enero.

El saxofonista neotradicionalista Scott Hamilton soplando en plan ‘La La Land’ en el antiguo BJC, empotrado en el estupendamente conjuntado Toni Solá 4t, generando emociones y proyectando amor por el jazz clásico. Basculó entre el swing y el blues y versionó a Zoot Sims, Blue Mitchell, Nat Adderley, Dizzy Gillespie o Duke Ellington en un concierto sin tacha, feliz y fiel. Todo el tiempo a nivel celestial, reminiscente de los tiempos dorados del jazz pero sin nostalgia.

 

SCOTT HAMILTON: Acostumbrado al jazz gracias a la colección de discos de su padre, a los cinco empezó a tocar la batería, a los seis el piano y la armónica blusera, a los ocho el clarinete, y a los 16 años se decantó por el saxo tenor. Le atraía desde niño el saxo alto de Johnny Hodges, quien tantos solos insertó en las piezas de Duke Ellington (foto: Mr. Duck).

 

3.- Carlos Vives. Sala CUBEC!, marzo.

Concierto festivo y espectacular ante unas 2000 personas contentas, con varios cientos de colombianos y otros hermanos suramericanos. Buenos vídeos, muchos colores, sincera cercanía al respetable y hasta trece miembros sobre el escenario: dos coristas que no dejaron de bailar como en una formación afrobeat, cuatro percusionistas, un acordeonista guajiro… y el propio Vives, un tipo cercano y panamericano que cantó, bailó y sudó las camisetas, montó en bicicleta (la de Shakira, sí), incrementó la pegada de sus baladas y reguetones, y se salió de la tabla con los vallenatos (¡‘La gota fría’!) durante un show de dos horas pasaditas para una veintena de piezas.

 

4.- Carlos do Carmo. Sala BBK, abril.

En la jornada inaugural del sexto ciclo ‘Noites de Fado’, el majestuoso y cercano Carlos do Carmo, premio Goya a la mejor canción por ‘Fado da saudade’, incluida en la película ‘Fados’ de Saura, trasladó el melancólico género lisboeta a terrenos de los crooner sinatrianos. Lo logró por su mirar y dominar al respetable, por su elegancia en la indumentaria (traje, corbata, pañuelo asomando por el bolsillo…), por el ambiente de club nocturno de las luces tenues, por la entonación, la prestancia y la postura, y hasta por los comentarios («hubo un tiempo en que no bebía agua, bebía whisky scotch, qué bueno. Ya no me dejan. Como se dice en portugués: ‘ay qué saudade’») y por el humor (se secó la cara con una toalla y exclamó: «¡el sudor de mi trabajo!»).

 

CARLOS DO CARMO: Cano, trajeado, señorial, más de medio siglo de carrera (foto: Mikel Martínez de Trespuentes / Sala BBK).

 

5.- Havoc. Kafe Antzokia, sala superior, junio.

‘El mejor grupo indie español en vivo del momento’, titulamos tras el show en el Antxiki de este cuarteto donostiarra perteneciente a la escudería Subterfuge y liderado por Pedro Gracia Pérez de Viñaspre (voz, guitarra, composición). El bolo era gratis pero sólo hubo media entrada mixta para disfrutar de un repertorio eléctrico y melódico soportado sobre la batería roquera a veces en plan los Who de Andoni Etxebeste (alias ‘Etxebestia’), propulsado por dos guitarras de proyección planetaria en manos del líder Pedro y el productor Yon Vidaur, y realzado por una lírica en castellano madura, sugerente y a veces cínica. Un bolazo de 14 piezas en 56 minutos.

 

HAVOC: Yon Vidaur (guitarrista y productor), Andoni Etxebeste (batería), José María Lluch (bajo)
y el amado líder Pedro Gracia Pérez de Viñaspre (voz, guitarra, composición) (foto: Mr. Duck).

 

6.- Mr Sipp. Kafe Antzokia, sala superior, junio.

Cerebral, entusiasta, pulcro y profesional, el guitarrista negro de blues Mr. Sipp, alias ‘The Mississippi Blues Child’, consiguió que una audiencia mixta aullara, bailara, diera palmas y gritara ‘yeahhhh’ en el Antxiki durante un show con cualidades… ¿milagrosas? Castro Coleman (McComb, Mississippi, 1976) ofició cual predicador, cantó cual soulman, punteó arriba y abajo por el mástil teniéndose que soplar las yemas de los dedos porque le ardían, y un par de veces bajó a tocar entre la peña, que bailaba con él, le disparaba fotos, y hasta se quitaba la camisa para ondearla y darle aire… «Si sentís el blues decid yeaaaahhhhhh», espoleaba el míster…

 

7.- John Fogerty. Azkena Rock Festival, Vitoria, junio.

A sus 72 años, el deseado Fogerty, el gran cabeza de cartel de los dos días del pasado 16º ARF, recuperó con autenticidad y modernidad el cancionero clásico de la Creedence Clearwater Revival (El Cerrito, California, 1967-1972) en un macroconcierto redondo, sobrio, brillante y guitarrero ante 18.700 espectadores, bastantes de edad muy avanzada. La legendaria estrella ofreció un gran espectáculo de 21 canciones en 92 minutos en sexteto, un concierto que no se pudo hacer mejor. No, no se pudo hacer mejor por el sonido (que brilló con potencia); por la actitud en la ejecución (no sobró ni el solo de bajo, imagínense); por el empuje  guitarrero (hubo un par de jams instrumentales que no sonaron a relleno y que certificaron la autenticidad insobornable de Fogerty); por el protagonismo y la conjunción del sexteto (a la batería un estupendo Kenny Aronoff, a una de las guitarras el guapo Shane, uno de los hijos de John, nacido en 1991); por el atractivo visual del escenario (dos pantallas laterales reproduciendo la acción para los que atendían desde lejos, una pantalla en el fondo del escenario con interesantes visuales –abstractas, moteras, etc.–, claridad luminosa general…); y, claro, por el mero calado atemporal del reconocible cancionero de la Creedence, con títulos tipo  ‘Travellin’ Band’, ‘Green River’, ‘Who’ll Stop The Rain’, ‘Hey Tonight’… (en ocasiones se levantaban coros comunitarios emocionantes por boca de miles de personas). Un show que destacará en la propia historia del Azkena Rock Festival.

 

JOHN FOGERTY: Un coloso, no sólo al doblarle la pantalla gigante del fondo (foto: Facebook ARF).

 

8.- The Ramonas. Satélite T, septiembre.

Llegando más allá que cualquier grupo tributo sin gracia ni velocidad, las Ramonas inglesas se rindieron al cancionero eterno de los Ramones yanquis en un bolo dinámico, explosivo y original que puso en danza al local en una matinal dominical memorable. Hiperdinámicas y superando todas las expectativas (los vídeos de Internet no capturan su energía), Cloey Ramona (voz), Rohnny Ramona (guitarra; la más guapa de las cuatro, con camiseta de los Sex Pistols), Pee Pee Ramona (bajo) y Cammy Ramona (batería) nos soltaron 32 pepinazos en 63 minutos que progresivamente fueron enloqueciendo a los presentes hasta llegar al pogo postrero. Buf…

 

9.- Daniel Romano. Kafe Antzokia, sala superior, octubre.

Enfático, intenso, teatral, creíble y gafapasta, el canadiense Romano se rompió el alma en un bolazo personal, agónico y dylaniano que sólo dejó de ser divino en las dos buenas versiones de Ramones. ‘Una hora sublime’, así titulamos a este reencuentro pleno de implosiones emocionales desatadas a lo largo de un show eléctrico, con clase, efervescencia y credibilidad que rompió todos los diques otra vez. No se pierdan su próxima incursión.

 

DANIEL ROMANO: Un momento dinámico y relampagueante de Romano y Jazz Police (imagen de móvil: OCE).

 

10.- Isabel Pantoja. Miribilla, octubre.

Sexta vez que veíamos a la folklórica, pero primera que entra en nuestra lista de lo óptimo del año. Es que generalmente La Pantoja tiende a alargarse y a sonar mal, pero en esta ocasión se salió de la tabla. Y eso que se tiró dos horas y tres cuartos llorando, chuleando como Raphael y chillando pletórica, escoltada de modo mayúsculo por la Orquesta Sinfónica Hasta Que Se Apague El Sol (oficialmente, 83 músicos, los hombres con chaqués) más el Coro de la Universidad del País Vasco (más de 44 componentes contamos, casi todo voces femeninas, jóvenes y guapísimas). La tonadillera se impuso siempre y en todo momento sobre esas dos macro-formaciones en un programa con tres partes y tres vestidos: primera parte para la canción melódica (vestido negro solemne), segundo para la copla (vestido rojo pasión con flecos largos) y la tercera parte, la no tan extraordinaria, para el flamenco (con vestido estampado y de faralaes). La organización informó que había unos 4.400 espectadores, todos sentados en un aforo dispuesto para 6000, y se veían muchos huecos. Pero todo el mundo se dejó arrastrar por el delirio pantojil, y entre irrintzis y vivas a España recordamos que una señora le espetó: «no te mueras nunca, que luego no tenemos a nadie». La diva la oyó y le contestó que seguiría «hasta que me llame el de Arriba, ¿vale?».

 

ISABEL PANTOJA: Duplicada en pantalla y apasionada, con el vestido rojo de la parte de la copla (imagen de móvil: O.C.E.).

 

11.- Rafael Basurto. Teatro Campos, diciembre.

Un magnífico Rafael Basurto, ‘La última voz de Los Panchos’, teloneó y venció a sus anfitriones Mocedades en una memorable velada sinfónica filmada por la ETB. Orondo, benemérito, zalamero, pícaro y distinguido en el atavío, dio un mini-concierto visualmente espectacular (la Banda Sinfónica Ciudad de Irun estaba formada a sus espaldas, llenando todo el espacio escénico y colmándolo de glamour) y sónicamente sólido (a Basurto le respaldó su grupo habitual, un trío con bajo eléctrico reforzado por un cuarto miembro a la percusión). El maestro mexicano entonó de maravilla 9 canciones en 36 minutos y de puro lujo le quedaron las dos últimas piezas, ya escoltado por la Banda Sinfónica y sus numerosos clarinetes: ‘Enamorado’, que nos trasladó a Viña del Mar, y la emocionante ‘Si tú me dices ven’, en cuya introducción destacó que la lleva cantando 45 años y que «ustedes la hicieron éxito».

ÓSCAR CUBILLO

 

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