Lo peor de 2017

Five Sax: segundo capítulo, en Versalles (foto: Mikel Martínez de Trespuentes / Sala BBK).

Lo peor de 2017

CAL: o

 

(Os animamos a que vosotros nos contéis los peores conciertos que sufristeis en 2017;

ya hablaremos otro día de los mejores)

 

A 413 grupos y solistas vimos en directo en 2017. Algunos repetidos: al cantautor getxotarra Coppel le disfrutamos al que más, en cuatro ocasiones. Todas bien, por eso repetimos la experiencia. Sin embargo, en este post señalaremos los peores conciertos que nos hemos tragado enteros y que en mayor medida nos condujeron hacia el tedio y hasta la furia contenida.

Es difícil hacer esta lista, porque la mayoría de las ocasiones huimos de esos encuentros antes de que acaben y por eso no los consideramos al hacer balance. Esto mismo, lo de escapar, sucedió en el inicio de la gira en el Kafe Antzokia de los excesivamente novatos The Rad Trads; a mitad del bolo en el Teatro Barakaldo de una flamenca Carmen de la Jara sin duende; ante Psychotica en el Azkena Rock Festival, donde no sé qué pintaban; o en plena tabarra turística que unos endebles Fado Violado nos estaban dispensando en la Sala BBK.

Dudé en su día sobre incluir en esta lista a los metaleros belicosos Sabaton (poca actitud, sonido penoso mucho playback en la Fever) y sería un sacrilegio meter a los argentinos Les Luthiers actuando demodés en el Euskalduna (por Dios, qué aburrimiento, qué infantilismo, qué poca gracias), pero bueno, no hay duda de que estos cinco conciertos que consignamos a continuación fueron un turre, un muermo, un tostón, una lata y un coñazo.

 

1.- The Mistery Lights. Kafe Antzokia, sala superior, febrero.

Un hype que fue un bluf. Abusando de la reverberación, sin ninguna canción, sobrevalorados por la afición y por gran parte de la crítica, los neoyorquinos The Mistery Lights, fantasmagóricos, desaliñados y jactanciosos, dieron un bolo desordenado y disperso de garaje sin comprimir y psicodelia hacia ninguna parte en un Antxiki mixto e indulgente con los oficiantes.

 

The Mistery Lights: garajeros yanquis difusos, oscuros y reverberantes en el Antxiki (imagen de móvil: O.C.E.).

 

2.- Five Sax. 24º Musiketan, Sala BBK, marzo.

El talento desperdiciado, el tedio sobrevenido, el pretender ser iconoclasta y no pasar de la gamberrada privada estudiantil. Five Sax, cinco virtuosos saxofonistas internacionales instruidos en conservatorios cultos, quedaron muy lejos de las expectativas generadas en el 24º Musiketan, donde su programa viajero ‘Sax Voyage’ tuvo un momento prometedor (el barroco inglés) pero al poco se hundió en los chistes malos, lo chabacano (lo de la revista porno y la raya: ¿y si había niños en la sala?), lo ridículo (el pasaje amazónico), lo feble (Brasil), lo tópico (España) o lo comercial (Hollywood). Autoindulgentes.

 

3.- Garamendi. Atrio del Museo Guggenheim, junio.

Actuando contra los elementos, delante de un público juvenil, parlanchín, bebedor y distraído, el reflexivo Garamendi lideró un octeto con cuarteto de cuerdas, pero no pudo imponerse al guirigay de la sesión nocturna del ‘Art After Dark’ del Guggenheim. Hacía mucho tiempo que no nos veíamos atrapados en un concierto con tan mal ambiente. Ni en las fiestas. Ni en las verbenas. Había mucho pijotero veinteañero (guapas ellas, ellos perfumados) y, para más inri, numerosos amigos del oficiante, que les miraba con cara de circunstancias. Lo reconoció al acabar el propio orfebre pop getxotarra Garamendi: «Esto ha sido más un evento social, espero que hayáis disfrutado, y no os maméis demasiado».

 

4.- David Knopfler Band. Ciclo Music Legends, Sala BBK, octubre.

Un muermo mustio y moroso en modo country pureta y domesticado nos suministró el ex Dire Straits David Knopfler, el hermano de Mark, en el ciclo Music Legends, con la Sala BBK agotada. Apareció en escena con pinta espigada, envidiable y retrojuvenil a sus 64 años, y escoltado por una banda veterana con currículo (teclado y batería también militaron en los Dire Straits) no tocó ningún superhit de los Dire Straits. No acudimos con expectativas demasiado altas, pero David, carente de carisma, ofició sin voz suficiente (imita al hermano), sin saberse la letra de ninguna canción (todas las leyó del atril, algunas con evidente dificultad visual), con constantes parones morosos (le cronometramos entre los temas 13 y 14 y se tiró un minuto y 50 segundos afinando, presentando a los músicos y contando alguna anécdota en su inglés farfullado e impenetrable, pues nació en Escocia), charlando más que Sabina en el BEC (el truco para que trascurra el tiempo y dosificar fuerzas, ya saben), mostrando con unas facultades físicas dudosas (a mitad del show contó que estaban en una edad avanzada y que harían una pausa de 15 minutos -que en realidad fueron 18- para tomar té; luego en la segunda parte del concierto se sentó a los teclados y manifestó «qué agradable estar sentado») y oficiando muy por debajo de su banda (escuderos fieles pero poco comprometidos y atados en corto para no eclipsar al líder), un sexteto poco fluido. En los bises un espectador le pidió ‘Lady Writer’ y David contestó: «no la tenemos ensayada»; jo, y las que tocó tampoco parecían muy ensayadas.

 

El orgulloso Tony Oladipo Allen (Lagos, Nigeria, 1940) en la Sala BBK (foto: Carlos García Azpiazu).

 

5.- Tony Allen. Ciclo Music Legends, Sala BBK, diciembre.

Con facultades limitadas a sus 77 años, Tony Allen, el que fue baterista de Fela Kuti, no logró despegar en su concierto jazzístico en el ciclo Music Legends en una Sala BBK con menos de media entrada. Eso pareció un ensayo ralentizado por el líder. Muy pobre el papel del baterista afincado en París Tony Oladipo Allen (Lagos, Nigeria, 1940), con la espalda castigada y envarada, y él sin pegada ni capacidad de redoblar. Se le cayó al suelo una baqueta y el trompetista puso cara de pánico. Fue un mal concierto en sexteto francés porque sus buenos escuderos debían operar por debajo del jefe, porque el repertorio jazzístico sonó retro, sin riesgo ni creatividad, y porque los ritmos se repitieron sin garra hasta generar un ambiente cansino y aburrido.

ÓSCAR CUBILLO

PD: Revela el amigo Topo: «¡Estuve en 3 de los 5 peores conciertos del año! ¡Ni haciéndolo a posta! Vi los de Garamendi, David Knopfler y Five Sax. ¡Menos mal que al final no fui a Tony Allen!».

 

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Comments
One Response to “Lo peor de 2017”
  1. bilbaoenvivo dice:

    PD 2: El amigo Óscar Cine nos da permiso para reproducir los que nos cuenta por wasap: «Vi a Mistery Lights y al hermano de Knopfler. Y a Tony Allen no fui aunque me invitaron, porque ya le había visto en el Campos. Vaya gusto atrofiado el mío. Y fíjate, me había olvidado por completo de los Mistery Lights. Joder, me dejaron CERO huella.
    Para mí, el PEOR bolo del pasado 2017 sin duda fue el de Guns N’ Roses. Por el fondo (eran unos mercenarios arrastrándose) y por la forma (sonido indefendible, horrísono, con ecos por todas las esquinas: ¡y eso que el campo es redondo!). Fue una pérdida de tiempo.
    También es verdad que los de The Cult, Jim Jones, Deep Purple o Nashville Pussy me parecieron bolos tremendos. Lo uno por lo otro. Viva el rock.

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