Jabier Muguruza: Reinventado

El mayor de los Muguruza y el guitarrista Ander Mujika, ex Napoka Iria (foto: Carlos García Azpiazu).

CAL: *

Jueves 18 de enero de 2018, Bilbao, Kafe Antzokia, Sala Superior, 20.30 h, 10 €.

 

El cantautor euskaldun Jabier Muguruza, el mayor de los hermanos, convenció con su nuevo proyecto a dúo con el guitarrista Ander Mujika -ex Napoka Iria-, que sonó moderno, oscuro, reverberante y muy americano

 

Se cumplieron las positivas expectativas el jueves en los dos programas de abono albergados en el Kafe Antzokia con sendos cantautores vascos estrenando sus respectivos nuevos discos: a las 8.30, en el Antxiki, la sala superior pequeña preparada esta vez con sillas, una cuarentena de personas atendieron a la presentación en dúo de ‘Leiho bat zabalik’ (Elkar), la interesante novedad de Jabier Muguruza (hermano de Fermín e Íñigo, exmiembro de Les Mecaniciens y Joxé Ripiau), y, como narraremos en un post posterior, a las 10, en la sala grande y ante dos centenares de espectadores predispuestos, Ricardo Lezón, el líder de los hoy en barbecho McEnroe, desplegó por fin en formato eléctrico (¡y en quinteto!) su celebrado debut en solitario, ‘Esperanza’ (Subterfuge). Los dos conciertos coincidieron en el ritmo pausado, oscuro y americanófilo (slowcore), en la entonación personal, el intimismo lírico y el temblor del alma, en los pasajes post rock, en cantar con los ojos cerrados y en la negación de ambos líderes a someterse a la falsedad del bis (aunque a ambos les salió mal la jugada, ya se explicará por qué).

Cantando con ojos cerrados, como Ricardo Lezón (foto: Carlos García Azpiazu).

Tras pasar un rato por la sesión folk del Colegio de Abogados (medio centenar de personas sentadas en su bunker que salieron encantadas), acudimos al estreno en Bilbao del decimoquinto álbum de Jabier Muguruza Ugarte (Irun, 1960), ‘Leiho bat zabalik / Una ventana abierta’ (Elkar, 17), donde reinventa y actualiza su estilo pausado y reflexivo con leve electrónica (la del zaragozano Carasueño, pregrabada y disparada cuando era menester) más la guitarra del elgoibarrés Ander Mujika (ex Napoka Iria y ex técnico de sonido el Fnac donostiarra, según le reconoció el viajero fotógrafo Azpiazu). En el Antxiki contabilizamos una cuarentena de personas atentas y predispuestas al humor personal e íntimo de Muguruza, y al final del encuentro el cantautor guipuzcoano agradeció a la gente de la sala la celebración del concierto. El que suscribe mucho antes ya había localizado al menos siete personas trabajando en la organización: tres en la puerta (taquillera, seguridad y producción), dos chicas en la barra (se alternaron) y dos chicos en las mesas (Lon al sonido y Gaizka a las luces).

Todo movilizado al servicio de un concierto de 82 minutos para 12 temas, de ellos dos a capella, y no contamos la intervención poética colada con calzador de su amigo y colaborador desde los tiempos de Les Mecaniciens Iñaki Irazu, hermano de Bernardo Atxaga (nunca ha publicado un libro, pero para este 2018 tiene previsto debutar, nos adelantó Muguruza en el camerino). Muguruza, alto y delgado, con patillas decimonónicas y pantalón vaquero Lois (se veía la etiqueta del toro rampante en un bolsillo), atento a dos atriles (uno con las letras y otro con los dispositivos electrónicos arreglísticos), presentó casi todas las canciones (excepto las dos a capella), citó a los autores de las letras, y dio tres órdenes a lo largo de todo el concierto: primera, para pedir que subieran la intensidad de las luces para poder ver los atriles, segunda para solicitar agua mineral a temperatura natural a la chica de la barra, y tercera y más disimulada, cuando requirió por el final a su guitarrista Mujika que diera una vuelta más para extender los compases y que siguiera la buena onda con los coros del respetable.

El ambiente íntimo y sombrío de la ‘kutxa beltza’ o ‘caja negra’, nombre oficial del Antxiki (foto: Carlos García Azpiazu).

En ambiente tan oscuro como sus canciones lynchianas (por David Lynch) y fordianas (por Tom Ford), Muguruza asimiló el alt co de espacios infinitos en la noche (‘Spam kantu’), absorbió a The National casi de la misma manera como lo haría Lezón y rompiendo la voz a lo Gari (‘Ez zait gustatzen poesia’, de la cual informó que tiene un videoclip dirigido por la cineasta Mercedes Álvarez que es interesante de ver (lo reproducimos al final del texto), se disimuló en el hábitat indie (‘140’), sonó a cantautor actual a lo Mikel Markez (‘Manzisi Okeita’, una canción anterior a este disco, con frases en africano) y pareció tétrico (‘Etxera iritsi’ con pasajes post rock), creció como Lana Del Rey con soul (‘Esperando a los bárbaros que ya llegarán / Jada iritsi diren barbaroen zain’) y picó en lo minimal (a lo Gari ‘Izana, izatekoa’, luego el irónico y soulero ‘Contradicciones / Kontraesanak’), conectó en el falso bis con el respetable que coreó suavito en la ya conocida ‘Maite zaituz, ez’ (con la labor de Mujika cada vez más destacada a los muros de seis cuerdas), y, ante la insistencia del público, se vio obligado a dar un bis de verdad, a capella y en catalán esta vez. Muy degustable este nuevo proyecto donde se reinventa Jabier Muguruza, un trabajo que prometía desde que acudimos a la rueda de prensa de presentación de este 15º CD, ‘Leiho bat zabalik’, encuentro que reproducimos a continuación.

ÓSCAR CUBILLO

 

Saludos de Muguruza y del guitarrista Ander Mujika, ex Napoka Iria (foto: Carlos García Azpiazu).

 

+++ LA RUEDA DE PRENSA DEL DISCO +++

Jabier Muguruza reinventa y actualiza su estilo con una guitarra y leve electrónica en su 15º disco

 

Jabier Muguruza Ugarte (Irún, 1960) es el hermano mayor del afamado activista político y músico autogestionario Fermín Muguruza, ex Kortatu y Negu Gorriak. Además, Jabier es escritor en euskera (en los 90 fundó el movimiento Emak Bakia con Atxaga, Ordorika, etc.) y acordeonista, y también mantiene una larga carrera como músico: participó en los poperos chic Les Mecaniciens en la primera mitad de los 90, se apuntó a la fiesta con los tropicalones Joxé Ripiau en la segunda mitad de los 90 (donde coincidió con su otro hermano, Íñigo Muguruza, también ex Kortatu y los Negu), y actualmente funciona en solitario, como compositor de música infantil y como cantautor melancólico, reflexivo y reposado.

‘Leiho bat zabalik / Una ventana abierta’ (Mara Mara Diskak, 17).

En este último rol ha editado su decimoquinto álbum. Se titula ‘Leiho bat zabalik / Una ventana abierta’, lo ha publicado en su propio sello Mara Mara Diskak (reactivado tras el cierre de su discográfica en la última década, la marca madrileña Resistencia), y ha mutado drásticamente su sonido, aunque no su espíritu ni su tensión. Como explicó en rueda de prensa, «hay un cambio claro en este disco». «Aunque me hallaba muy a gusto en mi zona de confort, con instrumentos acústicos como el piano y el contrabajo, con el grupo de jazz y la colaboración de mi amigo personal Mikel Azpiroz», la intuición le dirigió por otro camino: «tenía claro que necesitaba una guitarra eléctrica con momentos de dureza, de aspereza, que no fuera siempre amable. Y también necesitaba la electrónica, aunque no sabía muy bien por qué razón. Había un punto de intuición».

Para ello consiguió la ayuda de dos colaboradores: el guitarrista elgoibarrés Ander Mujika, de los recientemente disueltos Napoka Iria, y el productor zaragozano Carasueño, que se encargó de la electrónica. A pesar de la escueta terna, Jabier Muguruza subraya que subyace una honda tarea en su 15º disco: «Han sido ocho meses, casi un embarazo. Ha habido mucho trabajo, de componer en casa, de vestir las canciones por parte de Ander… Lo digo porque hay que dar valor a la cultura en estos tiempos».

Y sus letras «siguen siendo intimistas, de las que se pueden cantar al oído de cada una de las personas que están entre el público, que es como me gusta cantar». Las músicas son suyas y los textos se los firman colaboradores habituales como Iñaki Irazu o Harkaitz Cano, plumas recuperadas para su causa como Ángel Erro e Iban Zaldua («con una letra bastante malvada, como era de esperar»),  y nuevos fichajes como Íñigo Astiz («al que igual no le gusta que se le cite»). En su disco anterior Muguruza escribió varias piezas, pero ahora asegura que «hay gente muy válida en mi entorno… y en mi sintonía. Claro, tú no puedes cantar en una sintonía en la que no crees».

En el concierto del Antxiki, con el poeta Iñaki Irazu (foto: Carlos García Azpiazu).

Hay quien comenta que son letras oscuras, a lo que alega Muguruza: «Van con los tiempos. Chico Buarque dice que la música brasileña es de una alegría triste, o de una tristeza alegre. Estas canciones también: creo que tienen un halo de tristeza que no se trasmite al oyente». En efecto, oyéndolas resuena el post rock y el country alternativo. Se trata de un repertorio reverberante, pausado, oscuro y de horizontes abiertos a lo Will Oldham, The National, Lambchop, Mark Eitzel, y además algo de Jay Jay Johanson y del también cantante euskaldun Gari, el que con su deseo de ‘salir de la zona de confort’ fue quien espoleó esa misma acción a un Jabier Muguruza que se reinventa modernista y con un atractivo inédito en el rock independiente, no solo por su dúo con la getxotarra Miren Iza, de Tulsa.

OSCAR CUBILLO

Clip de su canción, ‘Ez zait gustatzen poesia’, dirigido por la cineasta Mercedes Álvarez.

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