Ángel Stanich: El ermitaño noctámbulo

El quinteto bien empastado, bastante elegante y aparentemente alto de Stanich (foto: Danello).

CAL: **

Jueves 25 de enero de 2018, Bilbao, Kafe Antzokia, 22 h, 15-10 €.

 

 

El personaje santanderino llenó el Antzoki de gente predispuesta y creó una bola de rock psicodélico de inspiración española y lírica en castellano con la que (casi) cualquiera se puede identificar

 

Ambientazo el jueves en el Kafe Antzokia. En sus dos salas: nos dio tiempo a pasar un rato por el Antxiki, donde a las 8.30, ante un centenar de aficionados, Rafa Rueda presentaba en cuarteto indie flotante de querencia brit su último disco, ‘Hiri kristalezkoa’ (Elkar), y pareció tan poderoso y sentimental como unos Thirty Seconds To Mars orgánicos; y a las 10 hizo lo propio en la sala grande el cántabro instalado en Madrid Ángel Stanich, que vino a estrenar su segundo disco largo, ‘Antigua y barbuda’ (Sony), lo hizo en quinteto bien empastado (teclista atento, guitarra solista afilado), elegante (sus cuatro escuderos con americanas), alto (como la mayoría del público masculino presente) y piloso (bigote, barbas o perillas gastaban los cinco músicos), y lo contaremos a continuación.

En el Kafe Antzokia grande había ese día ambientazo generado por unos 444 espectadores, como calculé multiplicando a vista de pájaro desde el anfiteatro (el promotor, José María Rey, se asombró de la cifra´-¿cómo los aves?, preguntó- y precisó que con invitados habría 450-460 personas). Y el foco de las miradas y las orejas fue Ángel Estanislao Sánchez Durán (Santander, 1987), flaquísimo, alto, barbado y de pelambrera profusa (estéticamente se parece a su amigo Vielba de Arizona Baby, o al getxotarra Jokin Salaverría, o según Tsustas también al violinista Ara Malikian).

El eremita noctívago nacido en Santander, estudiante de Periodismo en Valladolid y vecino de Madrid (foto: Danello).

El eremita Stanich, un tipo de costumbres noctívagas, pilotó desde el centro de la escena un show de 116 minutos para 18 piezas (conté como una más la larga introducción instrumental del bis), canciones que esporádicamente elevaban coros espontáneos del gentío (alcanzando el cénit en las dos finales: ‘Metralleta Joe’ y ‘Mátame camión’). ¡Eso parecía un concierto indie de Supersubmarina!

Pero no, el del ermitaño noctámbulo fue un concierto de rock psicodélico español (esa apertura lisérgica con ‘Cosecha’), con pasajes progresivos (bastantes intros pausadas, gradaciones subsiguientes, ciertos epílogos…), tan español que en ciertas escapadas boogie remitió a los andaluces Guadalupe Plata (‘Mezcalito’). Y tuvo capacidad para lograr que el público se sintiera identificado con el cancionero, pues a menudo su tono voz a menudo resonaba a un Albert Pla con actitud (‘Galicia calidade’ y sus codas en gradaciones, ‘Señor Tosco’ y sus concomitancias también con Planetas, Stones, Lou Reed…), a un Leiva sentimental (‘Mañana’ con su final The Band, ‘Camino ácido’ con su epílogo velvetiano, el intenso ‘Carbura’ que se desarrolló en plan Israel Nash), a Coque Malla (‘Le Tour’ 95’… y también se parecía a Coque cuando nos hablaba Stanich), a unos Sidonie magnéticos (‘Escupe fuego’, la segunda canción, la primera en que puso a cantar al gentío contento), a Iván Ferreiro en ciertos momentos vulnerables (el flotante ‘Río Lobos’), a Pájaro cruzado con Negativos (‘Más se perdió en Cuba’), a un Josele Enemigo tembloroso… Fue una bola lisérgica que envolvió a todos los presentes, aunque a veces se destensara tenuemente por eso de buscar los ambientes.

Una incursión de Stanich entre el público asalvajao de las primeras filas (foto: Danello).

Este fue el undécimo concierto que he presenciado en enero en el Antzoki, el grupo número 26 que cato en 2017 (¡y estábamos a 25 de enero!). En un parlamento contó Stanich que esa era su tercera visita a Bilbao: la primera tuvo lugar en el BEC (de Barakaldo, por cierto), en el festival BIME, en unos pabellones que le recordaron a «un aeropuerto sin terminar» y en los que su padre se perdió (normal); la segunda vez según sus cuentas sucedió junto a la ría, en el Crazy Horse, donde su padre tampoco supo llegar; y esta tercera en el Antzokia, adonde su padre no acudió y donde afirmó el líder: «hoy es el día grande para mí en Bilbao, muchísimas gracias». Pero Stanich se equivocó en sus cuentas: se le olvidó citar otra ocasión, en el Guggenheim, en la serie Art After Dark, donde el bullicio del público fue tan molesto como suele ser habitual en esas citas sociales, nos informa el amigo Danello a toro pasado; y otra más en el bar La Triangu de Sopelana, nos indica al leer este texto su manager José María Rey. Pero bueno, seguro que Stanich regresará a Bilbao y a su provincia durante muchos años.

ÓSCAR CUBILLO

Clip de ‘Metralleta Joe’

 

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: