Diego Vasallo: Nanas de adultos (+ entrevista)

En octubre de 2016 nos dijo: «Mi voz rasgada se debe a mi poca capacidad: cuando canto mi garganta se rompe y suena como una lata oxidada. Canto en tonos bajos porque no soporto mi voz trepando a los agudos. Cuando hablo, en cambio, tengo voz de soprano. De todas formas nadie canta como habla»
(foto: Mr. Duck).

(todos los pies de foto, excepto uno, están extractados de una entrevista que nos concedió Diego en oactubre de 2016 con motivo de la salida de su disco ‘Baladas para un autorretrato’).

 

CAL: **

Sábado 10 de febrero de 2018, Bilbao, Cotton Club, 20 h, 12-14 €.

 

El Duncan Dhu donostiarra derramó sus metáforas de perdedor con un pie sobre Tom Waits y el otro sobre Sabina en una emotiva cita sabatina que aisló al Cotton Club del desapacible carnaval

 

El sábado el hierático donostiarra Diego Vasallo, 50 % de los hoy en dique seco Duncan Dhu, llenó el Cotton Club de Bilbao en la presentación de su octavo disco, ‘Baladas para un autorretrato’ (Subterfuge, 16). Había bastantes músicos entre el público, por cierto. En quinteto delicadísimo, engrasado y sutil (cascabeles de percusión, ukelele, teclado acuoso, contrabajo, la guitarra a veces rockabilly del santanderino Fernando Macaya…), sonaron 20 canciones en 97 minutos. Acabó la primera, ‘Se me olvida’, un vals decadente y crepuscular y fantasmagórico, y por la derecha retó Óscar Esteban: «A ver si eres capaz de hacer la crítica sin citar a Tom Waits». Y estaba empezando la segunda, el rock desvencijado de funeral apto para una película de Jim Jarmusch ‘Fe para no creer’, cuando por la izquierda dijo Pato: «Muy Tom Waits, ¿no?».

Vaya, con su voz susurrante y ronca de modo impostado, a la larga demasiado monocorde aunque siempre disfrutable, y con la persecución constante y el retorcimiento sistemático de las metáforas de pesar y de perdedor, Diego Vasallo también remite a Joaquín Sabina, pero en versión cool y auténtica, con un enfoque fronterizo y literario que no aspira a calar en el gran público (‘Que todo se pare’, la tercera, cuando se colgó su guitarra acústica de cinco cuerdas,  sin la de arriba, la sexta). A menudo la inspiración lírica es similar en ambas plumas (‘Mapas en el hielo’ con versos tipo «tengo miedo de tener miedo», un ‘Los días buenos’ recuperado de Duncan Dhu donde avisa «que los placeres furtivos los van a legalizar / lo dijo un ángel caído al que acababan de echar por seducir a una bruja»), y Diego es capaz de trasladar a Sabina al dream pop (‘Perlas falsas’, la de «acuérdate de mí cuando me olvides y abrázame otra vez cuando me odies»). Por cierto, tenía un atril delante con las letras, pero no lo solía mirar.

En octubre de 2016 nos dijo: «Por primera vez en mi vida tengo un cuarteto formado y están dispuestos a tocar. Es la banda de Fernando Macaya, de Santander. Ahora sólo falta que otros estén dispuestos a pagarnos por tocar»
(foto: Mr. Duck).

Además de los dos maestros citados (el que suscribe se queda con Waits, ¿eh?), en la velada sabatina, aparte de una plétora de paradojas, borbotearon muchos más detalles y destellos: blues de Nueva Orleans, swing sigiloso, góspel minimal y ululante al gusto de Tarantino (‘Así’; con la imagen que más me chocó: «La nieve se desnuda al sol en la intimidad del callejón»), el rockin’ de Chris Isaak (‘La vida mata’ -¡como el LP de Los Enemigos!- y sus versos: «Los golpes duelen / la vida mata / el tiempo dura / los días pasan», donde también habla de esas «canciones de cuna para adultos» que nos sirven para el titular; luego el swing ‘Gardel’ con la frase «y un carnaval de fantasmas en el congelador y agujeros negros en su palabra de honor», un carnaval que no molestaba afuera en las calles de Bilbao), Bob Dylan (las tres veces que sopló la armónica Lee Oskar, la primera en ‘Canciones que no hablan de amor’, la que arranca contando «Leonard Cohen en un viejo hotel de Gran Vía 42 una orquesta sin swing arruinó una fiesta a la que no fui»)

En octubre de 2016 nos dijo: «Mis días suelen ser monótonos y aburridos, como a mí me gustan. Excepto cuando estoy de gira o de promoción. Generalmente camino mucho, leo bastante, nado un poco y trabajo lo menos posible. Y me engaño a mí mismo diciéndome que voy todos los días a mi estudio»
(foto: Mr. Duck).

… el gótico americano con el banjo en plan 16 Horsepower (‘Cada vez’), el rollo buhonero, zíngaro (‘La vida te lleva por caminos raros’, de 2005, la que en 2007 versionó Quique González en su álbum ‘Avería y redención’), lo fronterizo una vez más (‘Juegos de Amor’, la que en 1992 hizo con su proyecto sintético Cabaret Pop y que después a su nombre rebautizó ‘Donde cruza la frontera’… y que cantó en 2006 a dúo con Quique González), o la despedida definitiva con country soul (la balada de la derrota ‘Vuelve un poco de lo que perdí’, la de «nunca tuve más que lo que perdí»), todo premiado con silbidos, aplausos humeantes, gritos y piropos esporádicos como «preciosa, Diego» (una chica lo chilló) o «vaya crack» (un tío lo sentenció), elogios sinceros que hicieron sonreír al generalmente impertérrito donostiarra, quien ofició hecho un pincel, un dandi con su terno entallado y oscuro.

ÓSCAR CUBILLO

 

En octubre de 2016 nos dijo: «No sé cómo me trata la crítica. En los últimos diez años sólo he sacado un disco que no escuchó nadie. En cualquier caso, es agradable si alguien acaricia tu ego con alguna reseña favorable. Las ventas se desmoronaron junto con toda la industria, todo el edificio se ha venido abajo. Ya no hay casi diferencia entre un disco que funciona y un fracaso. Ninguno vende nada»
(foto: Mr. Duck).

 

+++ ENTREVISTA +++

***

«Casi me había olvidado de que trabajaba en esto de la música»

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«Si no tocas, no existes», afirma Diego Vasallo, epígono de Tom Waits con garganta sabiniana

 

‘Baladas para un autorretrato’ (Subterfuge, 16).
Nos contó Diego en octubre de 2016: «Es un disco que bebe de influencias clásicas en lo musical, como country, blues o folk-rock, aunque pasadas por un filtro espeso y arenoso. La voz susurra versos empapados de niebla y la banda toca como al fondo de un cine oscuro. Las letras se zambullen en las grandes miserias y pequeñas grandezas de cualquier diminuta existencia, como la mía, con alergia a cualquier rasgo heroico».

El introspectivo Diego Vasallo Barruso (San Sebastián, 1966), 50 % de los actualmente en dique seco Duncan Dhu, el grupo con el que asaltó la fama a la sombra de Mikel Erentxun, ha reactivado su carrera en solitario con su octavo álbum, ‘Baladas para un autorretrato’ (Subterfuge, 16), un repertorio de tempo muy Tom Waits y crepuscular, con garganta a lo Sabina terroso, fronterizo y auténtico. Nos contó en su día su autor: «Es un disco que bebe de influencias clásicas en lo musical, como country, blues o folk-rock, aunque pasadas por un filtro espeso y arenoso. La voz susurra versos empapados de niebla y la banda toca como al fondo de un cine oscuro. Las letras se zambullen en las grandes miserias y pequeñas grandezas de cualquier diminuta existencia, como la mía, con alergia a cualquier rasgo heroico».

Tan bien ha sido recibido este álbum que Diego Vasallo se ha animado a divulgarlo en directo. Siempre a su ritmo pausado, eso sí. El sábado 10 de febrero lo presentó con banda en Bilbao (Cotton Club, 20 h, 12-14 €) y aprovechamos para departir por e-mail con él (con alguna repregunta, ¿eh?).

¿Dónde estás, qué día es hoy y qué vas a hacer en tu cotidianidad?

Hoy es viernes (2 de febrero) y estoy en mi casa, en Donostia, frente al ordenador. Vengo de mi estudio, donde estoy trabajando en unos papeles para una próxima exposición. Aparte de eso, he sacado algo de tiempo para ir a la piscina y leer. No ha sido un día muy productivo. Como la mayoría de mis días, por otra parte.

¿Te gusta el fútbol? ¿Lo sigues en las teles ahora que dan todos los partidos del Bayern, el PSG, etc.?

Nunca me ha gustado el fútbol. Yo era de tenis, aunque ya no juego por una lesión de espalda. En los taxis sus secuelas suelen ser un problema.

Te lo pregunto por la polémica de hincha en que se metió Mikel a causa del fichaje del realista Íñigo Martínez por el Athletic. Tú seguro que no te habrías metido en un charco similar…

No estoy muy informado del tema, pero Twitter tiene mucho peligro. Hay mucha gente furibunda por ahí que está deseando molestarse por algo. De todas formas esa plataforma se utiliza demasiado, constantemente se están vertiendo en ella toneladas de sustancia intrascendente. No me gusta Twitter. Hace demasiado ruido.

¿Cuál fue la última vez que te metiste en un charco… y se pueda contar?

No lo recuerdo porque no soy muy dado a meterme en charcos. Creo que se opina demasiado de todo. Todo el mundo tiene algo que decir. Los silencios son más trascendentes.

Dices que antes jugabas al tenis, ¿y ahora practicas algún deporte?

Jugué mucho a tenis, más o menos hasta los cuarenta. Ahora nado y ando en bici. Sin matarme. Una actividad más de viejo.

Duncan Dhu seguís, ¿no?

Duncan Dhu está hibernando, en una especie de limbo. La última gira fue en el 2016. Y no tengo muchas ganas de despertar a la bestia. Me siento mayor para ese repertorio.

¿Qué es lo que te gusta más de actuar en directo, de dar conciertos?

Lo que más me gusta es una audiencia en silencio y una banda puesta a punto. Un sonido crudo y que las palabras caigan por su peso, como cuando empiezan a caer esas gotas gordas antes del aguacero. Para mí es importante disponer de una sala con un cierto ambiente; si es algo un poco oscuro y decadente, mejor.

El show del Cotton visto por una pantalla del televisión del local (foto: Mr. Duck).

¿Y lo que menos?

Lo que menos me gusta es salir de gira. La furgoneta, la carretera y demás. Las comidas. Los viajes me sacan de mi rutina, esa cosa maravillosa. Me gusta plantearme los conciertos como una pequeña excursión de fin de semana. Suelo viajar en tren y, si puedo, llego un día antes del bolo y ejerzo de turista.

¿En tren? ¿Tienes coche?

Tengo un mini de doce años.

¿Te gusta conducir?

No. No me gusta mucho conducir. Nunca hago viajes largos en coche. Prefiero el tren.

¿Por qué te estás animando a dar tantos conciertos en esta etapa?

Creo que el último disco, ‘Baladas para un autorretrato’, merece la pena pelearlo y, si no tocas, no existes. Llevamos una docena en algo más de un año. Es un ritmo que me gusta. Uno al mes más o menos, sin la estridencia de una gira.

¿Cuándo fue la última vez que actuaste en Bilbao?

Creo que la última vez que toqué en Bilbao fue en el Colegio de Abogados, con otra banda. Debió de ser en 2011 o 2012 (el jueves 24 de mayo de 2012, comprobamos en Google; y a toro pasado nos cuenta Iñaki Orbezua coordinador de los conciertos en el Colegio: «Hubo muy poquita gente en el auditorio, de las veces que menos, sorprendentemente… ¡o no! Diego vino con un grupo de músicos espléndido, eso sí. Se llamaba Contacto en Francia, con Fernando Astone, Sergio Gil -ex-Fortune Tellers- y Javier Geras»).

¿Cómo será el concierto del Cotton, en el que estaré si no me cae un meteorito?  Ya te vi en el estreno en San Sebastián (Sala Club del Teatro Victoria Eugenia, el domingo 20 de noviembre de 2016; no escribí nada porque el día después no encontré ningún cíber en la ciudad antes de viajar a Francia).

El sonido es algo más rock and roll que antes, entendiéndolo en un sentido amplio, claro. La banda suena bien y deja que los textos floten en el aire. Yo diría que suena como una banda de blues interpretando baladas y poemas rescatados de un naufragio. Hacemos un repaso a mis discos de los últimos 20 años.

Diego Vasallo en directo ese 20-N de 2016 en el Teatro Victoria Eugenia:

Pinta bien el sonido actual. ¿Sigues trabajando con los mismos músicos? ¿Fernando Macaya y compañía? Fernando está con los Deltonos a la guitarra y con tu compañero Mikel Erentxun también, pero con éste va al bajo.

Sigo con la banda de Fernando Macaya. Creo que se encuentra en un buen punto, entre cálido y rugoso.

¿Cuánto hay de verdad en eso que se cuenta de que los músicos dan más conciertos hoy día porque los ingresos que reciben de las discográficas han descendido?

Supongo que será verdad… para ciertos artistas. Tocar en salas pequeñas no da para mucho más que las cervezas y dormir en un hotel. Los ingresos por royalties de discos no es que hayan descendido, es que parece que van camino de desaparecer. Todo el mundo sabe que los músicos vivimos del aire.

El disco que te ha impulsado de nuevo, ‘Baladas para un autorretrato’ (Subterfuge, 16), ha funcionado mejor de lo esperado. Hasta se ha reeditado en vinilo.

El disco no ha ido mal, sobre todo en vinilo. De alguna manera ha sido mi vuelta al circuito, al oficio. No me quejo. Casi me había olvidado de que trabajaba en esto de la música.

En octubre de 2016 nos dijo: «Empecé la carrera de Arquitectura, pero lo dejé el primer año. Pinto y dibujo desde muy pequeño. De hecho, de crío era lo único que hacía. Dibujaba comics, hacía carteles… Estuve tres años en dos academias de diseño gráfico, pero lo dejé cuando formamos el grupo. Mis influencias son toda la pintura con alma que me golpea de alguna manera. Desde los dibujos de Rembrandt y Goya hasta los expresionistas americanos. Desde las acuarelas de Turner a Egon Schiele, la caligrafía china, el grupo El Paso, las fotografías de Robert Frank, el cine antiguo en blanco y negro…»
(foto: Mr. Duck).

El disco ‘Baladas para un autorretrato’ salió junto al libro de poemas e ilustraciones, ‘Al margen de los días’.

El libro se vendió bien. Ayudó a eso que durante los primeros meses comprar el libro era la única forma de conseguir el disco en formato CD. Sólo he publicado este volumen y otro poemario anterior también con ilustraciones que se llamaba ‘Canciones que no fueron’. No me siento cómodo en el traje de poeta. Son libros que surgieron como por casualidad.

¿Estás escribiendo algo ahora?

Ahora estoy intentando escribir canciones nuevas, pero se me están resistiendo. Me gustaría grabar algo el año que viene. Tendré que aplicarme.

¿Y qué estás leyendo?

Leo de todo. Voy de un sitio a otro: novelas, memorias, diarios, algo de poesía, Historia… Estoy leyendo ‘El banquete celestial’, de Donald Ray Pollock y quiero hincar el diente a una biografía de Martín Lutero que me espera encima de la mesa.

¿Además de en castellano lees en algún otro idioma? Quizá hablas inglés por tantas giras y viajes, o francés por la cercanía y la tradición donostiarra… O euskera…

Aprendí inglés de crío, pero lo tengo muy olvidado de no usarlo. No soy bueno para los idiomas.

ÓSCAR CUBILLO

 

Clip de la canción ‘Piedra helada’, dirigido por Fernando Macaya:

 

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