CINE: ‘Déjame salir’: Cuidado con los blancos

 

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Texto por GERARDO CREMER

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Estreno: 19 de mayo de 2017

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Director: Jordan Peele

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Calificación: 3 estrellas de 5

 

Trailer de ‘Déjame salir’

 

‘Déjame salir’ entra a competir por la carrera de los Oscar 2017 en cuatro apartados de primera línea: mejor película, mejor dirección (Jordan Peele), mejor actor (Daniel Kaluuya) y mejor guión (Jordan Peele).

Un film cuyo impacto puede compararse al estreno de ‘La noche de los muertos vivientes’ (1990) de George A. Romero y que puede contemplarse en versión original en sus ediciones en DVD y BluRay correspondientes.

 

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Política

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Si hay algo que resulta chocante en ‘Déjame salir’ es su mutabilidad genérica. En cierta forma, si algo se puede sostener, es que la opera prima de Jordan Peele (Nueva York, 1979) tiene como objetivo descolocar al espectador, dando la vuelta a conceptos pre-establecidos para atacar nuestra conciencia de lo “políticamente correcto”. Siendo un film realizado en la era Trump, al presidente a quien se menciona es a Obama. Al que fuera el primer presidente negro de los Estados Unidos se le deben las revueltas raciales más violentas del siglo XXI, en Ferguson, Misuri, en agosto de 2014, tras el desalmado asesinato del joven Michael Brown, un afroamericano de 18 años, por un agente de policía estatal. Políticamente hablando, este proceso de desconcierto que agita la película no proviene tanto del miedo suscitado por las promesas electorales o el conocido pasado del nuevo presidente americano, sino más bien del desencanto suscitado por la moderada política de apaciguamiento, equidistante y finalmente trivial, del presidente Obama. Como resultado de la misma quedó, en los habitantes de raza negra de los Estados Unidos, la sensación de abandono, de haber tenido en sus manos la oportunidad de una transformación radical y verdadera y haber constatado nuevamente que las promesas de cambio se escurrían entre sus dedos.

Los disturbios raciales de Ferguson, Misuri, 2014.

Jordan Peele inicia la película con un largo plano secuencia, de más de dos minutos, una escena nocturna donde un hombre de raza negra pasea de noche por un solitario barrio de clase media en busca de una dirección. La cámara, inicialmente en travelling frontal, gira 180º para situarse a espaldas del personaje. La intencionalidad del movimiento es la de encuadrar un coche blanco que aparece en cuadro. A partir de ese movimiento, cámara y personaje girarán en diferentes ocasiones, mientras el personaje no para de entretener su mente (y por tanto su miedo) hablándose a sí mismo sobre dónde demonios se encuentra el apartamento que está buscando y el espectador observa el misterioso coche blanco siguiéndole continuamente. Finalmente un hombre con un casco en la cabeza (¿una alusión a los representantes de la policía antidisturbios?) aparece sorpresivamente atacándole y dejándole inmovilizado. El cuerpo desvanecido del hombre es arrastrado al interior del coche.

Una imagen del plano secuencia de inicio: el paseante negro queda inmovilizado por un atacante con casco.

Intencionalidad argumental e imágenes trasladan al espectador ese cambio de roles suscitado. Ahora es el hombre negro el que debe temer pasear solo por las calles. Da igual su fortaleza física, o su aspecto, o el barrio residencial por el que se mueva. El peligro siempre está ahí. El hombre de raza blanca es quien ostenta el poder y la fuerza. Supremacía blanca que usa con descaro contra el negro.

 

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Géneros

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No solo es el cambio de papeles, es decir la sensación de indefensión del hombre afroamericano, sino la variabilidad genérica, lo que marca el “tempo” de ‘Déjame salir’. Inicialmente, la pareja interracial, formada por Chris (Daniel Kaluuya), negro, y Rose (Allison Williams), blanca, viven con naturalidad su situación. Rose pertenece a una familia acomodada, pero de ideología demócrata, mientras que Chris es un afroamericano de clase media, que ha sabido encontrar en su profesión, fotógrafo, una cierta estabilidad en la sociedad norteamericana. La conversación de inicio de la pareja está cargada de ironía, al barajarse hipótesis de cómo reaccionará la familia de Rose cuando vayan a visitarles. La secuencia parece estar suscrita al cine independiente americano (próxima a las tendencias narrativas de Greta Gerwig y Noah Baumbach), pero se aprecia un cierto tono satírico en los diálogos y en la limpieza de sus imágenes (que contrastan con la escena prólogo, arriba comentada, del film).

La llamada telefónica que realiza Chris a un amigo suyo, desde el coche que se dirige a la residencia de los Armitage, los padres de Rose, se traduce en un giro hacia la comedia. Algo que se acentúa más cuando se nos presenta la gran mansión de los Armitage y la exagerada “educación-políticamente-correcta” de Dean (Bradley Whitford) y Missy (Catherine Keener), padres de Rose. Una posición política (remarcan el hecho de haber votado a Barak Obama) que dista mucho de ser creíble al contrastarse con el comportamiento del personal negro, que actúa ante ellos como esclavos. Las disparidades entre palabras y hechos (poco o nada disimuladas por los padres de Rose) son un mecanismo de humor (véase sino el momento en el que Dean explica a Chris cómo su padre compitió en las Olimpiadas de Berlín bajo la mirada de Hitler y perdió ante Jesse Owens, un negro) que engarza con films de estructura narrativa similar, tales como ‘Los padres de ella’ (2000) de Jay Roach. Evidentemente, si no fuera por la secuencia introductoria, toda la primera parte de ‘Déjame salir’ sería difícil de enmarcarla en el cine de terror.

Los padres de Rose recuerdan, al comienzo, al film de risas ‘Los padres de ella’.

El terror satírico, expuesto a las deformaciones propias de las imágenes alteradas por la comunicación y la política, de ‘Déjame salir’ está muy próximo a dos de los últimos trabajos del director de New Jersey Kevin Smith: ‘Red State’ (2011) y ‘Tusk’ (2014), films que mezclan el humor grosero de Smith con la hipocresía social norteamericana. Unas películas que, a su vez, exponen a personajes normales frente a sociedades “educadas” que, una vez en su interior, se desvelan extremistas (fascistas) y fanáticas (religión). El humor que se trasluce de la inocencia de estos personajes inocentes (que, sin sospechar, penetran en esos mundos y sociedades “extrañas”) pronto queda embarrado, sobrepasado por la crueldad que estos grupos pueden aplicar (en ‘Tusk’ al pobre protagonista, un locutor de una radio independiente, le convierten en morsa).

Y es que, poco a poco, impregnándose de la extrañeza del lugar y de las gentes que conviven con los Armitage, ‘Déjame salir’ va transformándose en un film de terror con fuertes conexiones con dos películas recientes, ‘La invitación’ (2015) de Karyn Kusama y ‘La visita’ (2015) de M. Night Shyamalan. Incluso hay similitudes con ‘La invitación’ que quedan fuera de la casualidad narrativa y contienen una clara intencionalidad cómplice con los espectadores del cine fantástico: en ambos films, durante el trayecto a la casa donde han sido invitados, se produce un accidente con un animal. Con la película de Shyamalan hay aproximaciones de “tono”, gracias a la variabilidad genérica (los cambios de registro que se producen a lo largo del film), y con el film de Kusama hay cercanía narrativa (la sorpresa de encontrase a unos anfitriones que no son, ni mucho menos, lo que aparentar ser).

Pero con quien realmente conecta ‘Déjame salir’ es con ciertos films de corte fantástico de los años 30 y 40. Las películas sobre experimentos realizados a humanos. ‘La isla de las almas perdidas’ (1932) de Erle C. Kenton, pero sobre todo ‘Yo anduve con un zombie’ (1943), una película de Jacques Tourneur donde se introduce el tema de los muertos vivientes y el enfrentamiento de clases y razas. Las apariciones de personajes zombificados ante la sorpresiva mirada de los protagonistas en el film de Tourneur se las ha apropiado el debutante Peele.

El debutante Peele se apropia de la iconografía visual de ‘Yo anduve con un zombi’.

‘Déjame salir’ en un film que continuamente busca el impacto del espectador, primero poniendo en duda sus convicciones políticas, después desequilibrándole en su disposición a las expectativas narrativas, para terminar descolocándolo al buscar puntos de referencia en films ya conocidos. Pero finalmente, en esta argamasa de referencias y cambios de tono (un hecho bastante frecuente en directores debutantes), lo que predomina en ‘Déjame salir’ es la sátira realizada a una sociedad americana, incapaz de modificar sus hábitos, sus comportamientos violentos y racistas, pero que sabe disimular los mismos en pos de la imagen educada y correcta.

Llena tanto de excelentes momentos (el despertar de Chris y su encuentro en el patio con el jardinero que se acerca corriendo hacia él; la mirada vacía y dolida que le dirige un invitado de raza negra cuando le descarga el flash de una foto…) como de otros peor realizados (el primer encuentro con el hermano de Rose o la puesta en escena empleada durante la sesión de hipnotismo), en el film de Jordan Peele cabe destacar una imagen: los ojos abiertos, derramando lágrimas, de Chris, cuando se enfrenta a la realidad de la familia Armitage.

GERARDO CREMER

A destacar una imagen: los ojos abiertos, derramando lágrimas, de Chris.

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