Les Filles de Illighadad: Las bueswomen tuaregs

Las tres mujeres sentadas en el introito vocal étnico (foto: Carlos García Azpiazu).

CAL: *

Miércoles 28 de febrero de 2018, Bilbao, Kafe Antzokia, sala superior, 21 h, 10-12 €.

GIRA ESPAÑOLA
28 Feb – Bilbao – Kafe Antzokia (Kutxa Beltza)
1 Mar – Oviedo – Lata de Zinc
2 Mar – Vigo – Radar Estudios
3 Mar – Zarautz – Putzuzulo Amets Fabrika
4 Mar – Zaragoza – Bombo Y Platillo (Centro Cívico Delicias)
5 Mar – Sevilla – Sala X
6 Mar – Valencia – 16 Toneladas
7 Mar – Huesca – Centro Cultural Manuel Benito Moliner
8 Mar – Barcelona – Artte
9 Mar – Madrid – Café Berlín

 

El Antxiki mixto y multiculti entró en trance y dio palmas y soltó irrintzis durante la actuación de la formación vocal femenina nigerina, que mutó del folk arcaico al blues absorbente y puso al personal en danza

 

LA NOTICIA

Las mujeres tuaregs Les Filles de Illighadad traen la música del Sahara al Kafe Antzokia. Por los escenarios vizcaínos en tiempos recientes han pasado varias formaciones musicales tuaregs, o sea de musulmanes nómadas saharianos: Bombino (alias de Goumar Almoctar) estuvo en la Sala BBK y en la sala pequeña del Kafe Antzokia hemos podido ver al organista griot Mammane Sani, un pionero de la electrónica desértica, y al guitarrista de blues Mdou Moctar, que vendió desde DVDs hasta joyas tuaregs y que regresará al mismo escenario el 15 de marzo. Pero antes, este miércoles actuarán en el Kafe Antzokia (sala superior, 21 h, 10-12 €), Les Filles de Illighadad, tres mujeres tuaregs ataviadas ora con velos ora con turbantes que nos visitan en la primera fecha de una gira española de diez días sin descanso.

Todos estos músicos provienen de Níger, el segundo país más pobre del mundo según la ONU (sólo está peor la República Centroafricana), con 18 millones de almas y más de tres cuartos de su territorio de 1.267.000 km² cubierto por el desierto del Sáhara. Asevera Fatou Seidi Ghali, la lideresa del trío: «La mujer tuareg es un pilar central de la comunidad, pues vivimos en un sistema matrilineal. La mujer tiene muchos derechos y está muy respetada. Nos podemos divorciar muy fácilmente y cuando lo hacemos nos otorgan derechos sobre todos los bienes del hogar: el hombre deja la casa sin nada de nada. No existe la igualdad en el mismo sentido que en el sistema occidental porque los papeles del hombre y de la mujer son distintos y complementarios. Pero la mujer tuareg es muy exigente y tiene mucho carácter».

Seidi empezó a tocar a escondidas de su familia una guitarra que había traído su hermano a casa. Practicaba entre los matorrales, recuerda. Ahora tiene dos discos en el sello Sahel Sounds: su debut homónimo ‘Les Filles de Illighadad’ (2016) y su reválida ‘Eghass Malan’ (2017; este es el Bandcamp). En ambos moderniza el ‘tende’, el folk de la región, nominado así por un instrumento de percusión hecho con piel de cabra. Por lo catado en los discos, el estilo de Les Filles de Illighadad engarza con la guitarra atávica del maliense Ali Farka Toure, aprieta en el soniquete reverberante de las voces femeninas y cuela bastantes palmas e irrintzis bereberes.

El nombre del trío, Las Hijas de Illighadad, proviene de su pueblo, Illighadad, sito en el departamento nigerino de Tahoua, y dice Seidi: «Es un lugar de vida sencilla, donde se vive de forma autosuficiente sin los lujos del primer mundo. Está construido con casas de barro y habitado por pastores nómadas en su mayoría». Los tuaregs viven al norte de este departamento donde también hay minas de fosfato y yeso. O. C.

Imagen de móvil que el grupo subió a su Facebook, con la gente delante y los músicos al fondo.

EL CONCIERTO

El miércoles las mujeres tuaregs Les Filles de Illighadad arrancaron en el Kafe Antzokia su gira española de diez días sin descanso (Bilbao, Oviedo, Vigo, Zarautz, Zaragoza, Sevilla, Valencia, Huesca, Barcelona y Madrid). Oficiaron ataviadas con velos y trajes y túnicas de gala (verde, rojo y negro), no con turbantes del algunas de sus fotos de promoción (éste se lo reservó el cuarto miembro, un guitarrista masculino vestido de blanco), y tampoco con los vaqueros que lucen en su Facebook en las fotos de esta gira europea. Actuaron en el Antxiki, ante unas 80 personas que se acercaron y apretaron con más curiosidad que en los conciertos de rock y demás ritmos occidentales, gente de ambos sexos, de amplio abanico de edades y de bastantes razas, pues a menudo se echa de menos a los inmigrantes en los conciertos, pero aquí no faltaron.

Todos los presentes quedaron hipnotizados ante el sonido de las tuaregs, que comenzaron tímidas, retraídas, mirándonos con prevención, y que acabaron bailando, sonriendo, lanzando gritos bereberes tan similares a los irrintzis y arrastrando al respetable a la danza, las palmas y la alegría comunitaria. Eso a pesar de que el arranque pareció arqueológico, con cuatro temas vocales muy folklóricos entonados por ellas tres sentadas, una en el suelo y las otras dos en unos palos que completaban el ‘tende’, el arcaico tambor hecho con piel de cabra. 22 minutos para cuatro piezas monocordes se tiraron así, emitiendo una salmodia emparentable con los cantos de los indios en las películas del oeste. Con voces agudas en lengua vernácula tuareg y acompañadas por el tende, las palmas de la joven de rojo más el tambor de agua que percutía entonces la lideresa, Fatou Seidi Ghali, en este introito étnico, o prólogo documental a lo National Geographic o aperitivo atávico, Les Filles de Illighadad dieron vueltas a la misma fórmula y la jovezna de rojo se reía tanto a escondidas que yo pensé que estaban cambiando la letra, improvisando humorísticas, quien sabe si riéndose de la concurrencia. Se reía tanto que a la cuarta canción folk la lideresa Seidi le dio un golpe y se acabó la parte folklorista.

La severa lideresa Fatou Seidi Ghali a la guitarra (foto: Carlos García Azpiazu).

El satisfactorio y creciente concierto de las nigerinas duró 79 minutos para 11 piezas: las cuatro acústico-vocales en trío del introito sentado, y siete más a dos guitarras eléctricas ya en pie y en cuarteto reforzado por Ahmoudou Madassane, el tuareg de blanco colocado en la segunda fila del tablado. Entonces, en esta segunda parte amplificada en la que Seidi se colgó una guitarra eléctrica que se sumó a la del hombre, todo creció y tornóse más absorbente hasta alcanzar lo hipnótico. La murga ruló más fluida, más engrasada (el tambor de agua salpicaba tanto que caían gotas sobre los enchufes con peligro de cortocircuito), persiguiendo el groove sahariano guitarrístico de Ali Farka Toure y de su hijo Vieux (ambos malianos, del país vecino, del mismo desierto), engarzándose con el blues arenoso y sin contaminación occidental de Tinariwen (malianos que comenzaron su grupo en Argelia, escapando de las guerras en su país), evolucionando hacia el boogie de John Lee Hooker con reverberación desértica y con la mística hippie de Canned Heat (sí, el blues americano proviene de África), animándose, soltándose y desinhibiéndose ellas mismas quizá estimuladas por la reacción positivísima y participativa del respetable desde el principio de esa velada de miércoles (la risueña de rojo llegó a cantar y a tocar la guitarra por el epílogo), concediendo un bis tras mucho insistir el público, y mostrándose extremadamente lacónicas, pues solo dijeron unas pocas veces ‘merci’, gracias en francés, por la parte final. Una cita exótica que resultó mejor de lo que esperábamos y que superó la media lineal habitual de los tuaregs que nos han visitado (Bombino, Mdou Moctar…).

OSCAR CUBILLO

 

Serena actuación televisiva de Les Filles de Illighadad:

 

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  1. […] El espigado bluesman treintañero nigerino Mdou Moctar, alias de Mahamadou Souleymane, ya actuó en septiembre de 2015 en el Antxiki, la sala superior del Kafe Antzokia, donde tocó 14 temas en 93 minutos, ¡incluyendo el bis de 8 temas y 48 minutos! (así lo contamos). Entonces vino con el disco ‘Akounak Tedalat Taha Tazoughai’ (Sahel Sounds, 2015), y el jueves regresó con nuevo álbum, ‘Sousoume Tamachek’ (Sahel Sound, 17), ninguno de los cuales hace justicia a su sonido en vivo y pegada en directo (este es el Bandcamp). Regresó con el mismo formato, en trío a dos guitarras y batería, sin bajo: el baterista Ahmed Jabre Mahmoud con playeras Nike rojas y amarillas marcaba el ritmo con fruición sincopada, y los dos guitarristas vestían sandalias y túnicas a las que se les notaba los cuidadosos dobleces (una blanca y otra verde), y colgaban sendas Fender Stratocaster (una roja con mucho groove funk la del hacha rítmica y una negra la del líder solista y zurdo). Ah, el segundo guitarrista, el tuareg vestido de blanco, era Madassane Ahmoudou, quien también acompañó recientemente en el Antxiki a las mujeres tuaregs Les Filles de Illighadad (aquí le vimos). […]



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