CINE: ‘Lady Bird’: Contradicciones de una adolescente

 

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Texto por GERARDO CREMER

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Estreno: 23 de febrero de 2018

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Directora: Greta Gerwig

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Calificación: 4 estrellas de 5

 

Trailer de ‘Lady Bird’:

 

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Gerwig, adalid del feminismo

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El deslumbrante encumbramiento de Greta Celeste Gerwig (Sacramento, California, 1983) en esta época de auge feminista, de activismo ‘Time´s up’ y de adhesión al hashtag #MeToo tiene tanta relación con su capacidad artística como con su trayectoria pública, pues es imagen reivindicativa del feminismo y pieza fundamental del subgénero indie “mumblecore” (Nota: El término mumblecore, también conocido por “neorrealismo digital”, fue adoptado por Eric Masunaga, el técnico de sonido del director Andrew Bujaski, durante el Festival South by Southwest en 2005). Para Gerwig el cine es el medio artístico ideal para expresar las inquietudes de una generación y, por consiguiente, sus propias preocupaciones. Una trayectoria que comienza junto a Joe Swanberg, buque insignia del indie mumblecore, con quien trabaja de actriz, co-guionista y co-directora (‘LOL’, 2006 –actriz-; ‘Hannah Takes The Stairs’, 2007 –actriz y guionista-; ‘Noches y fines de semana’, 2008-actriz, guionista y directora-), pero que también incluye trabajos con otros directores del movimiento (‘Baghead’, 2008, de los hermanos Duplass).

Greta Gerwig, del independentismo a la responsabilidad feminista.

El mumblecore le sirve a Gerwig de aprendizaje, pero también para participar en la creación de un caldo de cultivo donde ciertas temáticas juveniles (nuevamente la inseguridad ante la vida en todas sus facetas expuesta ante los deseos individuales de superación), junto a formas de filmación y visualización democratizadas (la cámara digital, el realismo adscrito a la filmación personal), la animan a mantenerse en el terreno del cine independiente. Y a pesar de repudiar a Woody Allen, Gerwig encuentra en el director neoyorquino la base de creación de sus personajes al moverse en el género de la comedia, usando componentes autobiográficos y componiendo un arquetipo de protagonista con rasgos semejantes a la propia actriz / guionista / directora.

Pero Gerwig, a diferencia de Allen, parece tener sobre sus espaldas una responsabilidad mayor, una identidad representativa, modelo a seguir dentro del actual movimiento feminista. Hay un nivel de exigencia que va incrementándose a partir de los guiones e interpretaciones que realiza junto a su actual pareja, Noah Baumbach, a quien fagocita en su faceta artística. Para los admiradores de sus películas, Gerwig se convierte en la verdadera creadora de ‘Frances Ha’ (2012) y ‘Mistress America’ (2015), dejando a Baumbach en segundo plano. Por ello, su primera experiencia como autora total (guionista y directora) en ‘Lady Bird’, a pesar de su decisión de no aparecer como actriz (por la imposibilidad de representar el papel protagonista debido a su edad), se ha convertido en fenómeno social, en película emblema de todo un sector que clama por la igualdad de derechos y oportunidades de las mujeres en el mercado laboral.

Gerwig dirige a dos actores de moda: Saoirse Ronan y Timothee Chalamet, ambos nominados al Oscar 2017.

 

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Gerwig: en busca de un lugar en el mundo.

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Aunque el indie mumblecore encuentra sus principales influencias en Eric Rohmer, François Truffaut, John Cassavetes, Woody Allen, Jim Jarmush, Kevin Smith y Richard Linklater, hay algo que lo distingue de todos ellos: el mumblecore es cine independiente que rehúye de la autoría, que se presenta como contra-réplica al cine indie presto a triunfar en los Festivales de Cine. Como señas de identidad están el uso de cámaras digitales, de actores amateurs, de la improvisación en las interpretaciones, de cierto grado de veracidad a través de decorados que apuestan por la naturalidad, siempre con un propósito de acercarse al día a día de los jóvenes norteamericanos que conforman una generación (aquellos nacidos en la década de los 80). Pero la pobreza de los medios de filmación potencia el uso de secuencias sin cortes y cámara en mano que conlleva a una estructura de escenas teatralizadas que, por consiguiente, aleja la narrativa de su intencionalidad realista. El término “mumble” (hablar de una forma poco clara y dificil de entender) se convierte en metáfora de los personajes, quienes siempre tienen dificultades para expresar lo que sienten y desean. Personajes que en todo momento buscan en el mundo el lugar que les corresponde, tanto desde el aspecto laboral como sentimental. Son películas que se mueven entre el género del drama y la comedia, narrativas estructuradas a través de secuencias independientes que buscan destacar instantes de vida, como un álbum de fotos que usamos como medio para recrear nuestras vivencias.

Gerwig es parte de ese grupo de creadores que fundamentan al contra-movimiento indie y su cine mantiene vivos los intereses generales que conforman el mumblecore. Por ello también las bases temáticas de este modelo de cine pasan a ser el sustrato de sus guiones posteriores (no así tanto su trabajo como directora en ‘Lady Bird’). Su primer gran trabajo como escritora (además de actriz protagonista) es ‘Frances Ha’: una película fresca, abierta a la improvisación, auténtica en sus imágenes, a pesar de la decisión de narrarla en blanco y negro, en recuerdo y homenaje al cine romántico y libre de François Truffaut. Como en ‘Los cuatrocientos golpes’ (1959), Greta Gerwig convierte el film en una suerte de autobiografía por la manera de presentar esta narración vívida cuya veracidad desvela cierta reflexión vital de su existencia.

 

Trailer VOS de ‘Frances Ha’

 

‘Frances Ha’ parece comenzar justo después del final de ‘Lady Bird’. Hay una línea autobiográfica que une a los dos personajes protagonistas de ambas películas, en una suerte de continuidad que no es otra que los propios recuerdos de la Gerwig. ‘Frances Ha’ es un film que se mueve en el terreno de la comedia mumblecore, con una narrativa secuencial, distanciada de la lógica causa-efecto, y que bebe mucho del cine rupturista de la “nouvelle vague”. Cuenta el paso de la juventud a la vida adulta (la vida con responsabilidades) de Frances (Greta Gerwig), una chica que no tiene excesiva suerte en su carrera profesional y en su vida sentimental. Lo que realmente la une a la vida, a su deseo de eterna juventud, es su amiga y compañera de habitación, Sophie. Ella es el agarradero de esa etapa vital que está a punto de dejar atrás. Frances, más que vivir, deambula en una soledad no buscada, que le llega de repente (tras la marcha de Sophie). En ese vagabundear por las ciudades (no como pobre, ya que Frances no deja de ser hija de una familia media acomodada), Frances acaba residiendo en casa de dos jóvenes que viven como bohemios. Baumbach y Gerwig enfatizan la libertad que se respira en esa vivienda, pero remarca también el aburrimiento sujeto a tal estilo de vida.

Frances Ha corre feliz por las calles igual que Allen en ‘Manhattan’ o Pierre Léaud en ‘Los cuatrocientos golpes’.

La única esperanza que le queda a Frances es rencontrarse con Sophie. Así que la busca desesperadamente. El film es como un trabajo de investigación, donde Frances va recabando pistas que le permiten volver a estar con su amiga. Pero finalmente el reencuentro está lleno de frustración. Sophie ha dejado definitivamente su vida pasada y ésto a Frances la lleva a sentirse próxima al abismo. La sociedad la empuja al cambio, a dejar de lado todo aquello por lo que ha soñado, sus ideales. Lo curioso del film ‘Frances Ha’ es el tono cómico con el que aborda esta tragedia. Gerwig (con su guión) sabe profundizar en los sentimientos de la protagonista y, por tanto, sabe ponderar el optimismo de ese espíritu positivista por encima de las fatalidades que la ocurren. La sonrisa siempre está presente en el rostro de Frances que, incluso en los momentos adversos, no se transforma en reflejo de dolor y drama sino que acepta con resignación la llegada de un final de época.

 

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Lady Bird: los comienzos.

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Antes de aceptar el hecho de “ser adulto”, de aceptar el cambio de modo definitivo, Gerwig regresa con sus memorias, con su autobiografía como modelo de escritura. Christine McPherson, apodada Lady Bird (Saoirse Ronan), trasunto de la propia Greta Gerwig, es una adolescente de 17 años cargada de problemas propios de su edad: la lucha diaria que mantiene con su madre, Marion (excelente Laurie Metcalf), en su intento por alcanzar una mayor independencia y libertad de decisión; sus primeros encuentros sentimentales y el miedo / deseo a perder la virginidad; o su pretensión de huir del entorno cerrado, religioso, clasista y cuasi-rural que constituye  Sacramento (California) para estudiar en una universidad más prestigiosa y respirar la actividad y vitalidad de ciudades más cosmopolitas como Nueva York. Posiciones que defiende con poca dialéctica y más con oposición silenciada, propia de la adolescencia, incluso auto-infringiéndose lesiones (lanzándose a la carretera del coche que conduce su madre como muestra de su oposición a seguir discutiendo).

Los enfrentamientos de Lady Bird (Saoirse Ronan) y su madre (Laurie Metcalf) marcan el devenir del relato.

La narración de ‘Lady Bird’ se mueve entre la experiencia vital (aquello que la sucede fuera de las paredes de su casa) y el enfrentamiento permanente con su madre. Una foto de la adolescencia que casi todos hemos vivido y que se cuenta en ‘Lady Bird’ de forma creíble, por la perfecta composición del personaje, pero sobre todo por la sinceridad y naturalidad con la que son narrados los hechos. Aunque hay un claro distanciamiento, en la manera de filmar, con la simplicidad visual y realismo del cine independiente. ‘Lady Bird’ recuerda a comedias de adolescentes más sofisticadas, como ‘Juno’ (2007) de Jason Reitman, y a puestas en escena de calidad (con un predominio del punto de vista único) como ‘Las vírgenes suicidas’ (1999) de Sofia Coppola. Evidentemente, con ‘Lady Bird’ Gerwig abandona para siempre su pertenencia al mumblecore, pero eso no resta que lo recuerde y lo narre con cierto tono de nostalgia.

El film mantiene la misma estructura secuencial que ‘Frances Ha’ aunque, esta vez, mucho más sujeta a modelos y paradigmas habituales del cine de y para adolescentes. Digamos que ‘Lady Bird’ rehúye adscribirse a formas visuales propias del indie (como podía serlo toda la secuencia en la casa de los dos jóvenes bohemios de ‘Frances Ha’) y se sitúa en una narrativa más clásica, más abierta al gran público (que es la narrativa más grata al espectador potencial de Greta Gerwig), para tratar aquellas temáticas que basculan continuamente en su cine y que son la inestabilidad, el actuar sin clarificar las ideas, el vagar por el mundo bajo el deseo de encontrar el lugar que le corresponde a uno, la necesidad de independizarse de la familia o el hecho de ser uno mismo. Aunque esto no resta que toda su narrativa esté empañada de intereses contrarios. Si en Sacramento Christine era Lady Bird, en NY volverá a ser Christine, y en la distancia su pueblo, sus amigos y sus padres pasarán a ser fundamentales, sustentados por el recuerdo, por un deseo contrario al que la ha llevado a abandonarlos. En la secuencia final, tras la hospitalización de Christine por una intoxicación etílica, se la ve entrar en una iglesia, en busca de una posible redención, de un estadio de equilibrio, y ambas experiencias, ambos lugares, quedarán sujetos a una añoranza que solo el recuerdo podrá mantener unidos.

GERARDO CREMER

El despertar de Christine tras su intoxicación etílica le hace añorar su pueblo y a sus padres.

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