David DeMaría: Goterones de sudor, amor y pasión

El trío, el público y el techo de la Cúpula (foto: Begoña Marijuán-Requeta).

CAL: **

Viernes 27 de abril de 2018, Bilbao, Sala Cúpula del Teatro Campos, 20 h, entrada con invitación.

 

Calor y comunión con el cantante andalusí, que irradió personalidad y profesionalidad en La Cúpula del Campos en un acústico radiofónico promocional de su CD+DVD ‘20 años’

 

Invitaciones agotadas para ver el viernes en la sala Cúpula del Teatro Campos al cantautor pop andalusí y amoroso David DeMaría (David Jiménez Pinteño, Jerez de la Frontera, Cádiz, 20 de enero de 1976). O sea, tiene 42 años y arribó celebrando sus diez discos y veinte años en la música, recopilados en el CD+DVD grabado en directo sin público («me habría gustado contar con vosotros», nos halagó) y sencillamente titulado ’20 años’ (Warner, 18). Trae colaboraciones de Manuel Carrasco, Vanesa Martín, Rosana, Eva Ruiz, más unos Sergio Dalma y Chenoa que se salen de la tabla.

1. Si pudiera
2. La ciudad perdida
3. Espérame / con Eva Ruiz
4. Cuando el río suena
5. Precisamente ahora / con Sergio Dalma
6. Despertaré cuando te vayas
7. Barcos de papel / con Manuel Carrasco
8. Guía de mi luz
9. El callejón del duende
10. Cada vez que estoy sin ti / con Vanesa Martín
11. El perfume de la soledad
12. Pétalos marchitos
13. Que yo no quiero problemas / con Chenoa
14. Y si te vas / con Rosana
15. Mi trocito de vida
16. Te conocí
17. Relojes de arena
18. Bernarda / de la película La casa de Bernarda Alba

El sarao lo organizaba la emisora Cadena Dial y se trataba de un acústico en trío ante tres centenas de personas atentas, y cantarinas cuando procedía. La gente aguantó el calor mucho mejor que David DeMaría, que sudó literalmente a chorros (lo atribuyó a la pasión) aunque dominó las tablas arriba y abajo. Arriba por su capacidad sobrada para cantar, afinar, respirar y vocalizar a la vez que tocaba la guitarra acústica, y abajo por su habilidad para pastorear al personal: imitó con la voz a Sabina (le quedó genial) y al típico locutor radiofónico engolado, se congratuló de estar en un concierto acústico y que no se oyera el sonido del chocar de las copas (sí, el bar estaba cerrado, qué fallo), reveló que en esta gira se ha quedado sin púas para tocar la guitarra porque las regala y luego debe fabricarse algunas artesanas recortando las tarjetas de los hoteles («en esta pone Silken, ésta es del hotel de ayer; lo malo es que a veces no puedo entrar en la habitación»; ya, tiene gracia el jerezano), a una fan de primera fila le soltó que le estaba poniendo nervioso y a un niño le preguntó qué le parecía lo que veía, pues lo que más le interesaba era la opinión de los pequeños, y comentó que a su hijo de dos años le pone «música suave, Metallica, Extremoduro…».

Jiménez Pinteño fue más simpático que meloso, y en el culmen del halago pisó charcos involuntariamente: «si pudiera elegir en Bilbao me quedaría…», improvisó al final de una canción, y continuó: «¡Viva el País Vasco! Conecto más con el País Vasco que con Valencia, por ejemplo. Veo más verdad. Y la madre de mi hijo creo que es de Valencia…». Puso cara de pensar y zanjó: «Sí, es de Valencia». ¡Qué risas de la gente, oigan!

Uno de los muchos planos simpáticos del descarado David (foto: Begoña Marijuán-Requeta).

DeMaría ofició en trío, sentado en un taburete, colgando la guitarra acústica, con su rostro de chicano duro perlado de sudor, y flanqueado por un teclista y un guitarrista eléctrico. En 82 minutos le dio tiempo a tocar 13 temas (contabilizando dos veces el que repitió en el bis: ‘Si pudiera’), o sea que calculen el rato que se tiró hablando al respetable cercano al tablado. Abrió él solo demostrando tablas y valor en ‘Amor multiplicado por dos’, de buen estribillo y donde filtró detalles blues a la guitarra. Tras él explicó el busilis de la cita, agradeció los «veinte años de visitas a vuestra tierra y de sentirme más respetado y querido», introdujo a sus escuderos y tocó ‘La ciudad perdida’, de ambiente americano, donde pidió manos arriba y la gente llevó así las palmas.

Sí, era terreno conquistado. El público silbaba y un acelerado DeMaría que sudaba a goterones comentó que estábamos en un concierto acústico, que faltaban la batería y el bajo, pero que «la batería y la base rítmica son vuestros corazones». Y cantó por primera vez ‘Si pudiera’, «la carta de presentación de este disco en directo que tiene tres temas inéditos», y sonó a drama soul a lo Dani Martín cruzado con Álex Ubago. Refinadas melodías, logradas atmósferas, buenos estribillos y la repetición de la palabra ‘amor’ manejaba David DeMaría, que a partir de la cuarta y hasta casi el final voló por las alturas: el nostálgico y autobiográfico ‘El callejón del duende’ tuvo guitarra post-rock, creció a lo Alejandro Sanz y coló versos tipo «el amor es como una cometa que se lleva el viento»; en ‘Barcos de papel’ informó que en el disco la hace con Manuel Carrasco y resonó a Manolo García; y ‘Mi trocito de vida’ devino pop grande a lo Orozco.

El logotipo del ciclo acústico radiofónico y la americana del principio (foto: Begoña Marijuán-Requeta).

El show acústico tenía empaque, David irradiaba carisma y profesionalidad, y el ambiente no decaía. Llegó el turno de ‘Pétalos marchitos’, también andalusí a lo Manu Carrasco, y comentó Bego La Titular: «esta es muy conocida, ¿ves?, se la sabe todo el mundo»; ya, la gente la cantaba y hasta gritó olé cuando el jerezano coló un lapso flamenco. La también inédita ‘Espérame’ fue una balada pop-soul urbanita, y definió como «clásico» ‘Cada vez que estoy sin ti’, que hace con Vanesa Martín, que pareció exótico mejorando a India Martínez y que también tuvo alarde flamenco.

Otros dos cimas postreras holló con ‘Y si te vas’, latina a lo Rosana, la de la letra del maremoto de dolor y el laberinto del rencor, cuando David se secó el sudor con el pañuelo de lentejuelas colgado del pie de micro, y con ‘Precisamente ahora’, una pieza itálica con la intensidad de Alejandro Sanz que en el disco canta con Sergio Dalma y que en La Cúpula la coreaba la gente a pulmón: «no me llores más, preciosa míaaaaa». Al acabarla gradeció el artista: «Muchísimas gracias, qué bien cantáis».

Y quedaban solo dos: ‘Que yo no quiero problemas’, muy filosóficamente andaluza y algo Andy y Lucas (la versión del disco, con Chenoa, es buenísima y eléctrica), más el bis inesperado concedido cuando se encendieron las luces ante la insistencia de la parroquia, cuando David repitió ‘Si pudiera’ vistiendo una camiseta limpia, pues la otra estaba empapada, hundida por los goterones de sudor, amor y pasión.

ÓSCAR CUBILLO

 

Videoclip de ’20 años’ con la canción ‘Barcos de papel’, a dúo con Manu Carrasco:

 

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  1. […] la estupenda impresión del bolo promocional en trío ofrecido en abril en la Cúpula del Campos que narramos aquí (Tsustas opina que toda la plancha de Abandoibarra ya ha pasado antes de fiestas por Bilbao, y no […]



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