The Reverendos: ¿De los bares a los festivales? (+ entrevista)

El gran escenario con el telón de fondo, tan gótico americana (foto: Begoña Marijuán-Requeta).

CAL: *

Viernes 4 de mayo de 2018, Bilbao, Kafe Antzokia, 22 h, 10-12 €.

 

En un Antzoki con las damas en danza, el combo vizcaíno estrenó su cuarta rodaja, donde da el salto del blues hostelero hasta el rock and roll festivalero.

Ah: ¡vendieron más de cien discos y camisetas!

 

El viernes apostamos por acudir al Kafe Antzokia a ver el estreno del cuarto disco en veinte años de los vizcaínos The Reverendos, que reunieron a casi 300 personas de abono en un cartel completado mano a mano con los bilbaínos The Cherry Boppers (CAL: *), cuyo fornido funk-soul-acid-jazz instrumental se hace largo y reiterativo quizá por eso, por la falta de un cantante. Los Reverendos abrieron plaza y se cascaron 18 temas en 74 minutos en los que demostraron que han variado su estilo: van dejando atrás el ritmo y blues hostelero (esta faceta la reservan para su grupo paralelo The Big Flyers) en favor de un rock and roll festivalero, ahí es nada. A ver si les contratan en grandes festivales estivales.

Estiraron bastante algunas de sus canciones (truco festivalero, sí) en un set en el que el público respondió positivamente desde las primeras filas, llenas de damas bailando, hasta la mitad del Antzoki, de donde emergían gritos y aullidos de apoyo. Los cuatro vestidos con camisas chulas muy country y muy rockers, The Reverendos abrieron con un instrumental pistolero (‘Le Circus’), apostaron por la oscuridad de Imelda May (‘Cryin’ And Howlin’) y del neoswing algo Big Bad Voodoo Daddy (‘Rock And Roll Is In The Air’), dejaron entrever influencias de Los Fabulosos Thunderbirds (‘I’m Gonna Get It’) y Brian Setzer (‘Let’s Voodoo’), y la base blues se asomó vía boogie hookeriano (‘I’m In Town’, una de las canciones estiradas).

Pedro Larrauri (contrabajo), Javi Caballero (batería), Álvaro Martínez Mariezcurrena (guitarra) y el Reverendo Igor (voz y teclas) (foto: Begoña Marijuán-Requeta).

La segunda parte estuvo mejor, voló más alto y oímos un poco más los punteos de la Gretsch Silver Falcon de Álvaro: ‘Lazy Toxic Man’ apuró en el diddley beat sucio, ‘Suitcase At The Door’ fue rock and roll afilado, ‘Astrobilly Boogie’ una pachanguita en plan Powersolo a ver si suena la flauta (aproveché para ir a la barra), ‘I Wanna Bop’ un R&R a lo Stray Cats, la melancólica ‘How Many Years’ sonó exótica y crepuscular («vamos a ponernos serios», avisó en la presentación el Reverendo Igor, que la cantó muy bien con su voz nasal y que lleva en su teclado un seguro soporte para apoyar los vasos de combinados, cerveza, lo que sea que beba: «los hace y los vende Antonio A La Mano Ayuso y hay disponibles para pies de micro, batería, etc. ¡Además los personaliza!», informa el tecladista), y así llegamos hasta el final desparramado que amalgamó ecos de Elvis en los 50 (‘I Feel Alright’), boogie a lo Shakin’ Stevens en los 70 (‘Bobby Soxer’), pyschobilly vía Meteors en los 80 (‘White Trash On A Long Black Train’, título del disco que estrenaban) más un aligerado instrumental de Link Wray (el ‘Rumble’, la única versión de las 18 piezas).

Para el bis hubo más rock and roll, a lo Blasters según Tsustas, rocker él: un alargado ‘My Tie’, con solo de batería de Javi Caballero (cuatro veces le vi arrojar una baqueta al aire y las dos primeras se le cayó al suelo) que sonó cuando ya era evidente que los cuatro reverendos debajo de sus chulas camisas llevaban todos la misma camiseta negra con el logotipo del grupo, el mismo logo que campaba sobre el escenario a modo de telón de fondo.  Triunfaron tanto The Reverendos que en el puesto de merchandising vendieron más de 20 camisetas y casi un centenar de LPs y CDs de su último disco, el único que habían llevado esa noche. O sea que vendieron un disco a cada dos o tres espectadores.

ÓSCAR CUBILLO

 

Javier Caballero, que no cogió al vuelo varias baquetas (foto: Begoña Marijuán-Requeta).

 

+++ ENTREVISTA +++

***

«La gente se va a sorprender para bien»

***

The Reverendos estrenaron su cuarto disco, donde evolucionan hacia un rock and roll

que debería ampliar su público y abrirles más puertas

 

El viernes pasado hubo un sarao especial en el Kafe Antzokia (22 h, 10-12 €). Nos quedamos cortos al escribir a priori que se olía la fiesta y se barruntó la danza en un guateque en el que dos grupos vizcaínos estrenaron sus nuevos trabajos. Cerraron la dupla The Cherry Boppers, estrenando ‘For Dancers Only’ (Gaztelupeko Hotsak), 12 cortes en 45 minutos instrumentales de funk y acid jazz retros, y abrieron plaza The Reverendos, que llevan 20 años en esto y cuyos mismos cuatro miembros actuales se duplican en otro grupo de blues vintage bautizado Big Flyers. Es que desean distinguirlo de la nueva faceta ‘reverenda’, más rockin’, como se plasma en su cuarta rodaja oficial, ‘White Trash On A Long Black Train’ (Autoedición audible en Spotify), seis cortes en 22 minutos con blues a lo Imelda May, psychobilly vía The Meteors y un instrumental pistolero, entre otros brebajes como el gótico americana.

Desde septiembre estaban sin tocar, o sea tenían ganas de contentar a su público. Antes de la cita, Álvaro King, el guitarrista, nos actualizaba su información, por ejemplo ubicando a cada miembro en Romo, Plentzia, Basauri y Bilbao y subrayando: «Curiosamente, después de muchos cambios de formación los mismos cuatro que empezamos hace 20 años, Igor García (voz, teclas), Pedro Larrauri (contrabajo), Javier Caballero (batería) y el que suscribe (Álvaro Martínez Mariezcurrena, guitarra). Somos los mismos componentes del combo de blues vintage y low-fi The Big Flyers, de reciente creación».

Se supone que los dos grupos hacéis música negra. ¿Qué significa eso para vosotros?

Nosotros hacemos música de raíces americanas, en principio muy arraigada en la parte negra de ese maremágnum. Pero hoy día, como puede comprobar cualquiera que nos siga, nuestro repertorio está mucho más abierto a nuevos sonidos e influencias.

¿Cómo debe reaccionar el público ante la buena música negra, la bien hecha?

Nos conformamos con provocar un picotazo en el cerebro y conseguir erizar en algún momento el vello de los brazos. Y sobre todo deseamos que la gente perciba la autenticidad: lo que suena es lo que hay, sin trampas ni artificios.

¿Por qué hacéis un bolo conjunto? ¿Qué os gusta de la otra banda del cartel, The Cherry Boppers?

Los organizamos juntos por amistad mutua y admiración recíproca hacia los últimos trabajos de cada banda. Qué mejor ocasión que esta, cuando coincide la salida a la calle de ambos discos, para presentarlos al alimón.

Los cuatro reverendos dando color al rock and roll (foto portada: Gorka Mirantes).

Eso, estrenáis disco ambos grupos. Interesad a los lectores por el vuestro.

‘White Trash…’ es la evolución lógica de nuestro anterior ‘Fire’. Es un salto adelante sin paracaídas y con muchas influencias diferentes que se van a poder apreciar fácilmente. Aparte, el hecho de que sea un trabajo más maduro no impide que sea mucho más cañero que todo lo anterior nuestro. Es puro rock and roll con mayúsculas.

Hum… Álvaro, ¿os atrevéis a etiquetar vuestro estilo?

¡Rock and roll en mayúsculas! Música de raíces americanas con la actitud interpretativa de un hot rod, ja, ja…

¿Y qué novedades trae vuestro miniLP, de esas que pueden sorprender a vuestros fieles? Sonáis más rocanroleros, ¿no?

Volvemos al formato cuarteto al incorporar un contrabajo con sus propias influencias, lo cual se nota y mucho… Y yo me he pasado de cabeza a las guitarras Gretsch. Estoy atrapado por su sonido tan personal. La gente creo que se va a sorprender para bien.

¿A qué le cantáis? Como Los Reverendos seguís en inglés…

No hay una temática predefinida. En este disco hay temática variopinta, desde el amor y el desamor, pasando por rendir tributo a la música que nos gusta y acabando con un argumento alienígena-espacial, y no es coña.

The Reverendos optáis por la autoedición. ¿Por qué?

Al no vivir de la música, la opción por la autoedición nos da libertad absoluta de movimiento, tiempo y composición.

Animad a los lectores a que acudan al concierto del viernes (Kafe Antzokia, 22 h, 10-12 €).

Hay muchas ganas de volver y liarla parda. ¡Van a volar las pelucas! Avisados quedan.

OSCAR CUBILLO

Foto final con los cuatro reverendos y sus parroquianos (foto: Octavio Cirez).

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