17º Azkena Rock Festival / Van Morrison + Chris Robinson Brotherhood + The Sheepdogs + Girlschool…: Menos gente que otros años

The Sheepdogs a mediodía, animando la plaza de la Virgen Blanca (imagen de móvil: O.C.E.).

Viernes 22 de junio de 2018, Vitoria, puertas 17 h, Mendizabala, entrada diaria 65 €, bono dos días 120 €.

 

DATOS OFICIALES DE ASISTENCIA:

Viernes: 15.050 personas

Sábado: 16.200 personas

TOTAL: 31.250

 

Mi top personal del viernes: The Sheepdogs y Chris Robinson Brotherhood fueron lo mejor. No estuvieron mal Girlschool porque me las esperaba flojas y desubicadas, me decepcionó un Van Morrison estilista y con carraspera, y no me creí a Thee Hypnotics. ¿Lo peor? Rival Sons y quizá MC50

 

El viernes estuve 8 horas y 40 minutos viendo bolos por la tarde-noche en Mendizabala. A lo que hay que sumar una hora y pico por la mañana en la plaza de la Virgen Blanca, aquí bajo un sol de justicia y ante los canadienses The Sheepdogs (CAL: ** / **), que en quinteto se marcaron los dos mejores bolos de la primera jornada del Azkena Rock Festival: el matutino gratuito en la plaza y el vespertino y de abono sobre el escenario principal del recinto. A la mañana estuvieron muy bien, doblando las guitarras, gozando de la reacción del público (vimos entre este a un feliz Hendrik ‘Deltonos’ Röver), elaborando un rock sudista pulcro y canónico muy cuidado en voces y guitarras. Por la mañana no tomé notas pero me di cuenta de que hicieron dos temas de sonido que no se repitió a la tarde: un pseudoglam a lo T-Rex, y otro de rock americano a lo Little Feat.

Panorámica matinal de la Virgen Blanca ante The Sheepdogs (imagen de móvil: Mr. Duck).

Por la tarde, menos de cuatro horas después de bajarse del escenario de la Virgen Blanca, The Sheepdogs (Saskatoon, Saskatchewan, 2006) aparecieron mejor vestidos, más endomingados (el guitarrista solista como un ganadero en la feria de la capital y el guitarrista y vocalista cual un gurú hippie en plena campaña de recogida de donaciones), y basaron su repertorio en las mismos ingredientes de la mañana: guitarras dobladas vía Allman Brothers, roces contemporáneos con los Black Crowes y melodías escuela los primeros Eagles. Entre las canciones más pegajosas hubo de sabor de caramelo a lo Lynyrd Skynyrd (‘Southern Dreaming’), rollo The Band bien traído, atmósferas mecedoras como se respirarían en los pantanos de Florida, más paludismos pero esta vez en plan Dr. John (o sea de Luisiana y con las guitarras también dobladas en ‘Help Us All’), la alegría de los Grand Funk Railroad (‘How Late How Long’), boogie elegante cual híbrido guitarrero entre Canned Heat y The Band (‘Nobody’) y un himno coral vía la Creedence Clearwater Revival (‘I Don’t Know’). A mí no me hacían mucha gracia Los Perros Ovejeros, por pulcros, blanditos y canónicos, pero en el 17 ARF, que eran al menos la tercera y cuarta vez que les veía en vivo, me dejaron contento (esta fue la segunda, en la sala Azkena en 2013).

Un versátil Hombre Lobo Internacional en el salón Trashville (imagen de móvil: O.C.E.).

Luego pasé por el caluroso saloon Trashville, donde vi un rato de Hombre Lobo Internacional (CAL: **), ¡que es de Palma de Mallorca!, quien con máscara lobuna, americana chula durada, guitarra y semibatería no se tornó reiterativo, créanselo. Era la tercera vez que le veía y lo pasé bien con su boogie a lo John Lee Hooker cruzado con Jon Spencer, asimilando el garrulismo de los Cramps y Hasil Adkins, fusilando el ‘Surfin´ Bird’, roqueando como Powersolo y bebiendo cerveza de lata. Con buen sabor de boca vi un cachito de los vitorianos Allnighters (CAL: -) actuando elegantes al aire libre, a pleno sol, en el tercer escenario, que sonó mal y donde ellos parecieron embarullados con tanta guitarra, teclado y metales mientras alternaban el soul-rock poderoso y big bird de herencia mod con el boogie brother más caminero. Lo peor que caté el viernes fueron los californianos Rival Sons (CAL: -) en el segundo escenario y ante mucha gente, pero poca acabaría satisfecha con sus parones entre canción y canción, sus inspiraciones en Led Zeppelinm sus dilataciones a lo Screamin’ Cheetah Wheelies, y su cantante encantado de conocerse que alejaba tanto el micrófono de su boca que no se le oía.

Con su micrófono dorado, el ‘pequeño dictador Van Morrison’, como le llama Pato (foto: Facebook ARF).

Parecía que había menos público que en otras ediciones recientes, y a las 8.20, con cinco minutos de retraso extraños en él, en el escenario principal apareció el cabeza de cartel del primer día del 17 ARF, sir Van Morrison (Belfast, Irlanda del Norte, 72 años), quien no cumplió las expectativas, dejó una impresión muy justa, autoindulgente y autoestilista, y estuvo todo el rato quitándose los mocos y sonándose la nariz. Trajo dos coristas que le cubrían las espaldas, él ofició en piloto automático sin esforzarse al entonar y, encima, entre su veintena de piezas faltaron los hits y los pocos que espigó sonaron desganados. En septeto, en hora y media exacta sonaron 21 piezas (agrupando popurrís y guiños diversos) con sonido de jazz blues acuático de garito bastante hostelero, con Van The Man soplando el saxo alto en plan caprichoso y a menudo indicando el título del tema que tocarían a continuación con un segundo de antelación, para susto de sus músicos, que cambiaban de instrumento necesario a toda prisa.

Fuera de plano la percusionista y corista del en realidad septeto de Van Morrison (foto: Facebook ARF).

Con pie de micro dorado, igual que su saxo, sonándose la nariz con kleenex blancos, el show empezó con serenidad, sin misterio (el blues ‘Baby Please Don’t Go’ de Big Joe Williams lo empujó más el público y eso que Van cantó por el micrófono de la armónica), y algunos alegrones sentimos con ‘Precious Time’ (fino, elevado, inimitable), un ‘Moondance’ en tono bajo (y de aire gangsteril, con solos muy jazz de xilófono de la corista-percusionista y otro tan alargado de Van que silbaron desaprobándolo algunos de los espectadores), o un ‘Days Like This’ de sereno soul caledonio (tan sereno que pensé que estábamos dando vueltas suavemente con la cuchara la misma taza de té). No salíamos del estilismo (más swing acuoso con la gente hablando), no acababa de romper la alegría (‘Wild Night’, con parte del público más pureta y pulcro dando palmas en las pantallas laterales), caíamos en lo descafeinado (‘Real Real Gone’ me provocó bostezos, la versión de John Lee Hooker ‘Think Twice Before You Go’ hastío), y algunos momentos remontaban en falso porque los conocíamos: ‘Jackie Wilson Said’, una verbena desvaída con la gente intentando levantar la tarde, un ‘Night Time (is The Right Time)’ de Ray Charles abierta con coros femeninos timoratos (aunque la corista más joven y guapa a solas consiguió aplausos), y por el final el ‘Brown Eyed Girl’ apoyado en el respetable (palmas espontáneas y coros shalalás) y el bis con el preceptivo ‘Gloria’ (que lo cantamos nosotros, porque Sir Van Morrison, como le jaleaba el teclista, no estaba para alardes). Pues así de decepcionante fue la al menos cuarta vez que veía a Van: la primera en un Festival de Jazz de Vitoria, al menos otra más en el Palacio Euskalduna, la de 2017 en el BBK Music Legends Festival que para muchos expertos de larga trayectoria ha sido la mejor que han catado a Van (así la contamos), y esta segunda en Vitoria, en el 17º Azkena.

Jim Jones al frente de Thee Hypnotics (foto: Facebook ARF).

Luego fui a ver con interés a Thee Hypnotics (CAL: *),  el grupo garajero resucitado por Jim Jones, y aunque él cantó bien (sin quedarse sin voz), se movió ágil y extático (a lo Jon Spencer), sonó con claridad y estuvo notablemente respaldado en cuarteto (ese baterista), no me acabé de creer sus torbellinos de rock con dejes de Jon Spencer, The Scientists, ZZ Top o Five Horse Johnson. Pasamos por el bolo de Dead Cross (CAL: -), el nuevo proyecto coliderado por Dave Lombardo (Slayer, Suicidal Tendences) y Mike Patton (Faith No More), pero no me dijo nada su metal preciso y afilado, modernista y efectista.

Jon Rozadilla, el guitarrista Ray ‘Sonic’ Hanson, Jim Jones y Oscar Cine tras el show (foto: remitida).

Segunda cabeza de cartel de la noche era la Chris Robinson Brotherhood (CAL: **) capitaneada por el ex vocalista de los Black Crowes, y la verdad es que arrastró menos gente que Van Morrison, el gran cabeza de cartel del viernes. Era su tercera actuación en el Azkena tras sus dos visitas con los Crowes: en 2009, con resultado mejorable (titulé ‘cuando el grajo vuela bajo…’ hace un frío del carajo, que lo hizo y mucho esa noche en Mendizabala), y en 2013, esta vez mucho mejor. En solitario, Chris Robinson se dejó llevar por unas jams progresivas y versátiles, entre Grateful Dead, Allman Brothers y The Band, que le dejaron cara de contento en lo que ha sido su único concierto festivalero en España este año 2018.

Ya le vimos dar un bolo largo de casi tres horas y en dos pases en el Kafe Antzokia (así lo contamos), y el del Azkena Rock festival nos dejó mejor sabor de boca, no solo por ser más corto: 10 temas en 88 minutos, sin peligro de indigestión y sin ningún adorno escénico (con lo chula que era la bandera gigante que colgó en el Antzoki, aquí no la trajo). Al frente de su barbada, sobria y melenuda Brotherhood (Hermandad en la que destacan el guitarrista solista Neal Casal y el teclista de Black Crowes Adam McDougall) y dejándose llevar por el groove palúdico genuino e intransferible, Chris abrió con ‘Rosalee’ y su revelacion del rock sudista actual, y a la segunda, ‘Ain’t It Hard but Fair’, ya estaba irradiando slides por doquier Neal Casal mientras Chris se ponía en trance hippie a lo Sly & The Family Stone. El viento le ondeaba la melena, las guitarras se doblaron como por la tarde y por la mañana con los canadienses The Sheepdogs y los focos dibujaban bonitas geometrías casi discotequeras aptas para la costa oeste, para Poco, America y demás amantes de la tela vaquera.

Chris Robinson dejándose llevar al frente de su Brotherhood (foto: Facebook ARF).

Se estaban gustando al tocar estilosos, sonaban de maravilla y los punteos de Casal, que parece tener rienda suelta en la banda, eran de finura progresiva, a lo Pink Floyd a veces, e incluso a lo Yes, no solo cuando los cinco se sumergían en jams improvisadas de cariz espacial, cósmico incluso, con el teclista viniéndose arriba en plan Steve Winwood en Traffic. O sea, que estaban elaborando lo que la propia Hermandad llama ‘freak and roll’, término que también usaban los Black Crowes.

En 28 minutos habían hecho solo tres piezas por mor de su querencia progresiva. La gente hablaba bastante, como dejando de fondo la música, pero a Chris se le veía feliz, contoneándose y saltando en desarrollos onda Grateful Dead. «Al final es un hippie contemporáneo», sentenció Jon Rozadulla, fan suyo desde los tiempos de los Black Crowes. Y añadió: «La verdad es que no es una propuesta muy festivalera. Te debes dejar llevar por la música. Hay mucha subida y bajada y muchos instrumentos sucediéndose, como The Band en los 70. Si no entra en ella, la gente se va, como estos tres tíos que se acaban de largar».

La Brotherhood proseguía con sus desarrollos que varían cada noche en su repertorio, pues los cambian radicalmente. En Vitoria elaboraron también lapsos que remitieron al epílogo del ‘Layla’ de Eric Clapton (‘Good to Know‘), rollo disco a lo Jamiroquai orgánico según desentrañó Pato (‘Venus in Chrome‘), tramos purplenianos muy Jon Lord por mor del teclista, blues llevado a la iglesia gospel (‘Beggar’s Moon’), ralentizaciones narcóticas (la versión del ‘I’m a hog for you baby’ de los Coasters) y números más animados reminiscentes de los Crowes, como el que cerró un show de una decena de temas en 88 minutos (‘Behold The Seer’, con el mejor solo de armónica de Chris con diferencia). Buen bolo de Chris Robinson, quizá un tanto introspectivo pero bien. «Me ha recordado todo el rato a Traffic, macho», comentó Pato al acabar.

Luego nos acercamos al otro segundo cabeza de cartel, a MC50 (CAL: -), o sea los MC5 supervivientes (el guitarrista Wayne Kramer venía de jefe) conmemorando sus 50 años de aventuras y completados por el Zen Guerrilla Marcus Durant al micrófono. Con mal sonido, abrieron con el ‘Ramblin’ Rose’, siguieron con un peor y menos creíble ‘Kick Out The Jams’, y tras el blues hookeriano ‘Motor City Is Burning’ le dije a Pato que nos podíamos ir, que no iba a mejorar la cosa. Pasamos por los angelinos Nebula (CAL: *), liderados por el ex Fu Manchu Eddie Glass, que en power trio se soltó una ristra de stoner prototípico tan efectivo que atrapó tanto a Pato que prefirió perderse el arranque de las Girlschool.

Girlschool llenando el escenario principal de madrugada (imagen de móvil: Óscar Cine).

Las londinenses Girlschool (CAL: *) cerraron la primera jornada del 17 ARF. Sustitutas de última hora de los tarantinianos Urge Overkill (a uno de ellos le pegó un ataque al corazón), las metaleras inglesas dieron un show creciente y satisfactorio de 15 piezas en una horita en este 2018 en el que celebran los 40 años de andadura. En su alineación permanecen tres de las componentes originales (la cuarta, la cantante, falleció de cáncer en 2007 tras un largo tratamiento), y se han reforzado con la guitarrista solista rubiales Jackie Chambers, la mejor de un cuarteto que nunca se ha distinguido por su calidad técnica.

Mejores en disco que en concierto, ámbito donde suelen apurar la chicharra ramoniana, las Girlschool, a las que se le notaban las arrugas y el paso de los años sobre cuando las sacaban en las pantallas laterales gigantes, salieron a triunfar vestidas de negro y con brillos… Y dieron un show mejor de lo esperado, logrando que nadie se acordara de los Urge Overkill. Abrieron con las sirenas de ‘Demolition Boys’, siguieron con la ramoniana ‘C’mon Let’s Go’, y ‘The Hunter’, un atropellado hard rock amenazador, lo libraron gracias al potente volumen.

La cita pintaba guapa, a veces entre canción y canción se colaba el jaleo del tercer escenario, donde atronaban los stoners Nebula, y las damas brindaron con sus bebidas y presentaron ‘Hit and Run’, que les quedo embarullada, la bajista no la canto tan bien y se volvió a lucir en el solo la rubia Jackie, quien también sostuvo la siguiente, ‘I Spy’, dedicada al difunto Ronnie James Dio, que la cantó y grabó con ellas. La bajista pelirroja Enid Williams, astróloga profesional, entonó otra vez regular ‘Come the Revolutio’, que como advirtió en la presentación con acento típicamente ingles no es heavy metal sino rock comercial de ejecución esforzada, y bajo el ruido que emitían los distantes Nebula dedicaron a Motörhead, y especialmente a su líder el difunto Lemmy, padrino de las Girlschool en sus inicios, el simpático rock and roll ‘Take It Like a Band’.

El bolo marchaba en el orden previsto, repitiendo los últimos repertorios, y Las Colegialas (el nombre les ha quedado más desactualizado que al Duo Dinamico) se pusieron duras en la pegajosa ‘Never Say Never’, menos ramoniana que en disco. Había mayoría de público masculino atendiendo a su tardío show, un público escaso y machote que a la petición de las veteranas y curtidas inglesas malotas chilló antes del rock enfilado ‘Screaming Blue Murder’, que fue de lo óptimo y más conjuntado de la noche.

En ‘Future Flash’ lograron que la escasa concurrencia noctívaga diera palmas y ellas se movieron chulitas por el inmenso escenario, que no les quedo tan grande como cabría esperar, pues lo supieron llenar. A glam sonó ‘Kick It Down’, la lideresa Kim McAuliffe se lamentó por beber agua y no cerveza y al dejar de nuevo la botella en el suelo reveló una elasticidad felina a sus 59 años antes de la ágil ‘Watch Your Step’, de las más aplaudidas y resueltas con mejor naturalidad. En ‘Yeah Right’ siguieron sueltas y remataron la velada con sus dos grandes éxitos de su LP de debut, un algo Status Quo ‘Race With the Devil’ (movedora version de The Gun), y el ansioso y fornido ‘Emergency’, que hasta la pelirroja cantó bien y sirvió de colofón de un bolo de una quincena de temas en 59 minutos, un bolo creciente, bien ordenado y superior al que dieron hace año y medio teloneando a Saxon en la sala Fever de Bilbao (así lo contamos), donde las condiciones de sonido fueron incomparables a las que disfrutaron en el escenario principal del ARF. La peña acabó contenta y, como dijo Oscar Cine, que no las había visto nunca: «muy buenas, muy divertidas, y con sonido muy musculoso».

ÓSCAR CUBILLO

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: