Judas Priest: Sin forzar la máquina

Rob Halford, maestro de ceremonias coriáceo (foto: Asier Camacho / BEC).

CAL: *

Jueves 28 de junio de 2018, Barakaldo, BEC (Bilbao Exhibition Centre), 21.15 h, 54 €.

 

Los clásicos del heavy, encabezados por su vocalista Rob Halford, contentaron a la parroquia metálica mayormente masculina y ataviada de negro concentrada en el BEC, 4000 personas que aplaudieron al oír y cantar sus hits

 

Judas Priest (Birmingham, Inglaterra, 1969), pioneros del heavy metal y hoy día aún sumos sacerdotes del género (ahí está su influencia en las últimas oleadas del power metal teutónico o en grupos vascos de proyección internacional como los baracaldeses Vhäldemar), vendedores de unos 50 millones de discos en todo el mundo, recalaron en el BEC, en el formato reducido CUBEC, con todos los espectadores en pie (había unas 4000 personas), en la gira de su último disco, ‘Firepower’ (Sony), el 18º oficial y con el que han vuelto a su sonido clásico gracias a la labor del productor, Tom Allom (les produjo en el período glorioso 1979-88).

Son muchos años de andadura, casi medio siglo, y en su alineación se mantienen miembros legendarios como el vocalista coriáceo Rob Halford (quien hace décadas sorprendió al salir del armario) y el bajista Ian Hill (¡que está desde el 69!). Sin embargo, el guitarrista Glenn Tipton (milita desde 1974 y ha grabado todos sus discos), suele faltar porque este 2018 le han diagnosticado parkinson y ya no gira con ellos, aunque actúa en conciertos especiales. Le ofrecieron actuar en playback durante la gira, pero se negó. Y, sorpresa: ¡en Bizkaia apareció en escena en las últimas cuatro canciones, las del bis!

Se notaba ambientillo Judas Priest desde que montamos en el metro a causa de los pasajeros ataviados con camisetas de Motörhead, Iron Maiden, Insomnium, Slayer, Lords Of Black (los teloneros de la cita; salieron puntuales a las 8 y no les pude ver ni un minuto), de lápidas y calaveras, e incluso el iconoclasta Topo luciendo una de Pink Floyd. Fuera del BEC los jevis hacían botellón, patrullaba un coche de la Hertzaintza, y además las hordas alegres con camisetas negras habían colonizado los bares y sus terrazas en un radio de cientos de metros. Decían que habría 4000 personas en el BEC. Y, según la uniformada de seguridad que registraba la cola de entrada de las chicas (se dispusieron tres corredores en paralelo: uno para chicas semivacío, y dos pasillos para chicos congestionados), había acudido una fémina por cada diez espectadores.

La peña milenaria, contenta, de negro y mayormente masculina en la sala Cubec (foto: Asier Camacho / BEC).

Puntuales salieron los teloneros, Lords Of Black, con el chileno Ronnie Romero a la voz. También canta en Rainbow. Con sonido malo que mejoró al final (nos contó Topo) hicieron su set power metal progresivo mientras fuera del BEC la cola se alargaba cientos de metros por la gente que acudía con retraso, o con el tiempo calculado para llegar justo a los Judas. Al acabar los Lords Of Black la peña salió a fumar y a abrevar y nos fijamos en el puesto de merchandising, con camisetas a 35 eurazos. Normal que algunos las pirateen. Ah, los precios de la barra del BEC eran normales: a 3 € las birras y a 2,5 los refrescos.

Durante el cambio de grupo, antes de empezar el concierto de los Judas, todo el tinglado permaneció tapado por un gran telón frontal con una suerte de letanía impresa en inglés. Al acabar de sonar la introducción enlatada con fragmento del ‘War Pigs’ de Black Sabbath (paisanos suyos, otros pioneros metaleros que arrancaron en Birmingham en 1968), todo ese telón frontal se dejó caer, fue absorbido literalmente por un aspirador, desapareció de la vista y vimos a los cinco Judas, que arrancaron con ‘Firepower’, el título del disco que promueve esta gira mundial.

Hacía muchísimo calor en el BEC y no pocos espectadores fumaban. El escenario era más bien bajo y estaba dotado de una colorista pantalla gigante de fondo (que se reveló a la tercera canción, que tiró de visuales sencillas y que no usó planos de lo que sucedía a modo de televisión hasta que llegamos al epílogo) y adornado con abundantes logotipos que daban la sensación de ser símbolos litúrgicos. Las numerosas tonalidades anaranjadas eran más cálidas que amenazadoras e impregnaban de modernismo transversal el escenario.

Logotipos y cuero en un tablado muy anaranjado, como en llamas (foto: Asier Camacho / BEC).

Con Rob Halford gastando una estética pinturera (chaqueta plateada con largos flecos de salida y luego numerosos cambios de ropa), armado con un micrófono con trucos mágicos (ecos y más; sospeché de playback en algún momento determinado), atento a lo que probablemente eran las letras de las canciones dicurriendo por un teleprompter colocado a sus pies, moviéndose pesadamente cual guerrero con armadura y rodeado por sus escuderos de las guitarras y las melenas moviéndose con agilidad impostada, teatral, iban cayendo piezas de temática metálica como la coreada y marcial ‘Grinder’, la chillada puño en alto por la peña ‘Sinner’ o la recibida con palmas de la masa a lo radio gaga ‘The Ripper’, ésta con la pantalla emitiendo imágenes viejas sobre las noticias de los asesinatos de Jack el Destripador.

Se les notaba un poco cansados (son veteranos dosificando fuerzas) y Halford hacía muchos mutis y leía las letras sin disimulo, aunque la maquina funcionaba, sin forzar el engranaje y al principio del concierto mejor en los nuevos títulos (el marcial ‘Lightning Strike’). Halford se movía cual sacerdote sumerio y ponía los cuernos mientras con profesionalidad y sin alharacas los Judas seguían batiendo temas incluidos en LPs cuyas portadas emitía la pantalla: ‘Bloodstone’ y su ensalada de guitarras y coros, la escuela Black Sabbath de ‘Saints in Hell’, un ‘Turbo Lover’ más genuino en vivo que en disco…

La pantalla en ‘Saints in Hell / Santos en el Infierno’ (imagen de móvil: O.C.E.).

Halford se cambiaba de chupas de cuero ceremonial y continuaba leyendo las letras desde el centro del tablado, la peña se aplaudía a sí misma de contento por recrear sus canciones favoritas, el calorazo no remitía y de vez en cuando estallaba la pasión, como en el himno corajudo ‘Freewheel Burning’. Oe oe oe oe se animaba el gentío y por fin se usó la pantalla para reproducir a Halford y a la masa en directo en ‘You’ve Got Another Thing Comin´’.

En ‘Hell Bent For Leather’ reapareció Halford montado en una moto mientras los fans le inmortalizaban con sus móviles y la pantalla emitía secuencias de películas moteras de serie B, y los Judas se despidieron con la influyente ‘Painkiller’, como avisaba de su título la portada de la macropantalla antes de emitir ésta imágenes clásicas del grupo y al final de Halford en vivo simultáneo y en blanco y negro.

Scott Travis, batería desde 1989 (foto: Patxi Collado).

Tras esta cima de lo que íbamos de concierto quedaba el bis cuádruple… ¡Y la sorpresa con la participación Glenn Tipton, el de la baja por parkinson! Tocó en tres hitazos como ‘Metal Gods’ (la masa coreó su nombre al acabar), un arrollador ‘Breaking the Law’ (con la bandera británica en pantalla) y en la coral total ‘Living After Midnight’ (la peña la coreaba dejándose el bofe como ante los Kiss y además se veía plasmada en pantalla), y una cuarta pieza también a tres guitarras, coda sorpresa (el fotógrafo Azpiazu nos informa que se trataba de ‘Victim Of Chances’, tema nunca tocado en esta gira) de un show de 110 minutos (contando el numerito del telón inicial) y 19 canciones (sin contar las partes enlatadas, caso de la intro de Black Sabbath y la outro con los Queen), un bolo creciente por el orden de las canciones, las más excitantes ubicadas en la segunda parte: la décima ‘Night Comes Down’, con Halford gustándose al cantar al borde del escenario, la duodécima y novedosa semibalada ‘Rising From Ruins’ con una batalla tipo Mazinger Z en pantalla…

ÓSCAR CUBILLO

 

Vídeo clip de su canción ‘Lightning Strike’, de su 18º LP, ‘Firepower’:

 

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Comments
One Response to “Judas Priest: Sin forzar la máquina”
  1. Iker dice:

    Al parecer a Tipton ya le habían diagnosticado Parkinson hace ya diez años, pero ha sido este año cuando se ha visto impedido para tocar. Dicen que ha tocado en el nuevo disco, pero no acabo de creérmelo, suena bastante “genérico”, como dicen ahora los que saben. Parece un poco fraude que anunciaran que Tipton no iba tocar ya empezada la gira ¿Judas sin ninguno de sus dos guitarristas? Recordemos que a KK Downing le dieron puerta o se marchó (depende a quién se le pregunte) hace unos años y ficharon a ese rubiales que toca un huevo y encima físicamente tiene un aire a él de joven. ¿Se puede considerar que estos son Judas priest sin la marca de la casa, sus guitarras? Pues no sé, la verdad. Lo indiscutible es que tienen no menos de treinta temazos, cogéis el doble cd “Judas priest:The essential”(que poca gente compramos ya cd´s pero está regalado a 9 euracos) y ahí vienen un montón de ellos. Y faltan más. Otro tema es la voz de Halford, ya muy mermada desde hace un montón de años, pero bueno. Como curiosidad, el guitarrista barbudo y alopécico que sustituye a Tipton es el coproductor de este nuevo disco, el reputado Andy Sneap (guitarrista de Sabbat y Hell).

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