3 BBK Music Legends Festival / Steve Winwood + Mavis Staples + Wilko Johnson + …: Exquisitez británica

Wilko Johnson disparando con su guitarra al público de la ola (foto: David Herranz / Music Legends Fest).

Viernes 29 de junio, Sondika, Centro Ola BBK, puertas 16.30 h, entrada diaria 55 €, bono dos días 90 €.

 

DATOS OFICIALES DE ASISTENCIA:

Viernes: 3.180 personas

Sábado: 3.435 personas

 

Mi top personal del viernes: Steve Winwood superó de largo mis expectativas en la segunda ocasión que le veía y Wilko resultó una gran decepción porque no llegó al mínimo exigible. Mavis Staples cumplió a pesar de la edad

 

Autodefinido como festival de mediano formato (4.000 personas de aforo), dedicado a un público veterano (cada vez hay menos sillas, grrrr…), ideado para dar visibilidad a una de las tareas sociales de la fundación BBK (el cuidado de discapacitados internos en La Ola) y ya asentado gracias a sus patrocinadores y a la suficiente afluencia de público, el Music Legends Festival en su tercera edición ofreció más alegrías en la segunda jornada, la sabatina, aunque la primera, la del viernes, no estuvo mal.

Arrancaron los gallegos carpetovetónicos Siniestro Total (CAL: -), que oficiaron más justos de lo que barruntábamos: Julián Hernández anda muy limitado de fuerzas (para perorar, para cantar, para encender al respetable…), la banda a veces se muestra muy por encima de él, el propio líder cede protagonismo a sus secuaces dejándoles cantar arias piezas (lo hicieron el guitarrista Javier Soto y el bajista Óscar Avendaño), y a eso había que sumar lo temprano de la hora (las 5 de la tarde, hora taurina) y el sol que hacía (después del show se quejaban los músicos en una entrevistilla para El Correo: «No ha estado mal el concierto. Sólo que ha hecho demasiado calor. Cómo se notaba. En la puta vida hemos tenido tanto calor en Bilbao. Y con las chaquetas se pasa más calor, claro. Qué calorrrrrr…», estiró Julián).

Siniestro Total inaugurando el festival tocando ‘Rock en Samil’ (imagen de móvil: O.C.E.).

Siniestro Total (Vigo, 82) actuaron ante unas 200 personas (sin contar a las alejadas y refugiadas en la sombra) y arbitraron 17 canciones en 55 minutos ascendentes, pues reservaron los hits del punk patrio para la segunda parte. Abrieron prometiendo el cielo con la surfera ‘Rock en Samil’, pero resultó un espejismo, pues no pasaron de la autocomplacencia con sus fans en títulos comoo ‘Ay Dolores’, un ‘Camino de la cama’ sin fuste («la hora ideal, la hora de la siesta», la introdujo Julián), o una feble versión del ‘Vamos muy bien’ de Obús que no levantó ni el entusiasmo del escaso público… Un fogonazo rocanrolero fue la quinta, ‘¡Vámonos al Kwai!’, y fue simpático su himno para fracasados ‘Diga que le debo’, pero siguieron sin insuflarle ni energía ni credibilidad al ‘Miña terra galega’, el punto bajo de un bolo rutinario encima con mal sonido: mucho volumen, muchos graves… Menos mal que nos queda Portugal, y al final se subió un escalón con ‘Cuánta puta y yo qué viejo’ (las guitarras cortando), ‘Ayatola’ (eso que Julián se comió parte de la letra), ‘Bailaré sobre tu tumba’ (que le queda mejor a Costas) o la despedida acedecesca con ‘Somos siniestro total’ (previa al himno soviético, que escucharon con la mano en el corazón). Seguro que  volvemos a ir la próxima vez que vengan. Por cierto, Julián nos reveló que no aspira Ventolín, sino Propoleo, «como las abejas. Es como el agua, te aclara la garganta pero no te hace sudar».

Luego Gari & Maldanbera  (CAL: -) dieron un concierto de indie pop euskaldun estirado y sentimental, pero quizá el lugar y la hora no eran los más adecuados para asimilarlo. La parte potente de los cinco conciertos del viernes comenzó con Mavis Staples (CAL: *), obamita nata y cantante perfecta para el Festival de Blues de Getxo, aunque al final Mavis debutó en Bizkaia en el BBK Music Legends Festival, que con su contratación ha apostado una vez más por la experiencia de sus artistas: Mavis nació en Chicago, estaba a semana y pico de cumplir los 79 años, canta desde 1950 y se ganó la fama más allá de la música gracias a su participación en The Staples Singers, el grupo familiar de góspel contemporáneo y social dirigido por su padre, el patriarca Pops Staples.

Mavis Staples ejerció de predicadora de los derechos humanos y cantó varias a los Staples Singers (foto: Mr. Duck).

Punta de lanza en la lucha por los derechos civiles de los 60-70, gran parte del cancionero de los Staples Singers permanece en el repertorio de Mavis, que en Sondika apareció en sexteto, respaldada por dos afrocoristas mixtos más un trío blanco blusero, un conjunto que creó un estilo cálido, vocal y acolchado del gusto de Ry Cooder. En total sonaron once piezas en una hora justa en la que la benemérita Mavis fue entrando en calor. Abrió con ‘If you`re ready (Come go with me)’ de los Staples, y reveló su fórmula aprehendida en la iglesia. Estilista Mavis defendió a la familia (‘Take Us Back’), amasó funk-jazz suavito (‘Slippery People’, versión de Talking Heads) y soul suavito (‘Build a Bridge’), y el groove atrapaba a la audiencia, a la parroquia predispuesta. El blues lo emitía el guitarrista de la Telecaster (‘Who Told You That’), la gente daba palmas de modo espontáneo y el soul setentero brotó en ‘Respect Yourself’ de los Staples Singers, quizá su mayor éxito, con ella al límite vocal y levantando el puño al final como los panteras negras.

Mavis Staples ofició en sexteto muy a lo Ry Cooder (foto: Mr. Duck).

Ya estaba asegurada la cosecha y Mavis ofició cual predicadora en la introducción de ‘Freedom Highway’, un góspel rockin’ a lo Ry Cooder original de los Staples Singers, cómo no, de cuando marchaban por los derechos civiles en los Estados sudistas como Alabama, Misisipi y Tenesí, que fueron algunos de los que citó en su sermón, y también se acordó del doctor Martin Luther King. Seguidamente se acordó de su padre Pops y se definió como una soldado de Dios antes de ‘Love and trust’, dulce y estilista alcanzó otro hito soul de esa velada en ‘You are not alone’, versionó con gracia el ‘For what it’s worth’ de Buffalo Springfield, y se despidió a medio gas con aire reggae en ‘I’ll take you there’, de los Staples Singers, y recibiendo los aplausos de las 2000 personas que habría entonces en La Ola.

Wilko Johnson más vulnerable y disperso que nunca (foto: Mr. Duck).

En el fondo también era de esperar, pero el caso es que me sentí decepcionado durante la intervención de Wilco Johnson (CAL: -). Si con Mavis acariciamos el alma de la música negra que abarca desde el góspel y el soul al blues y el funk, con el guitarrista Wilko Johnson (Isla de Canvey, Essex, Inglaterra, 12 de julio de 1947, o sea casi 71 años) le hincamos el diente al blues-rock blanco pero con poca chica, ejecución imperfecta, equilibrio inestable y desarrollos fuera de lugar: los solos de todo tipo en la larguísima ‘Everybody’s carrying a gun’ (aplaudidos los de su fiel bajista Norman Watt-Roy), o los solos improvisados de cariz jazzístico del propio Wilko con su guitarra Telecaster mítica que le dejaron en evidencia técnica aunque la gente le ovacionó casi cuando más…

El problema fue que quizá recuperó poca parte del legado de Dr. Feelgood, el grupo con el que se hizo famoso en la escena pub-rock de los 70. Wilko, que siente un poco de vergüenza por seguir vivo porque contó al mundo que estaba enfermo de cáncer de páncreas, que le quedaban diez meses de vida pero que rehusaba curarse, aunque milagrosamente ha sanado solo y sigue oficiando en trío por todo el mundo, nos ametralló con la guitarra, cantó con vocecilla menos afinada que antaño, y recuperó contados hits de Dr. Feelgood que fueron de lo que más funcionaron, por el principio ‘Going Back home’ y por el epílogo unos casi verbeneros ‘Roxette’ y ‘Back In The Night’, más un nervioso ‘She does it right’, el último título de un set de 13 temas en 59 minutos muy dispersos: los solos dilatados, un reggae, un blues ralentizado a lo Jimmy Reed… Al bueno de Wilko le vi más vulnerable que nunca, recibiendo el calor de las primeras filas y la extrañeza y decepción de las otras. Como dijo un fotógrafo: se nota mucho la diferencia entre las canciones de los Feelgood y las de Wilko en solitario, y las primeras mueven más.

Steve Winwood, aquí a la guitarra, dio el concierto del viernes (foto: Mr. Duck).

El mejor concierto con diferencia de la primera jornada del III BBK Music Legends Festival lo sirvió a última hora del viernes Steve Winwood (CAL: **). Stephen Lawrence Winwood (Handsworth, Birmingham, Inglaterra), a sus 70 años apareció en escena alto, delgado, elegante, bien conservado, hablando en inimitable inglés (cuando se dirigió al público que protestaba por el mal sonido en la parte delantera), alternando los teclados con la guitarra, y cantando con facultades intactas. Ofició al frente de un quinteto soberbio: portentoso el percusionista venezolano Edwin Sanz que todo lo ligaba (y se engarzaba perfectamente con el baterista Richard Bailey), versátil el multiinstrumentista jazzístico Paul Booth (aunque por el ecuador al saxo aportó varios solos de músico formal al servicio de Van Morrison), y sin bajista pues el bajo se marcaba desde el órgano (la guitarra del brasileño Jose Neto carecía de clavijero, lo que quizá pudo confundir a no pocos espectadores).

Vendedor de más de 50 millones de discos e inmerso en lo que él mismo llama ‘Greatest Hits Live Tour’ (algo así como ‘la gira de los más grandes éxitos en vivo’), en 87 minutos en Sondika Steve tocó 11 canciones de una trayectoria intergeneracional en la que caben sus participaciones en The Spencer Davis Group, Traffic y Blind Faith. Abrió fuego sonando moderno y atemporal con el ‘I’m A Man’ del Spencer Davis Group, entreveró la fusión rock de Santana con la progresividad de su era en ‘Pearly Queen’, y paró el concierto porque no se le oía bien a la tercera, la versión del ‘Them Changes’ de Buddy Miles, ante las quejas de decenas de personas de la vanguardia.

El percusionista venezolano Edwin Sanz, al servicio de Steve Wimwood (foto: José Antonio Gutiérrez).

A pesar de las protestas, las 2000 personas que habría en La Ola estaban encantadas con lo que oían, predispuestas, receptivas y ondulantes. Resuelto el entuerto acústico con su elegancia de gentleman británico, el show continuó brillante, con el combo apurando los largos desarrollos instrumentales pero manteniendo el corpus de canción, como en las dos que espigó de Blind Faith, con él a la guitarra y de sonido muy Eric Clapton: la tranquila ‘Can’t Find My Way Home’ y la más agitada ‘Had To Cry Today’.

La banda estaba en forma y picaba de todos los lados en desarrollos instrumentales paladeables donde cabían desde el latinismo de Santana hasta el blues de Robert Cray (‘The Low Spark of High Heeled Boys’, de Traffic, cuando al acabar dijo Rocío: «Lo puedes titular exquisiteces británicas»), y por el epílogo cupieron éxitos transversales de los 80-90 dotados de artificio tropical (‘Higher Love’), el blues creciente ‘Dear Mr. Fantasy’ (que fue la cima de la cita y con gran protagonismo a la guitarra de Jose Neto algo concomitante con Javier Vargas), y el adiós con el standard ‘Gimme Some Lovin’’, del Spencer Davis Group (que bien es verdad fue lo más prosaico y casi verbenero del estupendo e intachable repertorio).

Muy bien estuvo Steve Winwood, mucho mejor que cuando le vimos en la sala Rock Star de Barakaldo en 2009, por sonido, implicación, vigor, etc.

ÓSCAR CUBILLO

Steve Winwood, y su banda despidiéndose del público entregado de principio a fin (foto: Mr. Duck).

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