13º BBK LIVE / David Byrne + My Bloody Valentine + The xx + King Gizzard & Lizard Wizard + … : Una cosa maravillosa

David Byrne, ex Talking Heads, 66 años, pleno de facultades, culto, perspicaz, moderno… (foto: Facebook BBK Live).

Viernes 13 de julio de 2018, Bilbao, Kobetamendi, desde las 17 h, entrada de día 60 € (+ gastos), bono tres días 155 € (+ gastos).

 

DATOS OFICIALES DE ASISTENCIA:

Jueves: 40.000 personas (sold out)

Viernes: 40.000 personas (sold out)

Sábado: 40.000 personas (sold out)

 

Mi top personal del viernes: Estuve ocho horas en la cima del monte (en subir y bajar desde casa calculo que empleé dos horas y media más) y pude ver a 9 grupos y dos DJs. Lo mejor del día, del festival, del año y quién sabe si de mi vida: el multishow orgánico de David Byrne. También me gustaron mucho los atemporales ruidistas irlandeses My Bloody Valentine y los australes roquistas circulares King Gizzard & The Lizard Wizard. Lo peor, los cabezas de cartel The xx, por inanes, huecos, lánguidos, artificiales…

 

El viernes, segundo día del 13º BBK Live, empecé mi jornada en el pequeño escenario Firestone, donde se ve a los grupos a un palmo, como en los sitios normales, no como en un festival desproporcionado. Tocaban Carolina Durante (CAL: *), para algunos el grupo revelación de 2018, cuatro madrileños que vistieron una camisa de surf (el baterista) y playeras Nike y tres camisetas blancas los tres de delante: una de Antena 3, otra de Perreo (imitando el logo del agua Perrier) y otra lisa. El jueves estuvieron actuando en el festival Mad Cool y el viernes en el BBK Live, donde descargaron en el mentado escenario Firestone, una especie de garaje a 70 centímetros del suelo y a un metro del respetable, que se sabía casi todas las canciones, cáusticas, asociables al punk de Siniestro Total, Los Nikis, The Refrescos… y al siniestrismo por aquello de sus facultades musicales limitadas.

Carolina Durante, triple salto propulsado por playeras Nike (foto: Facebook BBK Live).

Carolina Durante en el fondo son una suerte de Taburete respondones, unos burgueses joveznos y listos («¿Odriozola o De Marcos?», preguntó el cantante sobre sendos laterales diestros vascos antes del balompédico ‘El himno titular’, versionado por Amaia OT), y ahí están para refrendarlo sus canciones postreras, otros himnos que volvieron loco al personal bicentenario que atendió sus tres cuartos de hora de Spanish show:  ‘En verano, Ornitofilia’, una oda a la cotidianidad estival pequeñoburguesa con sus referencias al paseo marítimo y a las gaviotas y con el público desatado en el pogo, y, claro, ‘Cayetano’, la de «todos mis amigos se llaman Cayetano / No votan al PP, votan a Ciudadanos », que tocaron dos veces seguidas, la primera con invasión del escenario por parte del respetable. «¡Escenario principal! ¡Escenario principal!», exigió varias veces a gritos su legión de fans mixta y veinteañera, una tropa que seguramente llenó lo que más en tres días ese miniespacio del macrofestival.

Carolina Durante durante el pogo y el surf de ‘En verano, Ornitofilia’ (imagen de móvil: O.C.E.).

Luego vi al murciano Neuman (CAL: *) en el gran escenario principal facturando una suerte de fornido brit-pop en inglés con reflejos de los mallorquines La Granja (quizá por la procedencia mediterránea), y al poco a Nunatak (CAL: -), el grupo revelación de Murcia según me informó Carlos Benito, que hizo una suerte de pop-rock a lo Vetusta Morla más sueltos y optimistas, con gotas de The Lumineers trasplantados a la huerta murciana. Había poca gente a la tarde en el BBK Live, y es que el cartel no invitaba a subir pronto. Vi un cacho de los neoyorquinos Porches (CAL: -) en la campa del escenario Heineken, donde su synth pop se difuminó en la tarde, con su voz a lo Smiths perezosos, un poquito de funk Talking Heads y demás nadería esencial en tantos grupos de moda en el mercado anglosajón que fichan para este festival. Y para hacer tiempo en esa tarde con tan poca chicha Carlos Benito y el que suscribe nos pasamos un rato por los pinchadiscos del espacio Lasai (seleccionaba Ibon Errazquin y nos hicimos un selfie con la ciudad a nuestros pies) y del Basoa (había ambiente de discoteque en la sesión de Dekmantel Soundsystem).

Carlos Benito y Oscar Cubillo con Bilbao a sus pies en el espacio Lasai (imagen de móvil: O.C.E.).

Dekmantel Soundsystem convirtiendo el espacio Basoa en una disco arbórea (imagen de móvil: O.C.E.).

La tarde empezó a animarse con la actuación de los australianos King Gizzard & Lizard Wizard (CAL: **), y vimos que había un tipo disfrazado de Brujo Lagarto entre el público (y con un katxi en la mano). Calificados como monstruo de siete cabezas por la organización del BBK Live, King Gizzard & Lizard Wizard actuaron en el escenario grande, el Bilbao, como el epítome del nuevo gran rock psicodélico que son y dieron el mejor bolo que iba viendo yo en dos días. Prolíficos creadores (¡en 2017 sacaron cinco álbumes!), en Kobetamendi se dispusieron en círculo comunal a lo MC5 (con dos baterías una frente a otra, tres guitarras y el bajista al fondo de la escena) y, conducidos por su cantante y guitarrista vestido con camiseta de Slayer, crearon una espiral de rock clásico pero puesto al día donde eran obvias las influencias del gran rock británico canónico de King Crimson (mucho), Black Sabbath (en el hard rock), Jethro Tull (en la britanidad), el rock anatolio (en alguna escapada oriental) o pellizcos de los Status Quo lisérgicos (en numerosas introducciones), todo entonado con una actitud muy heavy por su vocalista líder. A pesar del carácter antañón de su pócima y de la lluvia que empezó a caer, su guapa onda, muy circular y recurrente porque parecía que pasábamos siempre por el mismo paisaje roquista, enloqueció al público, muy joven, muy entregado y provocador de remolinos de pogo.

El monstruo austral de siete cabezas King Gizzard & Lizard Wizard (foto: Facebook BBK Live).

Un buen bolo que mejoraron los siguientes, un nombre legendario del rock ruidista de los años 90, los irlandeses My Bloody Valentine (CAL: **), que proyectaron su encanto eléctrico y guitarrero desde el escenario Heineken en lo que fue otro de los conciertos de la jornada. Apoyados por unas visuales de fondo absorbentes y concordantes con sus remolinos, abrasiones y distorsiones, sin permitir que se reprodujese en las pantallas de vídeo nada más que un plano fijo de los cinco miembros mixtos en plano general (dos tíos, dos tías y un mercenario fijo), MBV dictaron una lección de rock armónico ruidista noventero, sobrado de atractivo pop (esas melodías crujientes y acarameladas), que antaño devino en poderoso influjo en el Getxo Sound (¡Lord Sickness!) y que hogaño atesora numerosas reminiscencias de Jesus & Mary Chain, Dinosaur Jr., Pixies o unos explosivos Teenage Fanclub. Fue una sesión intensa, creíble, atemporal y, más que influyente, seminal. Nadie se pudo dar por insatisfecho, a no ser que se deseara un poco más de volumen.

My Bloody Valentine ante sus visuales que todo lo cubrían (imagen de móvil: Carlos Benito).

De noche cerrada en el escenario Firestone vi un rato de los tales Genghar (CAL: -), cuatro londinenses empeñados en una especie de post-rock con voz soul de falsetes forzados apropiada para la vulnerabilidad emocional rampante en los tiempos que corren, y más tarde padecí a los cabezas de cartel The xx (CAL: -), trío mixto londinense que con retraso de media y bajo la pertinaz lluvia se ahogó en la autoindulgencia de un concierto sin orden, necesariamente minimal y obviamente hueco y vacío al que si se le quitara las pantallas de fondo se quedaría en menos que nada. Afectados, artificiosos, gélidos y lánguidos (sobre todo ella), estos equis equis minúsculos en comparación hacen que Depeche Mode sean unos genios.

Me lo tragué todo y me calé entero durante The XX porque quería ver a David Byrne (CAL: ***), escocés de 66 años nacionalizado yanqui a los 8 años y que comenzó su carrera en Nueva York con los Talking Heads (1974-91), quien dio uno el concierto del día, del festival, del año, de mi vida. Increíble. «Maravilloso», dijo sin exagerar un tipo que estaba a mi lado. Sí, esta cosa maravillosa e insólita de desarrolló sobre un escenario desnudo y liso por completo, en una gran caja alta y espaciosa delimitada por larguísimos cortinones de cadena (tras los cuales estaban escondidos los técnicos y por donde entraban y salían los músicos). No había nada en escena: ni teclados, ni batería, ni focos, ni adornos superfluos… Sobre tal desnudez evolucionaron con los pies descalzos más de una docena de oficiantes que amalgamaron con orden todas estas artes y más: la danza contemporánea, el teatro, el cine (por las pantallas laterales) y el musical (por el acto en sí), la moda (desde los elegantes trajes grises azulados de los oficiantes hasta ese número en plan pase de modelos que lo ven los del ballet guipuzcoano Kukai y lo aplican a sus coreografías), el funk (ora urbanita, ora telefílmico, ora danzón, ora jazz…), el mimo, la filosofía, las sombras, el canto… ¡y hasta la batucada para acabar!

David Byrne epatando bajo la lluvia en el escenario Heineken (imagen de móvil: O.C.E.).

Fue un show total, orgánico y culto que no pedante. No se trató de un collage al tun tun, ni de una mera concatenación de artes y disciplinas, ni un pastiche somero, sino una propuesta diferente, tan vanguardista como clásica (¿hay algo más clásico que un escenario desnudo?). Pero también fue un concierto bajo la lluvia (acabé empapado: usé el jersey como refugio y al acabar lo tuve que escurrir; de hecho me dije, veo media hora y me piro, pero era imposible largarse de ese espectáculo único), hora y cuarto para unas 16 canciones (a la segunda ya sabía que sería de lo mejor del año) que sonaron con una perfección y precisión magistrales (volumen y claridad, y eso que eran más de doce en escena). No había batería: una marching band recreaba las diversas percusiones con una sincronización fascinante. Los teclados se portaban sujetados sobre arneses. Y la música irradió progresividad, trance y funk (mucho funk), africanismos vinculables a Peter Gabriel, coreografías que encandilarían a Michael Jackson, canciones recuperadas de los Talking Heads (no cantó el ‘Psycho Killer’, pero sí la africanista ‘I Zimbra’, la siempre postmodernista ‘Once In A Lifetime’, el seco funk-blues con sombras gigantes ‘Blind’, el coreable ‘Burning Down The House’…), otras reconocibles en la voz del propio David Byrne (‘Everybody’s Coming To My House’), un Byrne de 66 años pero pleno de facultades y con una mente tan perspicaz que no sé qué hace aún dentro del universo pop-rock. Grande.

OSCAR CUBILLO

David Byrne interpretando con el mismo formato ‘I ZImbra’ de Talking Heads en Houston en abril:

 

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Comments
2 Responses to “13º BBK LIVE / David Byrne + My Bloody Valentine + The xx + King Gizzard & Lizard Wizard + … : Una cosa maravillosa”
  1. Kike Morey dice:

    No compartí tus impresiones acerca del primer día de BBK Music Legends (Siniestro Total hizo un gran concierto, muy profesional, considerando que no éramos más de 200 como indicaste) pero con este, del segundo día del BBK Live, estoy totalmente de acuerdo.

    Lo de David Byrne debe ser lo más extraordinario que se ha visto en Bilbao. Y fui uno de los que anoche se sorprendió enormemente con tan magistral espectáculo (y que no dejaba de gritarle “¡genio, genio!” entre canción y canción.

    Lo de The XX lamentable, letargadísimo, no entiendo como eran cabeza de cartel. Y My Bloody Valentine estuvieron muy bien (aunque le hayan cortado el sonido a los últimos acordes de su canción final, asumo que porque empezaría XX que para colmo inicio más tarde)

  2. Aitor dice:

    Después de sufrir el concierto de The XX y que encima empezara media hora mas tarde para ver ese tostón, cambiar de escenario y ver a David Byrne sentado en una silla el escenario desnudo y con un cerebro en la mano pensé que eso prometia. Me olvide de la lluvia y mi cara fue de autentica felicidad. Muy grande

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