Rubén Blades: El salsero graduado en Harvard

Rubén Blades batiendo las maracas en mitad del escenario, donde había una bandera de Panamá (foto: Piru Lamiako).

CAL: **

Lunes 23 de julio de 2018, Santander / La Magdalena, 23 h, concierto solidario: 9 € (más gastos), entrada VIP 45 € (más gastos).

 

Casi tres horas al frente de una big band latina estuvo el panameño en Santander, cantando estupendamente a Sinatra y Tony Bennett más clásicos propios como ‘Pedro Navaja’ o ‘Decisiones’.

 

Más de 5000 personas había el lunes en la península La Magdalena de Santander, en el ciclo ‘Los conciertos de la Campa’, viendo al gran Rubén Blades (Ciudad de Panamá; 16 de julio de 1948, 70 años recién cumplidos), actor de Hollywood, ídolo de la salsa, abogado, intelectual, político, etc. Era la sexta meta de un tour español de dos semanas por nueve ciudades. Se supone que es la última gira de su carrera: lleva tres años con ella y se llama ‘Caminando, adiós y gracias’ (la que visitó en 2017 el Festival de Jazz De Vitoria, donde le vio el amigo Topo y nos cuenta que fueron dos horas para un repertorio similar). En Santander las entradas costaban 9 euros en la anticipada (se trataba de una cita solidaria muy patrocinada), teloneó Kiko Veneno en octeto (salió a las 9 y, como dijo el fotero Piru Lamiako, este hombre ahora toca las canciones a ritmo las lento), y a las 11 remató Blades al frente de la Roberto Delgado Salsa Big Band, en total una veintena de músicos en tarima: cuatro percusiones –cinco cuando se sumaba Blades a las maracas-, trece vientos, dos teclados y el líder, el bajista Roberto Delgado, destacando en el lateral derecho, con tres atriles, dos micros, un bajo de cinco cuerdas y dos grandes altavoces a su espalda. El bajo sonó muy alto todo el tiempo, que se notara quién mandaba.

‘Kike’ Veneno abrió plaza en Santander, y así le llamó Rubén repetidamente (foto: Facebook).

La parte de delante de la campa, rellena con paja para paliar los efectos de las tormentas del fin de semana, estaba ocupada por hermanos suramericanos venidos de numerosas naciones. Latinos de barbilla recortadísima y tatuajes en el cuello. Había alguno que había acudido con un cencerro y lo percutió a menudo cerca de mí durante las casi tres horas de actuación (170 minutos para 21 piezas). ¿Y saben qué? Que no desentonó el hombre. Y entre un mar de móviles, algunas banderas esporádicas, ojos curiosos brillantes y expectantes ante lo que iba a pasar, la cita arrancó con acústica mejorable («el piano está muerto», dijo Rubén porque no se oían las teclas) pero no tardo en ecualizarse y en sonar de cine la gran orquesta, a pesar de la insistencia del bajista Roberto Delgado en imponer el tono grave de sus cinco cuerdas.

En la big band salsera cuatro percusionistas no dejaron de dar a los parches (foto: Piru Lamiako).

Rubén Blades, que cantó de maravilla apoyado en dos teleprompters que le flanqueaban con las letras (a veces se notaba que las echaba un ojo cuando se le veía en la gran pantalla), cosechó de principio a fin una más que conexión, comunión con el respetable. Habló, pero no se puso pesado. Dictó lecciones morales y repartió consejos, pero no pareció hipócrita. Tras un instrumental de la big band apareció el panameño, «ahí viene», avisó algún latino emocionado, saludó El Poeta de la Salsa quitándose el sombrero, cantó ‘Caminando’, y al acabarla dijo: «primero muchas gracias por tenernos aquí. ¡Qué lugar tan lindo!», halagó sobre el paisaje de monte y mar, agradeció su participación a ‘Kike’ Veneno (pobre Kiko, así la llamó bastantes veces en la velada), dijo que veía gente Panamá, Colombia, etc., «espero que todos tengan visa», deseó, y prosiguió el show con ‘Decisiones’, con un tebeo en pantalla y cantado por todos los presentes, muchos de los cuales se arrancaron a bailar.

El Poeta de la Salsa, un maestro al contar historias en canciones (foto: Piru Lamiako).

Tras la ovación sobre el mar de móviles y algún «¡Viva Rubén!», el panameño contó que estaba viendo banderas de Perú, Venezuela, Ecuador (había una de Panamá en el escenario, a ras del piso). Confesó que «nadie tiene éxito solo jamás, se necesita un buen equipo», y cayó el ‘Arallue’ de Ray Barreto con sonido big band, letra de crooner latino y ritmo rumbero. Blades nos informó que con la orquesta de Wynton Marsalis ha grabado el swing de «mi amigo» Tony Bennett ‘Watch What Happens’ para un disco que está al caer, y antes de entonarlo advirtió: «amamos la música en vivo, aquí no hay nada pregrabado, si se me sale un gallo es mío».

En el segundo swing de la noche, ‘The Way You Look Tonight’ de Sinatra, de lo mejor (imagen de móvil: O.C.E.).

Y continuó hablando (señaló el racismo, alegó que entró en política para acabar con la corrupción – fue Ministro de Turismo de Panamá entre 2004 y 2009-…), presentando, ubicando, contando su vida, pues recuperó numerosos éxitos. Sostuvo que «ser bilingüe es una ventaja» referido al inglés y el español (antes de pedir «la cantan conmigo si se la saben» ‘Buscando guayaba’), denunció que «la Iglesia ha sido muy perseguida por las dictaduras militares de Centroamérica» (y narró la historia de ‘El padre Antonio y su monaguillo Andrés’, dedicada a Monseñor Romero, durante la cual espetó «matan a la gente pero no matan a las ideas, ahí está Romero más vivo que nunca», y en la que las pantallas plasmaron vidrieras catedralicias)…

Las vidrieras catedralicias de ‘El padre Antonio y su monaguillo Andrés’ (foto: Piru Lamiako).

… confesó que empezó a cantar por las chicas y que sorprendió a todos por graduarse en derecho, y exclamó «cómo es posible que un salsero se gradúe en Harvard» (antes de ‘Ligia Elena’), dijo que lleva más de 30 películas como actor y que ahora aparece en la serie ‘Fear The Walking Dead’ (‘Todos vuelven’, donde, en las antimodernas pantallas, entre decenas de fotos posando con celebrities como BB King, Lou Reed, Gabriel García Márquez o Richard Pryor, solo apareció una dama, la inolvidable Celia Cruz), recordó que siempre ha habido comunicación «entre los músicos de jazz y los de salsa o género afrocubano» (e interpretó el ‘The Way You Look Tonight’ de Sinatra, un swing lleno de piropos con violines recreados por los teclados antes del cual dijo Blades que La Voz le enseñó a respirar al cantar), consignó que lleva escritas unas 200 canciones pero todas no las ha grabado él (la exitosa ‘El cantante’ se la cedió a Hector Lavoe, y la gente entró en trance, coreándola de modo mejorable y con muchos espectadores filmando con los móviles hasta en 360 grados), cantó a la enfermedad de los familiares (‘Amor y control’), repasó su estancia en el sello Fania, paradigmático en la salsa, donde labró su oficio musical (‘Juan Pachanga’, una historia de jazz con la ciudad de Nueva York en pantalla)…

‘Ojos de perro azul’, la de Gabriel García Márquez (foto: Facebook).

… tras preguntar por la gente de Colombia (y hala, decenas de brazos levantados en vanguardia) presumió de amistad con Gabriel García Márquez, quien le decía «tú eres un periodista que canta» (‘Ojos de perro azul’, del disco ‘Agua de luna’, que no gustó ni a los salseros ni a los intelectuales, se resignó Blades, quien aquí nos filmó con un móvil y bailó integrado en la orquesta, como hizo a menudo a sus 70 años), calibró que su experiencia vital a los 70 años recién cumplidos no es la que tenía a los 30 (‘Maestra vida’) y se despidió con la que le decían era una canción capaz de acabar con la carrera de cualquiera, por depresiva (y tras agradecer a La Orquesta Platería por hacerla popular en España, la orquesta de Roberto Delgado se relegó para dar paso al público para cantar de modo lento la celebérrima ‘Pedro Navaja’, la de con el tumbao que tienen los guapos al caminar).

‘Pedro Navaja’ con sus lentes oscuras para que no sepan que está mirando (imagen de móvil: O.C.E.).

Habían pasado dos horas y cuarto, pero quedaba el bis, de media hora pasadita y cuatro piezas, entre ellas el instrumental swing yanqui inédito ‘Do I Hear For’. Muy a la americana Rubén, que miraba a la concurrencia haciendo visera con la mano para que no le cegaran los dos cañones de luz que tenía enfrente, en la mesa de sonido, recomendó «regresen con calma a casa» antes de «la canción favorita de John Travolta» (diría de modo irónico antes de ‘Plástico’, con el final panamericano; al acabar dijo: «antes cantábamos Nicaragua sin Somoza… Ahora Nicaragua sin Ortega… Increíble»), cantó a Venezuela en ‘La canción de María Lionza’ (aquí se puso a bailar mucha gente; por cierto, durante el concierto bastantes latinos chillaban contra el presidente Maduro, ya sabemos que la mayoría de las solicitudes de asilo político en España provienen de Venezuela) y cerró con una naíf ‘Muévete’, que compuso para Mandela a medias con el cubano Juan Fornell. Y al acabar el gran y memorable show me di la vuelta… ¡y muchísima gente ya se había ido de La Campa! Habían sido casi tres horas de concierto, más las dos de ‘Kike’ Veneno.

ÓSCAR CUBILLO

Las pantallas en ‘La canción de María Lionza’ (foto: Piru Lamiako).

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