Fiestas de Bilbao 2018 / Coppel: Iluminado y asombroso

Coppel en la primera, cantándole a su guitarra, bautizada ‘Salvaje’ (imagen de móvil: O.C.E.).

 

CAL: ***

Viernes 24 de agosto de 2018, Bilbao, Shake!, 21.30 h, 5-9 €.

 

Inspiradísimo, dylanita y épico, el cantautor rock getxotarra Íñigo Coppel se superó a sí mismo en el Shake!, donde dio uno de nuestros mejores conciertos del año

 

En un año exacto, desde el 24 de agosto de 2017 hasta el 24 de agosto de 2018, siete veces hemos visto en concierto al emocionante y roquero cantautor getxotarra emigrado a Madrid Íñigo Coppel (este es su interesante Bandcamp). Le hemos disfrutado en bolos promocionales vespertinos en la tienda de discos Power, en largas sesiones nocturnas con su amigo el crápula Gatoperro, en el pub Residence por la mañana, y hasta repasando sin necesidad de atril el LP ‘Another Side Of Bob Dylan’ (Columbia, 1964) en una cita del ciclo Izar & Star en el Kafe Antzokia. Y más veces le habríamos visto de haber podido, por ejemplo en algún chiringuito playero. Siempre recomendamos a nuestros lectores que no se lo pierdan, e insistimos una vez más.

Eso sí: nos gusta más el bueno de Coppel en los bolos más cortos, cuando te deja con ganas de más, que en esas sesiones maratonianas en las que se calienta y se alarga en demasía (hasta se pasa de la hora del último metro). Este viernes, en el pub Shake!, dio un bolo de abono (el único de abono de la semana de conciertos de fiestas en este pub) teloneando a los rockabillies General Lee (les vi el arranque, muy bien y con quintales de rockabilly swing a lo Stray Cats), y nos atrevemos a afirmar que ha sido la mejor ocasión en que le hemos catado: por calidad y poderío del sonido, por el escenario elevado (cuántas veces le hemos disfrutado a ras de suelo), por la duración perfecta del recital, por la selección del repertorio que tantas veces hemos escuchado y donde en cada canción nos encontramos una sorpresa extra, por el cariz blusero dylaniano de sus ritmos (a menudo me evocó al blues del delta del Mississippi), por su épica sinceridad, y por lo bien que entonó sin necesidad del atril esos largos cantares de gesta. Un concierto que entrará en nuestra lista de lo mejor del año, una cita mágica de 12 canciones en 64 minutos.

Coppel, iluminado, en buena onda y superdylanita, arrancó describiendo lo que estábamos viviendo instantáneamente en ‘Salvaje’ (donde le canta a su guitarra acústica zurda, una Takamine así bautizada) y en ‘Hay gente buena hay fuera’ (en la que se refiere al propio público, medio centenar de personas habría atendiéndole). Y sin solución de continuidad se puso serio y solemne y romántico en ‘Serenata para C’ (la de «es tan grande el dolor…») y dramático y storyteller en ‘Balal, Abdollah y Maryam’ («esta la escribí tras leer en el periódico una noticia que pasó en Irán, la historia de una madre que perdona al asesino de su hijo», y realzó la canción con vibrato vocal y blues tan crepuscular que se notaba la soga de la horca en el cuello).

Sin sensación de altibajos ni percibirse los cambios de tempo, Coppel se lució en el dylanita, verborréico, genial, palpitante, saltarín, irónico, teatral, virtuoso y antisectario ‘Blues hablado del mayor fan de Bob Dylan del mundo’ («me fui a París, qué ciudad más limpia, me di un paseo hasta el Olympia»), y continuó con «una canción protesta sobre un asunto que me indigna especialmente, la cantidad de gente que odia a Paul McCartney, igual aquí hay hoy algún hater de Paul», y proclamó su ‘Canción protesta contra los cantautores que odian a Paul McCartney’ («qué ha hecho Paul en realidad para merecer tanta crueldad», reza la letra).

Coppel y su amigo Iñaki López en la de los leones persas (imagen de móvil: Óscar Esteban).

El getxotarra se atrevió a describir su canción ‘Laura y las desventuras del joven Coppel’ como «un rock and roll adolescente de los años 50 con ritmo de tango y estilo narrativo de Brassens», y de la misma cantó a Raquel en la inspiradísima ‘Luces de Atocha’, una oda rebosante de desamor a la misma Raquel del tango siguiente, ‘Éramos tan jóvenes’, ella de 20 y él de 37, joya en la que no nos cansamos de oír su presentación, con el deseo de «espero que disfrutéis con mi sufrimiento», ni versos como «y me sentía un George Clooney esperando a mi amor en el bar de la uni». Que ovación recibió, oigan.

Además, presentó una canción nueva que había acabado de escribir ese mismo viernes, ‘Incidente en Puerto Lápice’, una ucronía  absoluta donde aparecen don Quijote, Sancho, El Cid, La Celestina (con gabardina) y Jennifer Connelly («la melodía la he tomado de un disco de Bob Dylan, pero bueno, conociendo a Bob seguro que la copió de algún sitio», confesó Coppel). En ‘Blues hablado sobre la propuesta de ley para soltar leones persas en las calles de Madrid’ participó el periodista Iñaki López, fan y amigo de Coppel presente entre el público, y se acabó la fascinante cita con ‘Íñigo Coppel viaja a la Edad Media (y el rock and roll salva su vida)’, con esa coda rindiéndose a Chuck Berry.

Sorprendente Coppel… Ojalá nos volvamos a cruzar pronto. A más tardar, cuando Íñigo estrene el 9 de noviembre en la Nave 9 su disco doble grabado en vivo en El Cocodrilo, el bar madrileño de su amigo Johnny Burning.

ÓSCAR CUBILLO

 

Vídeo de ‘Blues hablado sobre la propuesta de ley para soltar leones persas en las calles de Madrid’, con aparición reporteril de Iñaki López:

 

 

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Comments
2 Responses to “Fiestas de Bilbao 2018 / Coppel: Iluminado y asombroso”
  1. inigoparalle dice:

    😀

  2. Kike Morey dice:

    Esperaba que hubieses ido al concierto de Danza Invisible en La Pérgola (asumo que no por la omisión de la reseña). No fue el mejor escenario aunque la dimensión fue adecuada para los que se acercaron a ver a Javier Ojeda y lo suyos. La gente demoró a entrar en calor a pesar de los intentos del enérgico Javi, el que está más en forma de los miembros originales.

    Conciertazo, lleno de clásicos, con la voz de Ojeda en buena forma y el resto de los músicos cumpliendo su papel con ganas, sin estridencias pero armónicamente muy compactos. Cabe resaltar que tocaban en Bilbo después de haber tocado la noche anterior en Huelva, así que a pesar del menudo viajecito, la banda no demostró cansancio en ningún momento, ni siquiera en la prueba de sonido que hicieron a las 20h.

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