Musical ‘Franciscus’: Loquillo del Cielo

Franciscus también guerreó en Italia (foto: Palacio Euskalduna).

CAL: *

Martes 4 de septiembre de 2018, Bilbao, Palacio Euskalduna, 20 h, entradas de 21 a 61 €.

 

En lo que fue su estreno en Europa, cuatro días estuvo en cartel ‘Franciscus’, hagiografía en dos historias paralelas sobre San Francisco de Asís producida por José Luis Moreno

 

De martes a viernes se representaó en el Palacio Euskalduna, por primera vez en Europa, el musical ‘Franciscus. Una razón para vivir’, producido por José Luis Moreno. Se trata de una hagiografía bien interpretada (desde la actuación al canto) sobre San Francisco de Asís (Umbría, 1181-1182, Asís 1226), el joven rico que por libre elección se entregó a la pobreza y expandió el Evangelio, personaje al que este musical lo muestra en dos historias paralelas: la protagonizada por el propio personaje histórico de Francisco en una sucesión de números de variedades, y la trasposición de su figura e influencia a la actualidad en una suerte de culebrón proyectado en pantalla grande y protagonizado por una familia azotada por la enfermedad de un chaval atendido en un hospital de monjas en lo que pretende ser una interpelación severa al descreimiento de nuestra época (ciertamente, la abuela parece demasiado beata para los tiempos que corren, una abuela que explica por qué el Papa actual ha elegido este nombre).

Una pieza religiosa de la segunda parte, con la orquesta en el foso (foto: Palacio Euskalduna).

Dos horas 40 minutos duró el martes la función del estreno europeo, contando el descanso. Se evidenciaron bastantes descoordinaciones técnicas (por ejemplo al pinchar las imágenes del culebrón, o con los subtítulos en inglés y castellano) y deficiencias de sonido (el siseo y el eco habituales del recinto, los micrófonos de los actores dando algún problema, o al final, en los momentos cumbres, cuando no se oyó nada aunque el respetable paciente y educado no protestó) que suponemos se resolverían para las sesiones que quedaban hasta el viernes. No en vano, el martes este espectáculo de entretenimiento sonó peor en la primera parte, la mundana, que en la segunda, la más espiritual y bastante menos tensa, en cuyo libreto se antoja un tanto brusca la conversión total de Francisco.

Franciscus, en la ventana, regala sus pertenencias a los pobres, para disgusto de su padre (foto: Palacio Euskalduna).

Permitiéndose no pocas licencias artísticas y estéticas (el acento argentino en el siglo XII, la música romántica de la presentación ante el Papa, un vestuario más moderno, más renacentista e incluso propio de la Revolución Francesa…) y beneficiado por la nutrida presencia de actores, coros, bailarines, músicos (la sinfónica sonó muy televisiva, con mucha batería) e incluso animales (tres veces salen caballos, una un zorro), ‘Franciscus’ es un popurrí que trata de abarcar todo género posible (del videojuego de guerra al ballet, del folk panderetero al teatro declamado, de la ópera a la serie de televisión, de la música sacra –que fueron los pasajes más ovacionados- al musical hippie –a lo ‘Jesucristo Superstar’-, pop o de Walt Disney)…

Escena de folk panderetero (foto: Palacio Euskalduna).

… para lanzar un mensaje proselitista católico (con técnicas más bien evangelistas, frecuentes en Sudamérica, donde se asegura que este musical ha cosechado éxito), un show blanco apto para todos los públicos (en una ocasión se profiere la palabra ‘tetas’) cuya intención de fondo (la de predicar el Evangelio aunque sea de modo tangencial) se acentúa más en la parte enlatada, la televisiva, que en la real, la actuada, la narrativa, algo somera pero eficiente, en la que se viven los mejores momentos: el prólogo instrumental con la orquesta emergiendo del foso, varios números de masas de colorido vestuario en la taberna, el protagonismo del gran órgano del Euskalduna y, a tenor de los aplausos, el par de cantos religiosos de la segunda parte de esta evocación o puesta al día del ‘loquillo del Cielo’, como le llamó en una plegaria Jacinto Benavente, dato que se evoca al principio de la representación mediante técnica documental y donde nos enteramos también que incluso Lenin admiraba a San Francisco.

Franciscus y los suyos erigiendo iglesias (foto: Palacio Euskalduna).

Habría unos tres cuartos de entrada (pero desde abajo no veía los palcos de arriba), la reacción del público fue fría (no hubo saludos finales propiciados por ninguna ovación, pues los aplausos simplemente fueron de cortesía y nada más bajar el telón la gente se levantó de sus butacas) y en el metro había damas ofendidas que lo tildaron de ser «una vergüenza por 60 euros» (yo sólo puse la antena, no intervine). Y sí, el primer día de los cuatro hubo tantos fallos técnicos que a veces parecía un ensayo general.

ÓSCAR CUBILLO

 

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