Corcobado: Canciones de amor y odio

El bronceado, fornido, rapado y tatuado Corcobado (foto: Mikel Martínez de Trespuentes / Sala BBK).

CAL: **

Jueves 20 de septiembre de 2018, Bilbao, Sala BBK, 20 h, entrada libre.

 

El bolerista y roquero maldito madrileño, que vive hace diez años en Bizkaia, participó con éxito transversal en las X Jornadas de Poesía Vasca BBK

 

El jueves en la Sala BBK, durante las X Jornadas de Poesía Vasca, ofició el ídolo underground criado en Madrid Corcobado (José Javier Pérez Corcobado, Fráncfort, Alemania, 1963), que informó que lleva diez viviendo entre nosotros y que le da vergüenza no hablar en euskera. Actuó en cuarteto: a la guitarra acústica el mexicano «exiliado en Bilbao, como yo» Jaime Yakaman; al trombón, la melódica y los coros el «mundaqués apuesto» Oskar Aparicio; y a la batería el logroñés Nacho Colis, «que me acompaña hace 30 años y espero que estemos otros 30 años más». A veces fueron quinteto, cuando se sumó el guitarrista invitado bilbaíno Mikel Caballero.

Yakaman, Corcobado, Colis y Aparicio (foto: Mikel Martínez de Trespuentes / Sala BBK).

A Javier se le vio fornido y sanamente bronceado, e improvisó un par de comentarios irónicos que nos hicieron reír: cuando recordó que en un concierto de Ravi Shankar en Madrid éste afinó largamente su sitar y al acabar la masa aplaudió entusiasmada para pasmo del maestro hindú; y cuando, tras cantar su canción ‘Sangre de perro’ ( la 17ª, influjo insano de La Hermana Mary, rollo Toreros Muertes surreales) rematada con acoples voluntarios del micrófono en el único momento ruidista de la velada, un puñadito de personas hicieron mutis y el cantante aprovechó para contar que debutó en Madrid en 1982, en la sala Rockola, y que en sus pinitos el público solía desertar progresivamente de sus conciertos, lo cual ya no le sucede.

En efecto, en la Sala BBK, que alcanzó los tres cuartos de entrada en el patio (el anfiteatro estaba cerrado), había mucha presencia de elegantes señoras mayores… ¡y ninguna se marchó! «Muy bonito, me ha gustado mucho», manifestó a sus amigas una dama a nuestras espaldas, en la segunda fila. Y eso a pesar de que Corcobado canta muy raro, a veces desafinando. De hecho, le pidió un par de veces a Yakaman: «desafina bien la guitarra, no la afines mal».

El concierto de 20 canciones en 104 minutos estuvo prologado por la presentación del poeta local Beñat Arginzoniz, que en cuatro minutos extras afirmó que Javier Corcobado no es nadie porque es todos los hombres y que es un hombre qye solo habla del amor. Y sí, cantó incluso al amor filial, pues tenía delante, en la primera fila, a su hija y para ella fue ‘Niña preciosita’, una bossa sentida y sincera rebosante de orgullo paterno (la niña, avergonzada, le hizo un gesto con la mano para que se retirase).

Informa Carlos Benito en su blog Evadidos: «No sé si sabrán que lo tienen muchos jueves en la cantina Txokomex, en Barrenkale, donde se centra en entonar “canciones clásicas y hermosas de pasión, dolor y amor”». A ver si nos cuadra pronto un jueves de estos (foto: Mikel Martínez de Trespuentes / Sala BBK).

Libando vino de denominación de origen navarra y sin leer nunca las letras de ningún atril ni teleprompter, Corcobado, a menudo desolado (abrió con ‘Por qué estoy tan triste’, otra bossa), hizo de bolerista (‘Somos’ de Mario Clavel, con su aire cinéfilo, tarantiniano; después una de las cimas que fue ‘Te estoy queriendo tanto’ de Manuel Alejandro, con su rapto de silencio que incomodó a parte del patio de butacas), tremendista y suicida usó el blues a lo Nick Cave (‘Dientes de mezcal’, de su antiguo grupo Los Chatarreros de Sangre y Cielo como presentó; luego ‘Sin corazón no hay nada’, que según él no es una metáfora), asumió el ambiente cabaretero (‘A nadie’, que según explicó «Dios la canta en primera persona a su capricho, al mundo destruido, la tierra», la del verso «la luna leucocito de mi sangre, bombilla de los suicidas, es ahora una lágrima, una tiniebla en mi piel», en la que al final se arrodilló como Camilo Sesto en Anticristo Superstar y fue ovacionadísimo), remitió a un Bunbury al que nunca igualará en popularidad por presencia y voz (‘El extranjero y su cicatriz’), interpretó una en francés (la penúltima, ‘La boheme’, susurrada por la dama de la segunda fila), pescó coros del respetable en general (la manonegrista cien mil ‘Caballitos de anís’), fue teatral (‘La navaja automática de tu voz’), abrazó lo crepuscular (‘El jinete’ de José Alfredo, ‘Yo no quiero saber’ en plan Chingón…) y enlazó una serie de canciones de odio, muy descarnadas y vengativas ellas, que fueron lo más de la cita: ‘Díselo a Dios’, de Armando Manzanero (con Corcobado en el papel de crooner), ‘Bravo’, de Luis Demetrio (la de «bravo, permíteme aplaudir por tu forma de herir mis sentimientos», con un Corcobado raphaelesco), ‘Voy’, también de Demetrio («Voy a mojarme los labios con agua bendita / para lavar los besos que una vez me diera tu boca maldita», con Corcobado rebosante de odio, disparando con la boca cada vez que profería el título ‘Voy’).

Hum… quizá esta del jueves ha sido la mejor ocasión de las al menos cinco en las que he visto a Corcobado, que pronto cruzará el charco para ir de gira por las Américas.

ÓSCAR CUBILLO

 

Clip de ‘Te estoy queriendo tanto’, de Manuel Alejandro según Corcobado:

 

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