CINE: ‘El capitán’: De víctima a verdugo

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Texto por GERARDO CREMER

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Estreno: 21 de septiembre de 2018

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Director: Robert Schwentke

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Calificación: 4 estrellas de 5

 

Tráiler subtitulado de ‘El capitán’:

 

 

Año 1945. Un soldado alemán, Herold (Max Hubacher) corre hacia el bosque, perseguido por sus camaradas. Estamos ante el final del ejército alemán. Su desmoronamiento. Muchos soldados desertan ante el miedo de morir en batalla o ser hechos prisioneros. El rostro de Herold también refleja ese miedo. La cámara de Florian Ballhaus (Premio a la Mejor Fotografía en el Festival de San Sebastián 2017) busca cierto efecto distante, brechtiano, en su relación con el soldado alemán desertor, aunque en estos primeros instantes sigue al protagonista en primer plano. La tensión y la sensación de frío e indefensión quedan enfatizadas por el blanco y negro de la fotografía. En la angustia de la persecución, Herold se esconde debajo de un árbol mientras observa, escondido, cómo los miembros de su grupo tratan de localizarle. Al llegar la noche, el soldado se siente seguro, abandona su escondite y pasa a deambular sin rumbo por los caminos nevados, hasta encontrarse con otro soldado alemán desertor.

En tierra desierta, sin nada que echarse a la boca, sin un lugar para refugiarse del frío de la noche, ambos deciden saquear una granja. En el enfrentamiento con el granjero, fallece el compañero de Harold. Al amanecer, nuevamente sin saber a dónde dirigirse, caminando por una carretera, Harold encuentra, por casualidad, un coche alemán abandonado, en cuyo interior halla la documentación y uniforme de un capitán alemán. Una vez acomodado a su uniforme, Herold va encontrándose en su camino a todo un grupo de soldados desertores que se hacen pasar por militares leales a su país. Todos disimulan su condición de fugitivos aunque no pueden disimular su condición de bullangueros y farsantes. También en su comportamiento está la naturaleza amoral que proporciona la guerra.

El uniforme facilita la transformación de Herold en verdugo.

Tras esta introducción narrativa se desarrolla la transformación de Herold en verdugo, una transformación que surge tanto de la cobardía como del extraño poder de fascinación que proporciona el uniforme. ‘La banalidad del mal’ que Hannah Arendt describió en su estudio sobre el líder nazi Adolph Eichmann (defiende que lo preocupante de la existencia del mal es que cualquier hombre, en determinadas circunstancias, puede reaccionar como Eichmann y realizar actos tremendamente malvados e inhumanos porque se cree en la obligación de realizar su trabajo), los experimentos realizados en 1961 por el psicólogo Stanley Milgram (mostrados en el film ‘El experimento / Experimenter’, 2015, de Michael Almereyda), o bien las conclusiones obtenidas de los experimentos llevados a cabo en la cárcel de Stanford (ver ‘El experimento / Das Experiment’, 2001, de Oliver Hirschbiegel) que desarrollaron la idea del ‘Efecto Lucifer’ («la influencia poderosa de un factor situacional que es capaz de deshumanizarnos»), confluyen todas en esta película.

‘El capitán’ es un buen film, duro, violento, sin apenas recursos morales con los que el espectador puede sentirse tranquilo, una película cargada de depravación, distante (una cámara que muchas veces circula a espaldas del protagonista, siguiéndole sus pasos), pero que, a su vez, contiene momentos  cargados de humor negro (en especial, en aquellas secuencias en las que se va formando el batallón de desertores que Herold va encontrando por el camino), aunque también es una película bella y elegante en su decisión de usar una fotografía en blanco y negro.

‘El experimento’ (2001), de Oliver Hirschbiegel, cuenta el famoso experimento de la cárcel de Stanford.

En la segunda parte de la película, la que se desarrolla en un campamento de prisioneros donde se encuentran confinados un grupo importante de desertores alemanes, la visión de los acontecimientos por parte del protagonista siempre es ambivalente. Parece que el factor externo, donde la degradación moral ya ha hecho mella en los mandos (la falta de respeto hacia la vida ajena, además de otros comportamientos lascivos), va empujando a Herold a una huida hacia adelante donde la ley y la moral van, de forma acelerada, desapareciendo. En esta segunda parte hay una clara puesta en imágenes, un proceso de representación deformante,  donde la descomposición ética ocupa todo el espectro narrativo. Toda esta parte en el campamento alemán recuerda a un film de Sam Peckinpah que debería ser revalorizado, ‘La cruz de hierro’  (1977). En ambos films los personajes se encuentran ante la sensación de estar viviendo en sus últimos instantes, envueltos en un ambiente despiadado, amoral, decadente, donde la cobardía actúa como acto defensivo frente a los demás (se asesina para evitar que el otro te delate). La personalidad de Herold se va impregnando de estos elementos circunstanciales. La desobediencia de los mandos, su voluptuosidad, la ilegalidad como norma del campamento, terminan por congestionar su mente, deformando en cada instante su personalidad.

Depravación viscontiana en la parte final de ‘El capitán’.

Por ello, el film oscila entre la farsa y la tragedia. El efecto brechtiano llega a ser tan marcado en algunos momentos que el espectador duda de lo que está viendo (este efecto queda confirmado con las imágenes mostradas al final del film, fuera de la diégesis narrativa, donde se juega con sacar a las calles actuales a este personaje y sus secuaces). El efecto deformante pasa por la exageración teatral, donde se expone la degradación humana al estilo viscontiano (véase las fiestas lujuriosas, donde se realiza el travestismo, que recuerdan a ‘La caída de los dioses’, 1969). Herold se adentra en una especie de juego personal, que se alza casi como apuesta, para demostrarse, tanto externamente como internamente, que puede llegar al máximo en su simulación como capitán alemán, convenciéndose que sus límites morales han sido superados. Y por ello procede a ser el más dañino y sanguinario de todos los cargos alemanes del campamento. Así, él se pone al mando, en una de las secuencias más desalentadoras de la película (que se aproxima mucho a las detallistas descripciones sobre las matanzas judías descritas por Jonathan Littell en la novela ‘Las benévolas’), se presta a dirigir las ejecuciones injustificadas y salvajes de los soldados alemanes prisioneros, asesinándoles de igual manera a como asesinaron los nazis a los judíos en los campos de concentración. Sólo hay un momento de fuga, de esperanza, un plano que no se sabe bien si es parte de lo real, del consciente, o más bien la representación de un deseo: durante las ejecuciones contemplamos como Herold da un grito de angustia. Un plano fuera de lugar que expresa perfectamente la desesperación al concienciarse del mal al que se halla sometido.

GERARDO CREMER

Durante las ejecuciones contemplamos a Herold proferir un grito de angustia.

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Comments
One Response to “CINE: ‘El capitán’: De víctima a verdugo”
  1. oscar cine dice:

    Gerardo y yo opinamos lo mismo de la peli.
    lo siento,oscar.

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