Alejandro Escovedo: Amigo para siempre

El gran éxtasis tendiendo el micro en ‘Rock And Roll’ de la VU/Lou Reed (foto: Mr. Duck).

CAL: **

Miércoles 17 de octubre de 2018, Bilbao, Kafe Antzokia, sala superior, 20-30 h, 15-18 €.

 

El cantautor roquero chicano de larga trayectoria emocionó a la sobrepasada parroquia centenaria del Antxiki con épica americana, rock and roll ardiente y dos versiones de la Velvet y Neil Young de una credibilidad intachable

 

El roquero chicano Alejandro Escovedo, nacido hace 67 años en San Antonio, Texas, de padres inmigrantes mexicanos, cerró por todo lo alto en el Antxiki su gira española de cinco conciertos (Zaragoza, Lleida, Valencia, Madrid y Bilbao) divulgando su disco ‘The Crossing / El cruce’ (Yep Roc, 18), 17 canciones inspiradas en la inmigración en Estados Unidos y coescritas con don Antonio Gramentiere, líder del cuarteto italiano Don Antonio, que ofició de banda de acompañamiento y calentó el encuentro con 40 minutos eminentemente instrumentales, ambientales y sentimentales con ecos  de Calexico y Tito & Tarántula (las pausadas reverberaciones fronterizas), Morphine (cierto tempo narcótico y la labor del saxo), una cumbia tipo Los Lobos y, para cerrar, un twist que agradaría a Santiago Delgado y Los Runaway Lovers.

Antonio Gramentiere, líder de los italianos Don Antonio, telonera y backing band (foto: Mr. Duck).,

Como bien apreció el melómano Óscar Esteban (de las 14 canciones del show reconoció 13 y la que dudó también acertó el título), cuando la banda Don Antonio se puso al servicio de Escovedo, pareció otra. El chicano, ex Rank & File y True Believers (representantes del Nuevo Rock Americano de los 80; a ver si vuelve y me acuerdo de llevar los vinilos originales para que me los autografíe), hermano del cantante de los Zeros (Javier Escovedo, a quien dedicó su canción ’Sensitive Boys’) y tío de la percusionista de Prince Sheila E, mejoró la ya buena impresión dejada el año pasado, en marzo de 2017, en la sala grande del Antzoki (así lo contamos), durante un set también sentimental, pero más verídico que el de los teloneros, y que alcanzó cotas ardientes que enloquecieron a los presentes.

La reputada revista ‘No Depression’ le calificó como «el mejor artista de la década de los 90»
En 2003 Alejandro se derrumbó en un escenario en Tempe, Arizona, vomitando sangre, porque padecía hepatitis C. No lo sabía. Para pagar el tratamiento, músicos como Steve Earle, Lucinda Williams, John Cale, Ian Hunter, The Jayhawks o Son Volt grabaron el disco doble ‘Por Vida’
(foto: Mr. Duck).

En 86 minutos sonaron 14 canciones conjuntadas y en quinteto. Sólo seis títulos se espigaron de los 17 de la novedad, ‘The Crossing’, pero no el que lo bautiza. Colgando la guitarra acústica Escovedo arrancó cual songwriter apegado a la tierra según la escuela lírica de Steinbeck (‘Waves’), apretó en el rock (‘Outlaw for You’, a lo Dan Baird o los Beat Farmers de esparto) y se puso dylaniano y contenido, mascando la épica cotidiana (‘Something Blue’). A la quinta se colgó la eléctrica y saltaron las chispas y el rock and roll se personó eléctrico disparado por un genuino centauro del desierto: ‘Teenage Luggage’ resonó a Wayne ‘MC5’ Kramer en solitario, la trepidación rock-a-roller y urbanita a lo Mink DeVille transpiró por ‘Beauty Of Your Smile’ y por su minihit ‘Castanets’ (minihit porque el ex presidente Bush la incluyó en su i-pod, lo cual disgustó a este chicano que no sabe castellano; igual que Los Lobos, The Blazers, El Vez, Los Zeros, etc., por cierto), y se cerró el círculo virtuoso con ‘Fury & Fire’, también tipo Wayne Kramer por rabiosa y con saxo.

El público admirador del cantautor rock texano (foto: Mr. Duck).

El rock and roll se había hecho carne ante nuestros ojos durante esas cuatro canciones intensas que pusieron a la gente a bailar, a cabecear…¡Vi a Ricky Blackete Churches saliendo del baño dando palmas! ¡Y a Amaia de Bermeo contoneándose con los ojos cerrados abstraída en un lateral! Y el elegante Escovedo, con chaleco, camisa de leopardo, vaqueros ajustados y zapatos finos de color crema, tomó aire con el soulero ‘Sensitive Boys’, la narración dramática ‘Texas Is My Mother’ y el coral y springsteeniano ‘Always A Friend’, que el nacido en Texas y criado en California presentó llamándola ‘Amigos para siempre’ y que alcanzó tal conexión con el respetable que nos evocó al Willy De Ville (ya no Mink De Ville, ¿eh?).

Y para el epílogo reservaba otra descarga insultantemente inspirada con el ‘Rock And Roll’ de Lou Reed y la Velvet Underground (con Alejandro adelantado más allá del borde del tablado, sin guitarra, y tendiendo el micrófono cual soulman para que cantaran los presentes en éxtasis), y ya en el bis una melódica y redonda ‘Sister Lost Soul’ y el hirviente ‘Like a Hurricane’ de Neil Young, del que aseveró un emocionado Torkel: «este es el himno de amor más importante de la historia del rock». Buf, ojalá Escovedo regrese en 2019… y estemos vivos, claro.

ÓSCAR CUBILLO

Hijo de inmigrantes mexicanos en Texas, Alejandro Escovedo forma parte de una reconocida familia musical: su sobrina Sheila E ha sido batería de Prince, y además sus hermanos también han hecho carrera: Mario fue cantante y guitarrista del grupo de glam The Dragons, Javier es cantante y guitarrista de The Zeros (¡los ramones mexicanos!, aunque son chicanos) y Pete es percusionista de Santana.
De 2008 a 2016 su manager fue Jon Landau, pero se rompió la asociación «Estaban cansados de mí, cansados de que mis discos no se vendieran», ha reconocido Escovedo.
(foto: mr. Duck).

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