Dani Martín: ¡Que se mueran de envidia, Dani!

Dani Martín asaeteado por los focos y con la primera camiseta, la del baloncestista Curry (foto: Asier Camacho / BEC).

CAL: ***

Sábado de octubre de 2018, Barakaldo, BEC, 21 h, entradas de 27,50 y 52,50 €.

 

9000 personas de todas las edades vibraron y cantaron en el BEC con el cancionero del ex El Canto Del Loco, que vistió tres camisetas, pastoreó a la multitud y lideró una banda de rock sobrada de actitud

¡Un macroconcierto de lo mejor del año!

 

Para quienes siempre dudan y nunca superan los prejuicios, dejémoslo claro desde el primer párrafo: ninguna de las más de 30 actuaciones del festival BIME Live que el viernes y el sábado (26 y 27 de octubre) se desplegarán por el mismo BEC superarán en calidad y comunión, en comunicación y espectacularidad, al concierto de Dani Martín del sábado noche en el BEC, una de las últimas fechas de la gira ‘Grandes éxitos y pequeños desastres’, con la que conmemora sus 18 años de carrera.

Tal sentencia se me ocurrió in situ, al instante, en pleno fragor eléctrico. Y doce horas después de que acabara el macroconcierto, tras sopesar el conjunto y reposar las sensaciones, me atreví a afirmar que ha sido uno de los mejores conciertos del año, a pesar de su dilatada extensión (¡tres horas!), del retumbe del BEC durante la primera parte y de ciertos momentos destensados: unas tres baladas, las apariciones esporádicas de un gallo o pollo odioso (un especie de mascota baloncestística), el arrojar tres baldes de agua al respetable –a algún espectador mojado se le vio muy cabreado en las pantallas-, la cuenta atrás inicial de cinco minutos…

La pista antes de empezar el show, al 90 % copada por chavalas (foto: Carlos García Azpiazu).

El concierto número 414 en lo que vamos de 2018 lo presenciamos rodeados por 9000 personas en el BEC. La pista estaba llena de chavalería («el 90 % son tías y alguna está acompañada por alguna madre y padre», analizó el fotógrafo Azpiazu, que había atravesado la masa) y las gradas se revelaban más transversales en edades y sexos (delante de nosotros estaba sentado su padre, a quien Dani saludó en el bis). El concierto en sí duró 165 minutos (dos horas y tres cuartos, contando los saludos finales) para 22 canciones (sin disgregar el popurrí incrustado en ‘Emocional’), y además, aparte, hubo un prólogo de veinte minutos extras con entretenimientos varios: las pantallas enfocando a gente del público invitándole a ‘hacer el imbécil’ y con reacción del respetable en plan cine cómico mudo (de los más ovacionados fueron una coreana con su bandera, un niño medio dormido que no enteró de que salía, un tipo con una pizza que andaba buscando su localidad y un miembro de la DYA o algo parecido al que enfocaron cuatro veces; «¿otra vez?», se le leía en los labios); el pasaje payasesco con el maldito pollo (hay quien dice que era un gallo) que salió con unos carteles espoleando al respetable e informó que había secuestrado a Dani y hacía lo que él quería (el bolo tuvo mucha pirotecnia en forma de llamaradas, y qué pena que ninguna asara al maldito pollo), y la mentada cuenta atrás de cinco minutos.

Pero a lo que íbamos, a narrar uno de los mejores conciertos de 2018. Dani Martín ofició escudado por una banda de lujo y muy roquera: Candy Caramelo al bajo y con la misma pinta punk de Iñigito Txapelpunk, a los teclados Iñaki García (que lleva desde 2003 con Dani), un baterista que a menudo salía en pantalla dándole duro a los parches y dos guitarristas, con mención especial para Paco Salazar. Con ellos compartió sudor, focos y alguna pose grupal a lo Loquillo y Los Trogloditas sobre un escenario muy chulo y luminoso con dos alturas, dos pantallas laterales y tres telones de fondo estáticos que se sucedieron durante el show.

Dani manejó a su antojo a la masa milenaria (foto: Carlos García Azpiazu).

Además, el tablado tenía un provocador por el que se adentraban entre la gente sus guitarristas y lo que hiciera falta, lo cual significaba que Dani da mucha cancha a sus músicos. Pero por generosidad, porque el también actor Dani Martín (Daniel Martín García, ​nacido en San Sebastián de los Reyes, Madrid, hace 41 años) demostró un manejo y control del público inusual: le hacía dar palmas y ondear los brazos, le retaba con gesto despectivo, le llegó a insultar (cabrones, hijoputas…), también le halagó («estáis muy guapos»), entraba en conversación con él (por ejemplo con la tía disfrazada de pato que le pidió cantar con él y que andaba de despedida de soltera), le agradecía con sinceridad su calurosa respuesta, y le animó a olvidar los móviles y a vivir el momento, pues eso no se iba a repetir nunca.

En sexteto con Coki Giménez (batería), Candy Caramelo (bajo), Rober Lavella y Paco Salazar (guitarras) e Inaki García (teclas)
(foto: Asier Camacho / BEC).

Entre las llamaradas del fondo, a menudo sincronizadas con la música, Dani Martín abrió rompiendo la pana con ‘Volver a disfrutar’ de El Canto del Loco, en plan Loquillo y Trogloditas en 1985. Brutal, oigan. Y además, uno de los emblemas de la gira es la del puto gallo (o pollo) con las dos tibis cruzadas, que remite paródicamente al logotipo de Loquillo (¿habrá alguna disputa entre ellos, Dani y el Loco, que sí que son dos gallos?). Y después de roquear a modo se dedicó a aplastar al indie patrio: ‘Las ganas’, la algo Supersubmarina ‘La suerte de mi vida’ de El Canto del Loco (casi la mitad del repertorio fue de El Canto), las líneas post-rock de ‘Dieciocho’ (otro temazo)… Y por si no fuera poco, se puso en plan cantante melódico con actitud, a lo Sergio Dalma, y el pop coral (esas voces femeninas y juveniles imponiéndose agudas) emergió en ‘Que se mueran de envidia’, que se la dedicó a los que no estuvieron esa noche en el BEC (y donde pidió que usáramos las linternas de los móviles en masa), o ‘Puede ser’ de El Canto del Loco, sendas revisiones muy duras que no tienen nada que ver con las versiones del disco, blandengues y almibaradas, sí (ya sabemos todos que en directo estrellas como Alejandro Sanz o Sergio Dalma poco tienen que ver con sus discos).

En ‘Contigo’, de El Canto del Loco, requirió la participación de una chica para cantar en el escenario, y rechazó con personalidad a la disfrazada de Pato, a una que alegó que era su cumpleaños («esa no es una razón de peso», la espetó) y subió a una con la que mantuvo esta conversación:

-¿Eres de Bilbao?

-No.

-Di que sí…

-Siiiii, de Bilbao de toda la vida.

-Pero eres de Bizkaia…

-No, soy de Gipuz…

Y qué bramido de la peña. La escogida cantó bastante mal y encima evidenció con sus miradas que Dani Martín disponía de las letras en un plasma al que él no miró nunca (y si lo hizo no se le notó).

Dani pidió que usáramos las linternas de los móviles en ‘Que se mueran de envidia’ (foto: Asier Camacho / BEC).

Y de seguido Dani voló alto de nuevo, con pop-soul a pleno pulmón (‘Son sueños’ del Canto, la baladas ‘Mira la vida’), la incursión en el gran rock de estadio con ‘Insoportable’ de El Canto del Loco (la de los cuatro baldes de agua a la gente y luego él arrojándose un barreño por encima y lanzándose en plancha sobre el público, para lo que hay que tener fuerza, habilidad y valor).

Tras la caladura, Dani reapareció con otra camiseta de baloncesto: cambió la de Curry en los Golden State Warriors por la de Rodman en los Chicago Bulls, y prosiguió el gran espectáculo con una sentida ‘16 añitos’ (algo Los Secretos, y que habla de él), ‘Besos’ de El Canto del Loco entre llamaradas (preguntó antes: «¿necesitáis algo?, ¿agua?, ¿fuego?, ¿pato?, hoy tenemos de todo, ¿besos?»), pegó quizá el bajonazo en ‘Que bonita la vida’ (una balada), volvió a dominar el rock de estadio en la estupenda ‘Una foto en blanco y negro’ de El Canto del Loco, y alcanzó cotas de pasión por parte del público que no suelen ser habituales con ‘Volverá’, también del Canto del Loco y también algo Loquillo, créanlo.

La información avisaba que el show acabaría a las 11.30 horas, pero lo hizo pasada la medianoche. O sea que parecía que quedaba poco tiempo, aunque el epílogo se dilató con algún momento plano (la balada ‘Cero’), más actuación actoral de Dani («¿Queráis más? ¡No puedo más! Yo siempre que voy a un concierto quiero que acabe pronto para ir a cenar. Me gusta ir a cenar»), y la despedida se hizo aplicando rock de estadio a lo Tom Petty a un ‘Ya nada volverá a ser como antes’ de El Canto del Loco con muchas llamas. Volvió a salir el pollo (sí: parecía una mascota animadora de baloncesto), y para el bis triple Dani se presentó con su tercera camiseta, una de su merchandising con una calavera atravesada por mástiles de guitarras.

La primera del bis, ‘Tal como eres’, que tocó a solas y ya con la tercera camiseta (imagen de móvil: Larraitz Brit).

El bis lo abrió Dani a solas sentado con la acústica cantando ‘Tal como eres’ tras un largo parlamento hablando de futbol («muchas gracias, eskerrik asko, vosotros sí que sois leones de verdad», agradeció, y la masa se puso a corear el himno del Athletic, y dijo Dani: «amo al Athletic porque de él nació mi equipo, el Atlético de Madrid»), agradeciendo a su equipo técnico (por ejemplo a Get In, la agencia donostiarra con la que lleva también 18 años), informando («llevo 28 conciertos y me quedan 3»). Y ese sábado ya sólo le quedaban dos canciones en sexteto: coló un gran popurrí en ‘Emocional’ (‘Lucía’ de Serrat, ‘Aunque tú no lo sepas’ de Enrique Urquijo, y las siguientes las identificó Azpiazu al instante: Green Day, Nirvana, Soundgarden, Extremoduro; ¡qué poderío el de Dani!), y el adiós con el rock and roll ‘Zapatillas’ de El Canto del Loco interpretado con la luz encendida, en plan Springsteen, previo a los largos saludos finales con fondo enlatado ramoniano (ah, una semana después me acuerdo de que a modo de última imagen on stage Dani Martín nos hizo un calvo, nos enseñó el culo, antes de hacer mutis).

Fue un conciertazo, sí. Largo, de tres horas, pero menos mal que estábamos sentados. De lo mejor del año, insisto. Recuerdo que vi dos veces a El Canto en el BEC, y las dos muy bien. Me sorprendió la primera: ¿estos tíos son capaces de roquear así?, me planteé y no dudé más. Y la primera vez que vi a Dani Martín, en el Euskalduna, en marzo de 2017 con las entradas agotadas (así lo contamos), dio un bolazo mejor que este del sábado en el BEC, más corto (24 temas en 129 minutos, o sea una hora menos), pero en el Euskalduna se oyó tan mal, tan mal, que no lo colé en lo mejor de 2017 por esa razón . Después intenté verle en el Teatro Principal de Vitoria, pero no me pudieron colar, pues también estaba agotadísimo con antelación.

OSCAR CUBILLO

Daniel Martín García, 41 años, en el provocador y en la pantalla del BEC (foto: Asier Camacho / BEC).

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