CINE: ‘Cold War’: Fría libertad

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Texto por GERARDO CREMER

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Estreno: 5 de octubre de 2018

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Director: Pawel Pawlikowski

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Calificación: 5 estrellas de 5

 

Tráiler de ‘Cold War’:

 

 

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Una relación imposible

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Al igual que hicieron John Avery Lomax (1867-1948) y su hijo Alan Lomax (1915-2002) en busca de las raíces folklóricas del blues, con sus famosas grabaciones de campo (1937-1942) para la Biblioteca del Congreso, moviéndose en su sedán Ford con su grabadora y su fonógrafo por las tierras de Luisiana y Misisipí, Wiktor (Tomasz Kot) e Irena también son dos musicólogos polacos que se mueven con su furgoneta y su grabadora con el fin de recuperar las canciones populares que cantaban los niños y las aldeanas de los pueblos, los bailes campesinos de Polonia, fruto de una trasmisión folklórica, sin influencias ni contaminaciones externas. La fuerte presencia de Stalin en la Polonia de 1949 lleva a que esos trabajos de búsqueda y recuperación de la esencia cultural polaca acaben sirviendo de base de propaganda comunista, usando para ello a Wiktor e Irena, primero subvencionando sus trabajos de búsqueda, después organizando un grupo de baile y canto tradicional que sirve de trasmisión de esas canciones a mayor escala para, finalmente, obligarles a introducir mensajes de ideología comunista en los temas interpretados.

Los ensayos de Wiktor con el grupo folk.

Zula (Joanna Kulig), una joven con pasado carcelario, de belleza enigmática, pasa a formar parte del grupo musical de folk y, ya desde el primer instante, Wiktor se siente atraído por ella. Zula usa ese magnetismo hacia Wiktor para asentarse en la banda y convertirse en primera estrella del grupo: su presencia en los encuadres del director Pawel Pawlikowski (Varsovia, 1957) durante los números musicales es siempre centrada, con la imagen fotográfica blanca que refuerza el rubio de sus cabellos y las mangas blancas de las camisas de los vestidos de baile. Zula, gracias también a sus dotes musicales, se convierte para Wiktor en la razón de ser de su trabajo pero, también de su vida. Por otra parte, la continua presión de los organismos del Estado para transformar los espectáculos musicales en simples mecanismos de propaganda (incluso las actuaciones son presididas por un retrato gigante de Stalin) lleva a que Wiktor busque una mayor libertad, tratando de huir de Polonia con Zula para escapar finalmente del régimen comunista.

La vida de Wiktor y Zula se convierte, a partir de entonces, en un deambular entre la Europa occidental y oriental, entre Varsovia y Paris, en busca de un espacio propio, tanto en lo profesional, enfrentándose a cualquier tipo presión externa (tanto el control y la contaminación comunistas como la limitación de la libertad artística en los sistemas capitalistas que priman de lo comercial), como en lo personal. Una historia de amor que se convierte en un imposible por todo tipo de circunstancias ajenas a sus protagonistas.

La belleza enigmática de Zula.

 

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El estilo depurado

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‘Cold war’ muestra esa separación radical de políticas (capitalismo, comunismo) en la carne de sus protagonistas. La película es más un musical melodramático que otra cosa, con un tema principal (‘Dwa Serduszka’) que evoluciona a lo largo de la narración, desde su forma más tradicional y alegre (integrado a los bailes tradicionales polacos) hasta el ritmo triste de acompañamiento jazzístico de la estancia parisina. Nada es sencillo en ninguna parte. Cada lugar remarca la ausencia del otro: en Polonia la falta de libertad, en Paris la falta de la pureza, de esencia de la tierra originaria, que se traduce finalmente en ese sentimiento de refugiado, de exiliado en tierra de nadie.

El director Pawel Pawlikowski compone el espacio escénico y el paso del tiempo, donde la relación sentimental entre Wiktor y Zula pasa a ser esporádica y dolorosa, mediante un sorprendente y depurado dominio del estilo:

– El uso de una fotografía en blanco y en negro contrastada. El director de fotografía, Lukasz Zal, que ya estuvo nominado al Oscar por la multipremianda ‘Ida’ (2013), busca el contraste en el uso de una intensa luz blanca con la combinación de fondos de negro profundo. A su vez crea un efecto naturalista, verosímil, con la entrada de luz por las ventanas (que refuerza con fuentes luminosas artificiales) en los planos correspondientes a la Europa del Este mientras que la sensación de artificialidad es mayor en la parte de París.

Los fondos negros en la parte de París.

– Una de las principales características de la película es el uso de un encuadre casi cuadrangular 4:3 en vez del tradicional formato panorámico. El hecho de situar a los personajes en la parte baja del fotograma, muchas veces por debajo de la mitad del mismo, permite tener mucho aire en el encuadre. Ese aire, en algunas ocasiones se le complementa llenándolo con motivos políticos (el retrato de Stalin) pero otras veces solo sirve para potenciar el apartamiento de los personajes.

Los espacios vacíos aíslan a los personajes.

– El uso de elipsis temporales remarcadas, que llevan a condensar el tiempo narrativo (largo en la obra) en la corta duración del film. Las elipsis reducen lo narrado a su esencia, al mismo tiempo que remarcan la fuerte distancia que separa a Wiktor de Zula.

 

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‘Ida’, Oscar a la mejor película extranjera 2014.

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‘Cold War’ es una mímesis de ‘Ida’ (2013) en lo que se refiere al estilo visual. Pawel Pawlikowski, con ‘Ida’, abandona el cine ficcional ingles que realizó entre los años 2000 a 2011 y retorna a su Polonia para homenajear a los grandes directores de los años 60 y 70 (Wajda y Kawalwrowicz). Un cine que indaga en la historia política reciente de su país, con un estilo depurado, sintético, de estética fría y poética al mismo tiempo.

La forma de exponer los hechos en ‘Ida’ es más visual que narrativa. Los sucesos se deducen por lo que se visualiza, pero no se citan explícitamente. Esto lleva a que los espectadores caigan en deducciones equivocadas y que haya expectativas que no quedan satisfechas con las imágenes mostradas. Existe dureza de fondo (el genocidio judío en Polonia, la represión comunista posterior, el antisemitismo remanente) que contrasta con la placidez de las imágenes. Los espacios filmados son amplios, el color blanco domina la fotografía en blanco y negro, hay estatismo en los encuadres y la duración de las tomas es larga. Este contraste también se da entre los personajes. Ida Lebenstein (Agata Trzebuchowska) es una monja de clausura de la iglesia católica a la que le piden, antes de aceptar los votos para su entrada definitiva y permanente en el convento, pasar unos días con su tía, Wanda Gruz (Agata Kulesza). El aire silencioso y apocado de Ida choca con la fisonomía dura de Wanda. Wanda (también conocida como ‘Wanda La Sangrienta’, una jueza estalinista desalmada) cubre sus días entre sexo (con hombres diferentes) y alcohol. En el encuentro entre ambas mujeres hay una barrera de respeto, pero sobre todo hay distanciamiento e incomunicación. La película es un viaje de descubrimiento. El paisaje adquiere un protagonismo inusitado. La Polonia rural, resultado de la guerra y de las medidas estalinistas, muestra un ambiente gris, deshabitado, abandonado. Predomina el uso del plano general. Incluso hay encuadres del cuerpo humano nada habituales: los límites del encuadre cortan a la protagonista, Ida, por el cuello, dejando ver únicamente su cabeza en el plano.

En este viaje de Wanda e Ida por Polonia, se producen tres hechos que marcan los tres conflictos del film:

1) Su aceptación de judía. En el viaje por las tierras rurales, Ida se encontrará con un pueblo terriblemente antisemita, que colaboró con los nazis en la detención de los judíos y en su asesinato. La búsqueda principal del film es la búsqueda de las tumbas de los padres de Ida. Allí descubrirá cómo sus padres fueron hechos presos por los habitantes del pueblo en el que vivían y asesinados por ellos.

2) El entendimiento con Wanda. El terrible distanciamiento entre ambas mujeres va reduciéndose a lo largo del camino. Wanda desvelará que su reacción violenta contra el mundo, su soledad y su silencio, se deben a la pérdida de un hijo, asesinado junto a los padres de Ida.

3) La apertura al mundo de Ida. Será el encuentro con la juventud, el sexo opuesto y la música jazz, lo que la anima a ser parte del mundo. Su decisión dependerá de aceptar o no a una sociedad asesina, aceptar el olvido y convivir nuevamente con la gente. O bien recluirse en el convento, más como acto de desdén que como acto de cobardía.

GERARDO CREMER

Los marcados encuadres de Ida.

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