Javi Alzola 4tet + Ángel Unzu Cuarteto Eléctrico: Anverso y reverso

Javi Alzola, saxofonista de Fito & Fitipaldis (foto: Carlos García Azpiazu).

CAL: – / **

Viernes 2 de noviembre de 2018, Bilbao, Sala BBK, 20 h, 10 €.

 

En la primera velada de la IX Muestra BBK Jazz, el saxofonista de Fito se reveló demasiado introspectivo y el guitarrista de Benito supo viajar con emociones diversas

 

La IX Muestra BBK Jazz, que pretende apoyar a los músicos vasco-navarros de jazz profesionales, se desplegó en la Sala BBK, casi llena de gente y despejada de las butacas habituales en hileras tipo cine y convertida en club mediante mesitas, birritas, velitas y sillitas, durante dos jornadas con dos conciertos cada una: el sábado fue el turno del saxo alto navarro José Ángel Lorente y del contrabajista vitoriano Pablo Martín Caminero (¡con Ariel Brínguez al saxo y Michael Olivera a la batería, y me lo perdí por ver a Muse en San Mamés en los fastos de la MTV!), pero el viernes pude presenciar la primera jornada, protagonizada por otra dupla con sendos cuartetos liderados por Javi Alzola, el saxofonista de Fito, y por el folklorista y más allá Ángel Unzu, el guitarrista de Benito Lertxundi, quien se erigió en el triunfador de la inauguración no sólo por la aportación en su combo del siempre esencial del saxofonista polaco Andrzej Olejniczak (aunque se da por supuesto que el lector entiendoe que no se trataba de una competición, de un concurso).

El cuarteto de Alzola con Miguel Salvador a la izquierda (foto: Carlos García Azpiazu).

Me llevé cierta decepción (incluso desilusión) durante la actuación del Javi Alzola 4tet, entre otras razones porque le usurpó demasiado protagonismo el guitarrista Miguel Salvador con su estilo flotante, modernista y espacial a lo Kurt Rosenwinkel (yo deseaba ver a Javi). Con los cuatro músicos excesivamente pendientes de los atriles aunque mostrando cierta solidez emanada de su mera solvencia instrumental individual (mención especial para el baterista Gorka Iraundegi), el basauritarra Alzola, muy lacónico, y los suyos dieron un concierto introvertido, moroso y estilista de 6 piezas en 47 minutos levemente crecientes pero que atenazaron un talento que no acabó de eclosionar quizá por los escasos ensayos, por la repartición buscando lo igualitario de los numerosos solos (siempre se iguala a la baja, ya saben) y por la propia actitud de los oficiantes, canónica y tímida en el funk tenue, el hard bop ralentizado (‘Laberinto’, la única pieza que titularon), una balada con escobillas y saxo soprano (de lo mejor de su sesión, probablemente por su atmósfera serena) y «un blues de cosecha propia» que les quedó pintoresco.

Qué cambio en el segundo concierto del viernes, pasamos del reverso al anverso del jazz con el Cuarteto Eléctrico dirigido por el guitarrista pamplonés Ángel Unzu, escudero de Benito Lertxundi y Gontzal Mendibil, al frente de un grupo con más pedigrí y completado por tres profesores: de Musikene el bajista donostiarra Gonzalo Tejada y el saxofonista polaco Andrzej Olejniczak (cada vez que reproduzco su nombre tiro de ‘copia y pega’, con lo cual no voy a saber escribirlo jamás), y del Conservatorio Superior de Navarra el baterista Juan Manuel Urriza (quien, por cierto, en la segunda jornada de la Muestra se llevó el Premio Impulso).

Unzu, Tejada, Olejniczak y Urriza en su primer tema, ‘Arriba hay luz’ (foto: Carlos García Azpiazu).

Unzu, locuaz e informativo, y los suyos interpretaron 7 piezas en 75 minutos. Miraron los atriles pero sin miedo y ejecutaron con brío y sin dudas. Sonaron más conjuntados y abarcaron numerosos géneros, dando la impresión de estar tocando bandas sonoras imaginarias. Al chelo Tejada y al soprano Olejniczak arrancaron con ‘Arriba hay luz’, el funk free a lo King Crimson del novedoso ‘Lisboa’ brotó con el misterio y la profundidad que definirían toda su sesión, los marasmos baladistas también tuvieron sustancia y solidez como en ‘Balada para Cifu’ (dedicada al difunto divulgador del jazz Juan Claudio Cifuentes), y se extendieron en una suite titulada ‘Beroa’ en el que el saxo sonó americano y la pegada pareció post rock y al menos se elevaron dos ovaciones intercaladas.

Y ya hasta el final asimilamos progresividad evocadora siempre con tensión (’11 x 8’, o sea el ritmo, pues aún no tiene título definitivo), baladas algo Joe Zawinul (’12-6-18’, un título aparentemente provisional también) y la cima de la cita a modo de despedida con gran pegada, intensidad filo post-rock y brillo funk a lo Prince (‘Base JM’, un tema creado a partir de un ritmo que le pidió a Juan Manuel Urriza). Todos los espectadores quedamos encantados.

ÓSCAR CUBILLO

El Premio Impulso 2018 de la IX Muestra BBK Jazz lo ha merecido el baterista de Berriozar Juan Manuel Urriza, que acompañó a Ángel Unzu y que reconoce: «Me ha sorprendido y es un chute para fortalecer la autoestima, para creer un poco más en uno mismo. Este Premio Impulso apoya un disco y el mío se titulará ‘Mamel’. Así me llama mi prima Jaione, que sufre una lesión cerebral provocada por una epilepsia mal controlada en su infancia». Desde 2011 Urriza es profesor de batería jazz en el Conservatorio Superior De Navarra, y confía: «Tengo 38 años, pero me considero joven».
(foto: Carlos García Azpiazu).

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