Christopher Cross: Leyenda desde los 29 años

Christopher Charles Geppert, de 67 años, leyenda desde 1980 (foto: Carlos García Azpiazu).

Domingo 4 de noviembre de 2018, Bilbao, Ciclo Music Legends, Sala BBK, 20 h, 30 €.

CAL: *

 

Superventas en 1980 gracias a su debut homónimo, el guitarrista texano de soft rock agotó la Sala BBK y no se dejó en el tintero hits tipo ‘Arthur, el soltero de oro’, ‘Sailing’ o ‘Ride Like The Wind’

 

Entradas agotadas hace tiempo para ver el domingo en el ciclo Music Legends de la Sala BBK al guitarrista y cantante de ‘soft rock’ Christopher Cross, nacido Christopher Charles Geppert en San Antonio, Texas, en 1951, y ganador de un Oscar (por la canción principal de la película ‘Arthur, el soltero de oro’), un Globo de Oro más cinco Grammys, los cinco cosechados con su álbum de debut, el que a los 29 años lo instauró como músico famoso y a la postre legendario, un primer disco de título homónimo: ‘Christopher Cross’ (Warner, 1979), el del flamenco en la portada, quíntuple platino en USA (o sea más de cinco millones de discos vendidos) y Grammy al álbum del año en 1980, al mejor artista novel, a la mejor canción por ‘Sailing’, etc.

Cinco de las nueve canciones de este exitoso debut homónimo sonaron en un concierto de 15 temas en 85 minutos. También sonaron dos cortes de su segundo álbum, ‘Another Page’ (Warner, 1983), el cual sólo alcanzó el disco de oro en USA (más de medio millón de copias vendidas) y que fue el último aldabonazo de Cross, quien achaca la mengua de su popularidad a la irrupción de la MTV y sus vídeos, je, je…

Christopher Cross dijo que se acordaba de haber tocado en esa misma sala, hace mucho tiempo. Vaya, fue el sábado 26 de noviembre de 2011, cuando también agotó el aforo y donde dio un concierto en sexteto de 20 piezas en 110 minutos decrecientes que se tornaron demasiado relajados (digámoslo claramente: frisamos lo soporífero y así lo contamos). Sin embargo, esta vez recortó media hora el repertorio, se trajo dos coristas femeninas muy souleras, sensuales y protagonistas, y en septeto voló más alto, tanto que el inagotable fotógrafo Azpiazu, que lleva más de 500 conciertos en lo que vamos de año, sentenció al acabar: «De lo mejor de 2018. El cuarto o el quinto lo pondré. El primero fue el de Laurence Jones en Areatxa», evocó con su memoria de elefante.

Christopher Cross y sus dos coristas souleras y protagonistas (foto: Carlos García Azpiazu).

El show de Cross estuvo bien, pero para tanto, tanto… Sonó a volumen muy elevado, con los agudos demasiado brillantes y cierta descompensación en la ecualización. A menudo el fondo del escenario exponía vídeos o fotografías para acompañar las canciones. Aparte, el legendario Christopher, que dispuso de al menos siete guitarras, parecía cantar con desgana: era incapaz de acabar las frases, las entonaba por fragmentos mal respirados… Y cuando nos explicaba algún detalle de grabaciones, colaboraciones y demás, hablaba de modo entrecortado y bastante difícil de entender.

Sobre un escenario con numerosos aparatos (desde taburetes hasta pies de micros con tabletas donde se podían leer las letras, pasando por un par de teclados, la batería, los vientos…), siempre buscando la perfección comercial, el concierto arrancó bien con ‘All Right’ (soft rock con punteo de Cross en modo fusión con tapping y todo) y la primera cima de la cita, ‘Never Be The Same’ (un soul lujoso a lo Fleetwood Mac). La mentada y popular ‘Sailing’ la definió como una metáfora líquida y sonó a AOR varado, y prosiguió con jazz de ascensor (‘Walking In Avalon’), un tema rearreglado de su primer disco (‘I Really Don’t Know Anymore’), un homenaje a su gran influencia Joni Mitchell (‘Roberta’, en modo jazz-pop) y el momento más ovacionado (‘Arthur’s Theme’, el de la película ‘Arthur-El soltero de oro’).

El septeto en acción en una canción de su debut superventas, con la portada al fondo (foto: Carlos García Azpiazu).

‘Curled Around The World’ se asemejó a Fleetwood Mac y en ‘Dreamers’, un tema a lo Toto, Chicago, Boston y tal, Cross elogió a quienes hacen posible el avance científico (y en pantalla plasmaron imágenes de Tesla, Bell, Jobs… JFK, Lincoln… Bowie, Lennon, Miles Hendrix…). Tras un pasaje triple con guitarra acústica y él sentado sobre un taburete (‘Say You’ll Be Mine’ resonó a Jackson Browne, ‘Simple’ fue comercial y ‘Light the World’ algo étnica pues se la dedicó a África), Christopher Cross retomó la electricidad para un buen final con una dupla que nos remitió a Phil Collins: el funkito ‘No Time For Talk’ y el adiós con su suave y adhesivo ‘Ride Like The Wind’, la segunda gran cima de la cita, con imágenes de jinetes cabalgando (¡John Wayne!), y donde se evidenció descaradamente que estaba cantando a trozos, a trazos.

El respetable satisfecho pidió bis y Christopher reapareció para versionar en el bis el ‘Imagine’ de John Lennon, el himno ateo y apátrida que le quedó algo hare krishna, sirva el oximorón. A Azpiazu no le convenció este extra: «con el repertorio tan grande que tiene no debe por qué hacer esto». Y tanto. Y la gente exigió estrepitosamente otro bis, pero se encendieron las luces y hala, todos a casa. Por cierto, he citado los 15 temas pero el texto ha quedado ágil, ¿eh?

ÓSCAR CUBILLO

Saludos con ‘The End’ en la pantalla de fondo, pero aún habría un bis con el ‘Imagine’ de Lennon (foto: Carlos García Azpiazu).

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